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  • Infecciones estreptocócicas: Fascitis necrotizantes

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las infecciones estreptocócicas, particularmente la fascitis necrotizante, representan un desafío significativo en el ámbito médico debido a su rápida progresión y potencial letalidad. La fascitis necrotizante es una infección rara pero grave que afecta la piel, el tejido celular subcutáneo y la fascia, provocando necrosis tisular y toxicidad sistémica[1][3]. Síntomas Los síntomas iniciales de la fascitis necrotizante pueden ser inespecíficos, lo que dificulta su diagnóstico temprano. Los pacientes suelen presentar: Dolor intenso y desproporcionado en relación con la apariencia de la lesión cutánea[1][4] Fiebre alta y escalofríos repentinos[9] Malestar general y rápido deterioro del estado de salud En etapas avanzadas, pueden aparecer síntomas de shock y fallo multiorgánico[1][4] Signos clínicos La progresión de los signos clínicos en la fascitis necrotizante suele ser rápida y alarmante: Edema e induración que se extiende más allá del área de eritema[1][4] Piel inicialmente caliente y enrojecida que evoluciona a un color purpúreo o grisáceo[1] Formación de ampollas o flictenas con líquido serosanguinolento[1][4] Ausencia de linfangitis o linfadenitis, lo que la diferencia de otras infecciones cutáneas[4][7] Crepitación subcutánea en casos avanzados[4] Exploración La exploración física es crucial para el diagnóstico precoz: Evaluación del área afectada, notando la extensión del edema y los cambios en la coloración de la piel[1] Palpación para detectar crepitación o fluctuación[4] Evaluación del dolor, que suele ser desproporcionado a los hallazgos visibles[1][4] Búsqueda de signos de toxicidad sistémica como taquicardia, hipotensión o alteraciones del estado mental[4] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la fascitis necrotizante se basa en una combinación de hallazgos clínicos y pruebas complementarias: Pruebas de laboratorio: hemograma completo, proteína C reactiva, creatina fosfoquinasa (CPK) y lactato sérico[4][8] Cultivos de tejido y hemocultivos para identificar el agente causal[1][4] Técnicas de imagen: radiografías, tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) para evaluar la extensión de la infección[9] Biopsia por congelación para un diagnóstico histológico rápido[4] Exploración quirúrgica, considerada el estándar de oro para el diagnóstico definitivo[4][9] Manejo de emergencias El manejo de la fascitis necrotizante en el servicio de emergencias debe ser agresivo y multidisciplinario: Estabilización hemodinámica: reanimación con fluidos y soporte vasopresor si es necesario[1][4] Antibioterapia empírica de amplio espectro: generalmente una combinación que cubre estreptococos, estafilococos y anaerobios[1][4] Cirugía urgente: desbridamiento quirúrgico extenso del tejido necrótico, considerado el pilar del tratamiento[1][4][8] Soporte de órganos: manejo de la insuficiencia respiratoria, renal o hepática según sea necesario[4] Consideración de terapias adyuvantes: oxígeno hiperbárico o inmunoglobulina intravenosa en casos seleccionados[4][5] La fascitis necrotizante representa una verdadera emergencia médico-quirúrgica. El reconocimiento temprano de los signos y síntomas, junto con un abordaje diagnóstico y terapéutico agresivo, es fundamental para mejorar el pronóstico de estos pacientes. La estrecha colaboración entre cirujanos, intensivistas e infectólogos es esencial para optimizar el manejo de esta grave infección[1][4][8]. Citas [1] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0376-78922007000400008&script=sci_arttext [2] https://www.redalyc.org/journal/1800/180061937016/html/ [3] https://www.cdc.gov/group-a-strep/es/about/acerca-de-la-fascitis-necrosante.html [4 ] https://www.analesdepediatria.org/es-fascitis-necrosante-por-streptococcus-pyogenes-articulo-13084178 [5] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1727-897X2018000600015&script=sci_arttext [6] https://revtecnologia.sld.cu/index.php/tec/article/view/4084/1727 [7] http://clinicainfectologica2hnc.webs.fcm.unc.edu.ar/files/2018/03/Infecciones-Necrotizantes-de-Tejidos-Blandos-2015.pdf [8] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1727-897X2014000200002&script=sci_arttext [9] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-grampositivas/infecciones-por-estreptococo

  • Infecciones estreptocócicas: Erisipela

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las infecciones estreptocócicas, en particular la erisipela, representan un importante desafío clínico en el ámbito de las enfermedades infecciosas. La erisipela es una infección aguda de la dermis y los vasos linfáticos superficiales, causada principalmente por estreptococos beta-hemolíticos del grupo A, aunque también pueden estar involucrados los grupos C y G[1][3]. Esta infección afecta con mayor frecuencia las extremidades inferiores y la cara, siendo más común en edades extremas de la vida[5]. Síntomas Los pacientes con erisipela suelen presentar un inicio agudo de síntomas sistémicos y locales. Los síntomas más comunes incluyen: Fiebre y escalofríos[1][3] General Malestar[5] Dolor en la zona afectada[1][4] Sensación de calor y tensión en la piel involucrada[4] Estos síntomas pueden desarrollarse rápidamente, a menudo en cuestión de horas, lo que subraya la importancia de un diagnóstico y tratamiento temprano. Signos clínicos La erisipela se caracteriza por signos clínicos distintivos que facilitan su identificación: Placa eritematosa bien delimitada con bordes elevados[1][4] Edema localizado en la zona afectada[3][5] Aumento de la temperatura local[4] En algunos casos, presencia de vesículas o ampollas en la superficie de la lesión[5] Linfadenopatía regional[1] La lesión típica de erisipela tiene un aspecto brillante y tenso, con una demarcación clara entre la piel afectada y la sana[4]. Exploración Durante la exploración física, el médico debe prestar atención a: Evaluación de la extensión y características de la placa eritematosa. Palpación de la zona para determinar el grado de edema y dolor. Búsqueda de posibles puertas de entrada para la infección, como fisuras interdigitales o heridas cutáneas[1] Examen de los ganglios linfáticos regionales Evaluación de signos de complicaciones sistémicas, como hipotensión o taquicardia[3] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la erisipela es principalmente clínico, basado en la presentación característica. Sin embargo, algunas pruebas pueden ser útiles: Hemograma completo: suele mostrar leucocitosis[5] Proteína C reactiva y velocidad de sedimentación globular: elevadas en procesos inflamatorios Hemocultivos: pueden ser positivos en un pequeño porcentaje de casos, especialmente en pacientes con toxicidad sistémica[5][6] En casos atípicos o de mala evolución, se puede considerar una biopsia cutánea[4] Es importante destacar que los cultivos de la lesión cutánea rara vez son útiles debido a la baja tasa de positividad[6]. Manejo de emergencias El manejo de la erisipela en el servicio de emergencias debe ser rápido y eficaz: Evaluación inicial: valorar signos vitales y estado general del paciente[3] Antibióticoterapia: Primera línea: Penicilina V potásica 250 mg vía oral, cuatro veces al día durante 7 días[5] Alternativas: Dicloxacilina o cefalosporinas de primera generación[5] En pacientes alérgicos a penicilina: Clindamicina 250 mg dos veces al día por 7-14 días[5] En casos severos o con toxicidad sistémica, considerar antibióticos intravenosos y hospitalización[5][6] Medidas de soporte: Elevación de la extremidad afectada para reducir el edema. Analgesia según necesidad Hidratación adecuada Identificación y tratamiento de factores predisponentes, como tiña pedis o linfedema[1][6] Seguimiento estrecho para evaluar la respuesta al tratamiento y detectar posibles complicaciones[3] El manejo adecuado y oportuno de la erisipela en el servicio de emergencias es crucial para prevenir complicaciones y asegurar una recuperación rápida del paciente. La elección del tratamiento antibiótico y la decisión de ingreso hospitalario deben basarse en la severidad de la presentación clínica y los factores de riesgo individuales del paciente. Citas [1] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000618.htm [2] https://ru.dgb.unam.mx/bitstream/20.500.14330/TES01000723044/3/0723044.pdf [3] https://www.merckmanuals.com/es-us/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-grampositivas/infecciones-por-estreptococo [4] https://es.wikipedia.org/wiki/Erisipela [5] https://accessmedicina.mhmedical.com/content.aspx?bookid=3463§ionid=286476543 [6] https://www.actasdermo.org/es-actualizacion-el-abordaje-manejo-celulitis-articulo-S0001731018304253 [7] https://www.binasss.sa.cr/medint/13.pdf [8] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/cocos-grampositivos/infecciones-estreptocócicas

  • Infecciones estreptocócicas: Celulitis 

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las infecciones estreptocócicas, particularmente la celulitis, representan un desafío significativo en la práctica clínica debido a su potencial gravedad y rápida progresión. Este artículo se enfoca en la celulitis estreptocócica, una infección aguda de la piel y tejidos subcutáneos, explorando sus características clínicas, métodos de diagnóstico y manejo en el ámbito de emergencias. Síntomas La celulitis estreptocócica se caracteriza por una constelación de síntomas que pueden variar en intensidad. Los pacientes experimentales evaluados: Dolor localizado en el área afectada Sensación de calor en la zona infectada. General de Malestar Fiebre, que puede ser alta en casos severos Escalofríos, especialmente en etapas iniciales de la infección[1][2] Estos síntomas suelen desarrollarse rápidamente, lo que subraya la importancia de una intervención médica temprana. Signos clínicos La presentación clínica de la celulitis estreptocócica incluye varios signos observables: Eritema: área enrojecida de la piel que tiende a expandirse Edema: hinchazón notable del tejido afectado Calor local: aumento de la temperatura en la zona infectada Límites difusos: a diferencia de la erisipela, la celulitis no presenta bordes bien definidos entre la piel afectada y la sana[1][2] En casos más avanzados, pueden aparecer: Vesículas o ampollas Piel con aspecto de “piel de naranja” Linfangitis asociada[1] Exploración La exploración física es crucial para el diagnóstico y evaluación de la gravedad de la celulitis. El médico debe: Delimitar y marcar el área afectada para monitorear la progresión. Palpar la zona en busca de fluctuación o crepitación, lo que podría indicar complicaciones como abscesos o fascitis necrotizante. Evaluar los ganglios linfáticos regionales. Buscar posibles puntos de entrada para la infección, como heridas o úlceras[1][2] Pruebas diagnósticas Aunque el diagnóstico de la celulitis es principalmente clínico, ciertas pruebas pueden ser útiles para confirmar el diagnóstico y descartar complicaciones: Cultivos bacteriológicos: aunque no siempre necesarios, pueden ser útiles en casos recurrentes o resistentes al tratamiento. Pruebas de laboratorio: Recuento de glóbulos blancos Proteína C reactiva (PCR) Velocidad de sedimentación globular (VSG) Técnicas de imagen: Ecografía: útil para detectar abscesos o colecciones líquidas Tomografía computarizada (TC): en casos de sospecha de fascitis necrotizante o compromiso de estructuras profundas[1][3] Manejo de emergencias El manejo de la celulitis en el servicio de emergencias requiere una evaluación rápida y un tratamiento oportuno: Evaluación inicial: Signos vitales Extensión de la infección Presencia de signos sistémicos de infección Tratamiento antibiótico empírico: Antibióticos betalactámicos como primera línea (por ejemplo, penicilina o cefalosporinas) En casos de sospecha de MRSA, considere vancomicina o linezolid[1][3] Manejo de comorbilidades: Control glucémico en pacientes diabéticos Manejo del edema en pacientes con insuficiencia venosa Elevación de la extremidad afectada para reducir el edema. Analgesia adecuada Hidratación intravenosa en casos severos o con signos de sepsis Considere la hospitalización en pacientes con: Celulitis extensa Signos sistémicos de infección Comorbilidades significativas Falta de respuesta al tratamiento oral[2][3] La celulitis estreptocócica representa una condición potencialmente grave que requiere un diagnóstico precoz y un manejo adecuado. El reconocimiento de los síntomas y signos característicos, junto con una exploración física minuciosa y pruebas diagnósticas apropiadas, son fundamentales para un tratamiento efectivo y la prevención de complicaciones. El manejo en emergencias debe ser rápido y dirigido, con especial atención a la terapia antibiótica y al soporte sistémico cuando sea necesario. Citas [1] https://www.binasss.sa.cr/medint/13.pdf [2] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/cellulitis/symptoms-causes/syc-20370762 [3] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-grampositivas/infecciones-por-estreptococo

  • Endocarditis infecciosa

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La endocarditis infecciosa es una inflamación del revestimiento interno de las cámaras y válvulas cardíacas (endocardio) causada principalmente por una infección bacteriana o, en raras ocasiones, fúngica[1][2]. Esta patología se caracteriza por la acumulación de microorganismos y coágulos en las válvulas cardíacas, formando vegetaciones que pueden desprenderse y afectar órganos vitales[2]. Síntomas Los síntomas de la endocarditis infecciosa pueden presentarse de manera aguda o subaguda. En la forma aguda, los pacientes suelen experimentar: Fiebre alta (40°C) Frecuencia cardiaca acelerada Fatiga intensa Rápido deterioro de las válvulas cardíacas[2] En la forma subaguda, los síntomas son más insidiosos y pueden incluir: Fiebre leve (37,5-38,5 °C) Pérdida de peso Sudoración excesiva Anemia Fatiga Dificultad para respirar con el esfuerzo[1][2] Signos clínicos Los signos clínicos más comunes de la endocarditis infecciosa incluyen: Soplo cardiaco nuevo o cambios en un soplo preexistente Petequias en conjuntiva, piel o mucosas Hemorragias en atilla (pequeñas líneas oscuras bajo las uñas) Lesiones de Janeway (manchas rojas e indoloras en palmas y plantas) Nódulos de Osler (nódulos dolorosos en yemas de los dedos) Manchas de Roth (hemorragias retinianas con centro pálido)[1][3][7] Exploración Durante la exploración física, el médico debe prestar especial atención a: Auscultación cardíaca para detectar soplos. Examen de piel y mucosas en busca de petequias o lesiones características Revisión de extremidades para identificar signos de embolización periférica Evaluación neurológica para descartar complicaciones embólicas cerebrales Examen oftalmológico para detectar manchas de Roth[3][7] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la endocarditis infecciosa se basa en una combinación de hallazgos clínicos, microbiológicos y ecocardiográficos. Las principales pruebas diagnósticas incluyen: Hemocultivos: fundamentales para identificar el microorganismo causante y guiar la terapia antibiótica[3][6] Ecocardiografía: Transtorácica (ETT) Transesofágica (ETE) Estas técnicas son esenciales para detectar vegetaciones, abscesos o dehiscencias valvulares[3][6] Pruebas de laboratorio: Hemograma completo Proteína C reactiva (PCR) Velocidad de sedimentación globular (VSG)[7] Criterios de Duke: sistema de clasificación que combina hallazgos clínicos, microbiológicos y ecocardiográficos para establecer el diagnóstico[6] Manejo de emergencias El manejo inicial de la endocarditis infecciosa en el servicio de emergencias debe incluir: Estabilización hemodinámica del paciente si es necesario Obtención de hemocultivos (al menos 3 series) antes de iniciar antibióticos[3] Inicio de terapia antibiótica empírica de amplio espectro, considerando los patógenos más probables según la presentación clínica y los factores de riesgo del paciente[3][5] Realización de ecocardiografía urgente, preferiblemente transesofágica si está disponible y no hay contraindicaciones[3] Evaluación de posibles complicaciones embólicas mediante exámenes neurológicos y de imagen si se sospecha afectación del sistema nervioso central[3] Consulta temprana con cardiología y cirugía cardíaca para evaluar la necesidad de intervención quirúrgica urgente en casos de insuficiencia cardíaca aguda, embolización recurrente o infección no controlada[3][5] El tratamiento definitivo generalmente consiste en la administración de antibióticos intravenosos durante 2 a 8 semanas, dependiendo del microorganismo causal y la respuesta clínica[3]. En algunos casos, puede ser necesaria la cirugía para reparar o reemplazar las válvulas cardíacas dañadas[7]. La endocarditis infecciosa sigue siendo una enfermedad grave con alta morbimortalidad, por lo que un diagnóstico precoz y un manejo adecuado son cruciales para mejorar el pronóstico de los pacientes afectados[8]. Citas [1] https://rarediseases.org/es/rare-diseases/endocarditis-infective/ [2] https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/enfermedades-vasculares-y-del-corazon/endocarditis.html [3] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/trastornos-del-corazón-y-los-vasos-sanguíneos/endocarditis/endocarditis-infecciosa [4] https://www.texasheart.org/heart-health/heart-information-center/topics/endocarditis-infecciosa/ [5] https://www.revespcardiol.org/es-endocarditis-infecciosa-articulo-13047020-pdf-file [6] https://www.revespcardiol.org/es-guias-practica-clinica-sociedad-espanola-articulo-X0300893200119475 [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001098.htm [8] https://revistamedicasinergia.com/index.php/rms/article/view/675

  • Escarlatina

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La escarlatina es una enfermedad infecciosa aguda causada por cepas de Streptococcus pyogenes (estreptococo beta-hemolítico del grupo A) productoras de toxina eritrogénica. Esta afección, que suele presentarse en niños de entre 2 y 8 años, se caracteriza por una faringoamigdalitis asociada a un exantema característico[1][4]. Síntomas Los síntomas de la escarlatina suelen aparecer de 2 a 5 días después de la exposición al patógeno. Los pacientes específicos presentan: Fiebre alta (38°C o más), a menudo de inicio brusco[1][4] Dolor de garganta intenso[1][4] Dificultad para tragar[4] Cefalea[1][4] Náuseas y vómitos[1][4] Dolor abdominal[1][4] General Malestar[4] Signos clínicos Los signos clínicos más característicos de la escarlatina incluyen: Exantema eritematoso micropapular (“piel de lija”) que aparece 12-48 horas después del inicio de la fiebre[1][2] Enantema (punteado rojo) en el velo del paladar[8] Lengua “aframbuesada” (roja con papilas prominentes)[1][4] Líneas de Pastia (líneas transversales hiperémicas en pliegues cutáneos)[2] Palidez perioral (signo de Filatov)[4] Exploración Durante la exploración física, el médico debe prestar especial atención a: Inspección de la orofaringe: amígdalas hipertróficas, eritematosas, con posible exudado[2] Palpación de ganglios linfáticos cervicales: adenopatías dolorosas[1][4] Examen cutáneo: características y distribución del exantema[1][2] Evaluación de signos de deshidratación[7] Búsqueda de signos de complicaciones (otitis, mastoiditis, etc.)[8] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la escarlatina se basa principalmente en la clínica, pero puede confirmarse mediante: Prueba rápida de detección de antígeno estreptocócico (TRDA)[1][6] Cultivo faríngeo para aislamiento de S. pyogenes[4][8] Hemograma: leucocitosis con neutrofilia y eosinofilia[8] Determinación de antiestreptolisinas (ASLO) en suero[8] Manejo de emergencias El manejo de la escarlatina en el servicio de urgencias debe incluir: Evaluación inicial: signos vitales, estado de hidratación y posibles complicaciones[7] Tratamiento sintomático: Antitérmicos y analgésicos (paracetamol o ibuprofeno)[2][8] Hidratación adecuada[8] Antibioterapia: Penicilina V oral como primera elección durante 10 días[2][8] Alternativas en alérgicos: eritromicina o clindamicina[8] Educación al paciente y familiares: Importancia de completar el tratamiento antibiótico[8] Medidas de aislamiento: 24 horas tras inicio de antibióticos[6] Seguimiento: Control clínico a las 48-72 horas[8] Vigilancia de posibles complicaciones[4][8] En casos de deshidratación severa, dificultad respiratoria o signos de sepsis, se debe considerar la hospitalización para manejo intensivo[7]. La escarlatina, aunque generalmente benigna, requiere un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado para prevenir posibles complicaciones graves. El manejo multidisciplinario y la educación del paciente son fundamentales para garantizar un resultado óptimo. Citas [1] https://www.medicoverhospitals.in/es/diseases/scarlet-fever/ [2] https://www.guia-abe.es/files/pdf/escarlatina.pdf [3] https://www.analesdepediatria.org/es-brote-escarlatina-un-colegio-publico-articulo-S1695403313002476 [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000974.htm [5] https://www.analesdepediatria.org/es-escarlatina-repeticin-una-entidad-frecuente-articulo-S1695403317300103 [6] https://enfamilia.aeped.es/temas-salud/escarlatina [7] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/scarlet-fever/symptoms-causes/syc-20377406 [8] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/escarlatina [9] https://www.cdc.gov/group-a-strep/es/about/sintomas-de-la-escarlatina.html

  • Infecciones estreptocócicas

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las infecciones estreptocócicas son causadas por bacterias del género Streptococcus, principalmente el Streptococcus pyogenes o estreptococo beta-hemolítico del grupo A (GABHS). Estas infecciones pueden afectar diversas partes del cuerpo y variar en gravedad, desde condiciones leves hasta potencialmente mortales. Síntomas Los síntomas de las infecciones estreptocócicas varían según la localización y el tipo de infección: Faringitis estreptocócica : Dolor de garganta de inicio brusco, fiebre, malestar general, cefalea, náuseas, vómitos y dolor abdominal[1][2]. Infecciones cutáneas : En el caso del impétigo, se observan úlceras con costras amarillas. La celulitis se caracteriza por enrojecimiento, inflamación y dolor en la piel afectada[1]. Fascitis necrotizante : Dolor intenso y desproporcionado en relación con los hallazgos físicos, fiebre, escalofríos y malestar general[1][4]. Síndrome de shock tóxico estreptocócico : Fiebre alta, taquicardia, taquipnea, dolor intenso, seguidos de shock y falla multiorgánica[4]. Signos clínicos La exploración física puede revelar diversos signos según la presentación clínica: Faringitis: Eritema o exudados faringoamigdalares, petequias en el paladar blando, úvula roja y edematosa, y adenopatías cervicales anteriores dolorosas[2]. Escarlatina: Exantema eritematoso difuso con textura de papel de lija, más intenso en inglés y axilas, lengua en fresa y palidez peribucal[5]. Celulitis: Piel roja, hinchada y dolorosa[1]. Fascitis necrotizante: Eritema difuso o local, que progresa rápidamente con necrosis tisular[4]. Exploración La exploración debe ser minuciosa y adaptada al tipo de infección sospechada: Inspección de la orofaringe en busca de signos de faringitis o escarlatina. Palpación de ganglios linfáticos cervicales. Examen detallado de la piel para detectar celulitis, impétigo o signos de fascitis necrotizante. Evaluación de signos vitales, especialmente en casos de sospecha de infecciones invasivas[1][2][4]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico se basa en la combinación de resultados clínicos y pruebas de laboratorio: Prueba rápida de detección de antígeno estreptocócico (TDR): Se realiza en minutos y es altamente específica para faringitis estreptocócica[2]. Cultivo faríngeo: Gold estándar para el diagnóstico de faringitis estreptocócica, pero requiere 24-48 horas[2]. Hemocultivos: En casos de sospecha de infecciones invasivas o bacteriemia[4]. Pruebas de imagen: La tomografía computarizada puede ser útil en casos de fascitis necrotizante[1]. Manejo de emergencias El manejo de las infecciones estreptocócicas en emergencias depende de la presentación clínica y la gravedad: Faringitis y escarlatina : Tratamiento antibiótico: Penicilina o amoxicilina como primera línea[1][3]. Manejo sintomático: Analgésicos y antipiréticos como ibuprofeno o paracetamol[3]. Infecciones cutáneas leves: Antibióticos tópicos o sistémicos según la gravedad[1][3]. Infecciones invasivas (fascitis necrotizante, síndrome de shock tóxico): Estabilización hemodinámica y soporte vital. Antibióticos intravenosos de amplio espectro. Desbridamiento quirúrgico urgente en casos de fascitis necrotizante[4]. Medidas generales: Aislamiento del paciente para prevenir la transmisión. Monitorización estrecha de signos vitales y evolución clínica. Educación al paciente sobre signos de alarma y seguimiento[1][3][4]. El reconocimiento temprano y el tratamiento adecuado son cruciales para prevenir complicaciones y secuelas a largo plazo, como la fiebre reumática o la glomerulonefritis post-estreptocócica[1][4]. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-grampositivas/infecciones-por-estreptococo [2] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7105079/ [3] https://www.healthychildren.org/Spanish/health-issues/conditions/infections/Paginas/Group-A-Streptococcal-Infections.aspx [4] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/cocos-grampositivos/infecciones-estreptocócicas [5] https://accessmedicina.mhmedical.com/content.aspx?bookid=3463§ionid=286734569

  • Herpes Zoster

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El herpes zóster es una infección viral causada por la reactivación del virus varicela-zóster (VVZ) que permanece latente en los ganglios sensibles después de una infección primaria por varicela[1][3]. Este artículo académico abordará los aspectos clave del herpes zoster, incluyendo sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas del herpes zóster suelen comenzar con una fase prodrómica caracterizada por: Dolor, ardor u hormigueo en el área afectada[1] Sensibilidad al tacto[1] Febrícula, cefalea y malestar general[4] Estos síntomas prodrómicos generalmente preceden a la erupción cutánea entre 48 y 72 horas, aunque en ocasiones pueden aparecer hasta una semana antes[4]. Signos clínicos Los signos clínicos más característicos del herpes zoster incluyen: Erupción cutánea unilateral que sigue la distribución de un dermatoma[1][2] Aparición de vesículas agrupadas sobre una base eritematosa[1][2] Progresión de las lesiones durante 3 a 5 días[2] Formación de costras y curación en 2 a 4 semanas[2] Es importante destacar que las lesiones generalmente no cruzan la línea media del cuerpo y son más comunes en el tronco o la cara[1][2]. Exploración Durante la exploración física, el médico debe evaluar: La distribución y características de las lesiones cutáneas[2] La presencia de signos de complicaciones, como el herpes zoster oftálmico[1] El estado general del paciente, incluyendo signos vitales y estado neurológico[2] En casos de herpes zoster oftálmico, se debe prestar especial atención a la presencia de vesículas en la punta de la nariz (signo de Hutchinson), lo que indica un mayor riesgo de afectación ocular grave[3]. Pruebas diagnósticas Aunque el diagnóstico del herpes zoster es principalmente clínico, en casos dudosos se pueden realizar las siguientes pruebas: Citodiagnóstico de Tzanck: prueba rápida pero inespecífica[4] Cultivo viral: técnica más específica pero poco accesible[4] Detección de antígeno viral mediante inmunofluorescencia[4] PCR para detección de ADN viral: útil en casos de zoster sine herpete[4] Análisis de anticuerpos en suero: para confirmación retrospectiva[4] Manejo de emergencias El manejo del herpes zoster en emergencias debe centrarse en: Inicio rápido del tratamiento antiviral, idealmente dentro de las 72 horas desde la aparición del sarpullido[8] Elección del antiviral adecuado (aciclovir, valaciclovir o famciclovir)[5][8] Control del dolor agudo mediante analgésicos apropiados[8] Evaluación de posibles complicaciones, especialmente en pacientes inmunocomprometidos[5] Consideración de la derivación a especialistas en casos de herpes zoster oftálmico o diseminado[5] En pacientes inmunocomprometidos o con complicaciones graves, se debe considerar el tratamiento con aciclovir intravenoso[5][6]. El reconocimiento temprano y el manejo adecuado del herpes zoster en el ámbito de emergencias son cruciales para reducir la severidad de la enfermedad, prevenir complicaciones y mejorar el pronóstico del paciente. El tratamiento antiviral precoz, junto con un manejo adecuado del dolor, constituye la base del abordaje terapéutico en la fase aguda de la enfermedad. Citas [1] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/shingles/symptoms-causes/syc-20353054 [2] https://www.cdc.gov/shingles/hcp/clinical-signs/index.html [3] https://www.msdmanuals.com/professional/infectious-diseases/herpesviruses/herpes-zoster [4] https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-clinica-2-articulo-tratamiento-prevencion-del-herpes-zoster-13077377?code=ZC98xJAvOaVzc74sNmudwBieLtfkMq&newsletter=true [5] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/herpes-zoster [6] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1131-57682002000300002&script=sci_arttext [7] https://www.medparkhospital.com/en-US/enfermedad-y-tratamiento/herpes-zóster-culebrilla [8] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2852282/

  • Herpes Simple

    MANUAL DE MEDICINA DE EMERGENCIAS 2025 El herpes simple es una infección viral común causada por el virus del herpes simple (VHS), que se presenta en dos tipos principales: VHS-1 y VHS-2. Esta revisión abordará los aspectos clave de la enfermedad, incluyendo síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas del herpes simple pueden variar en función del tipo de virus y la localización de la infección. En general, los pacientes pueden experimentar: Sensación de picor o dolor en el área afectada[1] Sensación de quemazón[1] Fiebre y síntomas similares a la gripe, especialmente en la primoinfección[3] Ganglios linfáticos inflamados[3] Malestar general y cansancio[1] Es importante destacar que muchas personas infectadas pueden ser asintomáticas o presentar síntomas leves que pasan desapercibidos[8]. Signos Clínicos Los signos clínicos más característicos del herpes simple incluyen: Aparición de vesículas o ampollas pequeñas y dolorosas sobre una base eritematosa[1][3] Evolución de las vesículas a úlceras y posteriormente a costras[3][9] En el herpes genital, las lesiones suelen aparecer en los genitales, ano, nalgas u otras áreas cercanas[3] En el herpes oral, las lesiones se presentan principalmente en los labios y alrededor de la boca[1] La primoinfección genital suele ser más grave, con dolor que puede durar hasta 10 días y lesiones que cicatrizan en 2-3 semanas[9]. Exploración La exploración física para el diagnóstico del herpes simple incluye: Examen externo e interno de los genitales en caso de sospecha de herpes genital[9] Búsqueda de adenopatías, que suelen ser duras, móviles, bilaterales y muy dolorosas[9] Inspección de otras zonas potencialmente afectadas, como la boca y los ojos[9] Evaluación de la distribución y características de las lesiones[7] Pruebas Diagnósticas Aunque el diagnóstico del herpes simple suele ser clínico, se pueden realizar las siguientes pruebas para confirmarlo: Cultivo viral: Se toma una muestra de líquido de una vesícula para cultivar y analizar el virus[3][7] Reacción en cadena de la polimerasa (PCR): Busca material genético del VHS en la muestra y es más sensible que el cultivo viral[3][7] Prueba de Tzanck: Raspado superficial de una vesícula que puede revelar células gigantes multinucleadas características de la infección por VHS[7] Análisis de sangre: Busca anticuerpos específicos contra VHS-1 y VHS-2[3] En casos de sospecha de encefalitis herpética, se puede realizar una resonancia magnética y una punción lumbar con PCR del líquido cefalorraquídeo[7] Manejo de emergencias El manejo del herpes simple en emergencias se centra principalmente en el control de los síntomas y la prevención de complicaciones: Administración de antivirales: Fármacos como el aciclovir pueden ayudar a aliviar los síntomas y acortar la duración del brote[1][7] Manejo del dolor: Analgésicos y antiinflamatorios para aliviar el dolor y la incomodidad[3] Hidratación y cuidados de la piel: Mantener las lesiones limpias y secas para prevenir infecciones secundarias[3] Educación del paciente: Informar sobre la naturaleza recurrente de la infección y las medidas para prevenir la transmisión[8] En casos de herpes neonatal o encefalitis herpética, se requiere hospitalización y tratamiento antiviral intravenoso urgente[7] Es crucial recordar que, aunque el herpes simple no tiene cura, un manejo adecuado puede controlar eficazmente los síntomas y reducir la frecuencia de los brotes, mejorando significativamente la calidad de vida de los pacientes afectados. Citas [1] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/herpes-simple [2] https://rmedicina.ucsg.edu.ec/index.php/ucsg-medicina/article/download /278/239/488 [3] https://medlineplus.gov/spanish/pruebas-de-laboratorio/prueba-del-virus-del-herpes-simple-vhs/ [4] https://www.guia-abe.es/files/pdf/ABE Infecciones por virus del herpes simple 1 y 2_8Enero.pdf [5] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-por-el-virus-del-herpes/infecciones-por-el-virus-del-herpes-simple-vhs [6] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10880724/ [7] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/virus-herpes/infección-por-el-virus -herpes-simple-hsv?ruleredirectid=755 [8] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/herpes-simplex-virus [9] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia- clinica-28-articulo-ulceras-genitales-por-virus-herpes-S0213005X18303744

  • Hepatitis C, D y E

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las hepatitis virales C, D y E son infecciones que afectan al hígado, causando inflamación y potencial daño hepático a largo plazo. Este artículo académico aborda los aspectos clave de estas enfermedades, incluyendo sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Hepatitis C La mayoría de las personas con hepatitis C aguda no presentan síntomas. Sin embargo, cuando aparecen, pueden incluir: Fatiga Fiebre Náuseas y vómitos Pérdida de apetito Dolor abdominal Orina oscura Heces de arcilla de color Ictericia[1][4] En la hepatitis C crónica, los síntomas pueden no manifestarse durante décadas hasta que se desarrollan complicaciones[1]. Hepatitis D Los síntomas de la hepatitis D aguda son similares a los de otras hepatitis virales, pero suelen ser más graves. Pueden incluir: Fatiga Náuseas y vómitos Pérdida de apetito Dolor en el cuadrante superior derecho del abdomen Orina oscura Ictericia[6] La hepatitis D crónica puede no presentar síntomas hasta que se desarrollen complicaciones como la cirrosis[6]. Hepatitis E Los síntomas de la hepatitis E son similares a los de otras hepatitis virales y pueden incluir: Fatiga Náuseas y vómitos Fiebre Dolor abdominal Ictericia Signos Clínicos Los signos clínicos de las hepatitis C, D y E pueden ser similares e incluyen: Ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos) Hepatomegalia (aumento del tamaño del hígado) Esplenomegalia (aumento del tamaño del bazo) Ascitis (acumulación de líquido en el abdomen) en casos avanzados[2][6] Exploración La exploración física en pacientes con hepatitis C, D o E puede revelar: Ictericia cutánea mucosa Hepatomegalia dolorosa a la palpación Signos de enfermedad hepática crónica en casos avanzados, como: Eritema palmar Telangiectasias Ascitis Edema periférico[2][6] Pruebas diagnósticas Hepatitis C Prueba de anticuerpos anti-VHC (enzimoinmunoanálisis) Prueba de ARN del VHC (PCR) Genotipado del VHC Pruebas de función hepática Elastografía o biopsia hepática para evaluar el grado de fibrosis[1][7] Hepatitis D Prueba de anticuerpos anti-VHD (IgM e IgG) Detección de ARN del VHD Pruebas de función hepática Elastografía o biopsia hepática[6] Hepatitis E Prueba de anticuerpos anti-VHE (IgM e IgG) Detección de ARN del VHE Pruebas de función hepática Manejo de emergencias El manejo de emergencias para las hepatitis C, D y E se centra principalmente en el tratamiento de complicaciones agudas: Evaluación inicial: Signos vitales, estado mental y examen físico completo. Pruebas de laboratorio: Hemograma completo, pruebas de función hepática, tiempo de protrombina, electrolitos y pruebas de función renal. Tratamiento de soporte: Manejo de fluidos y electrolitos Corrección de trastornos de coagulación si es necesario Tratamiento de la encefalopatía hepática si está presente Monitoreo estrecho de la función hepática y signos de insuficiencia hepática aguda. En casos de hepatitis fulminante, considerar la derivación urgente a un centro de trasplante hepático[3][6]. Iniciar tratamiento antiviral específico según el tipo de hepatitis, bajo la supervisión de un especialista en hepatología. Las hepatitis C, D y E presentan desafíos diagnósticos y terapéuticos únicos. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos clínicos, junto con las pruebas diagnósticas apropiadas, es crucial para un manejo adecuado. El tratamiento de emergencia se centra en el manejo de complicaciones agudas y la prevención de la progresión a insuficiencia hepática fulminante. Citas [1] https://www.niddk.nih.gov/health-information/informacion-de-la-salud/enfermedades-higado/hepatitis-viral/hepatitis-c [2] https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-integral-63-articulo-hepatitis-aguda-11321 [3] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-del-hígado-y-de-la-vesícula-biliar/hepatitis/hepatitis-d [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/hepatitis-c/symptoms-causes/syc-20354278 [5] https://seimc.org/contenidos/documentoscientificos/procedimientosmicrobiologia/seimc-procedimientomicrobiologia50.pdf [6] https://www.niddk.nih.gov/health-information/informacion-de-la-salud/enfermedades-higado/hepatitis-viral/hepatitis-d [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000284.htm

  • Hepatitis B

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La hepatitis B es una enfermedad infecciosa causada por el virus de la hepatitis B (VHB) que afecta al hígado. Esta infección puede ser aguda o crónica, y representa un importante problema de salud pública a nivel mundial[1][2]. Síntomas Los síntomas de la hepatitis B pueden variar desde leves hasta severos. En muchos casos, especialmente en niños pequeños, la infección puede ser asintomática. Sin embargo, cuando se presentan, los síntomas más comunes incluyen: Fatiga Fiebre Náuseas y vómitos Dolor abdominal Pérdida de apetito Ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos) Orina oscura Heces de color gris o arcilla Dolor en las articulaciones[1][4] Estos síntomas suelen aparecer entre 6 semanas y 6 meses después de la exposición al virus, aunque generalmente se manifiestan dentro de los 4 meses[1]. Signos Clínicos Los signos clínicos de la hepatitis B pueden incluir: Ictericia visible en la piel y esclerótica. Hepatomegalia (agrandamiento del hígado) Esplenomegalia (agrandamiento del bazo) Eritema palmar Angiomas de araña Ascitis (en casos avanzados) Edema periférico[3] Es importante destacar que en la mayoría de los pacientes con hepatitis B crónica, el examen físico puede ser normal[3]. Exploración La exploración física inicial debe enfocarse en buscar signos de enfermedad hepática crónica o avanzada. El médico debe: Evaluar la presencia de ictericia en piel y esclerótica Palpar el abdomen para detectar hepatomegalia o esplenomegalia Buscar signos de hipertensión portal como ascitis o circulación colateral Examinar la piel en busca de eritema palmar o angiomas araña. Evaluar el estado neurológico para descartar encefalopatía hepática[3] Pruebas Diagnósticas El diagnóstico de la hepatitis B se basa principalmente en pruebas de laboratorio: Análisis de sangre: HBsAg (antígeno de superficie de la hepatitis B) Anti-HBc (anticuerpo contra el antígeno del núcleo) Anti-HBs (anticuerpo contra el antígeno de superficie) HBeAg y anti-HBe ADN del VHB Pruebas de función hepática : ALT y AST (transaminasas) Bilirrubina Albúmina Tiempo de protrombina Estudios de imagen: Ecografía abdominal Elastografía transitoria (FibroScan) Biopsia hepática (en casos seleccionados)[2][4][6] Manejo de emergencias En el contexto de emergencias, el manejo de la hepatitis B se centra principalmente en: Evaluación rápida de la gravedad de la enfermedad, especialmente en casos de hepatitis aguda fulminante. Monitorización de signos vitales y estado neurológico. Realización de pruebas de laboratorio urgentes, incluyendo función hepática, coagulación y niveles de amonio. Inicio de medidas de soporte, como hidratación y corrección de alteraciones electrolíticas. En casos de hepatitis B aguda grave, considere el inicio de terapia antiviral. Evaluación de la necesidad de trasplante hepático en casos de insuficiencia hepática fulminante. Implementación de medidas de prevención de transmisión, incluyendo aislamiento y uso de precauciones estándar[1][5]. La hepatitis B es una enfermedad compleja que requiere un enfoque multidisciplinario para su diagnóstico y manejo. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con un diagnóstico preciso mediante pruebas de laboratorio, es crucial para proporcionar un tratamiento adecuado y prevenir complicaciones a largo plazo. Citas [1] https://www.health.ny.gov/es/diseases/communicable/hepatitis/hepatitis_b/fact_sheet.htm [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-del-hígado-y-de-la-vesícula-biliar/hepatitis/hepatitis-b-aguda [3] https://www.intramed.net/content/60361 [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/hepatitis-b/diagnosis-treatment/drc-20366821 [5] https://medlineplus.gov/spanish/hepatitisb.html [6] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hepatitis-b [7] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/hepatitis-b

  • Hepatitis A

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La hepatitis A es una infección viral aguda que afecta al hígado, causada por el virus de la hepatitis A (VHA). Es una de las formas más comunes de hepatitis viral y se transmite principalmente por vía fecal-oral. Este artículo presenta una revisión académica de los aspectos clave de la hepatitis A, incluyendo sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas de la hepatitis A generalmente aparecen de 2 a 6 semanas después de la exposición al virus[3]. La presentación clínica puede variar desde asintomática, especialmente en niños menores de 6 años, hasta una enfermedad sintomática que puede durar varias semanas[4]. Los síntomas más comunes incluyen: Fatiga y debilidad inusuales Náuseas y vómitos Pérdida de apetito Fiebre de bajo grado Dolor abdominal, especialmente en el cuadrante superior derecho. Orina oscura Ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos) Picazón generalizada[1][3][4] Es importante notar que alrededor del 70% de los menores de 6 años no presentan síntomas, y aquellos que los presentan rara vez desarrollan ictericia[4]. Signos Clínicos Los signos clínicos de la hepatitis A pueden incluir: Ictericia visible en la esclerótica y la piel. Hepatomegalia (agrandamiento del hígado) Dolor a la palpación en el cuadrante superior derecho del abdomen. Coluria (orina oscura) Acolia (heces de color arcilla o pálidas)[1][3][4] Exploración La exploración física en pacientes con sospecha de hepatitis A debe incluir: Evaluación de la coloración de la piel y las escleróticas para detectar ictericia. Palpación abdominal para detectar hepatomegalia y dolor en el cuadrante superior derecho Evaluación del estado mental para descartar encefalopatía hepática Búsqueda de signos de deshidratación debido a vómitos o diarrea[2][4] Pruebas Diagnósticas El diagnóstico de la hepatitis A se basa en una combinación de resultados clínicos y pruebas de laboratorio: Pruebas de función hepática: ALT, AST, bilirrubina, fosfatasa alcalina Pruebas serológicas: detección de anticuerpos IgM e IgG contra el VHA Tiempo de protrombina para evaluar la función de coagulación Hemograma completo Pruebas de función renal y electrolitos[2][3][4] La presencia de anticuerpos IgM anti-VHA confirma una infección aguda por hepatitis A[4]. Manejo de emergencias El manejo de la hepatitis A en el servicio de emergencias se centra en la evaluación inicial, el tratamiento sintomático y la prevención de complicaciones: Evaluación inicial : ABC (vía aérea, respiración, circulación) Monitorización de signos vitales Evaluación del estado mental Tratamiento sintomático : Hidratación intravenosa si hay vómitos persistentes o deshidratación. Control de náuseas y vómitos Manejo del dolor y la fiebre Medidas generales : Reposo y abstención de alcohol. Evitar medicamentos hepatotóxicos, incluido el paracetamol. Criterios de ingreso hospitalario : Signos de insuficiencia hepática (actividad de protrombina < 50%, encefalopatía) Vómitos persistentes Bilirrubina total > 20 mg/dl Elevación marcada de enzimas de colestasis[5] Prevención de la transmisión : Educación sobre higiene personal y lavado de manos. Considere la administración de inmunoglobulina a contactos cercanos No existe un tratamiento específico para la hepatitis A, y la mayoría de los pacientes se recuperan completamente sin secuelas a largo plazo[3][4]. La hepatitis A es una infección viral aguda que requiere un diagnóstico preciso y un manejo adecuado en el servicio de emergencias. Aunque generalmente es autolimitada, es crucial la identificación temprana de complicaciones potenciales y la implementación de medidas preventivas para evitar la transmisión. Citas [1] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/hepatitis-a/symptoms-causes/syc-20367007 [2] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001154.htm [3] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000278.htm [4] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-del-hígado-y-de-la-vesícula-biliar/hepatitis/hepatitis-a [5] https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-familia-semergen-40-articulo-hepatitis-a-una-vision-integral-13101444

  • Hepatitis

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La hepatitis, definida como la inflamación del hígado, es una condición que puede tener diversas etiologías, incluyendo infecciones virales, toxinas, medicamentos y procesos autoinmunes[1][2]. Este artículo proporciona una revisión académica de los aspectos clave de la hepatitis, incluyendo sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas de la hepatitis pueden variar desde leves hasta severos y pueden incluir: Fatiga y cansancio generalizado Fiebre de bajo grado Náuseas y vómitos Pérdida de apetito Dolor o molestias en el cuadrante superior derecho del abdomen Ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos) Orina oscura y heces de color arcilla Picazón generalizada[1][2][3] Es importante notar que algunos pacientes, especialmente aquellos con hepatitis B o C crónica, pueden ser asintomáticos en las etapas iniciales de la enfermedad[5]. Signos Clínicos Los signos clínicos de la hepatitis pueden incluir: Ictericia visible en la esclerótica y la piel. Hepatomegalia (agrandamiento del hígado) Esplenomegalia (agrandamiento del bazo) Ascitis (acumulación de líquido en la cavidad abdominal) Signos de encefalopatía hepática en casos severos[1][5] Exploración La exploración física en pacientes con sospecha de hepatitis debe incluir: Evaluación de la coloración de la piel y las escleróticas. Palpación abdominal para detectar hepatomegalia o esplenomegalia Búsqueda de signos de ascitis Evaluación del estado mental para descartar encefalopatía hepática Búsqueda de signos de coagulopatía, como petequias o equimosis[5][11] Pruebas Diagnósticas El diagnóstico de la hepatitis se basa en una combinación de hallazgos clínicos y pruebas de laboratorio: Pruebas de función hepática: ALT, AST, bilirrubina, fosfatasa alcalina, albúmina. Pruebas serológicas para hepatitis viral: HBsAg, anti-HBc, anti-HBs para hepatitis B; anti-VHC para hepatitis C. Pruebas moleculares: PCR para detectar ARN viral en hepatitis C o ADN viral en hepatitis B. Estudios de imagen: ecografía abdominal, tomografía computarizada o resonancia magnética. Biopsia hepática en casos seleccionados[5][6][9] Manejo de emergencias El manejo de la hepatitis en el servicio de emergencias se centra en la estabilización del paciente y la identificación de complicaciones potencialmente mortales: Evaluación inicial y estabilización: ABC (vía aérea, respiración, circulación) Monitorización de signos vitales Evaluación del estado mental Estudios de laboratorio: Pruebas de función hepática Hemograma completo Pruebas de coagulación Electrolitos séricos Niveles de acetaminofén (en casos de sospecha de toxicidad) Manejo sintomático: Hidratación intravenosa Control de náuseas y vómitos Manejo del dolor Tratamiento específico: N-acetilcisteína en casos de toxicidad por acetaminofén Antivirales en casos seleccionados de hepatitis viral aguda severa Identificación y manejo de complicaciones: Encefalopatía hepática Coagulopatía Insuficiencia hepática aguda Consulta con especialistas en gastroenterología o hepatología. Consideración de transferencia a un centro de trasplante hepático en casos de insuficiencia hepática aguda[8][11] La hepatitis es una condición compleja que requiere un enfoque diagnóstico y terapéutico integral. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con un diagnóstico preciso y un manejo adecuado en el servicio de emergencias, es crucial para mejorar los resultados en los pacientes con esta enfermedad. Citas [1] https://www.nhs.uk/conditions/hepatitis/ [2] https://medlineplus.gov/spanish/hepatitis.html [3] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/hepatitis-virales [4] https://hgm.salud.gob.mx/descargas/pdf/area_medica/infecto/Guiapracclin_dxytx_hepatitisviral.pdf [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/hepatitis-b/diagnosis-treatment/drc-20366821 [6] https://www.hepb.org/languages/spanish/bloodtests/ [7] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-del-hígado-y-de-la-vesícula-biliar/hepatitis/introducción-a-la-hepatitis-vírica-aguda [8] https://www.emdocs.net/acute-hepatitis-in-ed-setting-etiologies-egression-and-management/ [9] https://seimc.org/contenidos/documentoscientificos/procedimientosmicrobiologia/seimc-procedimientomicrobiologia50.pdf [10] https://testingportal.ashm.org.au/national-hbv-testing-policy/references/ [11] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001154.htm

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