top of page

RESULTADOS DE LA BÚSQUEDA

Search this site

Se encontraron 3568 resultados sin ingresar un término de búsqueda

  • El paciente inconsciente

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La pérdida de conciencia es una emergencia médica que requiere una evaluación y manejo inmediato. Este artículo aborda los aspectos clave del paciente inconsciente, incluyendo síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas que preceden a la pérdida de conciencia pueden variar dependiendo de la causa subyacente. Algunos síntomas comunes incluyen: Confusión o desorientación arrepentida Mareo Dolor de cabeza intenso Alteraciones visuales Debilidad generalizada Náuseas o vómitos Es importante señalar que en muchos casos, la pérdida de conciencia puede ocurrir sin síntomas previos evidentes[1]. Signos clínicos Los signos clínicos observables en un paciente inconsciente incluyen: Falta de respuesta a estímulos verbales o físicos Ojos cerrados y sin reaccionar a la luz Respiración alterada (puede ser superficial, irregular o ausente) Alteraciones en el pulso y la presión arterial. Pérdida del control de esfínteres Flacidez muscular generalizada Posibles convulsiones o movimientos anormales[1][3] Exploración La exploración del paciente inconsciente debe ser sistemática y rápida: Evaluación del nivel de conciencia utilizando la Escala de Coma de Glasgow (ECG). Verificación de la permeabilidad de las vías aéreas. Evaluación del patrón respiratorio. Control de signos vitales: frecuencia cardíaca, presión arterial, temperatura y saturación de oxígeno. Examen pupilar: tamaño, simetría y reactividad a la luz. Evaluación de reflejos del tronco encefálico. Exploración motora: respuesta a estímulos dolorosos y tono muscular. Búsqueda de signos de traumatismo, especialmente en cabeza y cuello[1][2]. Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas son fundamentales para determinar la etiología de la pérdida de conciencia: Análisis de sangre: hemograma completo, electrolitos, glucemia, función renal y hepática, toxicología. Gasometría arterial. Electrocardiograma (ECG). Tomografía computarizada (TC) cerebral. Resonancia magnética (RM) cerebral en casos seleccionados. Electroencefalograma (EEG) para descartar actividad epiléptica. Punción lumbar si se sospecha infección del sistema nervioso central[1][5]. Manejo de emergencias El manejo inicial del paciente inconsciente en emergencias sigue el protocolo ABC: Airway (Vía aérea): Asegurar la permeabilidad de la vía aérea. Breathing (Respiración): Evaluar y asistir la respiración si es necesario. Circulation (Circulación): Verificar pulso y controlar hemorragias si las hubiera. Acciones específicas: Coloque al paciente en posición lateral de seguridad si no se sospecha lesión cervical. Administrar oxígeno suplementario. Establecer un acceso venoso. Monitorización continua de signos vitales. Realizar glucemia capilar y administrar glucosa si está indicado. Considere la administración de naloxona si se sospecha sobredosis de opioides. Proteger al paciente de lesiones secundarias. Iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar si es necesario[1][3][4]. Es crucial realizar una historia clínica detallada, incluyendo información sobre el contexto de la pérdida de conciencia, antecedentes médicos y medicación habitual del paciente[5]. El manejo definitivo dependerá de la causa subyacente de la pérdida de conciencia, que puede variar desde alteraciones metabólicas hasta lesiones cerebrales graves. La rápida identificación y tratamiento de la causa son fundamentales para mejorar el pronóstico del paciente[1][2]. El abordaje del paciente inconsciente requiere una evaluación sistemática y un manejo inmediato. La colaboración multidisciplinaria y la aplicación de protocolos estandarizados son esenciales para optimizar los resultados en estos casos de emergencia médica. Citas [1] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1137-66272008000200008&script=sci_arttext [2] https://www.npunto.es/revista/48/revision-bibliografica-intervencion-enfermera-en-paciente-inconsciente-en-domicilio-de-etiologia-hiponatremica-grave [3] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000022.htm [4] https://www.cucs.udg.mx/sites/default/files/adjuntos/manual_primeros_auxilios_2017.pdf [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/coma/diagnosis-treatment/drc-20371103 [6] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/coma-y-alteración-de-la-consciencia/estupor-y-coma

  • Otras Causas de Dolor de Cabeza

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El dolor de cabeza es un síntoma común que puede tener diversas etiologías más allá de las cefaleas primarias como la migraña o la cefalea tensional. Este artículo aborda otras causas de dolor de cabeza, enfocándose en sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas asociados a otras causas de dolor de cabeza pueden variar significativamente dependiendo de la etiología subyacente. Algunos síntomas de alarma incluyen: Inicio súbito y explosivo del dolor[1] Empeoramiento progresivo en frecuencia o intensidad[2] Dolor que despierta al paciente o dificulta el sueño[1] Cambios en el patrón habitual de cefalea[1] Aparición de cefalea en mayores de 50 años[2][3] Dolor asociado a fiebre, rigidez de cuello, náuseas y vómitos[1] Alteraciones visuales, problemas de lenguaje o déficits motores[1] Dolor que empeora con maniobras de Valsalva o esfuerzos físicos[5] Signos La presencia de ciertos signos clínicos puede indicar una causa secundaria de cefalea: Fiebre[1] Presión arterial muy elevada[2] Edema de papila en el fondo de ojo[5] Signos meníngeos[5] Síndrome de Horner (ptosis y miosis ipsilaterales al dolor)[5] Alteraciones en la exploración neurológica[5] Erupción cutánea[5] Exploración La exploración física debe ser exhaustiva e incluir: Medición de constantes vitales (tensión arterial y temperatura)[5] Exploración general básica[5] Examen neurológico completo[5] Fondo de ojo[5] Palpación de arterias temporales en pacientes mayores de 50 años[5] Evaluación de senos paranasales[5] Búsqueda de signos meníngeos[5] Pruebas Diagnósticas Las pruebas diagnósticas se solicitan según los hallazgos de la anamnesis y exploración física: Estudios analíticos: hemograma, bioquímica, coagulación[5] Neuroimagen: Tomografía computarizada (TC) cerebral[3] Resonancia magnética (RM) cerebral[3] Punción lumbar: en casos de sospecha de hemorragia subaracnoidea o meningitis[5] Angiografía cerebral: si se sospecha malformación vascular[1] Manejo de emergencias El manejo en emergencias de estas cefaleas secundarias se basa en: Identificación rápida de signos de alarma[5] Realización de pruebas diagnósticas apropiadas[3][5] Tratamiento específico según la etiología: Antibióticos en caso de meningitis bacteriana[1] Drenaje quirúrgico en hematomas cerebrales[1] Tratamiento endovascular o quirúrgico en aneurismas cerebrales[1] Control del dolor: Analgésicos como paracetamol o antiinflamatorios no esteroideos[4] Evitar el uso excesivo de analgésicos para prevenir cefaleas por abuso de medicación[4] Monitorización estrecha del paciente[5] Consulta con especialistas (neurólogo, neurocirujano) según sea necesario[5] Un paciente con cefalea en urgencias, es crucial diferenciar entre causas primarias y secundarias. La presencia de signos de alarma debe alertar al médico sobre la posibilidad de una causa secundaria potencialmente grave. Una anamnesis detallada, exploración física completa y el uso de pruebas diagnósticas son fundamentales para el manejo adecuado de estos pacientes. Citas [1] https://medlineplus.gov/spanish/ency/patientinstructions/000424.htm [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/dolor-de-cabeza-cefalea/introducción-al-dolor-de-cabeza [3] https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-cefaleas-evaluacion-manejo-inicial-S0716864014700860 [4] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/dolor-de-cabeza-cefalea/cefalea-tensional [5] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1137-66272008000200007&script=sci_arttext

  • Migraña

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La migraña es un trastorno neurológico crónico caracterizado por episodios recurrentes de cefalea intensa, generalmente unilateral y pulsátil, que pueden durar entre 4 y 72 horas[1][2]. Este padecimiento afecta aproximadamente al 12% de la población general, con una mayor prevalencia en mujeres[8]. Síntomas Los síntomas de la migraña pueden variar entre individuos, pero compuestos incluyen: Dolor de cabeza intenso, generalmente unilateral y pulsátil[1][2] Náuseas y vómitos[1][3] Fotofobia y fonofobia[1][3] Empeoramiento del dolor con la actividad física[1] En algunos casos, los pacientes experimentan una fase prodrómica con síntomas como cambios de humor, antojos alimentarios y bostezos excesivos[3]. Aproximadamente un tercio de los pacientes presenta aura, que puede incluir alteraciones visuales, sensibles o del lenguaje[2][3]. Signos Clínicos Durante un episodio de migraña, se pueden observar los siguientes signos clínicos: Palidez facial Sudoración Irritabilidad o agitación Dificultad para concentrarse Rigidez en el cuello[3][5] Es importante destacar que estos signos pueden variar en intensidad y no siempre están presentes en todos los pacientes. Exploración La exploración física durante un ataque de migraña suele ser normal, pero puede revelar: Sensibilidad en el cuero cabelludo o músculos pericraneales. Signos de fotofobia o fonofobia evidentes Ocasionalmente, alteraciones neurológicas focales transitorias durante el aura[4][5] Es crucial realizar un examen neurológico completo para descartar otras patologías y confirmar la ausencia de signos de focalidad neurológica persistente[5]. Pruebas Diagnósticas El diagnóstico de la migraña es principalmente clínico, basado en la historia y los síntomas del paciente. Sin embargo, en casos atípicos o cuando se sospecha de patología subyacente, se pueden realizar las siguientes pruebas: Resonancia magnética (RM) cerebral: para descartar lesiones estructurales[5][9] Tomografía computarizada (TC) cerebral: útil en casos de inicio súbito o cambio en el patrón de cefalea[5][9] Electroencefalograma (EEG): ocasionalmente indicado para descartar actividad epileptiforme[9] Punción lumbar: en casos de sospecha de hemorragia subaracnoidea o meningitis[9] Es importante destacar que estas pruebas se realizan principalmente para descartar otras causas de cefalea y no para confirmar el diagnóstico de migraña[5]. Manejo de emergencias El manejo agudo de la migraña en el servicio de emergencias se centra en el alivio del dolor y los síntomas asociados: Analgesia: Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) como ibuprofeno o naproxeno[6] Triptanos (sumatriptán, rizatriptán) en casos de migraña moderada a severa[6][10] Antieméticos: Metoclopramida o proclorperazina para controlar las náuseas y vómitos[4][6] Hidratación: Administración de líquidos intravenosos, especialmente en pacientes con deshidratación por vómitos[4] Terapias complementarias: Dexametasona para prevenir la recurrencia a corto plazo[6] Magnesio intravenoso en casos seleccionados[6] En casos refractarios o de estatus migrañoso, se puede considerar el uso de dihidroergotamina intravenosa o bloqueos nerviosos periféricos[4][6]. Es fundamental educar al paciente sobre los factores desencadenantes y la importancia de un tratamiento preventivo adecuado para reducir la frecuencia de las visitas a emergencias[10]. La migraña es un trastorno neurológico complejo que requiere un abordaje integral. El reconocimiento preciso de los síntomas, una exploración cuidadosa y un manejo adecuado en emergencias son cruciales para mejorar la calidad de vida de los pacientes afectados por esta condición. Citas [1] https://www.dolordecabeza.net/dolor-de-cabeza/migrana/ [2] https://cinfasalud.cinfa.com/p/migrana/ [3] https://medlineplus.gov/spanish/migraine.html [4] https://www.msdmanuals.com/es-ec/professional/trastornos-neurológicos/cefalea/migraña [5] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/dolor-de-cabeza-cefalea/migrañas [6] https://neurologia.com/articulo/2020583 [7] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S0864-21252003000100013&script=sci_arttext [8] http://www.scielo.org.pe/scielo.php?pid=S1728-59172010000200009&script=sci_arttext [9] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000709.htm [10] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/migraine-headache/diagnosis-treatment/drc-20360207

  • Hemorragia subaracnoidea

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La hemorragia subaracnoidea (HSA) es una emergencia médica potencialmente mortal que se caracteriza por el sangrado en el espacio entre el cerebro y la membrana que lo rodea, conocido como espacio subaracnoideo[1][2]. Esta condición representa un desafío significativo tanto para el diagnóstico como para el tratamiento, requiriendo una intervención rápida y multidisciplinaria para mejorar los resultados del paciente. Síntomas El síntoma cardinal de la HSA es una cefalea súbita e intensa, frecuentemente descrita por los pacientes como “el peor dolor de cabeza de su vida”[3][4]. Esta cefalea, a menudo referida como “cefalea en trueno”, alcanza su máxima intensidad en cuestión de segundos[1]. Otros síntomas comunes incluyen: Náuseas y vómitos Rigidez en el cuello Fotofobia Alteraciones en la visión, incluyendo doble visión. Confusión o disminución del nivel de conciencia Convulsiones Signos clínicos La exploración física puede revelar varios signos clínicos indicativos de HSA: Disminución del nivel de conciencia o coma Signos de irritación meníngea, como rigidez nucal. Déficits neurológicos focales Hemorragias retinianas (signo de Terson) Hipertensión arterial Bradicardia (en casos de aumento de la presión intracraneal) Exploración La evaluación inicial debe incluir: Evaluación del nivel de conciencia utilizando la Escala de Coma de Glasgow. Examen neurológico completo, incluyendo evaluación de pares craneales y función motora. Evaluación de signos vitales, con especial atención a la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Examen del fondo de ojo para detectar hemorragias retinianas Pruebas diagnósticas El diagnóstico de HSA se basa principalmente en estudios de imagen y análisis del líquido cefalorraquídeo[5]: Tomografía computarizada (TC) sin contraste: Es la prueba de elección inicial, con una sensibilidad cercana al 100% en las primeras 6 horas[2][5]. Resonancia magnética (RM): Puede ser útil en casos donde la TC es negativa pero persiste la sospecha clínica[5]. Punción lumbar: Se realiza si la TC es negativa pero la sospecha clínica es alta. La presencia de xantocromía en el líquido cefalorraquídeo es diagnóstica[2][5]. Angiografía cerebral: Es el estándar de oro para identificar y caracterizar aneurismas cerebrales[5][6]. Angiografía por TC o RM: Pueden ser alternativas menos invasivas a la angiografía convencional[6]. Manejo de emergencias El manejo inicial en el departamento de emergencias es crucial y debe incluir[7][8]: Estabilización del paciente: Asegurar la vía aérea, respiración y circulación. Control de la presión arterial: Mantenga la presión arterial sistólica por debajo de 160 mmHg para reducir el riesgo de resangrado. Manejo del dolor: Administración de analgésicos, evitando aquellos que puedan enmascarar el estado neurológico. Prevención de complicaciones: Iniciar profilaxis anticonvulsiva y considerar la administración de nimodipino para prevenir el vasoespasmo cerebral. Coordinación con neurocirugía y radiología intervencionista: Para planificar el tratamiento definitivo del aneurisma, ya sea mediante clipaje quirúrgico o embolización endovascular. Monitorización neurológica continua: Para detectar precozmente signos de deterioro. La HSA sigue siendo una condición con alta morbimortalidad, con una tasa de mortalidad que puede alcanzar el 50%[7]. El reconocimiento temprano de los síntomas, un diagnóstico rápido y preciso, y un manejo multidisciplinario son fundamentales para mejorar los resultados de los pacientes afectados por esta grave condición neurológica. Citas [1] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/subarachnoid-hemorrhage/symptoms-causes/syc-20361009 [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-neurológicos/accidente-cerebrovascular/hemorragia-subaracnoidea [3] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/breve-información-trastornos-cerebrales-medulares-y-nerviosos/accidente-cerebrovascular-acv/hemorragia-subaracnoidea [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000701.htm [5] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/accidente-cerebrovascular-ictus/hemorragia-subaracnoidea [6] https://www.redaccionmedica.com/recursos-salud/diccionario-enfermedades/hemorragia-subaracnoidea [7] https://es.aurorahealthcare.org/services/neuroscience/brain-skull-base-care/brain-hemorrhage/subarachnoid-hemorrhage [8] https://www.binasss.sa.cr/revistas/rmcc/619/art05.pdf

  • El paciente con Dolor de Cabeza

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El dolor de cabeza o cefalea es uno de los motivos de consulta más frecuentes en los servicios de urgencias. Si bien la mayoría de los casos corresponden a cefaleas primarias benignas, es fundamental realizar una evaluación cuidadosa para descartar causas secundarias potencialmente graves. Síntomas Los síntomas del dolor de cabeza varían según su etiología. En las cefaleas tensionales, el dolor suele ser descrito como una sensación de opresión o tensión en la frente, los lados o la parte posterior de la cabeza[8]. La migraña se caracteriza por un dolor pulsátil, generalmente unilateral, que empeora con la actividad física y se acompaña de náuseas, vómitos, fotofobia y fonofobia[1]. En las cefaleas secundarias, los síntomas de alarma incluyen: Inicio súbito e intenso del dolor (“cefalea en trueno”) Empeoramiento progresivo Cambio en el patrón habitual de cefalea Dolor que despierta por la noche o empeora con el ejercicio Asociación con fiebre, rigidez de nuca, alteraciones del estado mental o déficits neurológicos focales[3][9] Signos clínicos Los principales signos clínicos a evaluar son: Alteración del estado de conciencia Signos meníngeos (rigidez de nuca, signos de Kernig y Brudzinski) Déficits neurológicos focales (paresias, alteraciones sensitivas, trastornos del lenguaje) Edema de papila en el fondo de ojo. Fiebre Alteraciones de pares craneales (especialmente del III par) Signos de hipertensión intracraneal (bradicardia, hipertensión arterial)[2][3] Exploración La exploración del paciente con cefalea debe incluir: Evaluación del estado general y signos vitales Exploración de cabeza y cuello (palpación de senos paranasales, arterias temporales, musculatura pericraneal) Examen neurológico completo: Nivel de conciencia Pares craneales Fuerza y ​​sensibilidad Reflejos osteotendinosos Coordinación y marcha Signos meníngeos Fondo de ojos[3][9] Pruebas diagnósticas Las pruebas complementarias se solicitarán según la sospecha clínica: Analítica sanguínea: hemograma, bioquímica, coagulación. Neuroimagen: TAC craneal sin contraste: primera elección ante sospecha de hemorragia subaracnoidea o lesión intracraneal Resonancia magnética cerebral: mayor sensibilidad para lesiones de fosa posterior, trombosis venosa cerebral Punción lumbar: si se sospecha meningitis o hemorragia subaracnoidea con TAC normal. Angiografía cerebral : ante sospecha de malformaciones vasculares[2][9] Manejo de emergencias El manejo inicial en urgencias debe seguir estos pasos: Evaluación rápida para descartar signos de alarma Anamnesis y exploración física detallada. Categorización del tipo de cefalea (primaria vs secundaria) Tratamiento sintomático del dolor: Cefaleas primarias: AINES, triptanos (migraña), antieméticos Cefaleas secundarias: tratar la causa subyacente Pruebas complementarias si se sospecha cefalea secundaria Decisión sobre alta vs ingreso hospitalario[3][7] En casos de “cefalea en trueno”, se debe actuar con rapidez para descartar hemorragia subaracnoidea mediante TAC craneal urgente y, si es normal, punción lumbar[9]. Para el manejo de crisis migrañosas severas en urgencias, se recomienda el uso de triptanos subcutáneos o inhalados, AINES parenterales asociados a antieméticos, o corticoides como la dexametasona[6]. Un paciente con cefalea en urgencias es fundamental realizar una evaluación sistemática para diferenciar entre cefaleas primarias y secundarias, identificar signos de alarma y proporcionar un tratamiento adecuado según la etiología subyacente. Citas [1] https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/neurologicas/dolor-de-cabeza-o-cefalea.html [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/dolor-de-cabeza-cefalea/introducción-al-dolor-de-cabeza [3] https://medlineplus.gov/spanish/ency/patientinstructions/000424.htm [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003024.htm [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/tension-headache/diagnosis-treatment/drc-20353982 [6] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1137-66272008000200007&script=sci_arttext [7] https://www.incn.gob.pe/2019/10/30/cuando-acudir-a-emergencia-por-dolor-de-cabeza/ [8] https://www.mayoclinic.org/es/enfermedades-condiciones/tension-headache/symptoms-causes/syc-20353977 [9] https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-cefaleas-evaluacion-manejo-inicial-S0716864014700860

  • Demencia

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La demencia es un síndrome caracterizado por el deterioro progresivo de las funciones cognitivas, que afecta significativamente la capacidad de una persona para realizar actividades cotidianas. Este trastorno neurológico complejo representa un desafío creciente para los sistemas de salud a nivel mundial, siendo la enfermedad de Alzheimer su causa más frecuente[1][3]. Síntomas Los síntomas de la demencia son diversos y pueden variar según la causa subyacente y la etapa de la enfermedad. Entre los más comunes se encuentran: Pérdida de memoria, especialmente de eventos recientes[1][3] Dificultad para comunicarse y encontrar palabras adecuadas[1] Desorientación en tiempo y espacio[1][3] Cambios en el estado de ánimo y la personalidad[1][3] Dificultad para realizar tareas cotidianas y tomar decisiones[1][3] Problemas de concentración y razonamiento[3] Es importante destacar que estos síntomas suelen aparecer de forma gradual y empeorar con el tiempo, interfiriéndose progresivamente con la independencia del individuo[8]. Signos clínicos Los signos clínicos de la demencia pueden observarse durante la evaluación médica y la interacción con el paciente. Estos incluyen: Alteraciones en el comportamiento y las habilidades sociales[3][7] Dificultades en la planificación y resolución de problemas[3] Deterioro del juicio y la toma de decisiones[3][7] Cambios en los patrones de sueño[3] Problemas de control de esfínteres en etapas avanzadas[3] Alteraciones en la marcha y el equilibrio[7] Exploración La exploración de un paciente con sospecha de demencia debe ser exhaustiva e incluir: Evaluación neurológica completa, incluyendo examen de la memoria, habla, equilibrio y reflejos[7] Valoración del estado mental y las funciones cognitivas[5] Examen físico general para descartar otras causas de deterioro cognitivo[5] Evaluación de la capacidad funcional en actividades diarias[5] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la demencia requiere una combinación de evaluaciones clínicas y pruebas complementarias: Pruebas cognitivas y neuropsicológicas estandarizadas[5][7] Análisis de sangre para descartar causas reversibles de deterioro cognitivo[5] Estudios de neuroimagen, como resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC)[5][7] En casos seleccionados, punción lumbar para análisis del líquido cefalorraquídeo[5] Evaluaciones genéticas en casos de sospecha de formas hereditarias[9] Manejo de emergencias El manejo de pacientes con demencia en situaciones de emergencia requiere un enfoque especializado: Evaluación rápida del estado mental y físico del paciente[3] Identificación y tratamiento de condiciones médicas agudas que puedan exacerbar los síntomas de demencia[3] Manejo de síntomas conductuales agudos, como agitación o agresividad, preferiblemente con medidas no farmacológicas[8] En casos necesarios, uso juicioso de medicamentos como antipsicóticos, considerando siempre los riesgos y beneficios[8] Coordinación con cuidadores y familiares para obtener información relevante y planificar el cuidado posterior[8] La demencia representa un desafío significativo tanto para los pacientes como para los sistemas de salud. Un abordaje integral que incluya una evaluación exhaustiva, pruebas diagnósticas apropiadas y un manejo adecuado en situaciones de emergencia es fundamental para proporcionar la mejor atención posible a las personas afectadas por este trastorno. La investigación continúa y el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas son cruciales para mejorar la calidad de vida de los pacientes con demencia y sus cuidadores. Citas [1] https://www.saludcastillayleon.es/AulaPacientes/es/enfermedades/enfermedades-neurologicas/demencia/cuidados-personas-demencia-guia/sintomas-demencia [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/delirio-y-demencia/demencia [3] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000739.htm [4] https://www.alzheimers.gov/es/alzheimer-demencias/que-es-demencia [5] https://www.saludcastillayleon.es/AulaPacientes/es/enfermedades/enfermedades-neurologicas/demencia/cuidados-personas-demencia-guia/diagnostico-demencia [6] http://www.scielo.org.pe/scielo.php?pid=S0034-85972018000400004&script=sci_arttext [7] https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/neurologicas/demencia-senil.html [8] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dementia [9] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/dementia/symptoms-causes/syc-20352013

  • Debilidad aguda generalizada

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La debilidad aguda generalizada es un síndrome clínico caracterizado por la pérdida rápida y difusa de la fuerza muscular, que se desarrolla en un período de horas al día, sin exceder las 4 semanas[1][3]. Este cuadro representa una urgencia médica potencialmente grave, especialmente cuando afecta la musculatura orofaríngea y respiratoria[5]. Síntomas Los principales síntomas de la debilidad aguda generalizada incluyen: Incapacidad para mantener la bipedestación Caídas frecuentes Rechazo a la deambulación Postración e incapacidad para realizar movimientos[3] Dificultad respiratoria Dificultad para masticar, hablar o tragar[1] En algunos casos, los pacientes pueden experimentar también: Mialgias Alteraciones sensitivas Problemas de control esfinteriano[3][4] Signos clínicos Los signos clínicos más relevantes son: Debilidad muscular simétrica, principalmente en músculos proximales. Reflejos osteotendinosos abolidos o disminuidos. Posible afectación de pares craneales, especialmente en casos de botulismo[3] Alteraciones pupilares bilaterales en algunos casos. Signos de dificultad respiratoria: respiración rápida y superficial, uso de musculatura accesoria, movimientos abdominales paradójicos[5] Exploración La exploración física debe ser minuciosa y sistemática, incluyendo: Evaluación de la fuerza muscular utilizando la escala del Medical Research Council: 0: Sin contracción muscular evidente 1: Contracciones visibles pero sin movimiento 2: Movimiento que no vence la gravedad 3: Vence la gravedad pero no resistencia adicional 4: Ven con resistencia moderada 5: Fuerza normal[3] Valoración de reflejos osteotendinosos Examen de sensibilidad Evaluación de pares craneales Exploración de la función respiratoria, incluyendo la capacidad vital y la fuerza de la tos[1][5] Pruebas diagnósticas Las pruebas complementarias deben seleccionarse según la sospecha clínica: Analítica sanguínea: hemograma completo, glucemia, electrolitos, función renal, creatina quinasa (CK)[3] Estudios de neuroimagen: TAC craneal sin contraste en casos de debilidad hemicorporal RMN medular ante sospecha de mielopatía[3][4] Punción lumbar: en casos de fiebre o sospecha de síndrome de Guillain-Barré[4] Estudios neurofisiológicos: electromiografía y estudios de conducción nerviosa[1] Pruebas de función pulmonar: capacidad vital, presión inspiratoria y espiratoria máximas[5] Manejo de emergencias El abordaje inicial en el servicio de urgencias debe incluir: Evaluación rápida de la función respiratoria y necesidad de soporte ventilatorio. Monitorización cardiorrespiratoria continua. Realización de pruebas diagnósticas urgentes según la sospecha clínica. Inicio de tratamiento específico si se identifica la causa (p. ej., inmunoglobulinas en Guillain-Barré) Valoración de ingreso hospitalario: En planta: la mayoría de los casos de debilidad aguda generalizada En UCI: pacientes con insuficiencia respiratoria, debilidad rápidamente progresiva o disfunción autonómica severa[4] Es fundamental un enfoque multidisciplinar, con participación de neurología, medicina intensiva y, en ocasiones, otras especialidades según la etiología subyacente. La debilidad aguda generalizada representa un desafío diagnóstico y terapéutico en los servicios de urgencias. Una evaluación sistemática y un manejo adecuado son cruciales para prevenir complicaciones potencialmente fatales y mejorar el pronóstico de estos pacientes. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/síntomas-de-los-trastornos-cerebrales-medulares-y-nerviosos/debilidad [2] https://www.redalyc.org/journal/5517/551762982013/html/ [3] https://www.neuroeje.com/articulos/64.pdf [4] https://manualclinico.hospitaluvrocio.es/urgencias-de-pediatria/neurologia-urgencias-de-pediatria/debilidad-neuromuscular-aguda/ [5] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1137-66272008000200010&script=sci_arttext

  • Status epiléptico

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El estado epiléptico (SE) es una emergencia neurológica que requiere atención médica inmediata debido a su potencial para causar daño cerebral permanente o incluso la muerte. Se define como una crisis epiléptica prolongada o una serie de crisis sin recuperación completa de la conciencia entre ellas[1][3]. Síntomas Los síntomas del SE pueden variar según el tipo de crisis epiléptica subyacente, pero generalmente incluyen: Convulsiones prolongadas o repetitivas Alteración del estado de conciencia Confusión o desorientación Movimientos espasmódicos incontrolables de extremidades Rigidez muscular Pérdida del control de esfínteres En algunos casos, pueden presentar síntomas focales como alteraciones sensoriales, visuales o auditivas, dependiendo del área cerebral afectada[1][2]. Signos clínicos Los signos clínicos observables durante un SE incluyen: Actividad motora convulsiva persistente Mirada fija o desviación ocular Cianosis o alteraciones en la coloración de la piel. Taquicardia e hipertensión (en fases iniciales) Hipotensión y bradicardia (en fases avanzadas) Hipertermia Salivación excesiva Midriasis Es importante destacar que en el SE no convulsivo, los signos motores pueden ser sutiles o estar ausentes[3][4]. Exploración La exploración física debe realizarse de manera rápida y sistemática: Evaluación del estado de conciencia (escala de Glasgow) Signos vitales: frecuencia cardíaca, presión arterial, frecuencia respiratoria, temperatura. Exploración neurológica: reflejos pupilares, movimientos oculares, respuesta motora. Búsqueda de signos de traumatismo. Evaluación de la vía aérea y la respiración. Es crucial realizar una exploración continua para detectar cambios en el estado del paciente[3][4]. Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas esenciales en el manejo del SE incluyen: Análisis de sangre: Hemograma completo Electrolitos séricos Glucemia Función hepática y renal Niveles séricos de fármacos antiepilépticos (si corresponde) Cribado toxicológico Estudios de neuroimagen: Tomografía computarizada (TC) cerebral. Resonancia magnética (RM) cerebral (cuando sea posible) Electroencefalograma (EEG): Idealmente, monitorización EEG continua para evaluar la actividad epileptiforme y la respuesta al tratamiento. Punción lumbar (si se sospecha infección del sistema nervioso central)[1][3][4]. Manejo de emergencias El manejo del SE en emergencias debe seguir un protocolo estructurado: 0-5 minutos: Asegurar la vía aérea, respiración y circulación (ABC) Monitorización de signos vitales Acceso venoso Administracion de glucosa si hay hipoglucemia Tiamina en casos de alcoholismo o desnutrición 5-20 minutos: Administración de benzodiacepinas: Diazepam IV (0,15-0,2 mg/kg) o Lorazepam IV (0,1 mg/kg) Midazolam IM (0,2 mg/kg) 20-40 minutos: Si persisten las crisis, administre: Fenitoína IV (20 mg/kg) o Ácido valproico IV (20-40 mg/kg) o Levetiracetam IV (20-60 mg/kg) 40-60 minutos: Si el SE continúa, considere: Fenobarbital IV (20 mg/kg) o Anestesia general con propofol o midazolam en infusión continua Tratamiento de mantenimiento y etiológico: Iniciar fármacos antiepilépticos de mantenimiento. Tratar la causa subyacente del SE Es fundamental el monitoreo continuo del paciente y la corrección de alteraciones metabólicas y sistémicas asociadas[1][3][4]. El estado epiléptico es una condición que requiere un abordaje rápido y multidisciplinario. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con la implementación apropiada del protocolo de manejo, son cruciales para mejorar el pronóstico y reducir la morbimortalidad asociada a esta emergencia neurológica. Citas [1] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0210-56912008000400005&script=sci_arttext [2] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/epilepsy/symptoms-causes/syc-20350093 [3] http://himfg.com.mx/descargas/documentos/planeacion/guiasclinicasHIM/EstadoEpileptico.pdf [4] https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/10_estatus_epileptico.pdf

  • Convulsiones

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las convulsiones son alteraciones repentinas e incontroladas de la actividad eléctrica cerebral que pueden manifestarse de diversas formas y tienen múltiples causas. Este artículo abordará los aspectos clave de las convulsiones, incluyendo sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas de las convulsiones varían según el tipo y la región cerebral afectada. Pueden incluir: Alteración de la conciencia, desde breves lapsos de desconexión hasta pérdida completa del conocimiento[1][5] Movimientos involuntarios, desde espasmos focales hasta convulsiones generalizadas[1][5] Sensaciones anormales como olores intensos, alucinaciones visuales o entumecimiento[5] Cambios emocionales o cognitivos, como miedo súbito, ansiedad o déjà vu[6] Síntomas autonómicos como palpitaciones, sudoración o náuseas[1] Signos clínicos Los signos observables durante una convulsión pueden incluir: Movimientos tónico-clónicos (rigidez seguida de sacudidas rítmicas)[1][5] Ausencias o mirada fija[1] Automatismos (movimientos repetitivos sin propósito)[5] Caída súbita o pérdida del tono muscular[5] Desviación de la mirada o movimientos oculares anormales[1] Incontinencia urinaria o fecal[1] Mordedura de lengua[1] Cianosis o alteraciones del patrón respiratorio[6] Exploración La exploración del paciente con sospecha de convulsión debe incluir: Evaluación del nivel de conciencia y función cognitiva[3] Examen neurológico completo, incluyendo pares craneales, fuerza, sensibilidad y reflejos[3] Búsqueda de signos de traumatismo asociado[3] Evaluación de signos vitales, incluyendo temperatura para descartar crisis febriles[1][6] Exploración general para identificar posibles causas sistémicas[3] Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas más relevantes son: Electroencefalograma (EEG): fundamental para detectar actividad epileptiforme[3][4] Neuroimagen: TC o RM cerebral para descartar lesiones estructurales[3][4] Analítica sanguínea: incluyendo glucemia, electrolitos, función renal y hepática[3][4] Punción lumbar: si se sospecha infección del sistema nervioso central[3][4] Estudios toxicológicos: en casos de sospecha de intoxicación[3] En casos seleccionados, pueden ser necesarias pruebas más específicas como SPECT o PET cerebral[4]. Manejo de emergencias El manejo inicial de una convulsión en emergencias debe seguir estos pasos: Asegurar la vía aérea, respiración y circulación[3] Colocar al paciente en posición lateral de seguridad[3] Administrar benzodiacepinas si la crisis se prolonga más de 5 minutos (status epiléptico)[3][7] Monitorizar signos vitales y saturación de oxígeno[3] Obtener acceso venoso e iniciar fluidoterapia si es necesario[3] Realizar glucemia capilar y corregir hipoglucemia si está presente[3] Iniciar estudios diagnósticos urgentes (analítica, neuroimagen)[3][4] Considerar la administración de fármacos antiepilépticos de segunda línea si la crisis no cede[3][7] Es crucial identificar y tratar las posibles causas desencadenantes, como infecciones, alteraciones metabólicas o lesiones cerebrales agudas[3][7]. El manejo adecuado de las convulsiones requiere un enfoque sistemático que incluya una evaluación clínica detallada, pruebas diagnósticas apropiadas y un tratamiento rápido y efectivo en situaciones de emergencia. El conocimiento de los diversos aspectos de las convulsiones es esencial para optimizar el cuidado de estos pacientes y prevenir complicaciones. Citas [1] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003200.htm [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-neurológicos/trastornos-convulsivos/trastornos-convulsivos?ruleredirectid=755 [3] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1137-66272008000200006&script=sci_arttext [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/seizure/diagnosis-treatment/drc-20365730 [5] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/trastornos-convulsivos/trastornos-convulsivos [6] https://www.npunto.es/revista/23/convulsiones-en-urgencias-pediatricas-sj [7] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/seizure/symptoms-causes/syc-20365711

  • Colapso y síncope

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El síncope se define como una pérdida brusca y temporal de la conciencia y del tono postural, de duración breve y con recuperación espontánea, que se produce por una disminución transitoria del flujo sanguíneo al cerebro[1]. Este fenómeno es frecuente en la población general y puede generar gran preocupación entre pacientes y familiares, siendo un motivo común de consulta en los servicios de urgencias[2]. Síntomas Los síntomas que preceden al síncope, conocidos como pródromos, pueden incluir: Mareo Sudoración Visión borrosa o “en túnel” Palidez Náuseas Debilidad Palpitaciones[1][3] Estos síntomas conforman lo que se conoce como presíncope y pueden permitir que el paciente tome medidas preventivas antes de perder la conciencia[6]. Signos clínicos Los signos clínicos observables durante un episodio de síncope incluyen: Pérdida súbita de la conciencia Caída o desplome Ausencia de tono postural Recuperación espontánea en un breve periodo[3][4] En algunos casos, pueden presentar movimientos musculares breves que podrían confundirse con convulsiones epilépticas[5]. Exploración La exploración física debe ser completa, prestando especial atención a los signos cardiovasculares y neurológicos. Se debe incluir: Medición de constantes vitales (frecuencia cardíaca y tensión arterial) en supino y bipedestación Auscultación cardíaca para detectar soplos o alteraciones del ritmo. Examen neurológico completo[2] Es crucial realizar una anamnesis detallada, recogiendo información sobre el episodio, factores desencadenantes, antecedentes personales y familiares[2]. Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas recomendadas incluyen: Electrocardiograma (ECG): Es fundamental en todos los pacientes que consultan por síncope[5]. Monitorización cardíaca : Puede incluir Holter o monitor de eventos[3]. Ecocardiografía: En casos seleccionados para evaluar la función cardíaca[2]. Prueba de la mesa basculante: Útil en casos de sospecha de síncope vasovagal[3]. Análisis de sangre: Para descartar alteraciones metabólicas o anemia[3]. Pulsioximetría: Para medir la saturación de oxígeno[3]. Determinación de glucemia capila r[3]. En casos específicos, pueden ser necesarias pruebas de imagen del sistema nervioso central o estudios electrofisiológicos[2][3]. Manejo de emergencias El manejo inicial en el servicio de urgencias debe incluir: Evaluación inmediata de los signos vitales y estado de conciencia. Colocación del paciente en posición supina con elevación de las piernas si está inconsciente[1]. Realización de ECG y monitorización cardíaca. Obtención de una historia clínica detallada y exploración física completa. Identificación de signos de alarma que sugieran un origen cardiogénico del síncope[2][5]. Estratificación del riesgo para determinar la necesidad de hospitalización o estudios adicionales[2]. Tratamiento de las causas subyacentes si se identifican (por ejemplo, corrección de alteraciones electrolíticas o del ritmo cardíaco)[3]. Educación al paciente sobre medidas preventivas en caso de síncope vasovagal[1]. Es importante destacar que la mayoría de los síncopes son benignos y de origen vasovagal. Sin embargo, un pequeño porcentaje puede tener un origen cardíaco o neurológico potencialmente grave, lo que hace crucial una evaluación cuidadosa en el servicio de urgencias[1][2]. El manejo del síncope requiere un enfoque sistemático que incluya una evaluación clínica exhaustiva, pruebas diagnósticas apropiadas y una estratificación del riesgo para garantizar un tratamiento adecuado y prevenir complicaciones futuras. Citas [1] https://www.fesemi.org/informacion-pacientes/conozca-mejor-su-enfermedad/sincope [2] https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/14_sincope.pdf [3] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-del-corazón-y-los-vasos-sanguíneos/síntomas-de-los-trastornos-cardiovasculares/desmayos?ruleredirectid=755 [4] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-cardiovasculares/síntomas-de-las-enfermedades-cardiovasculares/síncope [5] https://www.revespcardiol.org/es-sincope-articulo-S0300893212001947 [6] https://www.redaccionmedica.com/recursos-salud/diccionario-enfermedades/sincope

  • Accidente isquémico transitorio. AIT

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El accidente isquémico transitorio (AIT) es una disfunción neurológica focal causada por isquemia cerebral, espinal o retiniana, sin evidencia de infarto agudo[4]. Aunque normalmente se considera benigno, actualmente se reconoce que incluso una breve isquemia puede causar daño cerebral permanente[4]. El AIT es un importante factor de riesgo para futuros eventos cerebrovasculares, lo que hace imperativa una evaluación y manejo urgentes[4]. Síntomas Los síntomas de la AIT se desarrollan repentinamente y suelen durar entre 2 y 30 minutos, resolviéndose completamente en menos de 24 horas[1][3]. Los síntomas más comunes incluyen: Debilidad o parálisis repentina en un lado del cuerpo. Pérdida súbita de sensibilidad o sensaciones anómalas unilaterales. Dificultad arrepentida para hablar o entender el lenguaje. Confusión súbita. Pérdida arrepentida de visión en uno o ambos ojos. Mareos o pérdida del equilibrio y coordinación[1][7] Signos clínicos Los signos clínicos del AIT son similares a los de un accidente cerebrovascular isquémico, pero son transitorios y reversibles[1]. Pueden incluir: Hemiparesia facial o corporal Hemianestesia Disartria Afasia Alteraciones visuales Ataxia[1][3] Exploración La exploración física y neurológica es fundamental y debe incluir: Evaluación de la fuerza muscular y sensibilidad. Examen de los pares craneales Valoración del habla y lenguaje Pruebas de coordinación y equilibrio Auscultación carotídea para detectar soplos Examen del fondo del ojo[5] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la AIT se basa principalmente en la historia clínica y el examen físico. Sin embargo, se recomiendan las siguientes pruebas para descartar otras patologías y determinar la etiología: Neuroimagen: Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) cerebral. RM con técnica de difusión para detectar isquemia aguda. Angiografía por TC o RM para evaluar la vasculatura cerebral[3][5] Estudios vasculares: Ecografía Doppler carotídea Angiografía cerebral en casos seleccionados[1][5] Evaluación cardíaca: Electrocardiograma (ECG) Ecocardiografía Monitoreo cardíaco prolongado para detectar arritmias[1][5] Análisis de laboratorio: Hemograma completo Perfil lipídico Glucemia Pruebas de coagulación[1][5] Manejo de emergencias El manejo del AIT en el servicio de emergencias debe ser rápido y enfocado en prevenir un accidente cerebrovascular inminente: Evaluación inmediata de los síntomas y signos neurológicos[5]. Realización de neuroimagen urgente, preferiblemente RM con difusión[3]. Inicio de terapia antiagregante plaquetaria, generalmente con aspirina, a menos que esté contraindicada[5][6]. Evaluación del riesgo de accidente cerebrovascular utilizando escalas como ABCD2[2]. Consideración de hospitalización para pacientes de alto riesgo o con evaluación incompleta[5]. Inicio de estatinas en pacientes con aterosclerosis[6]. Control de factores de riesgo vascular, incluyendo hipertensión, diabetes y dislipidemia[5][6]. Evaluación para endarterectomía carotídea o angioplastia en casos de estenosis carotídea significativa[3]. El AIT representa una oportunidad crucial para prevenir un accidente cerebrovascular. Un abordaje diagnóstico y rápido terapéutico y exhaustivo es esencial para reducir el riesgo de eventos cerebrovasculares futuros y mejorar los pronósticos del paciente[4][5]. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/accidente-cerebrovascular-ictus/accidentes-isquémicos-transitorios-ait [2] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0026-17422012000300003&script=sci_arttext [3 ] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-neurológicos/accidente-cerebrovascular/ataque-isquémico-transitorio [4] http://scielo.iics.una.py/scielo.php?pid=S2312-38932021000100167&script=sci_arttext [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/transient-ischemic-attack/diagnosis-treatment/drc-20355684 [6] https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-resumen-accidentes-isquemicos-transitoriosdiagnostico-etiologia-manejo-X0716864009322406 [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000730.htm [8] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/transient-ischemic-attack/symptoms-causes/syc-20355679

  • ACVA. Accidente Cerebrovascular

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El accidente cerebrovascular (ACV) es un síndrome caracterizado por el inicio agudo de un déficit neurológico que persiste por al menos 24 horas, reflejando un compromiso focal del sistema nervioso central debido a un trastorno de la circulación cerebral[7]. Es la tercera causa más común de muerte en Estados Unidos y el trastorno neurológico más frecuente e incapacitante[7]. Síntomas Los síntomas del ACV suelen aparecer de forma arrepentida e incluyen: Entumecimiento o debilidad arrepentida, especialmente en un lado del cuerpo. Confusión súbita o dificultad para hablar o comprender. Problemas visuales repentinos en uno o ambos ojos. Dificultad arrepentida para caminar, mareos o pérdida de equilibrio. Dolor de cabeza severo y arrepentido sin causa conocida[1][8] Es importante destacar que estos síntomas pueden ser transitorios o persistentes[3]. Signos clínicos Los signos clínicos más comunes del ACV incluyen: Hemiparesia contralateral Hemianestesia Hemianopsia homónima contralateral Afasia (cuando se afecta el hemisferio dominante) Apraxia e inatención sensitiva (cuando se afecta el hemisferio no dominante) Disartria Ataxia Alteración del nivel de conciencia[3] Exploración La exploración física debe incluir: Evaluación del estado de alerta mental Examen de la coordinación y el equilibrio. Valoración de la fuerza y ​​sensibilidad en cara, brazos y piernas. Evaluación del habla y la visión Auscultación de las arterias carótidas[8] Se puede utilizar la escala FAST (Face, Arms, Speech, Time) para una evaluación rápida[9]. Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas más comunes incluyen: Neuroimagen: Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) del cerebro Angiografía cerebral Cartílago dúplex Ecocardiografía Electrocardiograma Análisis de sangre (incluyendo glucemia, perfil lipídico y coagulación)[4][8] Manejo de emergencias El manejo en emergencias del ACV isquémico agudo incluye: Evaluación rápida y estabilización de las funciones vitales. Neuroimagen urgente para descartar hemorragia. Administración de trombolíticos (t-PA) dentro de las primeras 4,5 horas del inicio de los síntomas, si está indicado. Control de la presión arterial, glucemia y temperatura. Prevención de complicaciones (trombosis venosa profunda, neumonía por aspiración, etc.) Inicio precoz de la rehabilitación[5][9] Para el ACV hemorrágico, el manejo se centra en controlar el sangrado y la presión intracraneal[8]. Es crucial recordar que “el tiempo es cerebro”, y cada minuto cuenta en el manejo del ACV agudo. La rápida identificación de los síntomas y el traslado inmediato a un centro especializado son fundamentales para mejorar el pronóstico del paciente[9]. Citas [1] https://espanol.womenshealth.gov/heart-disease-and-stroke/stroke/stroke-symptoms [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/accidente-cerebrovascular-ictus/accidente-cerebrovascular-isquémico [3] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-neurológicos/accidente-cerebrovascular/generalidades-sobre-los-accidentes-cerebrovasculares [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000726.htm [5] https://www.elsevier.es/es-revista-prehospital-emergency-care-edicion-espanola-44-articulo-control-accidente-cerebrovascular-agudo-traves-servicio-emergencias-13123392 [6] https://revista.estudioidea.org/ojs/index.php/mj/article/view/283 [7] https://accessmedicina.mhmedical.com/content.aspx?bookid=1505§ionid=97685233 [8] https://medlineplus.gov/spanish/stroke.html [9] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/stroke/symptoms-causes/syc-20350113 [10] http://scielo.sld.cu/pdf/san/v24n3/1029-3019-san-24-03-420.pdf

bottom of page