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- Dacriocistitis
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La dacriocistitis es una inflamación del saco lagrimal, generalmente causada por una infección secundaria a la obstrucción del conducto nasolagrimal. Esta condición puede presentarse en formas agudas o crónicas, afectando principalmente a adultos, especialmente mujeres[1][5]. Síntomas Los síntomas de la dacriocistitis pueden variar según la gravedad de la infección. En su forma aguda, los pacientes suelen experimentar: Dolor en la región del saco lagrimal. Eritema y edema alrededor del ojo, especialmente en el canto interno. Lagrimeo excesivo (epífora). Secreción mucopurulenta que puede drenar al aplicar presión sobre el saco lagrimal. Fiebre y malestar general en casos severos[1][3][6]. En la dacriocistitis crónica, los síntomas pueden ser más sutiles, con predominio de epífora y ocasional secreción sin dolor significativo[2][4]. Signos Clínicos Durante la exploración física, se observan signos característicos: Edema doloroso y eritematoso en el canto interno del ojo. Secreción purulenta al presionar el saco lagrimal. En casos crónicos, puede haber formación de fístulas o quistes en el saco lagrimal[1][3][5]. Exploración La evaluación oftalmológica es crucial para el diagnóstico. El médico examina la región periocular y el saco lagrimal, buscando signos de inflamación y secreción. La palpación del saco lagrimal puede provocar la salida de pus a través del punto lagrimal, lo que es indicativo de infección[2][6]. Además, se puede realizar un examen más detallado para evaluar la permeabilidad del conducto nasolagrimal. Pruebas Diagnósticas El diagnóstico de dacriocistitis se basa principalmente en la historia clínica y la exploración física. Para confirmar la infección y determinar el agente causal, se pueden realizar: Cultivos microbiológicos de la secreción obtenida del saco lagrimal. Pruebas de imagen , como ecografía o tomografía computarizada, en casos complicados para evaluar posibles abscesos o afectación orbitaria[4][6]. Manejo de emergencias El manejo inicial de la dacriocistitis aguda incluye: Antibióticos : Se administran antibióticos por vía oral o intravenosa según la gravedad de la infección. Los antibióticos deben cubrir tanto grampositivos como gramnegativos[3][5]. Compresas tibias : Se recomiendan para aliviar el dolor y facilitar el drenaje del pus acumulado. Drenaje quirúrgico : Si se forma un absceso, puede ser necesaria una incisión para drenar el material purulento. En casos crónicos o recurrentes, se considera realizar una dacriocistorrinostomía , un procedimiento quirúrgico que crea un nuevo conducto para drenar las lágrimas adecuadamente y prevenir futuras infecciones[2][6]. La dacriocistitis es una condición que requiere atención médica adecuada para evitar complicaciones graves como celulitis orbitaria o infecciones sistémicas. Un diagnóstico temprano y un manejo adecuado son esenciales para mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida del paciente. Citas [1] https://icrcat.com/enfermedades-oculares/dacriocistitis/ [2] https://hgm.salud.gob.mx/descargas/pdf/area_medica/oftalmo/dacriocistitis.pdf [3] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-oftálmicos/trastornos-de-los-párpados-y-de-las-lágrimas/dacriocistitis [4] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S0864-21762002000200007&script=sci_arttext [5] https://www.clinicabaviera.com/dacriocistitis-tratamiento [6] https://www.fmc.es/es-dacriocistitis-aguda-y-cronica-diagnosti-articulo-S1134207222001232 [7] https://www.draestrellafernandez.es/patologia_/vialagrimal/adultos-2/ [8] https://vistasancheztrancon.com/dacriocistitis-aguda/
- Hordeolum interno (chalazion)
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El orzuelo interno, conocido como chalazión, es una inflamación crónica, granulomatosa y estéril de las glándulas de Meibomio en los párpados[1][3]. Esta condición se produce cuando el conducto de una glándula sebácea se obstruye, lo que resulta en la retención de su secreción grasa y la formación de una lesión nodular en el párpado[7]. Síntomas Los síntomas del chalazión incluyen: Sensación de cuerpo extraño en el ojo[1] Lagrimeo excesivo[1] Sensibilidad a la luz intensa[1] Visión borrosa, especialmente cuando el chalazión es grande y ejerce presión sobre el globo ocular[1][7] Sensibilidad al tacto en el área afectada[7] Dolor leve, principalmente en la fase inicial[4][7] Signos Los signos clínicos característicos del chalazión son: Nódulo subcutáneo en el párpado, generalmente de 2-8 mm de diámetro[6] Lesión bien definida, elevada y no dolorosa[6] Consistencia dura e indolora a la presión[8] Puede ser único o múltiple[6] Ocasionalmente, puede drenar a través de la piel[6] En algunos casos, se observa una zona de coloración rojiza o gris debajo del párpado[1] Exploración Durante la exploración del chalazión, el médico debe realizar: Examen detallado del párpado y el borde palpebral[3] Eversión del párpado para buscar un granuloma conjuntival externo[6] Evaluación de la agudeza visual, ya que un chalazión grande puede inducir cambios en el astigmatismo[7] Inspección de la conjuntiva y la córnea para descartar complicaciones[4] Pruebas diagnósticas El diagnóstico del chalazión generalmente se basa en la presentación clínica y la exploración física[3]. Sin embargo, en casos atípicos o recurrentes, se pueden considerar las siguientes pruebas: Biopsia: en chalaziones crónicos que no responden al tratamiento, para descartar tumores palpebrales malignos[3][8] Tinción con fluoresceína: para evaluar la integridad de la córnea y descartar afectación corneal[8] En casos recurrentes o atípicos , se puede considerar una evaluación más exhaustiva para descartar condiciones subyacentes como blefaritis crónica o rosácea[5] Manejo de emergencias Aunque el chalazión rara vez requiere atención de emergencia, el manejo inicial en un entorno de urgencias puede incluir: Evaluación de la severidad y exclusión de complicaciones[4] Aplicación de compresas calientes: 10-15 minutos, 4 veces al día[4][5] Masaje suave del párpado para promover el drenaje[5] Prescripción de pomadas antibióticas tópicas si hay signos de infección secundaria[5] Instrucción sobre higiene palpebral adecuada[7][8] Consideración de corticosteroides intralesionales en casos seleccionados[3] Derivación a oftalmología para casos que no responden al tratamiento conservador después de 3 meses[6] Es importante destacar que la mayoría de los chalaziones se resuelven espontáneamente en 2-8 semanas con tratamiento conservador[3]. Sin embargo, en casos persistentes o recurrentes, se debe considerar la derivación a un oftalmólogo para una evaluación más detallada y posible intervención quirúrgica[6][8]. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-oftálmicos/trastornos-de-los-párpados-y-de-las-lágrimas/chalazión-calazio-y-orzuelo [2] https://docs.bvsalud.org/biblioref/2019/03/987038/rm_n_43-2016-minsa.pdf [3] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-oftálmicos/trastornos-palpebrales-y-lagrimales/chalación-y-orzuelo [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001006.htm [5] https://oftalmologos.org.ar/pacientes/patologias/orzuelo-y-chalazion [6] https://www.imss.gob.mx/sites/all/statics/guiasclinicas/316GRR.pdf [7] https://www.barraquer.com/patologia/chalazion [8] https://amf-semfyc.com/es/web/articulo/trastornos-de-los-parpados
- Hordeolum externo (orzuelo)
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El orzuelo externo, común conocido como orzuelo, es una infección aguda de las glándulas sebáceas de Zeiss o de Moll asociada a los folículos pilosos de las pestañas[1][2]. Esta condición oftalmológica se caracteriza por la formación de un absceso localizado en el borde palpebral, generalmente causado por la bacteria Staphylococcus aureus[1][3]. Síntomas Los síntomas del orzuelo externo suelen desarrollarse rápidamente y pueden incluir: Dolor localizado en el borde del párpado[2][3] Sensación de cuerpo extraño o arenilla dentro del ojo[3] Lagrimeo constante[2][3] Fotofobia leve[2] Molestia al parpadear[3] Signos clínicos La presentación clínica del orzuelo externo se caracteriza por: Aparición de una protuberancia roja y dolorosa en el borde palpebral[2][3] Hiperemia localizada en la zona afectada[1][2] Edema del párpado, que puede ser localizado o difuso[1][3] Formación de una pequeña pústula amarillenta en la base de una pestaña[2] Ocasionalmente, secreción purulenta[1][2] Exploración Durante la exploración oftalmológica, el médico observará: Un nódulo inflamatorio bien delimitado en el borde del párpado[1][2] Edema e hiperemia del área circundante[1][3] Una pequeña elevación o área amarilla en el sitio de la glándula afectada[2] Posible extensión de la inflamación a la conjuntiva adyacente[1] Es importante realizar una eversión palpebral para descartar la presencia de un orzuelo interno[1][2]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico del orzuelo externo es principalmente clínico, basado en la historia del paciente y la exploración física[2][3]. En la mayoría de los casos, no se requieren pruebas diagnósticas adicionales. Sin embargo, en situaciones atípicas o recurrentes, se pueden considerar las siguientes pruebas: Frotis de secreción conjuntival para cultivo bacteriano, especialmente en casos de sospecha de infección por microorganismos resistentes[4] Biopsia en casos de lesiones crónicas o que no responden al tratamiento, para descartar neoplasias malignas como el carcinoma de glándula sebácea[2] Manejo de emergencias El manejo del orzuelo externo en el servicio de emergencias se centra en aliviar los síntomas y prevenir complicaciones: Aplicación de compresas tibias sobre el párpado afectado durante 10-15 minutos, 3-4 veces al día[1][2][3] Masaje suave del párpado para promover el drenaje espontáneo[3] Prescripción de antibióticos tópicos como cloranfenicol, bacitracina o eritromicina en ungüento, 3 veces al día durante 7 días[1][4] En casos de inflamación severa o celulitis preseptal asociada, considerar antibióticos sistémicos como doxiciclina o eritromicina[2] Analgésicos orales para el control del dolor, si es necesario[3] Educación al paciente sobre higiene palpebral y prevención de recurrencias[1][3] Indicación de seguimiento con oftalmología si no hay mejoría en 48-72 horas o si hay signos de complicación[2][3] En la mayoría de los casos, el orzuelo externo es una condición autolimitada que se resuelve en 7-10 días con tratamiento conservador[1][2]. Sin embargo, es crucial educar al paciente sobre los signos de alarma que requieren reevaluación médica inmediata, como la extensión de la inflamación a toda la cara o la afectación de la visión[3]. Citas [1] https://www.imss.gob.mx/sites/all/statics/guiasclinicas/316GRR.pdf [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-oftálmicos/trastornos-palpebrales-y-lagrimales/chalación-y-orzuelo [3] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/orzuelo [4] https://docs.bvsalud.org/biblioref/2019/03/987038/rm_n_43-2016-minsa.pdf [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/sty/symptoms-causes/syc-20378017
- Blefaritis
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La blefaritis es una afección inflamatoria crónica que afecta los párpados, caracterizada por la inflamación del borde palpebral. Esta condición es común y puede presentarse en personas de todas las edades y grupos étnicos[3]. A continuación, se presenta una revisión detallada de los aspectos más relevantes de esta patología. Síntomas Los pacientes con blefaritis suelen experimentar una variedad de síntomas que pueden afectar significativamente su calidad de vida. Estos incluyen: Prurito y ardor en los bordes palpebrales Sensación de cuerpo extraño Lagrimeo excesivo Fotofobia Visión borrosa Enrojecimiento e irritación de los párpados Formación de costras o escamas en la base de las pestañas Pestañas pegadas al despertar Orzuelos recurrentes[1][4] Es importante destacar que la intensidad de los síntomas puede variar a lo largo del día, siendo generalmente más pronunciados por la mañana[1]. Signos La exploración física revela varios signos característicos de la blefaritis: Eritema y edema del borde palpebral Hiperemia conjuntival Escamas o costras adheridas a la base de las pestañas Madarosis (pérdida de pestañas) en casos crónicos Alteraciones en la dirección del crecimiento de las pestañas (triquiasis) Dilatación y taponamiento de los orificios de las glándulas de Meibomio. Secreción anormal de las glándulas de Meibomio (en blefaritis posterior)[1][2] Exploración La evaluación clínica de la blefaritis incluye: Examen con lámpara de hendidura: Permite una visualización detallada de los párpados, pestañas y conjuntiva. Evaluación de la película lagrimal: Para detectar posible queratoconjuntivitis seca asociada. Expresión de las glándulas de Meibomio: Para evaluar la calidad y cantidad de la secreción. Examen del margen palpebral: Para identificar irregularidades, ulceraciones o cicatrices[2][6]. Pruebas Diagnósticas Aunque el diagnóstico de la blefaritis es principalmente clínico, en algunos casos pueden ser necesarias pruebas adicionales: Cultivo bacteriano: Se realiza un hisopado del borde palpebral para identificar posibles patógenos y su sensibilidad antibiótica. Biopsia: En casos atípicos o unilaterales persistentes, para descartar malignidad. Test de Schirmer: Para evaluar la producción lagrimal en casos de sospecha de ojo seco asociado[2][7]. Manejo de emergencias Aunque la blefaritis rara vez constituye una emergencia médica, pueden presentar complicaciones que requieran atención inmediata: Evaluación rápida de los síntomas y signos. Descartar complicaciones como queratitis o ulceración corneal. Iniciar tratamiento sintomático: Compresas calientes y limpieza palpebral Lubricantes oculares sin conservantes Antibióticos tópicos en caso de infección bacteriana evidente Educar al paciente sobre la naturaleza crónica de la condición y la importancia del cuidado a largo plazo. Programar seguimiento con oftalmología para manejo a largo plazo[1][4]. La blefaritis es una condición crónica que requiere un enfoque diagnóstico y terapéutico integral. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con un manejo adecuado, puede mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes afectados. Es fundamental educar a los pacientes sobre la naturaleza recurrente de la condición y la importancia del cuidado continuo de los párpados para prevenir exacerbaciones y complicaciones. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-oftálmicos/trastornos-palpebrales-y-lagrimales/blefaritis [2] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/blepharitis/diagnosis-treatment/drc-20370148 [3] https://www.cochranelibrary.com/es/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD005556.pub2/full/es [4] https://icqo.org/2024/03/25/conoce-la-blefaritis-para-asi-poder-tratarla/ [5] https://ediciones.lasalle.edu.co/producto/blefaritis-3/ [6] https://www.nei.nih.gov/espanol/aprenda-sobre-la-salud-ocular/enfermedades-y-afecciones-de-los-ojos/blefaritis [7] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-oftálmicos/trastornos-de-los-párpados-y-de-las-lágrimas/blefaritis
- Epiescleritis
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La epiescleritis es una condición inflamatoria que afecta la epiesclera, una capa de tejido conectivo vascularizado ubicada entre la esclerótica y la conjuntiva del ojo. Esta patología, generalmente benigna y autolimitada, se presenta con mayor frecuencia en mujeres jóvenes y de mediana edad[1][2]. Síntomas Los pacientes con epiescleritis suelen presentar: Enrojecimiento ocular localizado Irritación ocular leve Sensibilidad ocular al tacto Lagrimeo aumentado Sensibilidad moderada a la luz brillante[1][2] Es importante destacar que, a diferencia de la escleritis, la epiescleritis no suele causar dolor intenso ni alteraciones visuales significativas[3]. Signos Clínicos La presentación clínica de la epiescleritis puede variar, pero generalmente se observa: Hiperemia localizada en un sector del globo ocular Edema epiescleral Congestión de vasos epiesclerales superficiales y profundos[1][4] Dependiendo de su apariencia, la epiescleritis puede clasificarse en: Epiescleritis simple o difusa: Presenta congestión generalizada sin levantamiento. Epiescleritis nodular: Se caracteriza por un nódulo elevado, hiperémico y edematoso[3][4]. Exploración El examen clínico es fundamental para el diagnóstico de la epiescleritis. Durante la exploración, el médico debe: Realizar una historia clínica detallada Evaluar la agudeza visual Examinar el ojo con lámpara de hendidura Aplicar la prueba de blanqueamiento con fenilefrina tópica para diferenciar entre epiescleritis y escleritis[1][3] Es crucial descartar signos de escleritis, como dolor intenso, fotofobia severa o alteraciones en el fondo de ojo[3]. Pruebas Diagnósticas En la mayoría de los casos, el diagnóstico de epiescleritis se basa en la presentación clínica y no requieren pruebas adicionales. Sin embargo, en casos recurrentes o cuando se sospecha una enfermedad sistémica subyacente, se pueden considerar: Análisis de sangre para descartar enfermedades autoinmunes. Pruebas de función tiroidea Evaluación de enfermedades del tejido conectivo[2][4] Es importante destacar que estas pruebas no son rutinarias y se realizan solo en casos seleccionados. Manejo de emergencias Aunque la epiescleritis rara vez requiere atención de emergencia, el manejo inicial puede incluir: Lubricantes oculares: Las gotas lubricantes frías pueden proporcionar alivio sintomático[4]. Vasoconstrictores tópicos: Agentes como la tetrahidrozolina pueden reducir temporalmente el rojecimiento, pero su uso debe ser limitado debido al riesgo de efecto rebote[2]. Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): Pueden administrarse por vía oral para aliviar la inflamación y el malestar[2][4]. Corticosteroides tópicos: En casos más severos o persistentes, un oftalmólogo puede prescribir un curso breve de corticosteroides tópicos, como el colirio de acetato de prednisolona al 1%[2][3]. Es fundamental educar al paciente sobre la naturaleza autolimitada de la condición y la importancia de evitar el uso excesivo de medicamentos tópicos sin supervisión médica. La epiescleritis es una condición generalmente benigna que puede manejarse de forma conservadora en la mayoría de los casos. Sin embargo, es crucial realizar un diagnóstico diferencial adecuado para descartar condiciones más graves como la escleritis. El seguimiento y la derivación oportuna a un oftalmólogo son esenciales en casos persistentes o recurrentes. Citas [1] https://www.imss.gob.mx/sites/all/statics/guiasclinicas/738GER.pdf [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-oftálmicos/trastornos-de-la-conjuntiva-y-la-esclerótica/epiescleritis [3] https://www.msdmanuals.com/es-ec/professional/trastornos-oftálmicos/trastornos-conjuntivales-y-esclerales/epiescleritis [ 4] https://visionyoptica.com/diagnostico-diferencial-y-manejo-de-la-epiescleritis-y-la-escleritis/ [5] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001019.htm [6] https://www.fisterra.com/guias-clinicas/epiescleritis/
- Queratitis ulcerosa
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La queratitis ulcerosa es una condición ocular grave que implica la inflamación de la córnea acompañada de una úlcera o erosión en su superficie. Esta patología puede tener diversas etiologías, incluyendo infecciones bacterianas, virales, fúngicas o por parásitos, así como causas no infecciosas como traumatismos o uso prolongado de lentes de contacto[1][2]. Síntomas Los pacientes con queratitis ulcerosa suelen presentar una serie de síntomas característicos: Dolor ocular moderado a severo Enrojecimiento del ojo Sensación de cuerpo extraño Lagrimeo excesivo Fotofobia (sensibilidad a la luz) Visión borrosa o disminuida Secreción ocular (que puede ser purulenta) Dificultad para abrir el párpado debido al dolor o irritación[1][3][4] La intensidad de estos síntomas puede variar dependiendo de la causa subyacente y la gravedad de la úlcera. Signos clínicos Durante la exploración oftalmológica, se pueden observar varios signos clínicos indicativos de queratitis ulcerosa: Defecto epitelial en la córnea que se tiñe con fluoresceína Infiltrado corneal grisáceo y opaco alrededor de la úlcera Hiperemia conjuntival circuncorneal En casos graves, hipopión (acumulación de leucocitos en la cámara anterior) Neovascularización corneal en casos crónicos Edema palpebral en casos severos[2][5] Las características específicas de la úlcera pueden variar según el agente causal. Por ejemplo, las úlceras por Acanthamoeba suelen ser intensamente dolorosas y pueden mostrar infiltrados múltiples del estroma corneal, mientras que las úlceras fúngicas tienden a ser más crónicas y pueden presentar lesiones satélites en la periferia[5]. Exploración La exploración oftalmológica de un paciente con sospecha de queratitis ulcerosa debe incluir: Examen con lámpara de hendidura: Es fundamental para visualizar la úlcera y evaluar su profundidad y extensión. Tinción con fluoresceína: Permite delimitar el área del defecto epitelial Evaluación de la agudeza visual Examen del fondo de ojo (si es posible visualizarlo) Palpación de los ganglios linfáticos preauriculares[2][5] Pruebas diagnósticas Para confirmar el diagnóstico y determinar la etiología específica, se pueden realizar las siguientes pruebas: Raspado corneal para cultivo y antibiograma: Se realiza con una hoja de bisturí estéril o una espátula de platino Tinciones microscópicas: Gram, Giemsa, blanco calcoflúor, naranja de acridina Cultivos en medios específicos: Agar sangre, agar chocolate, agar manitol, Sabouraud, tioglicolato PCR para detección de virus herpes simple en casos sospechosos En usuarios de lentes de contacto, cultivo de las fundas y soluciones de limpieza[3][5][7] Manejo de emergencias El manejo inicial de la queratitis ulcerosa en el servicio de emergencias debe ser rápido y eficaz: Evaluación oftalmológica completa Toma de muestras para cultivo y antibiograma antes de iniciar el tratamiento. Inicio de antibioticoterapia empírica de amplio espectro: Para úlceras pequeñas: Moxifloxacina 0,5% o gatifloxacina 0,3-0,5% tópica Para úlceras graves o centrales: Antibióticos fortificados como tobramicina 15 mg/mL y cefazolina 50 mg/mL Dosificación frecuente: inicialmente cada 15 minutos por 4 dosis, luego cada hora No ocluir el ojo afectado Analgesia sistémica si es necesario Derivación urgente a oftalmología para seguimiento y ajuste del tratamiento según resultados de cultivos[5][7][8] Es crucial iniciar el tratamiento lo antes posible para prevenir complicaciones como la perforación corneal o la pérdida permanente de visión. El manejo definitivo dependerá de la causa subyacente y puede requerir ajustes en la terapia antimicrobiana, uso de antivirales o antifúngicos, y en casos severos, intervención quirúrgica[1][5]. Citas [1] https://www.martinezdecarneros.com/causas-sintomas-y-tratamiento-de-la-queratitis/ [2] https://www.clinicagonzalezcostea.es/queratitis/ [3] https://cinfasalud.cinfa.com/p/ulcera-corneal [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001032.htm [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/keratitis/symptoms-causes/syc-20374110 [6] https://www.clinicabaviera.com/queratitis-o-ulcera-corneal [7] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-oftálmicos/enfermedades-de-la-córnea/úlcera-de-córnea [8] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1029-30192022000100160&script=sci_arttext
- Conjuntivitis
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La conjuntivitis es una inflamación de la conjuntiva, la membrana mucosa que recubre el ojo y la superficie interna de los párpados[1][3]. Esta condición oftalmológica común puede ser causada por diversos factores, incluyendo infecciones virales o bacterianas, alergias y exposición a irritantes[1][3][5]. Síntomas Los síntomas de la conjuntivitis pueden variar según la etiología, pero generalmente incluyen: Enrojecimiento ocular Sensación de cuerpo extraño o arenilla Picazón o ardor Lagrimeo excesivo Secreción ocular (acuosa, mucosa o purulenta) Sensibilidad a la luz (fotofobia) Visión borrosa temporal[1][3][7] La intensidad de estos síntomas puede fluctuar, siendo más pronunciados en las mañanas debido a la acumulación de secreciones durante la noche[3]. Signos clínicos Los signos clínicos observables en la conjuntivitis incluyen: Hiperemia conjuntival (enrojecimiento) Edema palpebral Quemosis (inflamación de la conjuntiva bulbar) Folículos o papilas en la conjuntiva palpebral Secreción ocular (variable según la etiología) Adenopatía preauricular (especialmente en casos virales)[1][2][7] En casos de conjuntivitis viral, se puede observar la presencia de hemorragias subconjuntivales y pseudomembranas[2]. Exploración La exploración oftalmológica debe incluir: Evaluación de la agudeza visual Examen con lámpara de hendidura para valorar: Grado de hiperemia Presencia de folículos o papilas. Características de la secreción Integridad corneal Eversión del párpado superior para examinar la conjuntiva tarsal Palpación de ganglios preauriculares y submandibulares[2][7] Pruebas Diagnósticas Aunque el diagnóstico de la conjuntivitis es principalmente clínico, en casos específicos pueden ser necesarias las siguientes pruebas: Cultivo conjuntival: indicado en casos de sospecha de conjuntivitis bacteriana severa o resistente al tratamiento[2] Pruebas de amplificación de ácidos nucleicos: útiles para identificar patógenos virales específicos[7] Raspado conjuntival para citología: puede ayudar a diferenciar entre conjuntivitis alérgica y otras etiologías[2] Tinción con fluoresceína: para evaluar la integridad de la superficie ocular[7] En casos de conjuntivitis neonatal, se deben realizar cultivos y pruebas específicas para descartar infecciones por Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis[4][8]. Manejo de emergencias El manejo de la conjuntivitis en el servicio de emergencias debe seguir estos pasos: Evaluación rápida para descartar complicaciones graves como queratitis o uveítis[2] Determinación de la probable etiología basada en la presentación clínica. Educación al paciente sobre medidas higiénicas para prevenir la propagación[1][3] Tratamiento sintomático: Compresas frías para aliviar la inflamación. Lágrimas artificiales para el confort ocular[3][7] Tratamiento específico según la etiología sospechada: Conjuntivitis bacteriana: antibióticos tópicos como eritromicina o cloranfenicol[2] Conjuntivitis viral: generalmente autolimitada, manejo sintomático[3][7] Conjuntivitis alérgica: antihistamínicos tópicos o sistémicos[3] Seguimiento y derivación a oftalmología en casos complicados o que no responden al tratamiento inicial[2] Es crucial enfatizar que el uso indiscriminado de antibióticos tópicos debe evitarse, especialmente en casos de sospecha de conjuntivitis viral[2][3]. La conjuntivitis es una condición común que requiere un enfoque diagnóstico y terapéutico preciso. El reconocimiento temprano de los signos y síntomas, junto con un manejo adecuado, es esencial para prevenir complicaciones y reducir la propagación de formas infecciosas. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/trastornos-oftálmicos/trastornos-de-la-conjuntiva-y-la-esclerótica/conjuntivitis-infecciosa [2] https://www.guia-abe.es/files/pdf/Conjuntivitis_aguda_ECV_Mayo_2022_copia_final.pdf [3] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/pink-eye/symptoms-causes/syc-20376355 [4] https://uvadoc.uva.es/handle/10324/12151 [5] https://hospitalveugenia.com/blog/consejos-de-salud/conjuntivitis-virica-bacteriana-o-alergica-sintomas-causas-tratamiento-oftalmologo/ [6] http://revistasbolivianas.umsa.bo/scielo.php?lng=pt&nrm=iso&pid=S2304-37682012000400002&script=sci_arttext [7] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-oftálmicos/trastornos-conjuntivales-y-esclerales/conjuntivitis-viral [8] https://www.guia-abe.es/temas-clinicos-conjuntivitis-aguda-(e-infecciones-del-parpado)
- Glaucoma de ángulo cerrado
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El glaucoma de ángulo cerrado es una forma menos común pero potencialmente más grave de glaucoma, caracterizada por el cierre del ángulo iridocorneal que obstruye el drenaje del humor acuoso. Esta condición puede desarrollarse de forma aguda o crónica, representando aproximadamente el 10% de todos los casos de glaucoma en Estados Unidos[9]. Síntomas Los síntomas del glaucoma de ángulo cerrado agudo son dramáticos y requieren atención médica inmediata. Estos incluyen: Dolor ocular intenso y enrojecimiento severo. Visión borrosa o disminuida Halos coloreados alrededor de las luces. Cefalea intensa Náuseas y vómitos[9][10] En el caso del glaucoma de ángulo cerrado crónico, los síntomas pueden ser más sutiles y similares a los del glaucoma de ángulo abierto, incluyendo: Enrojecimiento ocular leve Malestar ocular Visión borrosa intermitente Cefalea que mejora con el sueño[9] Signos clínicos Los signos clínicos del glaucoma de ángulo cerrado agudo son evidentes durante el examen oftalmológico e incluyen: Hiperemia conjuntival Córnea edematosa y nebulosa Pupila fija de tamaño mediano. Inflamación de la cámara anterior Presión intraocular elevada, considerable entre 40 y 80 mmHg[9] En el glaucoma de ángulo cerrado crónico, los signos pueden ser más sutiles y requieren una evaluación más detallada. Exploración La exploración oftalmológica para el glaucoma de ángulo cerrado incluye: Examen con lámpara de hendidura Tonometría para medir la presión intraocular. Gonioscopia para evaluar el ángulo de la cámara anterior. Oftalmoscopia para examinar el nervio óptico[11] Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas para el glaucoma de ángulo cerrado incluyen: Gonioscopia: Esencial para evaluar el ángulo de la cámara anterior y detectar sinequias anteriores periféricas[10]. Tonometría: Para medir la presión intraocular[11]. Campimetría: Para evaluar el campo visual y detectar pérdida de visión periférica[11]. Tomografía de Coherencia Óptica (OCT): Permite visualizar detalladamente las estructuras del segmento anterior y posterior del ojo[11]. Paquimetría: Mide el grosor corneal, lo cual es importante para interpretar correctamente las mediciones de presión intraocular[11]. Ultrasonido biomicroscópico: Útil para evaluar la configuración del ángulo en casos donde la gonioscopia es difícil[10]. Manejo de emergencias El manejo de emergencia del glaucoma de ángulo cerrado agudo es crucial para prevenir la pérdida visual permanente. El tratamiento inicial incluye: Medicamentos para reducir rápidamente la presión intraocular: Colirios: timolol, brimonidina, pilocarpina Medicamentos sistémicos: acetazolamida oral, manitol intravenoso[9] Analgésicos para el control del dolor. Antieméticos para controlar las náuseas y vómitos. Iridotomía periférica con láser: Se debe realizar de urgencia, generalmente dentro de las 24-48 horas siguientes al ataque agudo[7][9]. Tratamiento del ojo contralateral: Es importante evaluar y tratar profilácticamente el ojo no afectado, ya que tiene un alto riesgo de desarrollar un ataque agudo en el futuro[7]. El glaucoma de ángulo cerrado es una condición oftalmológica grave que requiere un diagnóstico rápido y un tratamiento urgente. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con un manejo adecuado en emergencias, es crucial para prevenir la pérdida visual permanente. La investigación continúa en este campo está explorando nuevas opciones de tratamiento, incluyendo la cirugía de extracción del cristalino como una alternativa potencialmente más efectiva que la iridotomía tradicional en algunos casos[12]. Citas [1] https://www.aao.org/salud-ocular/enfermedades/que-es-la-glaucoma [2] https://www.cigna.com/es-us/knowledge-center/glaucoma [3] https://www.keckmedicine.org/blog/what-signs-angle-closure-glaucoma/ [4] https://icrcat.com/enfermedades-oculares/glaucoma/ [5] https://glaucoma.org/es/articles/cinco-pruebas-comunes-para-el-glaucoma [6] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/trastornos-oftálmicos/glaucoma/glaucoma [7] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/glaucoma/diagnosis-treatment/drc-20372846 [8] https://www.aao.org/education/munnerlyn-laser-surgery-center/angleclosure-glaucoma-19 [9] https://www.msdmanuals.com/es-ec/professional/trastornos-oftálmicos/glaucoma/glaucoma-por-cierre-angular [10] https://bestpractice.bmj.com/topics/en-us/372 [11] https://www.imo.es/glaucoma/como-se-diagnostica-el-glaucoma/ [12] https://admiravision.es/glaucoma-angulo-cerrado-tratamiento/
- Iritis aguda (uveítis aguda)
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La iritis aguda, también conocida como uveítis anterior aguda, es una inflamación del iris y del cuerpo ciliar que constituye la forma más común de uveítis[1][3]. Esta condición puede afectar a uno o ambos ojos y requiere un diagnóstico y tratamiento oportunos para prevenir complicaciones graves y preservar la visión[5]. Síntomas Los síntomas de la iritis aguda suelen aparecer de forma repentina y pueden incluir: Dolor ocular intenso Fotofobia (sensibilidad a la luz) Enrojecimiento del ojo Visión borrosa o disminuida Lagrimeo excesivo[1][5][8] Estos síntomas pueden desarrollarse rápidamente y empeorar en cuestión de horas o días[5]. Signos Durante la exploración oftalmológica, se pueden observar los siguientes signos: Hiperemia conjuntival y ciliar periquerática Miosis (constricción pupilar) Exudación en la cámara anterior (fenómeno Tyndall) Precipitados queráticos en el endotelio corneal Sinequias (adherencias entre el iris y estructuras adyacentes)[1][7] En casos severos, puede presentarse hipopión, que es una acumulación de células inflamatorias en la parte inferior de la cámara anterior[7]. Exploración La exploración oftalmológica para la iritis aguda incluye: Examen externo con linterna para evaluar las pupilas y el patrón de enrojecimiento. Evaluación de la agudeza visual mediante una tabla optométrica. Examen con lámpara de hendidura, que es fundamental para observar en detalle las estructuras del segmento anterior del ojo[1][3]. La biomicroscopía con lámpara de hendidura sigue siendo el método estándar para la evaluación de la inflamación del segmento anterior[7]. Pruebas diagnósticas Aunque el diagnóstico de la iritis aguda es principalmente clínico, pueden ser necesarias pruebas adicionales para determinar la etiología subyacente: Hemograma completo y velocidad de sedimentación globular (VSG) Serología para enfermedades infecciosas (sífilis, VIH, toxoplasmosis, etc.) Anticuerpos antinucleares (ANA) y otros marcadores de enfermedades autoinmunes Radiografía de tórax Pruebas cutáneas como el test de Mantoux[3][7] En algunos casos, pueden ser necesarias técnicas de imagen avanzadas como la tomografía de coherencia óptica (OCT) para una evaluación más precisa de la inflamación ocular[7]. Manejo de emergencias El manejo inicial de la iritis aguda en un servicio de emergencias debe incluir: Evaluación rápida de la agudeza visual y los signos vitales de inflamación ocular. Inicio de tratamiento con corticosteroides tópicos, como prednisolona al 1%, en gotas frecuentes[1][5]. Administración de agentes ciclopléjicos-midriáticos, como atropina o ciclopentolato, para prevenir la formación de sinequias y aliviar el dolor[1][5]. Derivación urgente a un oftalmólogo para un seguimiento estrecho y ajuste del tratamiento[5]. Es crucial iniciar el tratamiento lo antes posible para controlar la inflamación y prevenir complicaciones como el glaucoma, las cataratas o el daño permanente a la visión[5][7]. El manejo a largo plazo puede requerir un enfoque multidisciplinario, especialmente si se sospecha una enfermedad sistémica subyacente[8]. La iritis aguda representa un desafío diagnóstico y terapéutico que requiere una intervención rápida y precisa. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con un abordaje diagnóstico sistemático y un tratamiento oportuno, son esenciales para optimizar los resultados visuales y prevenir la recurrencia de esta condición potencialmente grave. Cita [1] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/iritis/diagnosis-treatment/drc-20354966 [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-oftálmicos/uveítis-y-trastornos-relacionados/generalidades-sobre-la-uveítis [3] https://www.clinicbarcelona.org/asistencia/enfermedades/uveitis/pruebas-y-diagnostico [4] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S0212-71992008000300009&script=sci_arttext [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/iritis/symptoms-causes/syc-20354961 [6] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/uveitis/symptoms-causes/syc-20378734 [7] https://visioncore.es/diagnostico-y-tratamiento-de-uveitis-nuevas-estrategias/ [8] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1817-59962016000300007&script=sci_arttext [9] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-oftálmicos/uveítis-y-trastornos-relacionados/uveítis
- Celulitis orbitaria y preseptal
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La celulitis orbitaria y preseptal son infecciones de los tejidos blandos que rodean el ojo, diferenciándose por su localización anatómica en relación al septum orbitario. La celulitis preseptal afecta los tejidos anteriores al tabique, mientras que la celulitis orbitaria involucra los tejidos posteriores, incluyendo la grasa y los músculos orbitarios[1][3]. Esta distinción es crucial, ya que la celulitis orbitaria puede asociarse a complicaciones graves que comprometen la visión y la vida del paciente[4]. Síntomas Los síntomas de la celulitis preseptal incluyen: Edema y eritema palpebral Dolor local Fibra (especialmente en niños) General de Malestar En la celulitis orbitaria, además de los síntomas anteriores, se pueden presentar: Dolor con los movimientos oculares. Disminución de la agudeza visual Diplopía Cefalea Malestar general más pronunciado[1][3][5] Signos Los signos clínicos de la celulitis preseptal incluyen: Edema y eritema palpebral Aumento de la temperatura local Ptosis La celulitis orbitaria presenta signos adicionales: Proptosis Quemosis conjuntival Limitación de los movimientos oculares (oftalmoplejía) Disminución de la agudeza visual Defecto pupilar aferente relativo[1][2][5] Exploración La exploración física debe incluir: Evaluación de la agudeza visual Examen de los movimientos oculares. Valoración de la presencia de proptosis Exploración del reflejo pupilar Evaluación de la presencia de signos meníngeos Examen de la nariz y la boca para identificar posibles focos infecciosos[3][5] Es fundamental diferenciar entre celulitis preseptal y orbitaria, ya que esta última requiere un manejo más agresivo[2]. Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas incluyen: Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) de órbitas y senos paranasales: esenciales para confirmar el diagnóstico y evaluar la extensión de la infección[2][5] Hemocultivos: se recomiendan en casos de celulitis orbitaria, aunque su rendimiento es bajo (positivos en menos del 33% de los casos)[4] Punción lumbar: si se sospecha meningitis asociada[5] Cultivos de secreciones sinusales: en casos de origen sinusal[5] Manejo de emergencias El manejo en emergencias debe seguir estos principios: Evaluación rápida para diferenciar entre celulitis preseptal y orbitaria. Inicio precoz de antibioterapia empírica: Para celulitis preseptal leve: antibióticos orales como amoxicilina-clavulánico[6] Para celulitis orbitaria o casos graves: antibióticos intravenosos de amplio espectro[5][6] Hospitalización para casos de celulitis orbitaria o celulitis preseptal con afectación sistémica[5][6] Consulta urgente con oftalmología y otorrinolaringología[3] Monitorización estrecha de la función visual y signos de progresión[4] Considerar intervención quirúrgica en casos de abscesos orbitarios, compromiso visual persistente o falta de respuesta al tratamiento médico[4][5] Es crucial un alto índice de sospecha y un manejo oportuno para prevenir complicaciones graves como la pérdida visual, meningitis o trombosis del seno cavernoso[1][4]. Cita [1] https://icrcat.com/enfermedades-oculares/celulitis-orbitaria/ [2] https://eyewiki.org/Orbital_Cellulitis [3] https://www.elsevier.es/es-revista-anales-pediatria-continuada-51-articulo-celulitis-preseptal-orbitaria-S1696281814702057 [4] https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3729811/ [5] https://www.msdmanuals.com/es-ec/professional/trastornos-oftálmicos/enfermedades-de-la-órbita/celulitis-preseptal-y-orbitaria [6] https://patient.info/doctor/orbital-and-preseptal-cellulitis [7] https://eyewiki.org/Preseptal_Cellulitis [8] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-oftálmicos/trastornos-de-la-cavidad-ocular-órbita/celulitis-orbitaria
- El ojo rojo
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El ojo rojo es un motivo de consulta frecuente en la práctica clínica, caracterizado por la dilatación de los vasos sanguíneos oculares superficiales que confieren un aspecto enrojecido al ojo[1]. Aunque generalmente se asocia a condiciones benignas, en algunos casos puede indicar patologías potencialmente graves que requieren atención inmediata[3]. Síntomas Los síntomas asociados al ojo rojo pueden variar según la etiología subyacente, pero incluyen: Sensación de cuerpo extraño o raspado Picazón o prurito ocular Lagrimeo excesivo Fotosensibilidad Secreción ocular (que puede ser acuosa, mucosa o purulenta) Visión borrosa en algunos casos[1][3] Es importante destacar que la presencia de dolor ocular intenso o disminución de la agudeza visual son signos de alarma que requieren evaluación urgente[3]. Signos clínicos Los principales signos clínicos observables en el ojo rojo incluyen: Hiperemia conjuntival: enrojecimiento difuso o localizado de la conjuntiva Edema palpebral o conjuntival (quemosis) Secreciones oculares de diversa naturaleza. Hemorragia subconjuntival (hiposfagma) en algunos casos Alteraciones corneales como opacidades o irregularidades en casos más graves[1][4] Exploración La exploración del ojo rojo debe ser sistemática y minuciosa, incluyendo los siguientes pasos: Evaluación de la agudeza visual Examen externo de párpados y anexos oculares Valoración del patrón de hiperemia (difusa o localizada) Exploración de la córnea y cámara anterior. Evaluación de la respuesta pupilar Medición de la presión intraocular si se sospecha glaucoma agudo Eversión de los párpados para descartar cuerpos extraños[5][7] Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas más comunes en la evaluación del ojo rojo incluyen: Tinción con fluoresceína : para detectar defectos epiteliales corneales Tonometría: medición de la presión intraocular Test de Schirmer: evaluación de la producción lagrimal Cultivos conjuntivales: en casos de sospecha de infección bacteriana Pruebas de alergia: si se sospecha etiología alérgica[5][7] En casos más complejos o que no responden al tratamiento inicial, pueden ser necesarias pruebas adicionales como la tomografía de coherencia óptica (OCT) o la angiografía con fluoresceína[3]. Manejo de emergencias El manejo del ojo rojo en el servicio de emergencias debe seguir estos principios: Evaluación rápida de signos de alarma (dolor intenso, pérdida de visión, trauma ocular) Alivio sintomático con lubricantes oculares y compresas frías. En caso de conjuntivitis bacteriana, inicie el tratamiento con antibióticos tópicos. Evitar el uso de corticoides tópicos sin supervisión oftalmológica. Remitir al oftalmólogo en casos de: Dolor ocular intenso Disminución de la agudeza visual Sospecha de queratitis o uveítis Traumatismo ocular penetrante Glaucoma agudo[3][7] Es fundamental educar al paciente sobre medidas de higiene y prevención, especialmente en casos infecciosos, para evitar la propagación y las recurrencias[6]. El ojo rojo es una presentación común, requiere una evaluación cuidadosa para descartar condiciones potencialmente graves. El manejo adecuado en atención primaria y servicios de emergencia, junto con la derivación oportuna al oftalmólogo cuando sea necesario, son clave para prevenir complicaciones y preservar la salud ocular del paciente. Citas [1] https://icrcat.com/remedios-para-el-ojo-rojo/ [2] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/pink-eye/symptoms-causes/syc-20376355 [3] https://www.msdmanuals.com/es-ec/professional/trastornos-oftálmicos/síntomas-de-los-problemas-oftálmicos/ojo-rojo [4] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/trastornos-oftálmicos/síntomas-de-los-trastornos-oculares/enrojecimiento-ocular [5] https://revistamedicasinergia.com/index.php/rms/article/download/1019/2261/7824 [6] https://algoritmos.aepap.org/algoritmo/79/ojo-rojo [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003031.htm [8] https://algoritmos.aepap.org/adjuntos/79_Ojo_rojo.pdf [9] https://cinfasalud.cinfa.com/p/ojo-rojo/ [10] https://www.comunidad.madrid/hospital/gregoriomaranon/file/3454/download?token=x_HOziG4 [11] https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2018-01/el-ojo-rojo-en-pediatria/
- Lesiones oculares penetrantes
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las lesiones oculares penetrantes representan una emergencia oftalmológica grave que requiere atención médica inmediata. Estas lesiones implican una ruptura de la integridad del globo ocular, lo que puede resultar en daños significativos y potencial pérdida de visión si no se maneja adecuadamente[1][3]. Síntomas Los pacientes con lesiones oculares penetrantes pueden experimentar: Dolor ocular intenso Disminución repentina de la agudeza visual Sensación de cuerpo extraño Fotofobia (sensibilidad a la luz) Lagrimeo excesivo Visión borrosa o distorsionada[1][5] Signos La evaluación clínica puede revelar: Laceración visible en la córnea o esclerótica Pérdida de humor acuoso (signo de Seidel positivo) Cámara anterior poco profunda o muy profunda Pupila irregular (posible hernia del iris) Ausencia de reflejo rojo (indicativo de hemorragia vítrea o lesión retiniana) Hifema (sangre en la cámara anterior) Prolapso del contenido ocular (tejido uveal, cristalino, humor vítreo o retina)[1][3][7] Exploración La exploración debe ser cuidadosa para evitar aumentar la presión intraocular: Evaluación de la agudeza visual en cada ojo por separado Examen de los campos visuales por confrontación Evaluación de la respuesta pupilar directa y consensual Inspección de la conjuntiva y córnea en busca de cuerpos extraños y laceraciones Examen con lámpara de hendidura (si está disponible) Evaluación de los movimientos extraoculares. Exploración del fondo de ojo (si es posible)[1][3][7] Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas pueden incluir: Tomografía axial computarizada (TAC): Es la prueba de elección para evaluar lesiones sospechosas de globo abierto, con una sensibilidad y especificidad entre 56% y 100%[6]. Ecografía ocular: Útil para evaluar el estado de la retina y detectar cuerpos extraños intraoculares, especialmente cuando hay opacidad de medios[2]. Estudio electrofisiológico del nervio óptico: Mediante electrorretinografía o potenciales evocados, puede descartar avulsión del nervio óptico[6]. Radiografía orbital: Puede ser útil para detectar cuerpos extraños radiopacos[3]. Manejo de emergencias El manejo inicial en emergencias es crucial: No aplique presión sobre el globo ocular. Coloque un protector ocular rígido sin ejercer presión. Evitar la administración de medicamentos tópicos. Administrar analgésicos sistémicos y antieméticos para prevenir el aumento de la presión intraocular. Iniciar profilaxis antibiótica sistémica. Actualizar la vacunación antitetánica si es necesario. Realizar una evaluación oftalmológica urgente. Preparar al paciente para una posible intervención quirúrgica de emergencia[1][3][6]. El tratamiento definitivo debe realizarse idealmente en las primeras 24 horas, mediante el cierre primario rápido del globo ocular, lo que puede preservar la visión totalmente hasta en un 75% de los pacientes[6]. Las lesiones oculares penetrantes requieren un diagnóstico rápido y preciso, seguido de un manejo cuidadoso y oportuno. La colaboración entre los servicios de emergencia y oftalmología es esencial para optimizar los resultados visuales y prevenir complicaciones graves como la endoftalmitis. Citas [1] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1135-76062002000300001&script=sci_arttext [2] http://www.oftalmo.com/publicaciones/vitreorretiniana/capitulo14.htm [3] https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?pid=S1409-00152016000200086&script=sci_arttext [4] https://icrcat.com/enfermedades-oculares/traumatismos-oculares/ [5] https://icrcat.com/enfermedades-oculares/lesiones-en-la-cornea-laceracion-abrasion/ [6] https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-familia-semergen-40-articulo-traumatismo-ocular-con-cuerpo-extrano-S1138359315001525 [7] https://www.msdmanuals.com/es/professional/lesiones-y-envenenamientos/traumatismos-oculares/contusiones-y-laceraciones-oculares [8] https://www.allaboutvision.com/es/condiciones/lesion-ocular.htm
