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- Manual de Emergencias Pediátricas 2025
MANUAL DE EMERGENCIAS PEDIÁTRICAS. EL ENTORNO PEDIÁTRICO Tratando con Niños Tratando con los Padres Analgesia en niños Estimación del peso Dosis de medicamentos EVALUACIÓN PRIMARIA Y REANIMACIÓN DEL NIÑO ENFERMO Via aérea Respiración Circulación Invalidez ( Disability ) CALENDARIO VACUNAL ESTÁNDAR ESPAÑOL Vacuna HIB Vacuna Antineumocócica Vacunación en otros paises Inmunización en el Departamento de Emergencias ACCESO VENOSO Y PUNCIÓN VENOSA Venopunción Cánulas intravenosas Línea femoral Vena yugular externa Acceso venoso central Acceso venoso umbilical Vía intraósea en el niño REANIMACIÓN DEL RECIÉN NACIDO Algorritmo de Manejo. Algorritmo EPALS A: Vía Aérea B: Respiración C: Circulación. Reanimación Cardiopulmonar del Recién Nacido Intubación Traqueal Medicación Acceso Venoso: vía unbilical Aspiración de Meconio SOPORTE VITAL BÁSICO EN PEDIATRÍA Evaluación la capacidad de respuesta A. Vía. Aérea: Apertura de la Vía Aérea B. Respiración: Revisa la respiración Respiraciones de rescate C. Circulación: Verificación del Pulso Compresiones torácica en el niño ASFIXIA POR CUERPO EXTRAÑO Tos consciente pero ineficaz Niño inconsciente pero la obstrucción de vías respiratorias ANAFILAXIA EN NIÑOS Algorritmo de manejo Notas al algorritmo REANIMACIÓN CARDIOPULMONAR AVANZADA EN PEDIATRÍA Ritmo NO Desfibrilable: PEA y Asistolia Ritmo Desfibrilable: VF y VT sin pulso Notas a la RCP Pediátrica Vía Aérea Tamaños de los equipos, Medicamentos y Dosis de Medicamentos Suspender la Reanimación NIÑOS CON FRECUENCIAS O RITMOS CARDÍACOS ANORMALES Bradicardia Taquicardia Ventricular TSV ( Taquicardia Supraventricular ) SINDROME DE MUERTE SÚBITA DEL LACTANTE Sindrome de Muerte Súbita del Lactante cercano a la falta ( Evento aparentemente normal ) PROBLEMAS DE NEONATOS Y LACTANTES Cefaloma Neonatal Sepsi del cordón umbilical Hinchazón de los senos Ictericia neonatal Conjuntivitis Neonatal Septicemia Bebés llorando Dificultades de Alimentación Vómito bilioso Enfermedades Metabólicas. Errores Innatos del Metabolismo PROBLEMAS DE LA PIEL EN INFANTES Problemas de piel en Neonatos Descamación de la Piel Eczema Impétigo Erupción del Pañal. Dermatitis Amoniacal. Infección Monilial Dermatitis Seborreica EL NIÑO CON FIEBRE ERUPCIONES PURPÚRICAS EN EL NIÑO Enfermedad Meningocócica Púrpura de Henoch-Schonlein Púrpura Trombocitopénica Idiopática Leucemia Aguda ENFERMEDAD MENINGOCÓCICA Septicemia Meningitis Erupción Vía aérea y Ventilación Fluidoterapia de resucitación Ionotrópicos Cómo realizar una punción lumbar LESIONES CUTÁNEAS EN ENFERMEDAD MULTISISTÉMICAS Enfermedad de Kawasaki. Sindrome de ganglios linfáticos mucocutáneos. Dermatitis Herpetiforme Eritema Multiforme Eritema Nudoso Eritema Marginado Eritema Crónico Migratorio Identificación de Lesiones Cutáneas PROBLEMAS OTORRINO EN EL NIÑO Cuerpo Extraño en en Oido Cuerpo Extraño en la Nariz Cuerpo Extraño en la Garganta Epistaxis Fractura Nasal Dolor de Garganta ESTRIDOR. INFECCIONES RESPITORIAS SUPERIORES Crup aguda. Laringotraqueobronquitis. Difteria Epiglotitis Aguda Traqueitis bacteriana ASMA AGUDA EN NIÑOS Manejo del Asma Aguda en Niños menores de 2 años BRONQUIOLITIS AGUDA TOSFERINA TUBERCULOSIS PULMONAR FIBROSIS QUÍSTICA NEUMONÍA ATAQUES, CONVULSIONES, SENSACIÓN RARA EN EL NIÑO El paciente apropiado Después de que el ataque haya terminado Convulsiones Febriles El niño febril menor de 3 años Sensación rara ( Funny Term ). Estado Epiléptico en el niño. Algorritmo de tratamiento para el niño CETOACIDOSIS DIABÉTICA Algorritmo de tratamiento. INFECCIÓN URINARIA INSUFICIENCIA RENAL SINDROME NEFRÓTICO EN EL NIÑO SINDROME URÉMICO HEMOLÍTICO HEMATURIA ENVENENAMIENTO EN EL NIÑO Introducción Prevención del envenenamiento pediátrico Antecedentes Medidas Oficiales:envasado de medicamentos Consejos para los padres. DOLOR ABDOMINAL EN EL NIÑO Causas pediátricas de Obstrucción Intestinal Estenosis pilórica hipertrófica Intususcepción Apendicitis Aguda en el niño Masa Abdominal Neoplasia Intraabdominal INFLAMACIONES INGUINALES Y ESCROTALES EN EL NIÑO Ingle indolora y bultos escrotales Hernia inguinal reductible Hidrocele Dolor en la ingle y bultos escrotales Hernia inguinal irreducible dolorosa Torsión testicular Torsión del Quiste hidatídico de Morgagni Epididimoorquitis Orquitis por Paperas Púrpura de Henoch-Schonlein PROBLEMAS DEL PREPUCIO Fimosis Balanitis Parafimosis Atrapamiento del pene con cremallera EL NIÑO QUE COJEA Investigaciones Ingreso Traumatismo Osteomielitis Artritis Séptica Artritis NO séptica LA CADERA DOLOROSA EN EL NIÑO Enfermedad de Perthes. Enfermedad de Lego Calvé Perthes. Epifis Femoral Superior Deslizada Cadera irritable. Sinovitis Transitoria. OSTEOCONDRITIS Osteocondritis aplastante Apofisitis por tracción Osteocondritis Disecante POLITRAUMA EN PEDIATRÍA REANIMACIÓN DEL NIÑO HERIDO. ATLS EN PEDIATRÍA. Vía aérea con control cervical Respiración Circulación con control de hemorragias Invalidez Exposición Analgesia en situaciones de politrauma en el niño Padres en situaciones de Politrauma CONSIDERACIONES EN TRAUMA PEDIÁTRICO Lesión espinal Lesión craneal Lesión torácica Lesion abdominal y pélvica Quemaduras Ahogamiento y Sumersión HERIDAS EN LOS NIÑOS Uso de Ketamina en niños TRAUMATISMO CRANEOENCEFÁLICO EN EL NIÑO Valoración de un niño con TCE Escala de Glasgow en el niño Manejo del TCE en niños Indicaciones para la realización de TAC CE Manejo. Ingreso o Alta. Ceguera Cortical transitoria después de un TCE FRACTURAS Y LUXACIONES PEDIÁTRICAS Lesiones epifisiarias Lesiones de la placa de crecimiento epifisiario Luxaciones Abordaje de las lesiones de las extremidades en los niños Se necesita Radiografía Interpretación de radiografía simple en niños Tratamiento Fracturas y luxaciones compuestas LESIONES DE LOS MIEMBROS SUPERIORES EN EL NIÑO Fractura de la Clavícula Lesiones de hombro Fractura del eje humeral Fractura supracondílea humeral Daño epifisiario epicondilar lateral Lesión epifisiaria epicondilar medial Fractura del radio: cabeza o cuello Lesión de Codo sin fractura evidente Subluxación de la cabeza del radio. Codo Estirado ( Pulled elbow ) Fracturas del eje del cúbito Fractura distal de Radio Fractura de escafoides Lesiones matacarpianas y falángicas LESIONES DE LOS MIEMBROS INFERIORES EN EL NIÑO Fractura de Cadera Fractura del eje femoral Lesiones de Rodilla Fracturas de Rótula Luxaciones de la Rótula Fractura del eje tibial Fractura del niño Lesiones de Tobillo Lesiones de Calcáneo. Otras lesiones del pie. ABUSO Y MALTRATO INFANTIL Tipos de Abuso Infantil Predominio Etiología Papel del médico junior en ED La historia sospechosa Diagrama de lesiones NO accidentales Cuando sospechar maltrato infantil. Herramienta. Presentación del Maltrato Infantil Hematomas Heridas y Quemaduras Heridas en la cabeza Progresión natural de las contusiones Fracturas Fracturas que hay que considerar NO accidentales Enfermedades que pueden simular Maltrato Abandono y Abuso Emocional Abuso Sexual Enfermedad fabrica-inducidad. Sindrome de Munchausen por proxit Manejo del Abuso Infantil Papel del médico junior Legislación en Reino Unido Plan de Protección Infantil Conferencias de Protección Infantil
- Síndrome respiratorio agudo severo
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El síndrome respiratorio agudo severo (SARS) es una enfermedad respiratoria viral potencialmente mortal causada por el coronavirus SARS-CoV. Fue reconocido como una amenaza global en marzo de 2003, originándose en el sur de China en noviembre de 2002 y propagándose rápidamente a más de 24 países[1][2]. Aunque no se han detectado casos desde 2004, el SARS demostró la rapidez con la que una infección puede propagarse en un mundo altamente móvil e interconectado[2]. Síntomas Los síntomas del SARS suelen aparecer entre 2 y 10 días después del contacto con el virus[4]. Inicialmente, los pacientes presentan una fase febril con síntomas similares a la gripe: Fiebre alta (>38°C), a menudo alcanzando los 40°C Escalofríos y rigor Cefalea General de Malestar Mialgias Fatiga En algunos casos, también se observa: Anorexia Mareos Odinofagia Náuseas y vómitos[3] Después de 3 a 7 días, los pacientes ingresan en la fase respiratoria, caracterizada por: Tos seca, no productiva Disnea Hipoxemia, que puede progresar rápidamente a insuficiencia respiratoria[2][3] Signos clínicos Los signos clínicos más relevantes incluyen: Fiebre persistente (>38°C) Taquipnea Taquicardia Hipoxemia En casos graves, desarrollo de síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA)[1][5] Exploración El examen físico puede revelar: Respiración acortada Ruidos respiratorios anormales, especialmente en las bases pulmonares. Crepitantes Transmisión de vibraciones vocales. Soplo tubárico Matidez a la percusión Egofonía[3][6] Es importante destacar que los hallazgos en la exploración física pueden ser mínimos en comparación con la extensión de las anomalías radiológicas[3]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico del SARS se basa en una combinación de criterios clínicos, epidemiológicos y de laboratorio: Radiografía de tórax: Muestra infiltrados pulmonares consistentes con neumonía o SDRA[1][5]. Tomografía computarizada (TC): Puede revelar opacidades en vidrio esmerilado y consolidaciones, predominantemente subpleurales y posteriores[3]. Pruebas de laboratorio: Hemograma: leucopenia, linfopenia y trombocitopenia[3] Bioquímica: Elevación de LDH, CPK y transaminasas hepáticas[3] Pruebas de coagulación: Alteraciones como aumento del TTPA y D-dímeros[3] Pruebas específicas para SARS-CoV : PCR (reacción en cadena de la polimerasa): Detección del ARN viral[3][5] Serología: ELISA o inmunofluorescencia indirecta para detectar anticuerpos[3][5] Aislamiento viral en cultivo celular[3][5] Manejo de emergencias El manejo del SARS en emergencias se centra en medidas de soporte y prevención de la transmisión: Aislamiento inmediato del paciente sospechoso en una habitación con presión negativa[1][2]. Uso de equipo de protección personal por parte del personal sanitario[1]. Oxigenoterapia para mantener una saturación de oxígeno adecuada[2][6]. Ventilación mecánica en casos de insuficiencia respiratoria grave[2][6]. Tratamiento sintomático: Antipiréticos para la fiebre Fluidoterapia para mantener la hidratación[6] Antibióticos de amplio espectro para prevenir o tratar infecciones bacterianas secundarias[4][6]. Monitorización estrecha de signos vitales y función respiratoria[6]. Notificación inmediata a las autoridades de salud pública[1][2]. Aunque no existe un tratamiento específico probado para el SARS, se han utilizado antivirales como ribavirina y corticosteroides en algunos casos, pero su eficacia no está claramente establecida[2][4]. El SARS representa un desafío significativo para los sistemas de salud debido a su rápida propagación y potencial gravedad. La identificación temprana, el aislamiento y las medidas de soporte son cruciales para el manejo efectivo de esta enfermedad. Citas [1] https://www.stanfordchildrens.org/es/topic/default?id=severe-acute-respiratory-syndrome-sars-90-P07793 [2] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/sars/symptoms-causes/syc-20351765 [3] https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0370-41062003000400002&script=sci_arttext [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/007192.htm [5] https://www.analesdepediatria.org/es-sindrome-respiratorio-agudo-grave-sars–articulo-13074489 [6] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7144066/ [7] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/sindrome-respiratorio-agudo-severo
- Sarampión
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa causada por un virus de la familia Paramyxoviridae. A pesar de contar con una vacuna efectiva, sigue siendo una causa importante de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, especialmente en niños menores de 5 años[1][5]. Síntomas Los síntomas del sarampión suelen aparecer entre 10 y 14 días después de la exposición al virus. La fase inicial se caracteriza por: Fibra alta (que puede superar los 40°C) General de Malestar Tos seca Rinorrea (secreción nasal) Conjuntivitis (ojos rojos e inflamados) Fotofobia (sensibilidad a la luz)[3][6] Aproximadamente 2-3 días antes de la aparición del exantema característico, pueden observarse las manchas de Koplik en la mucosa bucal, que son patognomónicas del sarampión[1]. Signos Clínicos Los signos clínicos más relevantes del sarampión incluyen: Exantema maculopapular: Aparece entre 3-5 días después del inicio de los síntomas. Comienza en la cara y detrás de las orejas, extendiéndose progresivamente hacia el tronco y las extremidades[3][6]. Manchas de Koplik: Pequeñas manchas blanco-azuladas con fondo rojo en la mucosa bucal, generalmente frente a los molares inferiores[1][3]. Linfadenopatía generalizada Hepatoesplenomegalia en algunos casos Exploración La exploración física debe ser minuciosa y enfocarse en: Evaluación de signos vitales, con especial atención a la temperatura corporal. Examen de la cavidad oral en busca de manchas de Koplik. Inspección detallada de la piel, observando las características y distribución del exantema. Auscultación pulmonar para detectar posibles complicaciones respiratorias. Evaluación del estado de hidratación y nivel de conciencia[10]. Pruebas Diagnósticas El diagnóstico del sarampión se basa principalmente en la presentación clínica, pero puede confirmarse mediante: Serología: Detección de anticuerpos IgM específicos contra el virus del sarampión en suero. Es el método más común y confiable[5]. RT-PCR: Detección del ARN viral en muestras de sangre, orina o hisopado nasofaríngeo[5]. Aislamiento viral: En cultivos celulares, aunque es menos utilizado en la práctica clínica[5]. Pruebas complementarias: Hemograma completo, pruebas de función hepática y renal, y radiografía de tórax en casos de sospecha de complicaciones[10]. Manejo de emergencias El manejo del sarampión en el servicio de emergencias se centra en el tratamiento de soporte y la prevención de complicaciones: Aislamiento: Implementar medidas de aislamiento respiratorio para prevenir la transmisión[10]. Hidratación: Mantener una hidratación adecuada, considerando la vía intravenosa en casos de deshidratación severa[6]. Control de la fiebre: Administrar antipiréticos como paracetamol o ibuprofeno[10]. Suplementación con vitamina A: Recomendada por la OMS, especialmente en niños con deficiencia nutricional[5][10]. Manejo de complicaciones: Tratamiento específico de complicaciones como neumonía, encefalitis o diarrea severa[5]. Notificación: Reportar el caso a las autoridades de salud pública correspondientes[11]. Profilaxis post-exposición: Considerar la administración de inmunoglobulina en pacientes de alto riesgo expuestos al virus[10]. El sarampión sigue siendo una enfermedad de gran relevancia en salud pública. Su diagnóstico precoz y manejo adecuado son fundamentales para prevenir complicaciones y reducir la transmisión. La vacunación continúa siendo la estrategia más efectiva para su control y eventual eliminación a nivel global[1][5][11]. Citas [1] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/measles [2] https://www.healthychildren.org/Spanish/safety-prevention/immunizations/Paginas/Protecting-Your-Baby-from-a-Measles-Outbreak-FAQs.aspx [3] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/measles/symptoms-causes/syc-20374857 [4] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/salud-infantil/infecciones-víricas-frecuentes-en-lactantes-y-niños/sarampión [5] https://www.imss.gob.mx/sites/all/statics/guiasclinicas/109GRR.pdf [6] https://www.mayoclinic.org/es/enfermedades-condiciones/measles/diagnosis-treatment/drc-20374862 [7] https://fundacionio.com/salud-io/enfermedades/virus/sarampion/ [8] https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/sarampion-epidemiologia [9] https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0716-10182015000500008&script=sci_arttext [10] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001569.htm [11] https://www.paho.org/es/temas/sarampion
- Rubéola o sarampión alemán
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La rubéola, también conocida como sarampión alemán, es una enfermedad viral contagiosa causada por el virus de la rubéola, perteneciente al género Rubivirus de la familia Togaviridae[1][4]. Aunque generalmente es una infección leve en niños y adultos, puede tener graves consecuencias cuando afecta a mujeres embarazadas, especialmente durante el primer trimestre de gestación[2][4]. Síntomas Los síntomas de la rubéola suelen aparecer entre 2 y 3 semanas después de la exposición al virus[1]. Los más comunes incluyen: Fibra baja (generalmente menor a 39°C) Dolor de cabeza General de Malestar Congestión nasal o goteo nasal Enrojecimiento y picazón en los ojos Dolor en las articulaciones, especialmente en mujeres jóvenes. Es importante destacar que entre el 25% y el 50% de las personas infectadas pueden ser asintomáticas, pero aún así pueden transmitir la enfermedad[7]. Signos clínicos El signo clínico más característico de la rubéola es la erupción cutánea, que suele presentarse de la siguiente manera: Aparece inicialmente en la cara y se extiende rápidamente al torso, brazos y piernas[1] Es de color rosado o rojo claro Dura generalmente de 1 a 5 días Desaparece en el mismo orden en que apareció Otros signos clínicos incluyen: Linfadenopatía: inflamación de los ganglios linfáticos, especialmente detrás de las orejas y en la base del cráneo[1] Artralgia o artritis, que puede durar hasta un mes[1] Exploración Durante la exploración física, el médico buscará: Presencia y características de la erupción cutánea. Inflamación de los ganglios linfáticos, particularmente en la región retroauricular, suboccipital y cervical[9] Signos de conjuntivitis Evidencia de artritis, especialmente en mujeres adultas. Es crucial realizar una historia clínica detallada, incluyendo el estado de vacunación y posibles exposiciones recientes al virus. Pruebas diagnósticas El diagnóstico definitivo de la rubéola se realiza mediante pruebas de laboratorio, ya que los síntomas pueden ser similares a otras enfermedades virales[9]. Las principales pruebas diagnósticas incluyen: Serología : Detección de anticuerpos IgM e IgG específicos contra el virus de la rubéola[8] La presencia de IgM indica infección reciente El aumento significativo de IgG en muestras pareadas confirma la infección Aislamiento del virus : Se puede realizar en cultivos celulares, aunque es menos sensible que las pruebas serológicas[9] PCR en tiempo real: Detección del ARN viral, especialmente útil en casos de rubéola congénita[9] Prueba de avidez de IgG: Ayuda a diferenciar entre infección primaria y reinfección[9] Manejo de emergencias Aunque la rubéola generalmente no requiere tratamiento de emergencia, es importante tomar las siguientes medidas: Aislamiento del paciente para prevenir la transmisión, especialmente si hay mujeres embarazadas en el entorno[7] Tratamiento sintomático: Reposo en cama Administración de antipiréticos y analgésicos como acetaminofén para controlar la fiebre y el dolor[7] Hidratación adecuada En caso de sospecha de rubéola en una mujer embarazada: Realizar pruebas serológicas inmediatamente Considere la administración de inmunoglobulina si se confirma la exposición en una mujer no inmune[5] Notificación a las autoridades de salud pública, ya que la rubéola es una enfermedad de declaración obligatoria en muchos países[6] Educación del paciente sobre la importancia de completar el esquema de vacunación, especialmente en mujeres en edad fértil[5] La rubéola es generalmente una enfermedad leve, su potencial impacto en el embarazo subraya la importancia de un diagnóstico rápido y preciso, así como de medidas preventivas efectivas, incluida la vacunación universal. Citas [1] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/rubella/symptoms-causes/syc-20377310 [2] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/rubella [3] https://www.seimc.org/contenidos/ccs/revisionestematicas/serologia/rubeo.pdf [4] https://www.seimc.org/contenidos/ccs/revisionestematicas/serologia/rubeola.pdf [5] https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/11586/v69n6p511.pdf?sequence=1 [6] https://revistas.unesum.edu.ec/index.php/unesumciencias/article/view/335 [7] https://www.cdc.gov/rubella/es/about/acerca-de-la-rubeola.html [8] https://www.labtestsonline.es/tests/rubeola [9] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-rubeola-el-nuevo-escenario-una-13083374 [10] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/rubeola
- Rabia
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La rabia es una enfermedad viral zoonótica que afecta el sistema nervioso central, causada por un virus del género Lyssavirus. Esta enfermedad, si no se trata a tiempo, es casi siempre fatal. A continuación, se presenta un análisis detallado de los aspectos más relevantes de la rabia. Síntomas Los síntomas iniciales de la rabia son inespecíficos y pueden confundirse con los de una gripe común. Estos incluyen: Fiebre Dolor de cabeza General de Malestar Debilidad Ansiedad Confusión A medida que la enfermedad progresa, pueden aparecer síntomas más característicos como: Insomnio Agitación Comportamiento extraño o bizarro Alucinaciones Hidrofobia (miedo al agua) Aerofobia (miedo a las corrientes de aire) Salivación excesiva[1][2] Signos clínicos La rabia puede manifestarse en dos formas clínicas principales: Rabia furiosa (80% de los casos): Hiperactividad Excitación extrema Hidrofobia Aerofobia Espasmos musculares Convulsiones Rabia paralítica (20% de los casos): Parálisis gradual de los músculos. Debilidad progresiva Coma[3][4] En ambos casos, la enfermedad suele progresar rápidamente hacia el coma y la muerte por insuficiencia cardiorrespiratoria en un plazo de 2 a 10 días desde el inicio de los síntomas[3]. Exploración La exploración física en pacientes con sospecha de rabia debe incluir: Evaluación neurológica completa Búsqueda de signos de mordeduras o arañazos de animales Evaluación del estado mental y comportamiento Examen de la función motora y sensorial. Evaluación de los reflejos, especialmente los faríngeos y laríngeos[4] Es importante tener en cuenta que los hallazgos pueden ser normales en las etapas iniciales de la enfermedad. Pruebas diagnósticas El diagnostico definitivo de la rabia se basa en pruebas de laboratorio. Las principales pruebas diagnósticas incluyen: Biopsia de piel de la nuca con prueba de anticuerpos fluorescentes directos: Es la prueba de elección. PCR (reacción en cadena de la polimerasa) de líquido cefalorraquídeo, saliva o tejido. Detección de anticuerpos contra la rabia en suero y líquido cefalorraquídeo. Neuroimagen (TC o RM): Puede ser normal o mostrar cambios inespecíficos[4][5]. Manejo de emergencias El manejo de la rabia en emergencias se centra en la prevención post-exposición, ya que una vez que aparecen los síntomas, la enfermedad es casi siempre fatal. El protocolo de manejo incluye: Limpieza inmediata y exhaustiva de la herida con agua y jabón durante al menos 15 minutos. Aplicación de un antiséptico como cloruro de benzalconio. Administración de inmunoglobulina antirrábica humana (HRIG) en y alrededor de la herida. Inicio de la serie de vacunación antirrábica: Se administran 4 dosis los días 0, 3, 7 y 14 post-exposición. En pacientes inmunocomprometidos, se administra una dosis adicional el día 28. Profilaxis antibiótica y antitetánica según sea necesario[1][6]. Es crucial iniciar este tratamiento lo antes posible después de la exposición, idealmente dentro de las primeras 24 horas. La rabia es una enfermedad grave que requiere un alto índice de sospecha y un manejo rápido y adecuado. La prevención mediante la vacunación de animales domésticos y la profilaxis post-exposición en humanos son las estrategias más efectivas para combatir esta enfermedad potencialmente mortal. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/infecciones-cerebrales/rabia [2] https://kidshealth.org/es/parents/rabies.html [3] https://cinfasalud.cinfa.com/p/rabia/ [4] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-neurológicos/infecciones-cerebrales/rabia [5] https://www.orpha.net/es/disease/detail/770 [6] https://www.salud.gob.ec/la-rabia/ [7] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/rabies/symptoms-causes/syc-20351821
- Poliomielitis
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La poliomielitis, conocida como polio, es una enfermedad infecciosa causada por el poliovirus, un enterovirus que afecta principalmente al sistema nervioso central. A pesar de los esfuerzos globales de erradicación, la polio sigue siendo una preocupación en algunas regiones del mundo, lo que hace crucial su comprensión clínica y manejo adecuado. Síntomas Los síntomas de la poliomielitis pueden variar significativamente en gravedad, desde infecciones asintomáticas hasta parálisis severa. Se pueden clasificar en tres formas principales: Poliomielitis abortiva: Aproximadamente el 5% de los infectados desarrollan síntomas leves similares a la gripe, que incluyen: Fiebre Dolor de cabeza Dolor de garganta Fatiga Náuseas y vómitos[1][3] Poliomielitis no paralítica: Afecta alrededor del 1% de los infectados, presentando síntomas más intensos como: Rigidez en el cuello y la espalda Dolor en las extremidades Meningitis aséptica[1][3] Poliomielitis paralítica: La forma más grave, que ocurre en menos del 1% de los casos, caracterizada por: Debilidad muscular progresiva Parálisis flácida, generalmente asimétrica Dificultad respiratoria en casos severos[1][2] Signos clínicos Los signos clínicos de la poliomielitis varían según la forma de presentación: Fiebre, que puede ser elevada Linfadenopatía cervical Faringitis Rigidez de nuca y espalda Parálisis flácida asimétrica, más comparada en extremidades inferiores Disminución o ausencia de reflejos tendinosos profundos en áreas afectadas Dificultad para tragar o respirar en casos de afectación bulbar[2][4] Exploración La exploración física debe centrarse en: Evaluación neurológica completa: Fuerza muscular Reflejos tendinosos profundos Tono muscular Sensibilidad Examen de la función respiratoria: Frecuencia respiratoria Uso de accesorios para músculos Capacidad vital Evaluación de la función bulbar: Capacidad de deglución Fundación Control de secreciones[2][4] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la poliomielitis se basa en la combinación de resultados clínicos y pruebas de laboratorio: Aislamiento del virus: Cultivo de muestras de heces Hisopado faríngeo Detección de ácido nucleico viral: PCR en tiempo real de muestras de heces o líquido cefalorraquídeo Serología: Detección de anticuerpos IgM e IgG específicos contra poliovirus Punción lumbar: Análisis del líquido cefalorraquídeo para detectar pleocitosis y proteínas elevadas Estudios neurofisiológicos: Electromiografía para evaluar la función muscular y nerviosa[2][4][5] Manejo de emergencias El manejo de la poliomielitis en emergencias se centra en el tratamiento de soporte y la prevención de complicaciones: Evaluación inicial: ABC (vía aérea, respiración, circulación) Monitorizacion de la funcion respiratoria Tratamiento sintomático: Analgésicos y antipiréticos para el control del dolor y la fiebre. Hidratación adecuada Soporte respiratorio: Oxigenoterapia según necesidad Ventilación mecánica en casos de insuficiencia respiratoria Prevención de complicaciones: Fisioterapia temprana para prevenir contracturas Profilaxis de trombosis venosa profunda Aislamiento del paciente: Precauciones de contacto y gotas para prevenir la transmisión Notificación a las autoridades de salud pública: Reporte obligatorio de casos sospechosos o confirmados[2][4] Es importante destacar que no existe un tratamiento antiviral específico para la poliomielitis, y el manejo se basa principalmente en medidas de soporte. La prevención mediante la vacunación sigue siendo la estrategia más efectiva para controlar esta enfermedad[2][5] Citas [1] https://primecareprosthetics.com/es/conditions/poliomyelitis [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/enterovirus/poliomielitis [3] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/polio/symptoms-causes/syc-20376512 [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001402.htm [5] https://www.health.ny.gov/es/diseases/communicable/poliomyelitis/fact_sheet.htm
- Mononucleosis infecciosa (fiebre glandular)
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La mononucleosis infecciosa, también conocida como “fiebre glandular” o “enfermedad del beso”, es una infección viral causada principalmente por el virus de Epstein-Barr (VEB). Esta enfermedad afecta a adolescentes y adultos jóvenes, aunque puede presentarse en cualquier grupo etario[1][2]. Síntomas Los síntomas de la mononucleosis infecciosa suelen aparecer entre 4 y 6 semanas después de la infección inicial. Los más comunes incluyen: Fatiga extrema Fiebre, generalmente elevada Dolor de garganta intenso Dolores de cabeza y cuerpo Pérdida de apetito General de Malestar Es importante destacar que la fatiga puede persistir durante varias semanas o incluso meses después de que otros síntomas hayan desaparecido[2][3]. Signos clínicos Los signos clínicos más característicos de la mononucleosis infecciosa son: Linfadenopatía: inflamación de los ganglios linfáticos, especialmente en el cuello y las axilas. Esplenomegalia: aumento del tamaño del bazo Hepatomegalia: aumento del tamaño del hígado Faringoamigdalitis exudativa Petequias en el paladar Edema periorbitario En ocasiones, erupción maculopapular[1][4] Exploración Durante la exploración física, el médico buscará los siguientes hallazgos: Ganglios linfáticos inflamados, particularmente en las cadenas cervicales anteriores y posteriores. Amígdalas inflamadas y con exudados Hepatomegalia leve con posible dolor a la percusión. Esplenomegalia, que suele ser máxima durante la segunda y tercera semana de la enfermedad. Posible ictericia en casos menos frecuentes[4][5] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la mononucleosis infecciosa se basa en la combinación de hallazgos clínicos y pruebas de laboratorio: Hemograma completo: Suele mostrar linfocitosis con presencia de linfocitos atípicos (>10% de los leucocitos)[4]. Prueba de anticuerpos heterófilos (Paul-Bunnel o Monotest): Detecta anticuerpos heterófilos, principalmente IgM Alta sensibilidad y especificidad para infección por VEB Útil en pacientes mayores de 5 años[5] Pruebas serológicas específicas para VEB: IgM contra el antígeno de cápside viral (VCA) IgG contra VCA y antígeno nuclear (EBNA)[1][5] Pruebas de función hepática: Pueden mostrar elevación de transaminasas Aumento de fosfatasa alcalina y LDH Ocasionalmente, hiperbilirrubinemia[5] Manejo de emergencias El manejo de la mononucleosis infecciosa en el servicio de emergencias se centra principalmente en el tratamiento sintomático y la identificación de posibles complicaciones: Evaluación inicial: Valorar el estado general del paciente. Descartar obstrucción de vía aérea superior. Evaluar signos de deshidratación Tratamiento sintomático: Analgésicos y antipiréticos (paracetamol o ibuprofeno) Hidratación adecuada Repositorio relativo Identificación de complicaciones: Obstrucción de vía aérea: considerar corticosteroides en casos graves Rotura esplénica: vigilar signos de dolor abdominal agudo Complicaciones hematológicas: anemia hemolítica, trombocitopenia. Criterios de ingreso hospitalario: Obstrucción severa de vía aérea Deshidratación de tumbas Complicaciones hematológicas significativas Sospecha de rotura esplénica[5][6] Es importante recordar que los antibióticos no están indicados en el tratamiento de la mononucleosis infecciosa, a menos que se sospeche una sobreinfección bacteriana[3][6]. La mononucleosis infecciosa es una enfermedad viral generalmente autolimitada que requiere un manejo principalmente sintomático. El reconocimiento temprano de sus manifestaciones clínicas y posibles complicaciones es fundamental para un abordaje adecuado en el servicio de emergencias. Citas [1] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/mononucleosis-infecciosa [2] https://www.cdc.gov/epstein-barr/es/about/acerca-de-la-mononucleosis-infecciosa.html [3] https://medlineplus.gov/spanish/infectiousmononucleosis.html [4] https://www.imss.gob.mx/sites/all/statics/guiasclinicas/485GRR.pdf [5] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/virus-herpes/mononucleosis-infecciosa?ruleredirectid=755 [6] https://manualclinico.hospitaluvrocio.es/urgencias-de-pediatria/infectologia/mononucleosis-infecciosa/ [7] https://www.bupasalud.com/salud/mononucleosis [8] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/mononucleosis/diagnosis-treatment/drc-20350333
- Meningitis micótica
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La meningitis micótica es una inflamación de las meninges causada por hongos, que puede resultar potencialmente mortal si no se trata adecuadamente. Esta condición afecta principalmente a individuos con sistemas inmunitarios comprometidos[1][3]. Síntomas Los síntomas de la meningitis micótica suelen desarrollarse gradualmente durante varios días o semanas, e incluyen: Fiebre persistente Dolor de cabeza intenso Rigidez en el cuello Náuseas y vómitos Sensibilidad a la luz (fotofobia) Confusión o alteraciones del estado mental. Fatiga Alucinaciones[1][2][4] Signos Clínicos Durante la evaluación clínica, los médicos pueden observar: Fiebre alta Rigidez nucal Signos de irritación meníngea (signo de Kernig o Brudzinski positivos) Alteración del nivel de conciencia Déficits neurológicos focales Edema papilar en el fondo de ojo[2][4] Exploración La exploración física de un paciente con sospecha de meningitis micótica debe incluir: Evaluación del estado mental y nivel de conciencia. Examen de signos vitales, con especial atención a la temperatura. Exploración neurológica completa, incluyendo reflejos y función de pares craneales. Evaluación de la rigidez nucal y signos meníngeos. Examen de la piel en busca de lesiones cutáneas asociadas[2][4] Pruebas diagnósticas El diagnóstico definitivo de la meningitis micótica requiere las siguientes pruebas: Punción lumbar: Es el procedimiento más importante para obtener líquido cefalorraquídeo (LCR) para análisis[1][6]. Análisis del LCR: Examen citológico Análisis bioquímico (glucosa, proteínas) Tinción de gramo Cultivo microbiológico Detección de antígenos fúngicos[6][8] Prueba de imagen: Tomografía computarizada (TC) cerebral Resonancia magnética (RM) cerebral[2][4] Hemocultivos para detectar posible fungemia asociada[7] Pruebas serológicas para detectar antígenos fúngicos en sangre[7] Manejo de emergencias El manejo de la meningitis micótica en el servicio de emergencias debe ser rápido y eficiente: Estabilización inicial: Asegurar vía aérea, respiración y circulación. Obtención de accesos venosos y extracción de muestras para hemocultivos. Realización de punción lumbar si no hay contraindicaciones. Inicio de tratamiento antifúngico empírico, generalmente con anfotericina B intravenosa, mientras se esperan los resultados de los cultivos[1][7]. Manejo de la presión intracraneal elevada si está presente. Monitorización neurológica estrecha. Tratamiento sintomático (antipiréticos, analgésicos). Consulta con especialistas en enfermedades infecciosas y neurología[4][7]. Es crucial iniciar el tratamiento antifúngico lo antes posible, ya que el retraso en el inicio de la terapia puede aumentar significativamente la morbimortalidad[1][4]. La meningitis micótica representa un desafío diagnóstico y terapéutico que requiere un alto índice de sospecha, especialmente en pacientes inmunocomprometidos. El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado son fundamentales para mejorar los pronósticos de esta grave infección del sistema nervioso central. Citas [1] https://www.tuasaude.com/es/meningitis-micótica/ [2] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000680.htm [3] https://columna.com/meningitis-tipos-sintomas-tratamiento/ [4] https://www.drugs.com/cg_esp/meningitis-micótica.html [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/meningitis/symptoms-causes/syc-20350508 [6] https://www.cdc.gov/meningitis/es/caring-fungal/brotes-de-meningitis-por-hongos-como-cuidarse-y-cuidar-a-otras-personas.html [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000642.htm [8] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/pruebas-diagnosticas/diagnostico-meningitis
- Meningitis viral
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La meningitis viral es una inflamación de las meninges, las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal, causada por diversos agentes virales. Esta condición representa una causa significativa de morbilidad, siendo más frecuente que la meningitis bacteriana en el mundo occidental[1][2]. Los virus son la principal causa de meningitis en adultos en países desarrollados. Los agentes etiológicos más comunes incluyen: Enterovirus (EV) Virus del herpes simple tipo 2 (VHS-2) Virus varicela-zóster (VZV)[1][5] Sin embargo, en aproximadamente el 50-60% de los casos sospechosos de meningitis viral, la causa específica permanece sin identificar[5]. Síntomas Los síntomas de la meningitis viral suelen desarrollarse de forma aguda y pueden incluir: Fiebre Cefalea frontal o retroorbitaria intensa Fotofobia Rigidez de nuca General de Malestar Náuseas y vómitos Fatiga Alteraciones del estado mental (menos frecuentes que en la meningitis bacteriana)[1][3] En algunos casos, puede presentarse un curso bifásico de la enfermedad[2]. Signos Clínicos Durante el examen físico, los signos clínicos más relevantes son: Fiebre Rigidez de nuca Signos de Kernig y Brudzinski positivos Fotofobia Alteración del estado de conciencia (en casos graves) Exantema (en algunos casos específicos, como la infección por enterovirus)[1][3] Exploración La exploración neurológica debe ser minuciosa e incluir: Evaluación del nivel de conciencia Examen de pares craneales Valoración de la fuerza y sensibilidad. Reflejos osteotendinosos Signos de focalidad neurológica Evaluación de signos meníngeos[3][4] Pruebas Diagnósticas El diagnóstico definitivo de la meningitis viral requiere: Punción lumbar: Es la prueba estándar de oro. El líquido cefalorraquídeo (LCR) muestra aproximadamente: Pleocitosis linfocitaria (25-500 células/μl) Proteínas ligeramente elevadas (20-80 mg/100ml) Glucosa normal[2][4] Técnicas de amplificación de ácidos nucleicos (TAAN): Reacción en cadena de la polimerasa (PCR) en LCR para detectar virus específicos[2][4] Pruebas serológicas: Detección de anticuerpos en sangre o LCR[2] Estudios de neuroimagen: Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) cerebral para descartar complicaciones o diagnósticos alternativos[3][4] Manejo de emergencias El manejo inicial en el servicio de emergencias debe incluir: Evaluación rápida del estado general y neurológico del paciente. Estabilización hemodinámica si es necesaria. Obtención de muestras para cultivos (sangre y LCR) antes de iniciar cualquier tratamiento antimicrobiano. Realización de punción lumbar, previa TC cerebral si hay signos de hipertensión intracraneal o focalidad neurológica. Inicio de tratamiento sintomático: Analgésicos para el control del dolor y la fiebre. Antieméticos si hay náuseas o vómitos. Hidratación adecuada En casos de sospecha de meningitis herpética, inicie aciclovir empírico mientras se esperan los resultados de la PCR. Monitorización estrecha de signos vitales y estado neurológico. Aislamiento del paciente hasta descartar etiologías transmisibles[1][3][4]. La meningitis viral generalmente tiene un curso benigno y autolimitado, con resolución de los síntomas en 7-10 días. Sin embargo, es crucial un diagnóstico y manejo adecuado para prevenir complicaciones y proporcionar el tratamiento específico cuando sea necesario[1][3]. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/meningitis/meningitis-vírica [2] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-virologia-diagnostico-sindromico-meningitis-encefalitis-S0213005X20300343 [3] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000680.htm [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/meningitis/diagnosis-treatment/drc-20350514 [5] https://journalgestar.org/index.php/gestar/article/view/115 [6] https://journalgestar.org/index.php/gestar/article/download/115/208/549
- Meningitis por tuberculosis
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La meningitis tuberculosa es una forma grave de tuberculosis extrapulmonar que afecta las meninges y el espacio subaracnoideo. Es causado por el Mycobacterium tuberculosis y representa un desafío diagnóstico y terapéutico debido a su presentación insidiosa y potenciales complicaciones neurológicas[3][7]. Síntomas Los síntomas de la meningitis tuberculosa suelen desarrollarse de forma gradual e incluyen: Fiebre de bajo grado Cefalea persistente General de Malestar Pérdida de peso Irritabilidad Alteraciones del estado mental Náuseas y vómitos Anorexia A medida que la enfermedad progresa, pueden aparecer convulsiones y alteraciones del nivel de conciencia que pueden llegar al coma[1][2][7]. Signos clínicos Los signos clínicos más frecuentes son: Rigidez de nuca (puede estar ausente en etapas iniciales) Signos meníngeos positivos (Kernig, Brudzinski) Parálisis de pares craneales (especialmente VI, III, IV y VII) Alteraciones del estado de conciencia Déficits neurológicos focales (hemiparesia, monoparesia) Hipertensión intracraneal Edema de papila En estadios avanzados pueden observarse signos de descerebración[1][3][7]. Exploración La exploración física debe incluir: Evaluación del estado mental y nivel de conciencia (escala de Glasgow) Búsqueda de signos meníngeos Exploración de pares craneales Evaluación de fuerza y reflejos osteotendinosos. Fondo de ojo para detectar papiledema o tubérculos coroideos Búsqueda de signos de tuberculosis en otros órganos[3][7] Pruebas diagnósticas Las principales pruebas diagnósticas son: Análisis de líquido cefalorraquídeo (LCR): Pleocitosis linfocitaria (100-500 células/μL) Proteínas elevadas (>100 mg/dL) Glucosa disminuida (<60% de la glucemia) Adenosina deaminasa (ADA) >6 U/L Tinción de Ziehl-Neelsen y cultivo de LCR PCR para M. tuberculosis en LCR Neuroimagen (contraste cerebral TC o RM) Radiografía de tórax Prueba cutánea de tuberculina Hemocultivos[1][3][7] Manejo de emergencias El manejo inicial en emergencias debe incluir: Estabilización del paciente y manejo de la vía aérea si es necesario Inicio empírico de tratamiento antituberculoso: Isoniazida, rifampicina, pirazinamida y etambutol Administración de corticosteroides (dexametasona) Manejo de la hipertensión intracraneal Tratamiento de convulsiones si están presentes Monitorización neurológica estrecha Realización de pruebas diagnósticas urgentes (punción lumbar, neuroimagen) Aislamiento respiratorio del paciente Notificación a las autoridades de salud pública[3][6][7] Es fundamental iniciar el tratamiento de forma precoz, ya que el retraso en el diagnóstico y tratamiento se asocia con mayor mortalidad y secuelas neurológicas irreversibles[6]. Citas [1] https://accessmedicina.mhmedical.com/content.aspx?bookId=3153§ionId=271996434 [2] http://ve.scielo.org/scielo.php?pid=S0075-52222010000100002&script=sci_arttext [3] http://www.scielo.org.bo/scielo.php?pid=S1024-06752004000300007&script=sci_arttext [4] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-meningitis-tuberculosa-estudio-comparativo-relacion-coexistencia-infeccion-13087296 [5] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-meningitis-mycobacterium-tuberculosis-multirresistente-curso-fatal-otra-13111192 [6] https://www.analesdepediatria.org/es-meningitis-tuberculosa-revision-27-anos-articulo-13071835 [7] https://hgm.salud.gob.mx/descargas/pdf/area_medica/infecto/9_meningitis_tuberculosa.pdf [8] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/meningitis/diagnosis-treatment/drc-20350514 [9] https://www.redalyc.org/pdf/4260/426041217011.pdf
- Malaria o Paludismo
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La malaria o paludismo es una enfermedad parasitaria potencialmente mortal transmitida por mosquitos del género Anopheles. Causada por parásitos del género Plasmodium, afecta principalmente a regiones tropicales y subtropicales, representando un importante problema de salud pública a nivel mundial[1][2]. Síntomas Los síntomas de la malaria suelen aparecer entre 10 y 15 días después de la picadura del mosquito infectado[5]. Los más comunes incluyen: Fiebre Escalofríos Dolor de cabeza Sudoración Fatiga Dolor muscular y articular Náuseas y vómitos Dolor abdominal En casos de malaria por P. falciparum, los síntomas pueden progresar rápidamente a formas graves de la enfermedad[2][4]. Signos Los signos clínicos de la malaria pueden variar según la gravedad de la infección. En casos no complicados, se pueden observar: Fiebre intermitente Palidez de piel y mucosas Taquicardia Esplenomegalia Hepatomegalia ocasional En casos de malaria grave, causado principalmente por P. falciparum, pueden presentarse: Alteración del nivel de conciencia Convulsiones Dificultad respiratoria Ictericia Sangrado anormal Choque Exploración La exploración física en pacientes con sospecha de malaria debe incluir: Evaluación del estado general y nivel de conciencia Medición de signos vitales (temperatura, frecuencia cardíaca, presión arterial, frecuencia respiratoria) Exploración abdominal para detectar esplenomegalia o hepatomegalia. Evaluación de signos de anemia (palidez conjuntival, palmar) Búsqueda de signos de deshidratación. Examen neurológico en casos de sospecha de malaria cerebral[1][2] Pruebas Diagnósticas El diagnóstico preciso y oportuno es crucial para el manejo adecuado de la malaria. Las principales pruebas diagnósticas incluyen: Microscopía óptica: Gota gruesa: Permite detectar y cuantificar la parasitemia Frotis sanguíneo: Identifica la especie de Plasmodium Pruebas de diagnóstico rápido (PDR): Detectan antígenos específicos del parásito en sangre Técnicas moleculares (PCR): Útiles para detectar infecciones mixtas o de baja parasitemia Pruebas complementarias: Hemograma completo Bioquímica sanguínea (función renal, hepática, glucemia) Gasometría arterial en casos graves[1][2][4] Manejo de emergencias El manejo de la malaria en servicios de emergencia requiere una actuación rápida y eficaz: Evaluación inicial: Triaje inmediato de pacientes con sospecha de malaria Valoración de signos vitales y nivel de conciencia Diagnóstico: Realización urgente de pruebas diagnósticas (microscopía o PDR) Extracción de muestras para análisis complementarios. Tratamiento: Inicio precoz de terapia antipalúdica según la especie identificada y la gravedad del cuadro En casos de malaria grave, se recomienda el uso de artesunato intravenoso como primera línea de tratamiento. Medidas de soporte: Manejo de la fiebre con antipiréticos Corrección de alteraciones hidroelectrolíticas Soporte respiratorio y hemodinámico en casos graves Monitorización: Control estrecho de signos vitales y nivel de conciencia. Seguimiento de la parasitemia y respuesta al tratamiento. Prevención de complicaciones: Vigilancia de hipoglucemia, anemia severa y edema pulmonar. El manejo adecuado en emergencias es fundamental para reducir la mortalidad asociada a la malaria, especialmente en casos de infección por P. falciparum[2][4][5]. El conocimiento detallado de los aspectos clínicos, diagnósticos y terapéuticos de la malaria es esencial para su manejo efectivo, especialmente en servicios de emergencia. La sospecha clínica temprana, el diagnóstico preciso y el tratamiento oportuno son claves para mejorar el pronóstico de los pacientes afectados por esta enfermedad potencialmente mortal. Citas [1] https://www.aepap.org/sites/default/files/documento/archivos-adjuntos/malaria.pdf [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/protozoos-extraintestinales/paludismo?ruleredirectid=755 [3] https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/oms-informe-sobre-el-paludismo-malaria-en-el-mundo-2023 [4] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-diagnostico-tratamiento-malaria-importada-espana-S0213005X14000196 [5] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/malaria [6] https://www.paho.org/es/temas/malaria
- Leptospirosis – Enfermedad de Weil
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La leptospirosis es una zoonosis de distribución mundial causada por espiroquetas del género Leptospira, siendo Leptospira interrogans la especie más asociada a la enfermedad en humanos[1][2]. Esta infección presenta un espectro clínico variable, desde formas leves hasta cuadros graves conocidos como enfermedad de Weil o síndrome de Weil[3][4]. Síntomas La presentación clínica de la leptospirosis suele ser bifásica. En la fase inicial, los pacientes experimentan: Fiebre de inicio subito Cefalea intensa Mialgias, especialmente en pantorrillas. General de Malestar Pérdida de apetito Estos síntomas pueden confundirse fácilmente con otras enfermedades febriles como influenza o dengue[5]. En casos más graves, tras un breve período de mejoría, puede desarrollarse una segunda fase caracterizada por: Ictericia Manifestaciones hemorrágicas Alteración del estado de conciencia Dolor abdominal Signos clínicos La exploración física puede revelar: Fiebre Inyección conjuntival Ictericia (en casos graves) Hepatomegalia y esplenomegalia Signos de deshidratación Petequias o equimosis (en casos de diátesis hemorrágica) Signos de irritación meníngea (en casos de meningitis) En la enfermedad de Weil, forma más grave de leptospirosis, se pueden observar adicionalmente: Hipotensión Taquicardia Oliguria o anuria Signos de insuficiencia respiratoria Exploración La exploración debe ser minuciosa, prestando especial atención a: Signos vitales (temperatura, frecuencia cardíaca, presión arterial, frecuencia respiratoria) Exploración neurológica (nivel de conciencia, signos meníngeos) Exploración abdominal (hepatomegalia, dolor a la palpación) Exploración cutánea (ictericia, petequias, equimosis) Exploración cardiopulmonar (taquicardia, crepitantes pulmonares) Pruebas diagnósticas El diagnóstico de leptospirosis se basa en la sospecha clínica y se confirma mediante pruebas de laboratorio[5]: Hemograma completo : puede mostrar leucocitosis con desviación a la izquierda, trombocitopenia y anemia. Bioquímica sanguínea: elevación de creatinina, urea, bilirrubina y transaminasas. La elevación de creatina quinasa es frecuente. Pruebas serológicas: Prueba de aglutinación microscópica (MAT): considerada el estándar de oro[5]. ELISA para detección de anticuerpos IgM. Hemocultivos: durante la primera semana de enfermedad. PCR : en sangre, orina o LCR. Análisis de orina: puede mostrar proteinuria, hematuria y piuria. Radiografía de tórax: para evaluar posible afectación pulmonar. Punción lumbar: en casos de sospecha de meningitis. Manejo de emergencias El manejo inicial en el servicio de urgencias debe incluir: Estabilización hemodinámica: reposición de líquidos y electrolitos. Inicio precoz de antibioterapia: En casos graves: penicilina G (1,5 millones UI IV cada 6 horas) o ceftriaxona (1 g IV cada 24 horas) durante 7 días[5]. En casos leves: doxiciclina (100 mg VO cada 12 horas) durante 5-7 días[5]. Monitorización de la función renal y hepática. Soporte respiratorio si es necesario. Manejo de complicaciones específicas: Terapia de reemplazo renal en caso de insuficiencia renal aguda. Transfusión de hemoderivados en caso de hemorragia significativa. Considerar ingreso en UCI en casos de enfermedad de Weil o fallo multiorgánico. El pronóstico de la leptospirosis varía según la gravedad del cuadro, siendo la forma ictérica o enfermedad de Weil la de mayor mortalidad, pudiendo alcanzar hasta un 50% sin tratamiento adecuado[1]. El diagnóstico y tratamiento precoces son fundamentales para mejorar el pronóstico y prevenir complicaciones graves. Citas [1] https://www.elsevier.es/es-revista-gastroenterologia-hepatologia-14-articulo-enfermedad-weil-hepatitis-aguda-multifactorial–S0210570517301048 [2] https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?pid=S1409-00152014000200012&script=sci_arttext [ 3] https://fundacionio.com/salud-io/enfermedades/bacterias/leptospirosis-enfermedad-de-weil/ [4] https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=92231 [5] https://www.msdmanuals.com/es-ec/professional/enfermedades-infecciosas/espiroquetas/leptospirosis [6] https://www.paho.org/es/temas/leptospirosis [7] https://revistaclinicaguayaquil.org/index.php/revclinicaguaya/article/view/75

