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  • Vértigo

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El vértigo es una ilusión de movimiento, generalmente de rotación, que se produce sin que exista un estímulo real. Es un síntoma frecuente en la práctica clínica que puede tener diversas etiologías, tanto benignas como potencialmente graves. Síntomas Los principales síntomas del vértigo incluyen: Sensación de giro o movimiento del entorno o de uno mismo[1][7] Inestabilidad o pérdida del equilibrio[1][7] Náuseas y vómitos[1][8] Mareo[7] Sensación de presión en los oídos[7] La duración e intensidad de los síntomas pueden variar según la causa subyacente. Por ejemplo, en el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), los episodios suelen ser breves (segundos a minutos) y desencadenados por cambios en la posición de la cabeza[8]. Signos clínicos Los principales signos clínicos asociados al vértigo son: Nistagmo: movimientos oculares rítmicos e involuntarios[3][11] Inestabilidad en la marcha[1][7] Palidez y sudoración[12] Hipoacusia en casos de origen periférico[7] Signos neurológicos focales en casos de origen central[9] Exploración La exploración del paciente con vértigo debe incluir: Anamnesis detallada: inicio, duración, factores desencadenantes y síntomas asociados[6]. Exploración otológica: otoscopia para descartar patología del oído medio[3]. Exploración neurológica: pares craneales, coordinación, marcha[9]. Maniobras posicionales: Maniobra de Dix-Hallpike: para diagnóstico de VPPB del canal semicircular posterior[3]. Prueba de impulso cefálico: evalúa la función del reflejo vestíbulo-ocular[3]. Evaluación del nistagmo: dirección, duración y características[3][11]. Pruebas diagnósticas Las principales pruebas diagnósticas utilizadas en el estudio del vértigo son: Audiometría: para evaluar pérdida auditiva asociada[3]. Videonistagmografía: registro de los movimientos oculares durante estimulación vestibular[3]. Potenciales vestibulares miogénicos evocados (PVME): evalúa la función del sáculo y utrículo[3]. Pruebas de imagen: Resonancia magnética cerebral: indicada en casos de sospecha de patología central[9]. Tomografía computarizada: útil en traumatismos o sospecha de patología ósea del oído[9]. Pruebas calóricas: evalúan la función de los canales semicirculares horizontales[3]. Manejo en Emergencias El abordaje del vértigo en el servicio de emergencias debe seguir estos pasos: Evaluación inicial: descartar causas potencialmente graves como el ictus vertebrobasilar[4][9]. Tratamiento sintomático: Antieméticos: metoclopramida o ondansetrón para controlar náuseas y vómitos[4]. Sedantes vestibulares: difenhidramina o diazepam para aliviar el vértigo agudo[4]. Maniobras de reposición: en casos de VPPB, la maniobra de Epley puede ser efectiva[8]. Hidratación : especialmente en pacientes con vómitos persistentes[4]. Educación al paciente: explicar la naturaleza benigna de la mayoría de los casos y las medidas de prevención[7]. Derivación: referir a especialista (otorrinolaringólogo o neurólogo) en casos complejos o recurrentes[9]. Es fundamental realizar un diagnóstico diferencial adecuado entre vértigo periférico y central, ya que este último puede ser indicativo de patologías graves que requieren atención urgente[9]. El manejo del vértigo en emergencias debe ser individualizado, considerando la etiología subyacente y la severidad de los síntomas. Citas [1] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001420.htm [2] https://www.youtube.com/watch?v=1kEk9AjLL8I [3] https://medlineplus.gov/spanish/pruebas-de-laboratorio/pruebas-del-equilibrio/ [4] https://revistaemergencias.org/numeros-anteriores/volumen-8/numero-2/guia-de-actuacion-para-el-manejo-del-paciente-con-vertigo-en-un-servicio-de-urgencias/ [5] https://revistamedicasinergia.com/index.php/rms/article/download/870/1834/5724 [6] https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0001-60022002000100003 [7] https://www.gaes.ec/enfermedades-oido/vertigo [8] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/vertigo/symptoms-causes/syc-20370055 [9] https://revistamedicasinergia.com/index.php/rms/article/download/813/1613/5197 [10] https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-integral-63-articulo-un-paciente-con-vertigo-13034629 [11] https://vivolabs.es/vertigo-sintomas-tipos-causas-y-tratamiento/ [12] https://algoritmos.aepap.org/adjuntos/VERTIGO_CENTRAL_version_4.pdf

  • Sinusitis paranasal

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La sinusitis paranasal es la inflamación de uno o más senos paranasales, generalmente como complicación de una infección respiratoria viral[1][2]. Esta condición afecta tanto a niños como a adultos y puede clasificarse como aguda (duración menor a 30 días), subaguda (30-90 días), recurrente o crónica (más de 90 días)[6]. Síntomas Los principales síntomas de la sinusitis paranasal incluyen: Dolor y presión facial, que empeora al inclinarse hacia adelante Congestión nasal con secreción mucosa verde o amarilla Dolor de cabeza Fatiga y malestar general Fiebre Tos, que tiende a empeorar por la noche Pérdida parcial o total del sentido del olfato Dolor de garganta y goteo posnasal[2][3] La localización del dolor puede variar según los senos afectados. Por ejemplo, la sinusitis frontal puede causar dolor sobre las cejas, mientras que la sinusitis maxilar puede provocar dolor en la mandíbula superior y los dientes[3]. Signos clínicos Los signos clínicos más comunes de la sinusitis paranasal son: Sensibilidad a la palpación sobre los senos afectados Edema y eritema de la mucosa nasal Presencia de secreción purulenta en las fosas nasales Halitosis (mal aliento) Fiebre (en casos de infección bacteriana)[1][3] Exploración La exploración física debe incluir: Rinoscopia anterior para evaluar la mucosa nasal y la presencia de secreciones Palpación de los senos paranasales para detectar puntos dolorosos Examen de la cavidad oral y orofaringe Otoscopia para descartar complicaciones óticas Evaluación de los ganglios linfáticos cervicales[4] Pruebas diagnósticas El diagnóstico inicial de la sinusitis aguda es principalmente clínico, basado en los síntomas, signos y el examen físico[4]. Sin embargo, en casos de sinusitis crónica o complicada, se pueden realizar las siguientes pruebas: Endoscopia nasal: permite una visualización directa de la mucosa nasal y los meatos sinusales Tomografía computarizada (TC) de senos paranasales: es el estudio de imagen de elección cuando se requiere una evaluación más detallada Cultivo de secreciones nasales: útil en casos refractarios al tratamiento o sospecha de complicaciones[4][6] Es importante destacar que no se recomienda el uso rutinario de radiografías simples debido a su baja sensibilidad y especificidad[4]. Manejo en Emergencias El manejo de la sinusitis paranasal en el servicio de emergencias se centra en aliviar los síntomas y tratar la causa subyacente: Analgesia: para el control del dolor y la fiebre, se pueden utilizar antiinflamatorios no esteroideos o paracetamol[1]. Descongestión: los vasoconstrictores tópicos o sistémicos pueden ayudar a reducir la congestión nasal[6]. Irrigación nasal: con solución salina para mejorar el drenaje de los senos[1]. Antibióticos: en casos de sospecha de infección bacteriana, se recomienda el uso de amoxicilina/ácido clavulánico o doxiciclina como primera línea de tratamiento[6]. Corticosteroides intranasales: pueden ser útiles para reducir la inflamación, aunque su uso en sinusitis aguda es controvertido[7]. Evaluación de complicaciones: en casos de sospecha de complicaciones orbitarias o intracraneales, se debe realizar una evaluación urgente y considerar la derivación a especialistas[6]. Es fundamental educar al paciente sobre la naturaleza autolimitada de muchos casos de sinusitis y la importancia de completar el tratamiento prescrito. En casos de sinusitis recurrente o crónica, puede ser necesaria la derivación a un otorrinolaringólogo para considerar opciones de tratamiento adicionales, incluyendo la posibilidad de intervención quirúrgica[1][6]. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/trastornos-otorrinolaringológicos/trastornos-de-la-nariz-y-de-los-senos-paranasales/sinusitis [2] https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/respiratorias/sinusitis.html [3] https://www.bupasalud.com.ec/salud/sinusitis [4] https://www.danilomantilla.org/post/sinusitis [5] https://puertomaderoeditorial.com.ar/index.php/pmea/catalog/download/4/63/77?inline=1 [6] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-otorrinolaringológicos/trastornos-de-la-nariz-y-los-senos-paranasales/sinusitis [7] https://ciencialatina.org/index.php/cienciala/article/download/4020/6104?inline=1 [8] https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1139-76322013000400002

  • Prueba de Rinne

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La prueba de Rinne es una exploración clínica fundamental en el campo de la otorrinolaringología, utilizada para el diagnóstico diferencial de las hipoacusias o pérdidas auditivas[1]. Esta prueba, desarrollada por Adolf Rinne en 1855, permite distinguir entre hipoacusias conductivas y neurosensoriales, proporcionando información valiosa sobre la naturaleza de la pérdida auditiva[2]. Síntomas Aunque la prueba de Rinne no se centra en síntomas específicos, se utiliza en pacientes que presentan Disminución de la audición Dificultad para entender conversaciones Sensación de oído tapado Zumbidos o acúfenos Es importante destacar que estos síntomas pueden estar presentes tanto en hipoacusias conductivas como neurosensoriales, lo que resalta la importancia de la prueba de Rinne para diferenciarlas[1][4]. Signos Clínicos Los signos clínicos que pueden llevar a la realización de una prueba de Rinne incluyen: Respuesta disminuida a estímulos auditivos Necesidad de aumentar el volumen de dispositivos de audio Dificultad para localizar la fuente del sonido Cambios en la calidad de la voz del paciente Estos signos pueden ser sutiles y requieren una evaluación cuidadosa por parte del profesional de la salud[4]. Exploración La exploración mediante la prueba de Rinne se realiza de la siguiente manera: Se utiliza un diapasón, generalmente de 512 Hz. Se golpea el diapasón para producir una vibración. Se coloca la base del diapasón en la apófisis mastoides del paciente (conducción ósea). Cuando el paciente ya no percibe el sonido, se coloca el diapasón cerca del meato auditivo externo (conducción aérea)[1][2]. El examinador compara la capacidad del paciente para percibir el sonido en ambas posiciones. En una audición normal o en una hipoacusia neurosensorial, la conducción aérea es mejor que la ósea (Rinne positivo). En una hipoacusia conductiva, la conducción ósea es mejor (Rinne negativo)[1][5]. Pruebas Diagnósticas La prueba de Rinne forma parte de un conjunto de pruebas diagnósticas para evaluar la audición: Audiometría tonal liminar: Proporciona una evaluación cuantitativa de la audición. Prueba de Weber: Complementa la prueba de Rinne, ayudando a lateralizar la pérdida auditiva. Timpanometría: Evalúa la función del oído medio. Potenciales evocados auditivos: Evalúan la integridad de la vía auditiva[3][4]. Estas pruebas, en conjunto, proporcionan una evaluación completa de la función auditiva y ayudan a determinar la naturaleza y la gravedad de la pérdida auditiva. Manejo en Emergencias Aunque la prueba de Rinne no es típicamente una prueba de emergencia, puede ser útil en ciertas situaciones agudas: Pérdida súbita de audición: La prueba puede ayudar a determinar rápidamente si la pérdida es conductiva o neurosensorial. Trauma auditivo: En casos de lesiones en el oído, puede proporcionar información inicial sobre el tipo de daño. Barotrauma: Puede ser útil para evaluar los efectos de cambios rápidos de presión en la audición[4]. En estos casos, la prueba de Rinne puede guiar las decisiones iniciales de tratamiento, pero siempre debe ser seguida por una evaluación audiológica completa y, si es necesario, estudios de imagen[4]. La prueba de Rinne, a pesar de su simplicidad, sigue siendo una herramienta valiosa en la evaluación inicial de la pérdida auditiva. Su capacidad para diferenciar entre hipoacusias conductivas y neurosensoriales la convierte en un componente esencial del examen otorrinolaringológico, guiando el diagnóstico y el manejo subsiguiente de los trastornos auditivos[1][5]. Citas [1] https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/rinne [2] https://gpnotebook.com/es/pages/otorrinolaringologia/evaluacion-de-la-audicion/prueba-de-rinne [3] https://www.gaesmedica.com/es-es/libro-blanco-presbiacusia/exploracion-auditiva-presbiacusia [4] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-otorrinolaringológicos/pérdida-de-audición-y-sordera/pérdida-de-audición [5] https://gpnotebook.com/es/pages/otorrinolaringologia/prueba-de-rinne/interpretacion-de-los-resultados [6] https://www.scielo.cl/pdf/orl/v69n2/art07.pdf [7] https://www.cun.es/diccionario-medico/terminos/prueba-rinne [8] https://es.wikipedia.org/wiki/Prueba_de_Rinne

  • Prueba de Weber

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La prueba de Weber, desarrollada por Ernst Heinrich Weber en 1834, es una técnica de evaluación auditiva ampliamente utilizada en la práctica clínica otorrinolaringológica[2]. Esta prueba se emplea principalmente para detectar la pérdida auditiva unilateral y comparar la conducción ósea en ambos oídos[6]. A pesar de su antigüedad, sigue siendo una herramienta valiosa en el diagnóstico diferencial de trastornos auditivos. Síntomas Aunque la prueba de Weber en sí no produce síntomas, se utiliza para evaluar pacientes que presentan: Disminución unilateral de la audición Sensación de audición asimétrica Tinnitus unilateral Vértigo asociado a problemas auditivos Es importante destacar que estos síntomas pueden ser indicativos de diversas patologías auditivas, y la prueba de Weber ayuda a diferenciar entre ellas[4]. Signos Clínicos Los signos clínicos que se evalúan durante la prueba de Weber incluyen: Lateralización del sonido: El paciente percibe el sonido más fuerte en un oído que en el otro. Audición central: El paciente percibe el sonido en el centro de la cabeza, lo que sugiere una audición simétrica. La interpretación de estos signos es crucial para el diagnóstico diferencial entre hipoacusia conductiva y neurosensorial[2][4]. Exploración La exploración mediante la prueba de Weber se realiza de la siguiente manera: Se utiliza un diapasón vibrante de 512 Hz. El diapasón se coloca en el centro de la frente del paciente. Se solicita al paciente que indique dónde percibe el sonido: en el centro o hacia un lado[6]. Es fundamental realizar esta prueba en conjunto con otras evaluaciones auditivas, como la prueba de Rinne, para obtener una evaluación más completa[4]. Pruebas Diagnósticas La prueba de Weber forma parte de un conjunto de pruebas diagnósticas en otorrinolaringología: Audiometría: Proporciona una evaluación cuantitativa de la audición y sirve como patrón de oro para validar los resultados de la prueba de Weber[4]. Prueba de Rinne: Complementa la prueba de Weber al comparar la conducción aérea y ósea en cada oído individualmente[2]. Timpanometría: Evalúa la función del oído medio y puede ayudar a confirmar sospechas de hipoacusia conductiva[3]. Es importante señalar que, aunque estas pruebas son útiles, tienen limitaciones en su precisión diagnóstica. Un estudio mostró que la prueba de Weber tiene un cociente de probabilidad positivo de solo 1,6 a 1,7, lo que indica una precisión diagnóstica limitada[4]. Manejo en Emergencias En situaciones de emergencia, la prueba de Weber puede ser útil para: Evaluación rápida de pérdida auditiva súbita : Puede ayudar a diferenciar entre causas conductivas y neurosensoriales[4]. Detección de complicaciones postoperatorias: Se utiliza para comprobar la actividad auditiva después de intervenciones otológicas[6]. Evaluación inicial en traumatismos craneales: Puede indicar la presencia de lesiones que afecten la vía auditiva. Sin embargo, es crucial recordar que la prueba de Weber no debe utilizarse de forma aislada para tomar decisiones críticas en emergencias. Siempre debe combinarse con una evaluación clínica completa y, cuando sea posible, con pruebas audiométricas más precisas[4]. La prueba de Weber, a pesar de sus limitaciones, sigue siendo una herramienta valiosa en la práctica clínica otorrinolaringológica. Su simplicidad y rapidez la hacen útil para la evaluación inicial de problemas auditivos, pero debe interpretarse con cautela y en el contexto de una evaluación más amplia. Los profesionales de la salud deben ser conscientes de sus limitaciones y utilizarla como parte de un enfoque diagnóstico integral. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/salud-infantil/síndromes-neurocutáneos-en-niños/síndrome-de-sturge-weber [2] https://revotorrino.sld.cu/index.php/otl/article/view/230/377 [3] https://www.msdmanuals.com/es/professional/pediatría/síndromes-neurocutáneos/síndrome-de-sturge-weber [4] https://www.murciasalud.es/preevid/22280 [5] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0026-17422016000500042 [6] https://gpnotebook.com/es/pages/otorrinolaringologia/evaluacion-de-la-audicion/prueba-de-weber [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001426.htm

  • Enfermedad calculosa

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La enfermedad calculosa, también conocida como litiasis, es una condición médica caracterizada por la formación de cálculos o piedras en diferentes órganos del cuerpo, principalmente en el sistema urinario y biliar. Esta patología es frecuente en la población general, con una prevalencia que varía entre el 5.9% y el 21.9% a nivel mundial, siendo Latinoamérica una de las regiones con mayor incidencia[1][3]. Síntomas Los síntomas de la enfermedad calculosa pueden variar dependiendo de la localización de los cálculos. En el caso de la litiasis renal, los pacientes pueden experimentar: Dolor intenso en la espalda o en la región abdominal inferior Malestar vago o dolor sordo en el abdomen Dolor al orinar Dolor en la ingle o en el muslo Náuseas y vómitos ocasionales Fiebre y escalofríos Urgencia frecuente de orinar[1][5] En la litiasis biliar, los síntomas más comunes incluyen: Dolor abdominal agudo constante en el hipocondrio derecho Náuseas y vómitos Fiebre entre 37.5 y 39°C[3] Signos clínicos Los signos clínicos más relevantes en la enfermedad calculosa incluyen: Presencia de sangre en la orina (hematuria) Orina turbia o con mal olor Hipersensibilidad en el hipocondrio derecho (en caso de litiasis biliar) Signo de Murphy positivo (en colecistitis) Resistencia muscular a la exploración abdominal[1][3] Exploración Durante la exploración física, el médico debe prestar atención a: Palpación abdominal, especialmente en el hipocondrio derecho y región lumbar Evaluación del signo de Murphy Búsqueda de signos de infección o inflamación, como fiebre o taquicardia Valoración de la estabilidad hemodinámica[3] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la enfermedad calculosa se basa en una combinación de hallazgos clínicos y pruebas complementarias: Análisis de orina: Puede revelar hematuria, cristaluria o signos de infección[5]. Estudios de imagen: Ecografía: Es la prueba no invasiva de primera elección para la litiasis biliar y renal[3]. Tomografía computarizada (TC): Especialmente útil para la detección de cálculos renales[7]. Radiografía simple de abdomen: Puede mostrar cálculos radiopacos[8]. Análisis de sangre: Puede revelar alteraciones bioquímicas como leucocitosis, aumento de bilirrubinas y fosfatasa alcalina[3]. Análisis del cálculo : Si se recupera un cálculo expulsado, su análisis puede proporcionar información valiosa sobre su composición y etiología[5][8]. Manejo en Emergencias El manejo de la enfermedad calculosa en el servicio de emergencias se centra en el control del dolor y la prevención de complicaciones: Control del dolor: Administración de analgésicos, generalmente antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) o opioides en casos severos. Hidratación: Mantener una adecuada hidratación para favorecer la eliminación del cálculo. Antieméticos: Para controlar las náuseas y vómitos asociados. Antibióticos: En caso de sospecha de infección urinaria o biliar asociada. Evaluación de la función renal y hepática según corresponda. Considerar intervenciones urgentes como la descompresión biliar en casos de colangitis o la derivación urinaria en casos de uropatía obstructiva[3][7] La enfermedad calculosa es una patología frecuente que requiere un abordaje diagnóstico y terapéutico integral. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con el uso apropiado de las pruebas diagnósticas, es fundamental para un manejo adecuado y la prevención de complicaciones. El tratamiento en emergencias se centra en el alivio sintomático y la estabilización del paciente, mientras se planifica el manejo definitivo que puede incluir desde medidas conservadoras hasta intervenciones quirúrgicas según la severidad y localización de los cálculos. Citas [1] https://www.bostonscientific.com/es-MX/health-conditions/calculos-renales/basics/symptoms-and-diagnosis.html [2] https://www.redalyc.org/pdf/2310/231018725007.pdf [3] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0026-17422018000400035 [4] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1561-31942012000100021&script=sci_arttext [5] https://medlineplus.gov/spanish/pruebas-de-laboratorio/analisis-de-calculos-renales/ [6] https://www.nefrologiaaldia.org/es-articulo-litiasis-urinaria-de-causa-genetica-621 [7] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/trastornos-renales-y-del-tracto-urinario/cálculos-en-las-vías-urinarias/cálculos-en-las-vías-urinarias?ruleredirectid=755 [8] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/litiasis-renal

  • Parotiditis bilateral aguda

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La parotiditis bilateral aguda es una inflamación de las glándulas parótidas, generalmente causada por agentes infecciosos, siendo el virus Paramyxoviridae el más común en la parotiditis viral epidémica, también conocida como paperas[4]. Este artículo académico abordará los aspectos clave de esta condición, incluyendo síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas La parotiditis bilateral aguda se caracteriza por una serie de síntomas que suelen aparecer después de un período de incubación de 12 a 24 días[2]. Los síntomas iniciales incluyen: General de Malestar Mialgias Cefalea Anorexia Febrícula o fiebre moderada Estos síntomas prodrómicos suelen durar de 1 a 3 días[1]. Posteriormente, aparecen molestias en la región parotídea, que pueden ser unilaterales inicialmente, pero en la mayoría de los casos se vuelven bilaterales[1][2]. El dolor se exacerba con la masticación y la deglución, especialmente al ingerir líquidos ácidos[2]. Signos clínicos Los signos clínicos más relevantes de la parotiditis bilateral aguda son: Tumefacción parotídea bilateral, que alcanza su máximo grado a los 2-3 días[1][2] Pérdida del ángulo mandibular debido a la inflamación[1] Elevación del lóbulo de la oreja[5] Fiebre que puede alcanzar los 39,5 a 40°C y persistir durante 24 a 72 horas[2] Posible afectación de otras glándulas salivales, principalmente la submaxilar[1] La inflamación glandular suele durar entre 5 y 7 días[2]. Exploración La exploración física en casos de parotiditis bilateral aguda debe incluir: Palpación de la región parotídea para evaluar la textura y el tamaño de las glándulas afectadas, así como signos de infección externa (calor, rubor y edema)[4] Valoración de la cavidad oral, incluyendo el conducto de Stenon, con masaje de la glándula e intento de drenaje de saliva o material purulento[4] Palpación cervical en busca de adenopatías[4] Evaluación del conducto auditivo[4] Exploración neurológica, con énfasis en los pares craneales trigémino (V) y facial (VII)[4] Es importante realizar una exploración completa por aparatos para detectar posibles complicaciones, como orquitis, ooforitis, pancreatitis o mastitis[4]. Pruebas diagnósticas Aunque el diagnóstico de la parotiditis bilateral aguda es principalmente clínico, se pueden realizar las siguientes pruebas diagnósticas: Hemograma y bioquímica con función hepática, PCR, LDH, ácido úrico y amilasa[3] Detección del virus por cultivo tisular o RT-PCR (transcripción inversa-PCR)[2] Pruebas serológicas para detectar anticuerpos específicos[2] Ecografía, que se ha convertido en la prueba de elección para el diagnóstico y seguimiento[1] Resonancia magnética (RMN) o tomografía computarizada (TC) en caso de detectar lesiones sólidas en la ecografía[1] La PCR se considera el mejor método de diagnóstico disponible para detectar la infección por el virus de la parotiditis, tanto en individuos vacunados como no vacunados[4]. Manejo de emergencias El manejo de la parotiditis bilateral aguda en el servicio de emergencias se centra principalmente en el tratamiento sintomático y la prevención de complicaciones: Rehidratación abundante, que es fundamental para el manejo de la enfermedad[4] Administración de analgésicos y antipiréticos para aliviar el dolor y la fiebre. Aplicación de compresas frías o calientes en la región parotídea para reducir la inflamación y el dolor. En casos de sospecha de parotiditis, se deben recoger muestras de sangre, orina y frotis de la salida del conducto de Stenon para análisis microbiológico[3]. Realización de pruebas complementarias como hemograma, bioquímica y radiografía de tórax según la presentación clínica[3] Es importante destacar que la mayoría de los casos de parotiditis bilateral aguda son autolimitados y no requieren tratamiento específico más allá del manejo sintomático[4]. Sin embargo, se debe estar atento a posibles complicaciones y derivar al paciente a atención especializada si se sospecha de complicaciones graves o si el cuadro no mejora con el tratamiento sintomático. Citas [1] https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2014-04/parotiditis-y-otras-afecciones-de-las-glandulas-salivales/ [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/pediatría/infecciones-virales-comunes-en-lactantes-y-niños/parotiditis [3] https://manualclinico.hospitaluvrocio.es/urgencias-de-pediatria/infectologia/masas-cervicales-parotiditis-aguda-adenitis-aguda-y-subagudas/ [4] https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/7_parotiditis.pdf [5] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/parotiditis-paperas [6] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/salud-infantil/infecciones-víricas-frecuentes-en-lactantes-y-niños/parotiditis

  • Problemas de las glándulas salivales

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las glándulas salivales desempeñan un papel crucial en la salud oral y digestiva. Sin embargo, diversas condiciones pueden afectar su funcionamiento normal, provocando una serie de síntomas y complicaciones. Este artículo aborda los aspectos más relevantes de los problemas de las glándulas salivales, incluyendo síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los problemas de las glándulas salivales pueden manifestarse a través de diversos síntomas: Sequedad bucal (xerostomía) Dificultad para masticar y tragar Alteraciones del gusto Dolor en la cara o en la boca Mal sabor en la boca Inflamación en la cara, cuello o debajo de la lengua[1] En casos de infección, los pacientes pueden experimentar fiebre y malestar general. La sialoadenitis recurrente se caracteriza por episodios periódicos de inflamación y aumento de volumen de la glándula parótida, acompañados de fiebre[5]. Signos clínicos Los signos clínicos más comunes incluyen: Inflamación visible de las glándulas salivales, especialmente la parótida. Enrojecimiento de la piel sobre la glándula afectada Sensibilidad o dolor a la palpación. Disminución del flujo salival Presencia de secreción purulenta en el conducto salival[1][5] En casos de obstrucción, puede observarse un aumento de tamaño de la glándula afectada durante la ingesta de alimentos[8]. Exploración La exploración clínica de las glándulas salivales debe ser metódica y completa: Inspección visual de la cara y cuello para detectar asimetrías o inflamaciones. Palpación bimanual de las glándulas, evaluando consistencia, tamaño y sensibilidad. Examen del orificio del conducto salival, buscando signos de inflamación o secreción anormal. Evaluación de la permeabilidad del conducto mediante la estimulación del flujo salival[5]. Es importante realizar una exploración intraoral completa para descartar focos odontógenos que puedan estar relacionados con la patología salival[3]. Pruebas diagnósticas Para un diagnóstico preciso, se pueden emplear diversas pruebas: Biometría hemática Ecografía de alta resolución Sialografía por resonancia magnética nuclear Tomografía computarizada (TC) Biopsia por aspiración con aguja fina Sialoendoscopia Gammagrafia de glandulas salivales Cultivo microbiológico de secreciones[5][7] La elección de las pruebas dependerá de la presentación clínica y la sospecha diagnóstica. La TC o la resonancia magnética son particularmente útiles para evaluar la extensión de la lesión y descartar procesos neoplásicos[3][7]. Manejo de emergencias El manejo de emergencias de los problemas de las glándulas salivales se centra en aliviar los síntomas y tratar la causa subyacente: Analgesia y antiinflamatorios para controlar el dolor y la inflamación. Antibioterapia empírica en casos de sospecha de infección bacteriana. Se pueden utilizar: Amoxicilina-clavulánico: 40-80 mg/kg/día en 3 dosis Clindamicina: 25 mg/kg/día en 3-4 dosis Eritromicina: 50 mg/kg/día en 3 dosis[3] Hidratación adecuada y estimulación del flujo salival. En casos de obstrucción, puede ser necesario el drenaje o la extracción de cálculos. Los criterios de ingreso hospitalario incluyen: Disney Disfagia severa Trismo Síndrome febril sin foco en pacientes inmunodeprimidos[3] Es fundamental realizar un seguimiento estrecho y derivar a especialistas en cirugía maxilofacial o otorrinolaringología en casos que no respondan al tratamiento inicial o presenten signos de alarma. Los problemas de las glándulas salivales abarcan un amplio espectro de condiciones que requieren un abordaje diagnóstico y terapéutico preciso. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con una evaluación diagnóstica adecuada, es crucial para un manejo efectivo y la prevención de complicaciones. Citas [1] https://www.nidcr.nih.gov/espanol/temas-de-salud/saliva-trastornos-glandulas-salivales [2] https://www.elsevier.es/es-revista-seminarios-fundacion-espanola-reumatologia-274-articulo-enfermedades-sistemicas-que-afectan-las-S1577356610000503 [3] https://manualclinico.hospitaluvrocio.es/urgencias-de-pediatria/cirugia-oral-y-maxilofacial/patologia-aguda-de-las-glandulas-salivales/ [4] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9549378.pdf [5] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0186-23912015000200009 [6] https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1698-69462006000500015 [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001041.htm [8] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/trastornos-otorrinolaringológicos/trastornos-de-la-boca-y-la-garganta/trastornos-de-las-glándulas-salivales

  • Pendientes incrustados

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Los pendientes incrustados representan una complicación frecuente en la población pediátrica, especialmente en aquellos con lóbulos horribles y carnosos[1]. Esta condición ocurre cuando el cierre del pendiente, generalmente de tipo rosca, se incrusta en el tejido subcutáneo del lóbulo de la oreja, lo que puede llevar a complicaciones si no se maneja adecuadamente[1]. Síntomas Los pacientes con pendientes incrustados pueden presentar: Dolor localizado en el lóbulo de la oreja. Sensación de presión en el área afectada Dificultad para manipular o retirar el pendiente Incomodidad al dormir sobre el lado afectado Signos clínicos La evaluación clínica de un pendiente incrustado puede revelar: Enrojecimiento e inflamación alrededor del sitio de inserción del pendiente. Tejido de granulación que rodea parcial o totalmente el cierre del pendiente. Secreción purulenta en casos de infección secundaria. Deformidad visible del lóbulo de la oreja. Exploración La exploración de un paciente con sospecha de pendiente incrustado debe ser metódica y cuidadosa: Inspección visual del lóbulo de la oreja, observando signos de inflamación o deformidad[1]. Palpación suave del área afectada para evaluar el grado de incrustación y la presencia de tejido de granulación[1]. Evaluación de la movilidad del pendiente, si es visible. Examen de la piel circundante en busca de signos de infección o reacción alérgica. Pruebas diagnósticas En la mayoría de los casos, el diagnóstico de un pendiente incrustado se basa en la historia clínica y el examen físico. Sin embargo, en situaciones complejas, se pueden considerar las siguientes pruebas: Ultrasonido de tejidos blandos para determinar la profundidad de la incrustación y la relación con estructuras adyacentes. Cultivo de secreciones, si se sospecha infección, para guiar la terapia antibiótica. Manejo de emergencias El manejo de pendientes incrustados en el servicio de emergencias requiere un enfoque cuidadoso y sistemático: Evaluación inicial : Realizar una historia clínica detallada y un examen físico completo[1]. Control de la infección: Si hay signos de infección, inicie la terapia antibiótica empírica. Analgesia: Proporcionar analgesia adecuada antes de cualquier intervención. Extracción del pendiente: Preparar el entorno y los materiales necesarios[2]. Informar al paciente ya la familia sobre el procedimiento[2]. Realizar la extracción mediante métodos mecánicos o cirugía menor, según sea necesario[2]. Cuidados post-extracción: Limpiar y desinfectar la herida. Aplicar un apósito adecuado. Proporcionar instrucciones para el cuidado en casa[2]. Seguimiento: Programar una revisión para evaluar la cicatrización y descartar complicaciones. Educación: Instruir al paciente ya la familia sobre el uso adecuado de pendientes y cómo prevenir futuras incrustaciones[2]. Es fundamental que los profesionales de la salud estén familiarizados con esta condición y su manejo, ya que un abordaje oportuno y adecuado puede prevenir complicaciones y mejorar los resultados para el paciente. Además, la educación sobre el uso seguro de pendientes en la población pediátrica es crucial para prevenir esta y otras complicaciones relacionadas[1][2]. Citas [1] https://portal.ucol.mx/content/micrositios/74/file/Manual_primeros_auxilios.pdf [2] https://seup.org/pdf_public/Prort_Enferm/03_Extracci.pdf [3] https:/ / www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-54484/11 Exploración Resumida.pdf [4] https://vivolabs.es/10-sintomas-de-una-emergencia-medica/

  • Parálisis del nervio facial

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La parálisis del nervio facial es una condición neurológica que afecta al VII par craneal, resultando en la pérdida temporal o permanente de la función motora de los músculos faciales. Este trastorno puede tener diversas etiologías, siendo la más común la parálisis de Bell o parálisis facial idiopática[1][2]. Síntomas Los síntomas de la parálisis del nervio facial suelen aparecer de forma súbita y pueden incluir: Debilidad o parálisis unilateral de los músculos faciales. Dificultad para realizar expresiones faciales como sonreír o cerrar el ojo. Dolor detrás de la oreja que puede preceder a la paresia facial. Entumecimiento o sensación de pesadez en el rostro. Alteraciones en el lagrimeo. Cambios en el sentido del gusto. Sialorrea o babeo involuntario[1][2][3] En algunos casos, los pacientes pueden experimentar hiperacusia (sensibilidad aumentada a los sonidos) y disgeusia (alteración del sentido del gusto)[4]. Signos clínicos La exploración física revela signos característicos de la parálisis del nervio facial: Asimetría facial en reposo y durante movimientos voluntarios. Imposibilidad para levantar la ceja del lado afectado. Incapacidad para cerrar completamente el ojo (lagoftalmos) Desviación de la comisura labial hacia el lado sano. Aplanamiento del surco nasogeniano en el lado afectado. Fenómeno de Bell: movimiento del globo ocular hacia arriba y afuera al intentar cerrar el párpado[1][2][4] Es importante distinguir entre una parálisis facial periférica y una central, ya que esta última suele afectar principalmente la parte inferior del rostro, respetando la función del músculo frontal[2]. Exploración La evaluación clínica de un paciente con sospecha de parálisis del nervio facial debe incluir: Inspección de la simetría facial en reposo y durante movimientos voluntarios. Evaluación de la capacidad para cerrar los ojos y fruncir el frente. Valoración del tono muscular facial. Examen de la función de las glándulas salivales y lagrimales. Exploración otoscópica para descartar patologías del oído medio. Palpación de la región parotídea y cervical en busca de adenopatías[2][3] Pruebas diagnósticas Aunque el diagnóstico es principalmente clínico, se pueden realizar pruebas complementarias para evaluar la extensión del daño y descartar otras causas: Test de Schirmer para medir la producción lagrimal. Prueba de salivación Evaluación auditiva Estudios electrofisiológicos para valorar la afectación del nervio. Técnicas de imagen como TAC o resonancia magnética nuclear (RMN) para descartar lesiones estructurales[1][2] En casos específicos, se pueden solicitar pruebas adicionales como: Radiografía de tórax Medición de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) en suero. Pruebas para la enfermedad de Lyme. Determinación de glucosa sérica[2] Manejo de emergencias El manejo inicial de la parálisis del nervio facial en el servicio de urgencias debe enfocarse en: Protección ocular: Es crucial prevenir la sequía y las lesiones corneales. Se debe indicar: Lubricación ocular frecuente Uso de parche ocular nocturno Gafas protectoras durante el día[1][2] Tratamiento farmacológico: Corticosteroides: Se ha demostrado que la administración temprana de corticosteroides es beneficiosa en la parálisis de Bell. Se recomienda iniciar el tratamiento dentro de las primeras 72 horas del inicio de los síntomas[2]. Antivirales: Aunque su eficacia es discutida, algunos protocolos incluyen agentes antivirales, especialmente si se sospecha una etiología herpética[2]. Evaluación de la necesidad de estudios complementarios para descartar causas secundarias. Educación del paciente sobre el curso esperado de la enfermedad y la importancia del seguimiento. Derivación a especialistas (otorrinolaringología, neurología) para seguimiento y manejo a largo plazo si es necesario. Es importante recordar que la mayoría de los casos de parálisis de Bell son autolimitados y tienen un buen pronóstico, con una recuperación que generalmente ocurre en un plazo de 1 a 3 semanas[4]. Sin embargo, el manejo adecuado en la fase aguda puede mejorar los resultados y prevenir complicaciones. Citas [1] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/paralisis-facial [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-neurológicos/trastornos-neurooftalmológicos-y-de-los-pares-craneanos/parálisis-del-nervio-facial [3] https://docs.bvsalud.org/biblioref/2020/03/1052210/470-otro-832-1-10-20190711.pdf [4] https://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0001-63652001000100012 [5] https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-integral-63-articulo-unaparalisis-facial-periferica-12966 [6] https://www.elsevier.es/es-revista-acta-otorrinolaringologica-espanola-102-articulo-paralisis-facial-guia-practica-clinica-S0001651919300391?newsletter=true

  • Obstrucción del bolo alimenticio esofágico

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La obstrucción del bolo alimenticio esofágico es una condición médica que requiere atención inmediata y un manejo adecuado en el servicio de emergencias. Este artículo abordará los aspectos clave de esta patología, incluyendo sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas La presentación clínica de la obstrucción del bolo alimenticio esofágico se caracteriza principalmente por la aparición súbita de disfagia. Los pacientes suelen experimentar una sensación de “parada del bolo” en el esófago, que puede estar acompañado de los siguientes síntomas: Sialorrea (hipersalivación)[1][3] Odinofagia (dolor al tragar)[3] Dolor cervical o torácico[1][3] Regurgitación[2] Sensación de plenitud retroesternal[4] Náuseas y asfixia[4] En casos de obstrucción completa, los pacientes pueden ser incapaces de tragar incluso sus propias secreciones orales[4]. Signos clínicos La evaluación clínica de un paciente con sospecha de obstrucción del bolo alimenticio esofágico puede revelar los siguientes signos: Hipersalivación evidente[4] Dificultad para manejar secreciones orales[4] Signos de ansiedad e incomodidad[4] Hiperventilación (que puede simular dificultad respiratoria)[4] En casos graves, puede haber signos de deshidratación debido a la incapacidad para ingerir líquidos. Es importante destacar que la presencia de disnea real, estridor o sibilancias sugiere la posibilidad de un cuerpo extraño en la vía aérea en lugar del esófago[4]. Exploración La exploración física debe ser minuciosa y debe incluir: Examen orofaríngeo: Se deben explorar las fosas amigdalinas y la base de la lengua mediante visión y palpación[1]. Exploración faringo-laríngea completa: Debe incluir laringoscopia. Aunque esto no descarta la presencia de un cuerpo extraño en el esfínter esofágico superior, puede revelar signos indirectos como la retención salival en los senos piriformes[1]. Palpación cervical: Es crucial para detectar la presencia de enfisema subcutáneo, que podría indicar una complicación grave como la perforación[1]. Auscultación pulmonar y abdominal : Debe realizarse de forma sistemática[1]. Pruebas diagnósticas Las pruebas complementarias son fundamentales para confirmar el diagnóstico y evaluar posibles complicaciones: Radiografía : Las placas de frente y perfil del cuello son útiles para identificar la localización del cuerpo extraño y descartar complicaciones como neumomediastino[1]. Esofagograma baritado: Puede ser útil en algunos casos para confirmar la impresión clínica inicial[3]. Esofagoscopia : Es la prueba gold standard, ya que permite tanto el diagnóstico como el tratamiento[3]. Tomografía computarizada (TC): Puede ser necesaria en casos complejos o cuando se sospecha de complicaciones[2]. Manejo de emergencias El manejo de la obstrucción del bolo alimenticio esofágico en el servicio de emergencias debe ser rápido y eficaz: Evaluación inicial: Se debe realizar una evaluación rápida de la vía aérea, respiración y circulación[4]. Endoscopia terapéutica: Es el tratamiento de elección y debe realizarse de forma inmediata en pacientes con síntomas significativos que sugieren una obstrucción completa[4]. Técnicas endoscópicas: Avance del bolo hacia el estómago Extracción mediante pinzas, bolsas, canastillas o asas[4] Protección de la vía aérea: Se recomienda el uso de un sobretubo o intubación orotraqueal para prevenir la aspiración durante el procedimiento[4]. Tiempo crítico: Es importante tener en cuenta que la obstrucción completa durante más de 24 horas aumenta significativamente el riesgo de perforación[4]. Evaluación post-extracción: Después de la extracción del bolo, se debe realizar una nueva endoscopia para descartar patología esofágica subyacente[1]. La obstrucción del bolo alimenticio esofágico es una condición que requiere un diagnóstico rápido y un manejo oportuno en el servicio de emergencias. La combinación de una evaluación clínica, pruebas diagnósticas apropiadas y un tratamiento endoscópico precoz es fundamental para prevenir complicaciones y asegurar un resultado favorable para el paciente. Citas [1] https://seorl.net/PDF/cabeza cuello y plastica/138 - CUERPOS EXTRAÑOS EN EL ESÓFAGO.pdf [2] https://semergen.es/files/docs/grupos/digestivo/manejo- disfagia-ap.pdf [3] https://www.elsevier.es/es-revista-gastroenterologia-hepatologia-14-articulo-trastornos-deglucion-un-reto-el-13110504 [4] https://www.msdmanuals.com/es/professional/ trastornos-gastrointestinales/bezoares-y-cuerpos-extraños/cuerpos-extraños-esofágicos [5] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-gastrointestinales/trastornos-esofágicos-y-de-la-deglución/trastornos-obstructivos-del-esófago [6] https://www.aeped.es/ sitios/default/files/documentos/26_ingesta_cuerpo_extrano.pdf

  • Nistagmo

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El nistagmo es un trastorno ocular caracterizado por movimientos involuntarios, rápidos y repetitivos de los ojos. Este fenómeno puede ser congénito o adquirido, y afecta aproximadamente a 14-17 de cada 10.000 niños[5]. A continuación, se analizarán los aspectos más relevantes de esta condición. Síntomas Los principales síntomas del nistagmo incluyen: Mala visión, especialmente en casos congénitos[2][4] Oscilopsia (sensación de que el entorno se mueve)[2] Dificultad para fijar la mirada en objetos[4] Posible tortícolis debido a la tendencia a girar el cuello para reducir los síntomas[7] Náuseas, pérdida del equilibrio y vómitos en algunos casos[7] Signos clínicos Los signos clínicos más característicos del nistagmo son: Movimientos oculares involuntarios que pueden ser horizontales, verticales, rotatorios o una combinación de estos[1][2] Oscilaciones rítmicas de uno o ambos ojos[3] Posible giro cefálico hacia la dirección del nistagmo para minimizarlo[4] En algunos casos, asimetría significativa de amplitud o dirección entre los dos ojos (nistagmo disociado)[6] Exploración La exploración del nistagmo debe incluir: Observación directa del movimiento ocular[5] Evaluación de la dirección, amplitud, frecuencia y regularidad del nistagmo[1][6] Análisis del nistagmo en diferentes posiciones de la mirada[1] Valoración del efecto de la fijación visual sobre el nistagmo[9] Examen de la agudeza visual y refracción[3] Pruebas diagnósticas Para un diagnóstico preciso del nistagmo, se pueden realizar las siguientes pruebas: Electronistagmograma o videonistagmograma para registrar el movimiento ocular[3] Resonancia magnética cerebral para descartar lesiones estructurales[1][3] Tomografía computarizada en casos específicos[1] Pruebas de electrofisiología ocular[1] Evaluación neurológica y otorrinolaringológica para descartar causas subyacentes[1][2] Manejo de emergencias Aunque el nistagmo rara vez constituye una emergencia médica por sí mismo, su aparición súbita puede indicar una condición subyacente grave. En un contexto de emergencia, se recomienda: Realizar una evaluación neurológica completa para descartar causas potenciales graves como accidentes cerebrovasculares o tumores cerebrales[6]. Obtenga una historia clínica detallada, incluyendo el inicio de los síntomas y factores desencadenantes[3]. Llevar a cabo un examen oftalmológico básico, incluyendo la evaluación de los movimientos oculares y la agudeza visual[3]. Considerar pruebas de neuroimagen urgentes si se sospecha de una causa central[3][6]. Tratar cualquier condición subyacente identificada, como intoxicaciones o alteraciones metabólicas[2]. En caso de nistagmo adquirido con síntomas vestibulares asociados, considere la posibilidad de un vértigo agudo y manejar los síntomas según corresponda[9]. Es importante recordar que el manejo del nistagmo a largo plazo dependerá de su etiología y puede incluir tratamientos farmacológicos, uso de lentes correctoras, o incluso intervenciones quirúrgicas en casos seleccionados[1][3]. El nistagmo es una condición compleja que requiere una evaluación multidisciplinaria para su correcto diagnóstico y manejo. La comprensión de sus características clínicas y las herramientas diagnósticas disponibles es fundamental para proporcionar una atención adecuada a los pacientes afectados por este trastorno ocular. Citas [1] https://www.imo.es/patologias/nistagmo-neuroftalmologia/ [2] https://www.oftalvist.es/blog/nistagmo-causas-tipos [3] https://icrcat.com/el-nistagmo/ [4] https://www.martinezdecarneros.com/nistagmus-que-es-y-por-que-se-produce/ [5] https://revistas.usal.es/cinco/index.php/2444-7986/article/download/31541/30034/121099 [6] https://revia.areandina.edu.co/index.php/Nn/article/download/321/351 [7] https://www.oftalmologiatrestorres.com/nistagmus-nistagmo/ [8] https://www.redalyc.org/pdf/3498/349852058055.pdf [9] https://revista.acorl.org.co/index.php/acorl/article/download/670/612/2264 [10] https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S2452-60532023000200235&script=sci_arttext

  • Implantes cocleares

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Los implantes cocleares son dispositivos electrónicos que proporcionan una sensación auditiva a personas con hipoacusia neurosensorial bilateral severa a profunda[1][3]. Estos dispositivos transforman las señales acústicas en eléctricas para estimular directamente el nervio auditivo, permitiendo a los pacientes percibir sonidos y mejorar su capacidad de comunicación[4][9]. Síntomas Los pacientes candidatos a implantes cocleares suelen presentar: Dificultad severa para comprender el habla, incluso con audífonos[1] Incapacidad para seguir conversaciones telefónicas Aislamiento social debido a problemas de comunicación. Retraso en el desarrollo del lenguaje en niños con hipoacusia congénita[7] Signos clínicos Los signos clínicos que pueden indicar la necesidad de un implante coclear incluyen: Umbrales auditivos superiores a 70 dB en frecuencias de 500 a 4000 Hz[6] Escaso beneficio con audífonos convencionales Ausencia de respuestas en audiometría tonal. Desarrollo limitado del lenguaje oral en niños con hipoacusia prelingual Exploración La evaluación para determinar la idoneidad de un implante coclear implica: Examen otorrinolaringológico completo[9] Evaluación audiológica exhaustiva Valoración del desarrollo del lenguaje y habilidades comunicativas. Examen psicológico, especialmente en niños[9] Pruebas diagnósticas Las pruebas diagnósticas fundamentales incluyen: Audiometría tonal y verbal[6] Potenciales evocados auditivos de tronco cerebral (PEATC)[6] Otoemisiones acústicas (OEA)[6] Tomografía computarizada (TC) y resonancia magnética (RM) del oído interno y cerebro[9] Electroaudiometría mediante potenciales evocados auditivos de estado estable (PEAee)[7] Estas pruebas permiten confirmar el grado de hipoacusia, evaluar la integridad del nervio auditivo y descartar malformaciones anatómicas que puedan contraindicar la cirugía[4]. Manejo de emergencias Aunque los implantes cocleares no suelen requerir manejo de emergencia, pueden surgir complicaciones postoperatorias que requieren atención inmediata: Infección del sitio quirúrgico: Requiere evaluación urgente y posible tratamiento antibiótico[9] Mareo severo o vértigo: Puede necesitar manejo sintomático y evaluación del equilibrio[9] Parálisis facial: Aunque rara, requiere evaluación neurológica inmediata[9] Meningitis: Complicación poco común pero grave que requiere hospitalización y tratamiento antibiótico intensivo[9] En caso de trauma craneal en pacientes con implante coclear, se debe evaluar la integridad del dispositivo y descartar lesiones cerebrales mediante TC, evitando la RM debido al componente magnético del implante[3]. Los implantes cocleares han revolucionado el tratamiento de la hipoacusia severa a profunda, ofreciendo una opción terapéutica efectiva para pacientes que no se benefician de los audífonos convencionales[4]. El éxito del implante depende de una cuidadosa selección de candidatos, una cirugía precisa y un programa de rehabilitación auditiva integral[7]. La investigación continua en este campo promete mejorar aún más los resultados y ampliar las indicaciones de esta tecnología[8]. Citas [1] https://www.bmc.org/es/node/121386 [2] https://kidshealth.org/es/parents/cochlear.html [3] https://www.mayoclinic.org/es/tests-procedures/cochlear-implants/about/pac-20385021 [4] https://www.institutoorl-iom.com/otologia-audicion/implante-coclear/ [5] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/tratamientos/implantes-cocleares [6] https://www.apunts.org/index.php?p=revista&pii=S0001651902783155&tipo=pdf-simple [7] https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?pid=S0001-60022018000300132&script=sci_arttext [8] http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1025-02552021000400003&script=sci_arttext [9] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/007203.htm [10] https://www.topdoctors.com.co/diccionario-medico/implantes-cocleares/

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