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- Gastroenteritis / intoxicación alimentaria.
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La gastroenteritis aguda (GEA) es una inflamación y/o disfunción del intestino causada por un agente infeccioso o sus toxinas, que altera la capacidad del intestino para regular la absorción y secreción de sales y agua, provocando diarrea[1][3]. Este artículo académico abordará los aspectos clave de la GEA, incluyendo síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas principales de la GEA incluyen: Diarrea: Definida como una disminución en la consistencia de las heces o un aumento en el número de deposiciones (3 o más en 24 horas)[2][3]. Vómitos: Pueden aparecer antes o después del inicio de la diarrea[1]. Dolor abdominal: Generalmente de tipo cólico o retortijón[3]. Fiebre: No siempre presente, pero puede ocurrir, especialmente en infecciones bacterianas[1][2]. Anorexia y malestar general [1]. La duración típica de los síntomas es de 3 a 5 días, aunque puede extenderse hasta 14 días en algunos casos[3]. Signos clínicos Los signos clínicos varían según la etiología y la gravedad de la GEA: Deshidratación: El signo más importante y potencialmente peligroso[2]. Distensión abdominal[1]. Ruidos hidroaéreos hiperactivos en la auscultación[1]. Hipotensión y taquicardia en casos de deshidratación severa[1]. Signos de shock hipovolémico en casos graves[1]. Exploración La exploración física debe enfocarse en evaluar: Estado de hidratación: Observar turgencia cutánea, humedad de mucosas y estado mental[2][4]. Signos vitales: Frecuencia cardíaca, presión arterial, frecuencia respiratoria[4]. Exploración abdominal: Palpación para detectar dolor, distensión o defensa muscular[1]. Auscultación de ruidos intestinales[1 ]. Evaluación del estado general y nivel de conciencia[2][4] . Pruebas diagnósticas En la mayoría de los casos, el diagnóstico de GEA es clínico y no requiere pruebas complementarias[2]. Sin embargo, en casos seleccionados, pueden realizarse: Coprocultivo: Indicado en diarrea persistente, sospecha de infección bacteriana, o en pacientes inmunodeprimidos[2]. Detección de antígenos virales en heces: Para rotavirus, adenovirus y astrovirus[2]. Análisis de sangre: En casos de deshidratación moderada a severa, incluyendo hemograma, electrolitos, función renal y gasometría[2]. Determinación de toxina de Clostridium difficile : En pacientes con factores de riesgo específicos[2]. Manejo de emergencias El manejo en emergencias de la GEA se centra en: Evaluación del grado de deshidratación : Clasificar como mínima/ausente, leve a moderada, o severa[4]. Reposición hidroelectrolítica : Deshidratación leve a moderada: Rehidratación oral con soluciones de sales y azúcares[3][4]. Deshidratación severa : Rehidratación intravenosa[4]. Manejo sintomático : Antieméticos: Considerar ondansetrón para control de vómitos[4]. Antidiarreicos: Racecadotrilo puede ser beneficioso, pero evita la sospecha de diarrea invasiva[3][4]. Probióticos : Lactobacillus GG y Saccharomyces boulardii pueden ofrecer beneficios sintomáticos[4]. Antibióticos : Solo en casos seleccionados, como diarrea invasiva o pacientes inmunodeprimidos[3][4]. Educación al paciente : Sobre higiene, manipulación de alimentos y signos de alarma[4]. Prevención: Considerar la vacunación contra rotavirus en grupos de alto riesgo[4]. El manejo adecuado y oportuno de la GEA en emergencias es crucial para prevenir complicaciones y reducir la morbilidad asociada a esta condición común pero potencialmente grave. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-gastrointestinales/gastroenteritis/generalidades-sobre-la-gastroenteritis [2] https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2015-01/gastroenteritis-aguda/ [3] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/gastroenteritis-infecciosa-aguda [4] https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-etiologia-manejo-gastroenteritis-aguda-infecciosa-S071686401470063X
- Gangrena gaseosa
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La gangrena gaseosa es una infección necrotizante de tejidos blandos potencialmente mortales, causada principalmente por la bacteria anaerobia Clostridium perfringens . Esta condición requiere un diagnóstico y tratamientos rápidos para prevenir complicaciones graves y potencialmente fatales. Síntomas Los pacientes con gangrena gaseosa suelen presentar un dolor intenso y arrepentido en el área afectada, que puede ser desproporcionado a los hallazgos físicos iniciales[1][3]. Otros síntomas incluyen: Fiebre de moderada a alta Taquicardia Sudoración General de Malestar En casos avanzados, pueden desarrollarse síntomas de shock séptico, como hipotensión, confusión y dificultad respiratoria[3] Signos clínicos La progresión de los signos clínicos en la gangrena gaseosa es sustancialmente rápida y puede incluir: Edema tisular que empeora rápidamente. Cambios en la coloración de la piel: inicialmente pálida, luego rojiza-pardusca, y finalmente negruzca o púrpura[3] Formación de ampollas o vesículas, que pueden contener un líquido rojo-pardusco maloliente. Crepitación a la palpación debido a la presencia de gas en los tejidos[1][2] Secreción serosanguinolenta de olor fétido Necrosis tisular evidente Exploración La exploración física debe ser minuciosa y puede revelar: Dolor desproporcionado a la apariencia de la lesión Edema y tensión de los tejidos afectados. Crepitación a la palpación Cambios en la coloración y temperatura de la piel. Signos de shock en casos avanzados[3] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la gangrena gaseosa se basa en la presentación clínica, pero se pueden realizar varias pruebas para confirmar el diagnóstico y evaluar la extensión de la infección: Análisis de sangre: Pueden mostrar leucocitosis y alteraciones en los gases arteriales[1]. Cultivos de tejido y líquido: Para identificar el organismo causante y guiar la terapia antibiótica[3]. Estudios de imagen: Radiografías: Pueden mostrar gas en los tejidos blandos[2]. Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) : Útiles para evaluar la extensión de la infección y la presencia de gas en los tejidos profundos[3]. Tinción de Gram del líquido de la zona infectada[3]. Exploración quirúrgica: En algunos casos, puede ser necesaria para confirmar el diagnóstico y evaluar la extensión de la necrosis tisular[1]. Manejo de emergencias El manejo de la gangrena gaseosa en el servicio de emergencias debe ser rápido y agresivo: Estabilización hemodinámica: Incluye reanimación con líquidos y soporte vasopresor si es necesario[3]. Antibioticoterapia empírica de amplio espectro: Generalmente se utiliza una combinación de penicilina y clindamicina por vía intravenosa[2]. Desbridamiento quirúrgico urgente: Es crucial para eliminar todo el tejido necrótico e infectado. En casos severos, puede ser necesaria la amputación[1][3]. Oxigenoterapia hiperbárica: Aunque no siempre está disponible, puede ser beneficiosa como terapia adyuvante[2]. Monitorización continua: Para detectar signos de progresión de la infección o desarrollo de shock séptico[3]. Manejo del dolor: Se deben administrar analgésicos adecuados[1]. La gangrena gaseosa es una emergencia médica que requiere un alto índice de sospecha, diagnóstico rápido y tratamiento agresivo. La combinación de antibioterapia y desbridamiento quirúrgico temprano es fundamental para mejorar el pronóstico de estos pacientes. Citas [1] https://primecareprosthetics.com/es/conditions/gangrene [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-anaerobias/gangrena-gaseosa [3] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000620.htm [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/gangrene/symptoms-causes/syc-20352567 [5] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/007218.htm [6] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/gangrene/diagnosis-treatment/drc-20352573
- Fiebre tifoidea y Fiebre paratifoidea (Fiebre entérica)
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La fiebre entérica es una infección sistémica causada por bacterias del género Salmonella, específicamente Salmonella enterica serotipo Typhi (S. Typhi) en el caso de la fiebre tifoidea, y Salmonella enterica serotipo Paratyphi A, B o C (S. Paratyphi) en el caso de la fiebre paratifoidea[1][3]. Estas enfermedades son endémicas en regiones con condiciones sanitarias deficientes, principalmente en Asia Central y del Sur, sudeste asiático, África subsahariana y, en menor medida, América Latina[5]. Síntomas Los síntomas de la fiebre entérica suelen aparecer de forma gradual, generalmente entre 8 y 14 días después de la infección[1]. Los pacientescompactos presentan: Fibra alta prolongada (39-40°C) Cefalea General de Malestar Dolor de garganta Dolores musculares y articulares Dolor abdominal Pérdida de apetito Náuseas Estreñimiento inicial, seguido de diarrea después de 2 semanas. Tos seca En algunos casos, los pacientes pueden desarrollar delirio o entrar en estado comatoso[1][3]. Signos clínicos Durante el examen físico, los médicos pueden observar: Fiebre que aumenta progresivamente durante la primera semana, se estabiliza en la segunda y disminuye entre la tercera y cuarta semana[5] Bradicardia relativa (disociación pulso-temperatura) Erupción maculopapular rosada (manchas rosadas) en el tórax y abdomen, presente en el 5-30% de los casos[1][2] Hepatoesplenomegalia Lengua saburral Distensión abdominal Exploración La exploración física debe ser minuciosa y debe incluir: Medición de signos vitales, con especial atención a la temperatura y la frecuencia cardíaca. Palpación abdominal para detectar dolor, distensión o hepatoesplenomegalia. Examen de la piel en busca de la erupción característica. Evaluación del estado mental y nivel de conciencia Auscultación pulmonar para detectar posibles complicaciones respiratorias Pruebas diagnósticas El diagnostico definitivo de la fiebre entérica se basa en: Cultivos bacterianos: Hemocultivo (más sensible en las primeras 2 semanas) Coprocultivo (más sensible de la tercera a la quinta semana) Cultivo de médula ósea (el más sensible, pero más invasivo)[1][2] Pruebas de sensibilidad a antibióticos, esenciales debido a la creciente resistencia[2][3] En zonas endémicas de paludismo, se recomienda realizar pruebas de diagnóstico rápido para descartar esta enfermedad[5] Es importante señalar que la prueba de Widal y otras pruebas serológicas o de diagnóstico rápido no están recomendadas debido a su baja sensibilidad y especificidad[5]. Manejo de emergencias El manejo inicial en el servicio de urgencias debe incluir: Evaluación rápida del estado general del paciente, incluyendo signos vitales y nivel de conciencia. Hidratación: Iniciar fluidoterapia intravenosa si es necesario, especialmente en pacientes con deshidratación o incapaces de tolerar la vía oral[5]. Control de la fiebre: Administrar antipiréticos como paracetamol. Toma de muestras para cultivos (sangre, heces) antes de iniciar la antibioticoterapia. Inicio de antibioticoterapia empírica: La elección del antibiótico dependerá de la sensibilidad local y de las guías nacionales. En casos severos, se debe iniciar el tratamiento parenteral[5]. Monitorización estrecha de signos de complicaciones como perforación intestinal o hemorragia. Aislamiento del paciente y medidas de control de infecciones para prevenir la transmisión. Educación al paciente y familiares sobre la importancia de completar el tratamiento antibiótico y las medidas de higiene para prevenir la propagación. El manejo adecuado y oportuno de la fiebre entérica es crucial para reducir el riesgo de complicaciones y mortalidad asociadas a esta enfermedad[3][5]. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-gramnegativas/fiebre-tifoidea [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/bacilos-gramnegativos/fiebre-tifoidea [3] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/typhoid [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/typhoid-fever/diagnosis-treatment/drc-20378665 [ 5] https://medicalguidelines.msf.org/es/viewport/CG/spanish/fiebres-entericas-tifoidea-y-paratifoidea-23443171.html
- Fiebre de origen desconocido en viajeros
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La fiebre de origen desconocido (FOD) en los viajeros representa un desafío diagnóstico y terapéutico significativo en la práctica médica actual. Se define como fiebre superior a 38,3°C de más de 3 semanas de duración, cuya etiología permanece sin diagnóstico tras una semana de estudio hospitalario[1][3]. El aumento de los viajes internacionales ha incrementado la incidencia de esta condición, siendo la fiebre el segundo motivo de consulta más frecuente en viajeros que regresan de zonas tropicales, solo superado por la diarrea[5]. Síntomas Los síntomas asociados a la FOD en viajeros son variados y pueden incluir: Fiebre persistente (>38,3°C) General de Malestar Fatiga Sudoración nocturna Pérdida de peso Dolores musculares y articulares Cefalea Síntomas gastrointestinales (náuseas, vómitos, diarrea) Síntomas respiratorios (tos, disnea) La presentación clínica puede variar significativamente dependiendo de la etiología subyacente[1][5]. Signos Clínicos Los signos clínicos más comunes en la FOD de viajeros incluyen: Fiebre objetivada Taquicardia Hepatomegalia y/o esplenomegalia Linfadenopatías Exantemas cutáneos Ictericia Signos de deshidratación Es importante destacar que la presencia o ausencia de estos signos puede orientar hacia etiologías específicas[2][5]. Exploración La exploración física debe ser minuciosa y sistemática, incluyendo: Evaluación de constantes vitales Exploración de piel y mucosas en busca de exantemas, petequias o ictericia. Palpación de ganglios linfáticos Exploración cardiopulmonar Palpación abdominal en busca de hepatomegalia o esplenomegalia Exploración neurológica básica Una exploración detallada puede proporcionar pistas cruciales para el diagnóstico diferencial[1][4]. Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas deben realizarse de manera escalonada: Pruebas de primer nivel: Hemograma completo Bioquímica sanguínea (incluyendo función hepática y renal) Proteína C reactiva y velocidad de sedimentación globular. Hemocultivos Análisis y cultivo de orina Gota gruesa y extensión de sangre periférica para malaria. Serología para VIH Radiografía de tórax Pruebas de segundo nivel (según hallazgos clínicos): Pruebas de imagen (ecografía, TC) Estudios microbiológicos ampliados (serologías, PCR) Pruebas inmunológicas Biopsia de médula ósea o de otros tejidos según sospecha clínica Es fundamental adaptar las pruebas al contexto epidemiológico y los hallazgos clínicos[1][7]. Manejo de emergencias El manejo inicial en el servicio de Emergencias debe incluir: Evaluación rápida de signos vitales y estabilización hemodinámica si es necesario. Anamnesis detallada, incluyendo itinerario de viaje, actividades realizadas y perfilaxis recibida. Exploración física completa. Realización de pruebas diagnósticas de primer nivel. Inicio de tratamiento empírico en casos de sospecha de infección grave (p. ej., malaria). Aislamiento del paciente si se sospecha una enfermedad altamente contagiosa. Valoración de criterios de ingreso hospitalario vs. seguimiento ambulatorio. Es crucial descartar rápidamente patologías potencialmente mortales como la malaria, fiebre tifoidea o meningitis[5][6]. La FOD en viajeros requiere un abordaje sistemático y multidisciplinar. La clave del diagnóstico de éxito radica en una anamnesis detallada, una exploración física minuciosa y la selección adecuada de pruebas complementarias, siempre teniendo en cuenta el contexto epidemiológico del viaje realizado. Citas [1] https://www.elsevier.es/es-revista-anales-pediatria-continuada-51-articulo-fiebre-origen-desconocido-S1696281809719262 [2] https://www.guia-abe.es/temas-clinicos-fiebre-de-origen-desconocido-y-fiebre-prolongada [3] https://www.intramed.net/content/87226 [4] https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2023-07/fiebre-de-origen-desconocido-2023/ [5] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7094574/ [6] https://uvadoc.uva.es/bitstream/handle/10324/36479/TFG-M-M1479.pdf?isAllowed=y&sequence=1 [7] https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/21_sd_febril.pdf [8] https://seimc.org/contenidos/documentoscientificos/guiasclinicas/seimc-GuiaClinica1_2006_Viajero.pdf
- Fiebre amarilla
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La fiebre amarilla es una enfermedad viral aguda transmitida por mosquitos, endémica en regiones tropicales de África y América del Sur[1][2]. Causada por un flavivirus, esta enfermedad representa una amenaza significativa para la salud pública global, con un estimado de 84.000 a 170.000 casos graves y 29.000 a 60.000 muertes en África en 2013[2]. Síntomas La fiebre amarilla se caracteriza por un período de incubación de 3 a 6 días, seguido por una presentación clínica que puede variar desde asintomática hasta grave[1][2][4]. Los síntomas iniciales incluyen: Fibra de inicio subito (39-40°C) Cefalea intensa Dolor muscular generalizado (mialgias) Náuseas y vómitos Pérdida de apetito Mareos y fatiga extrema En la mayoría de los casos, estos síntomas remiten en 3 a 4 días. Sin embargo, aproximadamente el 15% de los pacientes progresan a una fase más grave de la enfermedad[2][4]. Signos clínicos En la fase aguda, los signos clínicos más destacados incluyen: Fiebre elevada con bradicardia relativa (signo de Faget)[3] Eritema facial e inyección conjuntival. Postración grave Agitación e irritabilidad En casos severos (fiebre amarilla maligna), se pueden observar: Ictericia (coloración amarillenta de piel y ojos) Manifestaciones hemorrágicas (sangrado por boca, nariz o tracto gastrointestinal) Delirios y convulsiones Insuficiencia multiorgánica Exploración La exploración física debe centrarse en: Evaluación de signos vitales, con especial atención a la frecuencia cardíaca en relación con la temperatura (signo de Faget). Examen de piel y mucosas para detectar ictericia y signos de sangrado. Evaluación neurológica para identificar alteraciones del estado mental o signos de encefalopatía. Palpación abdominal para evaluar hepatomegalia o dolor en hipocondrio derecho. Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la fiebre amarilla se basa en una combinación de hallazgos clínicos, epidemiológicos y de laboratorio[1][3][5]. Las pruebas diagnósticas incluyen: Detección de ARN viral : RT-PCR en tiempo real o convencional en muestras de suero (hasta 7-10 días después del inicio de los síntomas)[5] Serología : ELISA de captura de IgM (MAC-ELISA) para detectar anticuerpos IgM específicos (a partir del día 5-7 después del inicio de los síntomas)[5] Aislamiento viral : Cultivo en células Vero o C6/36 (menos común en la práctica clínica)[5] Pruebas de función hepática : Elevación de transaminasas y bilirrubina Hemograma completo : Leucopenia con neutropenia relativa y trombocitopenia[3] Pruebas de coagulación : Tiempo de protrombina prolongado[3] En casos fatales, la inmunohistoquímica en tejido hepático se considera el “estándar de oro” para el diagnóstico[5]. Manejo de emergencias El manejo de la fiebre amarilla en el servicio de emergencias se centra en el tratamiento de soporte, ya que no existe un tratamiento antiviral específico[1][3][4]. Las medidas clave incluyen: Estabilización hemodinámica : Reposición de líquidos y electrolitos Manejo del shock, si está presente Manejo de la fiebre y el dolor : Antipiréticos (evitar ácido acetilsalicílico debido al riesgo de sangrado) Prevención y tratamiento de las complicaciones hemorrágicas : Administración de vitamina K Transfusión de hemoderivados según sea necesario Protección gástrica : Uso de bloqueadores H2 o inhibidores de la bomba de protones Soporte de la función renal: Monitoreo de la diuresis y equilibrio hídrico Considerar hemodiálisis en casos de insuficiencia renal aguda Manejo de la insuficiencia hepática : Monitoreo de la función hepática y corrección de la hipoglucemia Prevención de infecciones secundarias : Antibióticos de amplio espectro en caso de sospecha de infección bacteriana Aislamiento del paciente : Implementar medidas de control vectorial para prevenir la transmisión Es crucial recordar que la prevención mediante la vacunación sigue siendo la estrategia más efectiva contra la fiebre amarilla[2][6]. Una sola dosis de la vacuna proporciona inmunidad de por vida en el 99% de los individuos vacunados[6]. Citas [1] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001365.htm [2] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/yellow-fever [3] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/arbovirus-arenavirus-y-filovirus/fiebre-amarilla [4] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/arbovirus-arenavirus-filovirus/fiebre-amarilla [5] https://www.paho.org/es/file/69457/download?token=9k6SJ87I [6] https://www.paho.org/es/temas/fiebre-amarilla [7] https://www.paho.org/es/vacuna-contra-fiebre-amarilla
- Fiebre de Crimea-Congo
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC) es una enfermedad viral zoonótica causada por un Nairovirus de la familia Bunyaviridae[1]. Esta enfermedad, transmitida principalmente por garrapatas del género Hyalomma, representa una grave amenaza para la salud pública debido a su alta tasa de letalidad y potencial de transmisión nosocomial[2][3]. Síntomas La FHCC se caracteriza por un inicio abrupto de síntomas inespecíficos tras un período de incubación que varía de 1 a 13 días, dependiendo de la vía de exposición[4]. Los síntomas iniciales incluyen: Fiebre alta (39-40°C) Cefalea intensa Mialgias y artralgias Mareos Náuseas y vómitos Diarrea Dolor abdominal Fotofobia En esta fase prehemorrágica, también pueden observarse cambios bruscos de humor, confusión e irritabilidad[5]. Signos Clínicos A medida que la enfermedad progresa, se desarrolla la fase hemorrágica, caracterizada por: Petequias y equimosis en piel y mucosas. Epistaxis Hematemesis Melena Hematuria Sangrado gingival Hemorragia subconjuntival En casos graves, pueden presentarse manifestaciones neurológicas como convulsiones y coma[6]. La taquicardia y la hipotensión son signos comunes de la progresión de la enfermedad hacia un shock hipovolémico[3]. Exploración La exploración física debe realizarse con extrema precaución, utilizando equipo de protección personal adecuado. Los hallazgos pueden incluir: Fiebre Hipotensión Taquicardia Petequias y equimosis Hepatomegalia Esplenomegalia Signos de sangrado activo en diversos sitios Es crucial evaluar el estado neurológico del paciente, ya que las alteraciones del nivel de conciencia pueden ser indicativas de complicaciones graves[7]. Pruebas Diagnósticas El diagnóstico de la FHCC se basa en una combinación de resultados clínicos y pruebas de laboratorio. Las pruebas diagnósticas incluyen: Pruebas moleculares : RT-PCR para detectar el ARN viral[8] Pruebas serológicas : ELISA para detectar anticuerpos IgM e IgG Inmunofluorescencia indirecta[9] Aislamiento viral (en laboratorios de bioseguridad nivel 4) Pruebas de laboratorio general : Hemograma completo (típicamente muestra leucopenia y trombocitopenia) Pruebas de coagulación (elevación de tiempos de coagulación y dímero D) Pruebas de función hepática (elevación de transaminasas)[10] Manejo de emergencias El manejo de la FHCC en emergencias requiere un enfoque multidisciplinario y estrictos de control de medidas de infecciones: Aislamiento del paciente en una unidad de alto nivel de aislamiento. Uso de equipo de protección personal completo por parte del personal sanitario. Tratamiento de soporte: Manejo hemodinámico con reposición de fluidos y productos sanguíneos según sea necesario Corrección de alteraciones electrolíticas y metabólicas. Soporte ventilatorio si es preciso Consideración del uso de ribavirina, aunque su eficacia no está completamente establecida. Monitorización estrecha de signos vitales y parámetros de laboratorio. Manejo de complicaciones específicas como coagulación intravascular diseminada o fallo multiorgánico. Notificación inmediata a las autoridades de salud pública. Los pronósticos de la FHCC varían, con tasas de letalidad que oscilan entre el 10% y el 40%[1]. El diagnóstico precoz y el manejo adecuado son cruciales para mejorar los resultados. La investigación continúa en terapias antivirales y vacunas es esencial para mejorar el manejo de esta grave enfermedad. Citas [1] https://mgyf.org/fiebre-hemorragica-crimea-congo/ [2] https://digital.csic.es/bitstream/10261/264819/1/TFMGHG.pdf [3] https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0213005X17301404 [4] https://www.sanidad.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/Crimea_Congo/docs/16.06.2017-Protocolo-vigilancia-FHCC.pdf [5] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-manejo-terapeutico-fiebre-hemorragica-crimea-congo-S0213005X17301404 [6] https://gacetamedica.com/investigacion/claves-de-la-fiebre-hemorragica-de-crimea-congo-sintomas-diagnostico-tratamiento-y-prevencion/ [7] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/crimean-congo-hemorrhagic-fever [8] https://www.cfsph.iastate.edu/Factsheets/es/fiebre-hemorragica-crimea-congo.pdf [9] https://www.orpha.net/es/disease/detail/99827 [10] https://cinfasalud.cinfa.com/p/fiebre-hemorragica-de-crimea-congo/
- Dengue
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El dengue es una enfermedad infecciosa causada por un flavivirus transmitido por mosquitos del género Aedes. Esta patología representa un importante problema de salud pública en regiones tropicales y subtropicales, afectando a millones de personas anualmente[1][3]. Síntomas Los síntomas del dengue suelen aparecer entre 5 y 7 días después de la picadura del mosquito infectado. La enfermedad se caracteriza por la aparición repentina de fiebre alta (>38.5°C), que generalmente dura de 2 a 7 días[1][3]. Otros síntomas comunes incluyen: Náuseas y vómitos Sarpullido o erupción cutánea Dolor muscular y articular intenso. Cefalea severa Dolor retroorbitario Fatiga Es importante destacar que aproximadamente una de cada cuatro personas infectadas desarrolla síntomas, y estos pueden variar de leves a graves[1]. Signos Clínicos Los signos clínicos del dengue pueden evolucionar rápidamente, especialmente durante la fase crítica de la enfermedad. Estos incluyen: Petequias y equimosis Sangrado de mucosas (epistaxis, gingivorragia) Hepatomegalia Dermatitis pleural o ascitis Letargia o irritabilidad Hipotensión postural Un signo característico es la prueba del torniquete positivo, que indica fragilidad capilar[1][3]. Exploración La exploración física debe ser minuciosa y enfocarse en detectar signos de alarma que puedan indicar una progresión hacia el dengue grave. Se debe evaluar: Estado hemodinámico (presión arterial, frecuencia cardíaca) Signos de deshidratación Presencia de derrames serosos (ascitis, derrame pleural) Estado neurológico Hepatomegalia Manifestaciones hemorrágicas Es crucial realizar un seguimiento cercano, ya que la condición del paciente puede deteriorarse rápidamente, especialmente durante la fase crítica[2][4]. Pruebas Diagnósticas El diagnóstico del dengue se basa en la combinación de resultados clínicos y pruebas de laboratorio. Las principales pruebas diagnósticas incluyen: Pruebas serológicas: Detección de anticuerpos IgM e IgG específicos contra el virus del dengue ELISA para la detección de la proteína NS1 Pruebas moleculares: RT-PCR para la detección del ARN viral Pruebas hematológicas: Hemograma completo (leucopenia, trombocitopenia) Hematocrito (para evaluar la hemoconcentración) Pruebas bioquímicas: Transaminasas hepáticas (AST, ALT) Albúmina sérica Es importante destacar que la confirmación por laboratorio no es necesaria para iniciar el manejo clínico, pero es útil para la vigilancia epidemiológica[4][5]. Manejo de emergencias El manejo del dengue en emergencias se centra en la evaluación rápida y la estabilización del paciente. Los pasos clave incluyen: Clasificación de la gravedad: Determinar si se trata de dengue sin signos de alarma, con signos de alarma o dengue grave[4]. Manejo de la fiebre: Administración de antipiréticos como paracetamol, evitando el uso de antiinflamatorios no esteroideos. Reposición de líquidos: La terapia de fluidos es crucial, especialmente en casos con signos de alarma o dengue grave. Se debe iniciar la rehidratación oral o intravenosa según el caso[5]. Monitorización estrecha: Vigilar signos vitales, diuresis, hematocrito y plaquetas. La frecuencia del monitoreo dependerá de la gravedad del caso. Tratamiento de complicaciones: Manejo específico de manifestaciones hemorrágicas, shock o falla orgánica en casos de dengue grave. Criterios de hospitalización: Pacientes con signos de alarma, dengue grave, embarazadas, o con comorbilidades significativas deben ser hospitalizados para un manejo más intensivo[5]. El reconocimiento temprano de los signos de alarma y el manejo adecuado de líquidos son fundamentales para prevenir complicaciones y reducir la mortalidad asociada al dengue[1][4]. Citas [1] https://www.cdc.gov/dengue/es/signs-symptoms/sintomas-del-dengue-y-pruebas-de-deteccion.html [2] https://www.sanidad.gob.es/areas/alertasEmergenciasSanitarias/alertasActuales/zika/docs/ETV3_Guia_manejo_Atencion_Primaria_Marzo2016.pdf [3] https://www.cdc.gov/dengue/es/hcp/clinical-signs/caracteristicas-clinicas-del-dengue.html [4] https://www.paho.org/es/temas/dengue [5] https://www.paho.org/sites/default/files/2020-09/2020-cde-algoritmos-manejo-clinico-dengue.pdf
- Otras Fiebres Hemorrágicas Virales
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las fiebres hemorrágicas virales (FHV) son un grupo de enfermedades infecciosas causadas por virus pertenecientes a diversas familias, como Filoviridae, Arenaviridae, Bunyaviridae y Flaviviridae[4][8]. Estos virus pueden provocar cuadros clínicos graves caracterizados por fiebre y alteraciones en la coagulación que pueden llevar a hemorragias potencialmente fatales[1][3]. Entre las FHV más relevantes se encuentran el Ébola, Marburgo, fiebre de Lassa, fiebre amarilla y dengue hemorrágico[7]. Síntomas Los síntomas iniciales de las FHV suelen ser inespecíficos e incluyen: Fiebre alta Fatiga y debilidad intensa Dolores musculares y articulares Cefalea Náuseas y vómitos Diarrea[1][7] A medida que la enfermedad progresa, pueden aparecer síntomas más graves como: Dolor abdominal Dolor torácico Confusión y delirio Convulsiones Hemorragias en diversos órganos[2][7] Signos clínicos Los principales signos clínicos observados en pacientes con FHV son: Fiebre (>38,5 °C) Taquicardia Hipotensión Petequias y equimosis Sangrado de mucosas (encías, nariz, tracto gastrointestinal) Ictericia (en algunos casos) Edema facial y de extremidades. Signos neurológicos (alteración del estado mental, ataxia)[1][2][4] Exploración Durante la exploración física, el médico debe prestar especial atención a: Signos vitales (fiebre, taquicardia, hipotensión) Estado de hidratación Presencia de hemorragias cutáneo-mucosas Evaluación neurológica (nivel de conciencia, signos meníngeos) Exploración abdominal (hepatomegalia, esplenomegalia) Auscultación cardiopulmonar (derrame pleural, pericárdico)[1][3] Es fundamental que el personal sanitario utilice equipo de protección personal adecuado durante la exploración para evitar el contagio[5]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico de las FHV se basa en: Pruebas serológicas : ELISA para detección de anticuerpos IgM e IgG Prueba de neutralización Detección directa del virus : RT-PCR en tiempo real Aislamiento viral en cultivo celular Pruebas complementarias : Hemograma completo (trombocitopenia, leucopenia) Coagulograma (alteración de tiempos de coagulación) Bioquímica (elevación de transaminasas, creatinina) Gasometría arterial[2][4][6] Es importante realizar el diagnóstico diferencial con otras causas de síndrome febril y alteraciones hemorrágicas[8]. Manejo de emergencias El manejo de pacientes con sospecha de FHV en urgencias debe incluir: Aislamiento estricto del paciente en habitación individual con presión negativa[5]. Uso de equipo de protección personal por parte del personal sanitario. Estabilización hemodinámica: Reposición de fluidos y electrolitos Soporte vasopresor si es necesario Control de hemorragias: Transfusión de hemoderivados según necesidad Corrección de coagulopatía Tratamiento sintomático: Antipiréticos Analgésicos Antieméticos Inicio precoz de terapia antiviral específica si está disponible (ej. ribavirina para fiebre de Lassa)[1][3][7] Notificación inmediata a las autoridades sanitarias. Seguimiento estrecho de contactos y personal sanitario expuesto[5][7]. Los pronósticos de las FHV son variables según el agente etiológico, pero en general presentan una elevada mortalidad incluso con tratamiento adecuado[4][8]. La prevención mediante el control de vectores y reservorios, así como la educación sanitaria, son fundamentales para reducir su incidencia en zonas endémicas[7][8]. Citas [1] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/viral-hemorrhagic-fevers/diagnosis-treatment/drc-20351266 [2] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1025-02552015000300011&script=sci_arttext [3 ] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/arbovirus-arenavirus-filovirus/fiebre-de-lassa-y-fiebres-hemorrágicas-sudamericanas [4] http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S0120-55522010000200012&script=sci_arttext [5] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/arbovirus-arenavirus-filovirus/introducción-a-las-fiebres-hemorrágicas [6] https://www.em-consulte.com/es/article/121137/fiebres-hemorragicas-virales [7] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/viral-hemorrhagic-fevers/symptoms-causes/syc-20351260 [8] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-dengue-otras-fiebres-hemorragicas-virales-13081571
- Fiebre de Marburg
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La fiebre de Marburg es una enfermedad viral grave, a menudo mortal, causada por el virus de Marburg, un miembro de la familia Filoviridae , que también incluye al virus del Ébola. Esta enfermedad se caracteriza por un inicio abrupto de síntomas y una alta tasa de mortalidad, que puede variar entre el 24% y el 88% en diferentes brotes[2][4]. Síntomas Los síntomas de la fiebre de Marburg suelen aparecer entre 2 y 21 días después de la infección. Los primeros signos incluyen: Fiebre alta y repentina Dolor de cabeza intenso General de Malestar Dolores musculares Náuseas y vómitos diarrea acuosa Calambres abdominales Erupciones cutáneas Hemorragias (en fases avanzadas), que pueden incluir sangre en vómitos y heces, así como hemorragias nasales y vaginales[1][2][4]. Signos clínicos Durante la exploración física, se pueden observar varios signos clínicos: Fiebre alta Conjuntivitis inyectada Erupción cutánea (que puede aparecer entre 2 y 7 días después del inicio) Hemorragias en encías, nariz o en otros sitios del cuerpo Alteraciones neurológicas como confusión o irritabilidad[3][5]. Exploración La evaluación inicial de un paciente con sospecha de fiebre de Marburg debe incluir una historia clínica detallada, enfocándose en la exposición a áreas endémicas o contacto con personas infectadas. Se debe realizar un examen físico completo para identificar signos de fiebre hemorrágica viral y descartar otras enfermedades infecciosas[5][8]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la fiebre de Marburg puede ser complicado debido a la similitud de sus síntomas con otras enfermedades tropicales. Las pruebas diagnósticas incluyen: Reacción en cadena de la polimerasa (PCR) : es la prueba más confiable y puede detectar el virus desde los primeros días de la enfermedad. Pruebas ELISA : para detectar anticuerpos IgM e IgG, que son útiles en las etapas posteriores[2][4][6]. Estas pruebas deben realizarse en laboratorios con altos niveles de bioseguridad debido al riesgo biológico que representan las muestras[5]. Manejo de emergencias El manejo inicial en emergencias para pacientes con fiebre de Marburg incluye: Aislamiento inmediato del paciente para prevenir la transmisión. Proporcionar cuidados de soporte, que incluyen rehidratación intravenosa u oral, manejo sintomático y tratamiento de infecciones secundarias. Uso estricto de equipos de protección personal (EPP) por parte del personal sanitario. Es fundamental implementar medidas comunitarias para prevenir nuevos contagios, como el seguimiento de contactos y la educación sobre prácticas seguras durante el cuidado y entierro de los fallecidos[1][7][9]. La fiebre de Marburg representa un desafío significativo para la salud pública debido a su alta letalidad y potencial para brotes epidémicos. La vigilancia activa y el manejo adecuado son esenciales para contener su propagación. Citas [1] https://epidemics.ifrc.org/es/volunteer/disease/enfermedad-por-el-virus-de-marburgo [2] https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/marburg-virus-disease [3] https://www.who.int/es/news-room/questions-and-answers/item/marburg-virus-disease [4 ] https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/infecciosas/fiebre-hemorragica-virus-Marburgo.html [5] https://bestpractice.bmj.com/topics/en-gb/1615/diagnosis-approach [6] https://epidemics.ifrc.org/es/pdf/217 [7] https://www.unicef.org/supply/documents/marburg-virus-health-emergency-supply-note [8] https://www.cdc.gov/marburg/about/index.html [9] https://epidemics.ifrc.org/es/manager/disease/enfermedad-por-el-virus-de-marburgo-evm
- Ébola
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El virus del Ébola (VE) es un patógeno altamente letal que causa la enfermedad por el virus del Ébola (EVE), una afección grave que ha generado brotes devastadores, principalmente en África. Desde su descubrimiento en 1976, el VE ha sido objeto de intensa investigación y preocupación global debido a su alta tasa de mortalidad y potencial pandémico[1][3]. Síntomas Los síntomas de la EVE suelen aparecer entre 2 y 21 días después de la exposición al virus, con un promedio de 8 a 10 días[2][7]. Los síntomas iniciales incluyen: Fibra subita (39.5°C - 40°C) Fatiga extrema Dolores musculares y articulares Cefalea intensa Dolor de garganta Pérdida de apetito A medida que la enfermedad progresa, pueden aparecer síntomas más graves como: Náuseas y vómitos Diarrea Dolor abdominal Erupciones cutáneas Dificultad para respirar o tragar Hemorragias internas y externas[1][2][7] Signos clínicos La EVE se caracteriza por una serie de signos clínicos que evolucionan rápidamente: Primera fase: Aparición súbita de fiebre, mialgias y astenia[4]. Segunda fase: Síntomas gastrointestinales prominentes[4]. Tercera y cuarta fase: Manifestaciones críticas, incluyendo fallo multiorgánico y coagulopatía[4][6]. Los signos clínicos más relevantes incluyen: Fiebre alta y persistente Taquicardia Hipotensión (en etapas avanzadas) Deshidratación severa Ictericia Petequias y equimosis Sangrado en sitios de punción venosa[1][6] Exploración La exploración física de un paciente con sospecha de EVE debe realizarse con extrema precaución y utilizando equipo de protección personal adecuado. Los hallazgos pueden incluir: Evaluación de signos vitales (fiebre, taquicardia, hipotensión) Examen de piel y mucosas en busca de signos de sangrado o ictericia. Palpación abdominal para detectar hepatomegalia o esplenomegalia Evaluación neurológica para descartar alteraciones del estado mental[6][8] Pruebas diagnósticas El diagnóstico definitivo de la EVE requiere pruebas de laboratorio específicas: RT-PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa con Transcriptasa Inversa): Es el método principal de confirmación, capaz de detectar el virus en 24-48 horas[4][6]. ELISA (Ensayo por Inmunoabsorción Ligado a Enzimas): Utilizado para la detección de antígenos y anticuerpos[6]. Prueba de seroneutralización: Para confirmar la presencia de anticuerpos específicos contra el VE[6]. Aislamiento del virus mediante cultivo celular: Realizado en laboratorios de alta seguridad[6]. Además, se deben realizar pruebas complementarias como hemograma completo, perfil de coagulación, función hepática y renal, y electrolitos séricos para evaluar la gravedad de la enfermedad y guiar el tratamiento[6][7]. Manejo de emergencias El manejo de pacientes con EVE en servicios de emergencia requiere un enfoque multidisciplinario y estrictas medidas de control de infecciones: Aislamiento inmediato del paciente en una habitación individual con presión negativa[7]. Uso obligatorio de equipo de protección personal completo para todo el personal sanitario[8]. Notificación inmediata a las autoridades sanitarias[7]. Inicio de terapia de apoyo: Rehidratación agresiva oral o intravenosa Control de la fiebre y el dolor Manejo de complicaciones (hipoxemia, shock séptico, fallo multiorgánico)[6][7] Consideración de terapias específicas: Anticuerpos monoclonales como mAb114 (Ansuvimab) o REGN-EB3 (Inmazeb)[9] Plasma de convalecientes en casos seleccionados[6] Implementación de protocolos de manejo de residuos biológicos y descontaminación[8]. El manejo efectivo de la EVE requiere una respuesta rápida, coordinada y basada en evidencia. La investigación continúa en vacunas y terapias específicas ofrece esperanza para mejorar el pronóstico de esta devastadora enfermedad. Citas [1] https://www.msf.org.ar/actualidad/ebola-causa-sintomas-y-tratamiento/ [2] https://kidshealth.org/es/parents/ebola.html [3] https://medlineplus.gov/spanish/ebola.html [4] https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/infecciosas/ebola.html [5] https://portal.amelica.org/ameli/journal/351/3514889006/html/ [6] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-enfermedad-por-virus-ebola-actualizacion-S0213005X15004498 [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001339.htm [8] https://www.gob.mx/salud/articulos/todo-sobre-el-virus-del-ebola [ 9] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ebola-virus-disease
- Fiebre de Lassa
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La fiebre de Lassa es una enfermedad viral hemorrágica aguda causada por el virus Lassa, perteneciente a la familia Arenaviridae. Esta zoonosis es endémica en varios países de África Occidental, principalmente en Nigeria, Sierra Leona, Liberia y Guinea[1][2]. El virus se transmite a los humanos principalmente a través del contacto con alimentos o utensilios domésticos contaminados por excretas de roedores infectados, específicamente del género Mastomys[1][4]. Síntomas Los síntomas de la fiebre de Lassa suelen aparecer entre 1 y 3 semanas después de la exposición al virus[6]. Inicialmente, los pacientes pueden presentar: Fiebre General de Malestar Debilidad Cefalea Dolor retroesternal Mialgias A medida que la enfermedad progresa, pueden desarrollarse síntomas más graves como: Náuseas y vómitos Diarrea Dolor abdominal Dolor de garganta Tos Dolor torácico Es importante destacar que aproximadamente el 80% de las infecciones por el virus Lassa son asintomáticas o presentan síntomas leves[1][8]. Signos Clínicos Los signos clínicos de la fiebre de Lassa pueden variar en gravedad y manifestación. Entre los más comunes se encuentran: Edema facial y del cuello Hemorragias (orales, nasales, vaginales o gastrointestinales) Hipotensión arterial Dermame pleural Edema pulmonar Pericarditis Inyección conjuntival Un signo característico es la hipoacusia neurosensorial, que afecta al 20-30% de los pacientes y puede ser permanente[1][6]. Exploración Durante la exploración física, los médicos deben prestar especial atención a: Signos vitales, especialmente la presencia de fiebre e hipotensión. Examen de la cavidad oral y faringe en busca de faringitis o sangrado. Auscultación pulmonar para detectar estertores o signos de derrame pleural. Palpación abdominal para evaluar hepatomegalia o esplenomegalia. Examen neurológico, incluyendo evaluación auditiva. Inspección de la piel en busca de petequias o signos de sangrado subcutáneo[1][6] Pruebas diagnósticas El diagnostico definitivo de la fiebre de Lassa requiere pruebas de laboratorio especializados. Las principales pruebas diagnósticas incluyen: Reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR): Es la prueba más rápida y sensible para detectar el ARN viral[1][8]. Ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas (ELISA): Se utiliza para detectar anticuerpos IgM e IgG contra el virus Lassa[1][6]. Inmunofluorescencia indirecta: Para confirmar un aumento de 4 veces en el título de anticuerpos IgG[1]. Aislamiento del virus: Se realiza en laboratorios con nivel 4 de bioseguridad debido al alto riesgo de transmisión[1][8]. Además, se deben realizar pruebas complementarias como hemograma completo, perfil bioquímico y pruebas de coagulación para evaluar la gravedad de la enfermedad y detectar complicaciones[1][6]. Manejo de emergencias El manejo de la fiebre de Lassa en servicios de emergencia requiere un enfoque integral: Aislamiento: Los pacientes sospechosos deben ser aislados inmediatamente para prevenir la transmisión nosocomial[1][6]. Equipo de protección personal: El personal sanitario debe utilizar equipo de protección adecuado, incluyendo mascarillas de alta eficiencia y trajes de protección[1][6]. Tratamiento antiviral: La ribavirina intravenosa es el tratamiento de elección y debe iniciarse lo antes posible, idealmente dentro de los primeros 6 días de la enfermedad[1][6]. Manejo de soporte: Incluye la corrección de desequilibrios hidroelectrolíticos, soporte hemodinámico y tratamiento sintomático[1][6]. Monitorización: Se debe realizar un seguimiento estrecho de los signos vitales, la función renal y hepática, y los parámetros de coagulación[6]. Notificación: Es crucial notificar inmediatamente a las autoridades sanitarias correspondientes para iniciar de medidas de control y prevención[8]. La fiebre de Lassa representa un desafío significativo para los sistemas de salud en las regiones endémicas. El reconocimiento temprano de los síntomas, el diagnóstico preciso y el manejo adecuado son fundamentales para mejorar los resultados clínicos y prevenir la propagación de la enfermedad. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/arbovirus-arenavirus-y-filovirus/fiebre-de-lassa [2] https://es.wikipedia.org/wiki/Fiebre_de_Lassa [3] https://www.webconsultas.com/salud-al-dia/fiebre-de-lassa [4 ] https://fundacionio.com/salud-io/enfermedades/virus/fiebre-lassa/ [5] https://old.com.fundacionio.es/salud-io/enfermedades/virus/fiebres-hemorrágicas-virales/fiebre-lassa/ [6] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/arbovirus-arenavirus-filovirus/fiebre-de-lassa-y-fiebres-hemorrágicas-sudamericanas [7] https://www.medicoverhospitals.in/es/diseases/lassa-fever/ [8] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/lassa-fever
- Fiebres Hemorrágicas virales
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las fiebres hemorrágicas virales (FHV) constituyen un grupo de enfermedades infecciosas causadas por virus pertenecientes a diversas familias, como Filoviridae, Arenaviridae, Bunyaviridae y Flaviviridae[1][2]. Estas patologías se caracterizan por una afectación sistémica que puede resultar fatal, con tasas de mortalidad que en ocasiones alcanzan el 90%[4]. Síntomas Los síntomas iniciales de las FHV suelen ser inespecíficos e incluyen: Fiebre elevada (>38,3 °C) Fatiga y debilidad generalizada General de Malestar Mareos Dolores articulares, musculares y óseos Náuseas y vómitos Diarrea[5] A medida que la enfermedad progresa, pueden aparecer síntomas más graves como: Sangrado en diversos sitios (subcutáneo, mucosas, órganos internos) Alteraciones neurológicas (delirio, convulsiones, coma) Insuficiencia renal, respiratoria y/o hepática[5] Signos Clínicos Los signos clínicos más relevantes en las FHV incluyen: Fiebre persistente Hipotensión y taquicardia (signos de shock) Petequias, equimosis y otras manifestaciones hemorrágicas Ictericia (en algunos FHV como fiebre amarilla o leptospirosis) Hepatomegalia y/o esplenomegalia Edema facial o generalizado Signos de disfunción neurológica[1][3] Exploración La exploración física debe ser minuciosa, prestando especial atención a: Constantes vitales (temperatura, presión arterial, frecuencia cardíaca y respiratoria) Evaluación del estado de conciencia y signos neurológicos Búsqueda de manifestaciones hemorrágicas en piel y mucosas. Palpación abdominal para detectar hepatomegalia o esplenomegalia Auscultación cardiopulmonar Evaluación del estado de hidratación[3][9] Pruebas Diagnósticas El diagnóstico de las FHV se basa en una combinación de resultados clínicos y pruebas de laboratorio: Hemograma completo: puede mostrar leucopenia, trombocitopenia y anemia[9] Pruebas de coagulación: para evaluar alteraciones en la hemostasia Bioquímica sanguínea: para valorar la función renal y hepática Pruebas específicas: Detección de antígenos virales Serología (IgM e IgG) RT-PCR para detección del genoma viral[1][3] Es fundamental realizar estas pruebas en laboratorios con nivel de bioseguridad adecuado (BSL-3 o BSL-4)[2]. Manejo de emergencias El manejo de las FHV en servicios de emergencia debe centrarse en: Aislamiento del paciente y medidas de protección para el personal sanitario. Estabilización hemodinámica: Reposición de fluidos y electrolitos Manejo del shock si está presente Tratamiento sintomático: Control de la fiebre Manejo del dolor Prevención y tratamiento de hemorragias Soporte de órganos en caso de fallo multiorgánico Administración de antivirales específicos cuando estén disponibles (ej. ribavirina para algunos FHV)[3][5] Es crucial la notificación inmediata a las autoridades sanitarias ante la sospecha de una FHV para implementar medidas de control epidemiológico[1]. Las fiebres hemorrágicas virales representan un desafío diagnóstico y terapéutico que requiere un abordaje multidisciplinario y medidas estrictas de bioseguridad. La sospecha clínica temprana y el manejo adecuado son fundamentales para mejorar el pronóstico y prevenir la propagación de estas enfermedades potencialmente devastadoras. Citas: [1] https://www.euskadi.eus/contenidos/informacion/vigilancia_protocolos/es_def/adjuntos/Fiebres-Hemorragicas-Viricas_cast.pdf [2] https://www.em-consulte.com/es/article/121137/fiebres-hemorragicas-virales [3] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/viral-hemorrhagic-fevers/diagnosis-treatment/drc-20351266 [4] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1025-02552015000300011&script=sci_arttext [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/viral-hemorrhagic-fevers/symptoms-causes/syc-20351260 [6] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-dengue-otras-fiebres-hemorragicas-virales-13081571 [7] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/arbovirus-arenavirus-filovirus/introducción-a-las-fiebres-hemorrágicas [8] https://revistaamc.sld.cu/index.php/amc/article/download/3324/2093 [9] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7430275/
