top of page

RESULTADOS DE LA BÚSQUEDA

Search this site

Se encontraron 3568 resultados sin ingresar un término de búsqueda

  • Psicosis y esquizofrenia

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de la Psicosis y esquizofrenia El manejo de la psicosis y la esquizofrenia se enfoca en la intervención rápida, el uso de tratamiento farmacológico adecuado, la terapia psicológica, y el seguimiento a largo plazo para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida. Intervención temprana: Detección y evaluación temprana: Si se sospecha que una persona está en riesgo de desarrollar un trastorno psicótico, o si presenta su primer episodio de psicosis, se debe realizar una evaluación del riesgo de daño a sí misma o a otros. La intervención oportuna mediante un equipo especializado, como el equipo de intervención temprana en psicosis o un equipo de tratamiento en crisis, es crucial. Referencias urgentes: Si el riesgo de daño es alto, se debe organizar una evaluación psiquiátrica el mismo día. Si el riesgo es moderado o bajo, se debe referir a la persona a un equipo de intervención temprana o a un servicio de salud mental especializado. Tratamiento farmacológico: Antipsicóticos: Los antipsicóticos son el tratamiento principal para los trastornos psicóticos, especialmente la esquizofrenia. Estos medicamentos se dividen en antipsicóticos de primera generación (típicos) y segunda generación (atípicos). Los de segunda generación se prefieren generalmente porque causan menos efectos extrapiramidales (como rigidez y temblores) que los de primera generación, aunque pueden provocar efectos adversos como aumento de peso y dislipidemia. Elección de antipsicóticos: La elección del medicamento depende de varios factores, incluyendo la respuesta previa, el perfil de efectos secundarios, y las preferencias del paciente. Los medicamentos como la clozapina se reservan para casos que no responden a al menos dos antipsicóticos diferentes. Antipsicóticos de liberación prolongada (depot): En personas con baja adherencia al tratamiento oral, se pueden usar antipsicóticos inyectables de liberación prolongada para asegurar la continuidad del tratamiento. Terapia psicológica: Terapia cognitivo-conductual (TCC): Se recomienda la TCC para ayudar a las personas a manejar los síntomas psicóticos, como los delirios y las alucinaciones, y mejorar el funcionamiento diario. Intervención familiar: El apoyo y la intervención familiar son importantes para ayudar a reducir el estrés familiar y mejorar el entorno de apoyo, lo que puede prevenir recaídas. Terapias creativas: Como la terapia de arte, pueden ser útiles, especialmente para personas con síntomas negativos prominentes como el aplanamiento emocional. Seguimiento y manejo a largo plazo: Monitoreo de la salud física: Es fundamental debido a que los antipsicóticos pueden causar efectos adversos importantes, como aumento de peso, diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares. Se deben realizar revisiones periódicas para controlar el peso, los niveles de lípidos, la glucosa en sangre y la presión arterial. Manejo de la adherencia al tratamiento: El equipo de atención secundaria es responsable de monitorear los efectos del tratamiento durante al menos los primeros 12 meses. Luego, la atención puede transferirse a la atención primaria, con revisiones anuales para asegurar la adherencia al tratamiento y la detección de posibles recaídas. Complicaciones: Riesgo de suicidio: Las personas con esquizofrenia tienen un riesgo elevado de suicidio, especialmente en los primeros años después del diagnóstico o tras una recaída. Problemas físicos: Las enfermedades cardiovasculares y la diabetes tipo 2 son más comunes en personas con psicosis, en parte debido al tratamiento con antipsicóticos y factores de estilo de vida como la mala alimentación y el tabaquismo. Problemas sociales: La esquizofrenia puede llevar al aislamiento social, dificultades para mantener relaciones interpersonales y problemas en el ámbito laboral. Diagnóstico El diagnóstico de la psicosis y la esquizofrenia se basa en la identificación de síntomas positivos y negativos, junto con la exclusión de otras posibles causas. Síntomas positivos: Alucinaciones: Percepciones sin un estímulo real, que suelen ser auditivas (escuchar voces). Delirios: Creencias falsas, como la convicción de estar siendo perseguido o controlado por fuerzas externas. Comportamiento y pensamiento desorganizado: Incluye dificultades para hablar coherentemente y comportamientos extraños o inapropiados. Síntomas negativos: Aplanamiento afectivo: Falta de respuesta emocional. Avolición: Pérdida de motivación para realizar actividades cotidianas. Aislamiento social: Falta de interés en mantener relaciones interpersonales. Autonegligencia: Descuidar la higiene personal o la alimentación. Período prodrómico: Puede haber un período previo al inicio de la psicosis conocido como fase prodrómica, que puede durar entre unos días y hasta 18 meses. Durante esta fase, la persona puede experimentar cambios emocionales y conductuales, como disminución del interés en las actividades diarias, problemas de sueño, dificultades en la concentración y síntomas psicóticos de baja intensidad, como alucinaciones breves. Evaluación médica: Se debe realizar una evaluación médica completa para descartar causas alternativas, como el uso de drogas recreativas (por ejemplo, cannabis, anfetaminas), medicamentos (como corticosteroides en dosis altas), o condiciones médicas subyacentes (como infecciones o trastornos neurológicos). Diagnóstico Diferencial Es importante considerar otras condiciones que pueden simular síntomas psicóticos: Trastornos afectivos con síntomas psicóticos: Depresión grave o trastorno bipolar pueden incluir síntomas psicóticos, pero en estos casos predominan los síntomas afectivos, como los cambios severos en el estado de ánimo. Psicosis inducida por drogas: Ciertas sustancias como el cannabis, anfetaminas, cocaína, y opioides pueden inducir episodios psicóticos agudos que, por lo general, desaparecen al cesar el uso de la sustancia. Sepsis: La sepsis puede provocar síntomas similares a la psicosis en personas sin un historial psiquiátrico previo, especialmente si presentan signos de infección como fiebre o confusión. Condiciones neurológicas: Epilepsia del lóbulo temporal, tumores cerebrales, y enfermedades cerebrovasculares pueden manifestarse con síntomas psicóticos. Trastorno de estrés postraumático (TEPT): El TEPT puede incluir flashbacks que imitan alucinaciones, junto con hiperalerta que puede parecer paranoia. Trastornos del espectro autista: Las personas con autismo o trastornos de la comunicación pueden presentar conductas que se asemejan a un episodio psicótico, pero se distinguen por déficits en la interacción social y comportamientos repetitivos. Definición La psicosis es un término amplio que describe una alteración significativa en la percepción, el pensamiento, el estado de ánimo y el comportamiento de una persona. Incluye síntomas como alucinaciones, delirios y comportamiento desorganizado. La esquizofrenia es el trastorno psicótico más común y se caracteriza por la presencia de síntomas psicóticos durante al menos un mes. Otros trastornos psicóticos incluyen el trastorno esquizoafectivo, donde los síntomas psicóticos y afectivos (como la depresión o la manía) son igualmente prominentes, y la psicosis inducida por sustancias, que generalmente remite al cesar el uso de la sustancia.

  • Fiebre Escarlata

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de la Fiebre Escarlata El tratamiento y manejo de la fiebre escarlata incluye medidas para aliviar los síntomas, prevenir complicaciones y reducir la transmisión de la infección. Tratamiento con antibióticos: Fenoximetilpenicilina es el tratamiento de elección (10 días). Se debe prescribir rápidamente tras el diagnóstico para reducir la duración de la enfermedad y el riesgo de complicaciones. Alternativas en caso de alergia a la penicilina incluyen claritromicina, azitromicina o eritromicina (en embarazadas o postparto). Hospitalización urgente en casos de síntomas graves o si se sospecha complicaciones como shock tóxico estreptocócico o fasciitis necrosante. Autocuidado: Uso de paracetamol o ibuprofeno para aliviar el malestar, fiebre y dolor. Beber líquidos abundantes y descansar. Cuidar cualquier herida o rotura en la piel para prevenir infecciones secundarias. Medidas de aislamiento: evitar el contacto con personas de alto riesgo y excluir del trabajo o escuela por al menos 24 horas después de comenzar el tratamiento. Prevención de transmisión: Lavar las manos frecuentemente y no compartir utensilios. Evitar el contacto cercano con personas vulnerables. Notificar a las autoridades sanitarias locales, ya que la fiebre escarlata es una enfermedad de declaración obligatoria. Seguimiento: Si los síntomas no mejoran después de 7 días o empeoran, se debe volver a evaluar al paciente. Mantener un bajo umbral para referir a atención secundaria en casos de niños con síntomas persistentes. Diagnóstico El diagnóstico clínico de fiebre escarlata se basa en las características típicas de la enfermedad. Síntomas iniciales: Dolor de garganta. Fiebre alta (mayor a 38.3°C). Cefalea, fatiga, náuseas y vómitos. Erupción característica: Aparece de 12 a 48 horas después de los primeros síntomas, comenzando en el tronco y extendiéndose a todo el cuerpo. Es una erupción puntiforme, de color rojo brillante y de textura áspera, parecida al papel de lija. Líneas de Pastia: en los pliegues cutáneos, como axilas o codos, la erupción puede ser más intensa. Otros signos clínicos: Lengua aframbuesada: inicialmente recubierta por una capa blanca que desaparece dejando una lengua roja brillante con papilas prominentes. Palidez perioral y adenopatía cervical (ganglios linfáticos inflamados en el cuello). Pequeñas manchas rojas en el paladar, conocidas como manchas de Forchheimer. Pruebas diagnósticas: Las pruebas no suelen ser necesarias para el diagnóstico, pero en caso de duda, se puede hacer un cultivo de garganta para detectar estreptococo del grupo A. Diagnóstico Diferencial Rubéola: erupción maculopapular que comienza detrás de las orejas y se extiende al tronco. Sarampión: síntomas virales graves con erupción maculopapular que empieza en la cara. Kawasaki: fiebre prolongada, lengua aframbuesada y erupción cutánea. Parvovirus B19: eritema facial (mejillas abofeteadas) con erupción en el tronco. Definición La fiebre escarlata es una infección causada por Streptococcus pyogenes, también conocido como estreptococo del grupo A. Esta bacteria produce toxinas que causan una erupción cutánea característica, fiebre alta y otros síntomas sistémicos. La fiebre escarlata afecta principalmente a niños entre los 2 y 8 años, y aunque es menos común que en el pasado, ha habido un aumento de casos desde 2013.

  • Quemaduras y Escaldaduras: Reconocimiento y Manejo

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de las Quemaduras y Escaldaduras: Reconocimiento y Manejo El manejo de las quemaduras y escaldaduras depende del tipo de lesión, la gravedad, el área afectada y la causa subyacente. Las intervenciones pueden variar desde primeros auxilios inmediatos hasta la derivación urgente a un centro especializado en quemaduras. Primeros Auxilios Inmediatos: Seguridad: Verificar que el área sea segura para evitar lesiones adicionales. Si la quemadura es química o eléctrica, es fundamental evitar el contacto directo hasta que la fuente de peligro haya sido neutralizada. Enfriar la quemadura: Dentro de los primeros 20 minutos, enfriar la zona con agua corriente a temperatura ambiente durante 10-30 minutos para reducir el daño térmico. Nunca se debe usar hielo ni agua extremadamente fría, ya que pueden empeorar la lesión. Retirar ropa y accesorios: Si no están adheridos a la piel, se deben retirar las prendas de vestir y accesorios, como anillos o relojes, que puedan restringir la zona afectada. Cubrir la quemadura: Se debe cubrir la zona con un material limpio, como una película plástica transparente o un paño limpio, para proteger la herida de infecciones. Control del dolor: Proporcionar analgésicos como paracetamol o ibuprofeno según sea necesario. Manejo en Atención Primaria: Quemaduras menores: Si la quemadura es superficial y cubre menos del 15% de la superficie corporal en adultos o menos del 10% en niños, se puede manejar de manera ambulatoria. Se debe proporcionar alivio del dolor, mantener la herida limpia y cubrirla con apósitos adecuados. Cuidado de la piel: Se recomienda el uso de emolientes (como cremas hidratantes) para prevenir la sequedad y aliviar el picor. Evitar la exposición al sol es esencial para prevenir cicatrices. Consideraciones adicionales: Asegurarse de que el paciente esté al día con las vacunas contra el tétanos, especialmente si la quemadura está contaminada o ha ocurrido en condiciones sucias. Quemaduras Complejas: Derivación urgente: Las quemaduras que afectan áreas críticas (como la cara, manos, pies, genitales, perineo o zonas de flexión), las quemaduras eléctricas o químicas, o aquellas que cubren más del 15% del cuerpo en adultos o más del 10% en niños requieren derivación inmediata a un centro especializado o a un servicio de urgencias. Quemaduras profundas: Si la quemadura es de espesor total (quemadura de tercer grado) o si existen signos de compromiso sistémico, como dificultad respiratoria por inhalación de humo, la persona debe ser trasladada de inmediato a un hospital. Seguimiento: Si la quemadura no cicatriza en 2-3 semanas o si aparecen signos de infección (como aumento del dolor, enrojecimiento, calor o secreción purulenta), se debe reevaluar el tratamiento. En quemaduras más graves, se puede requerir terapia física para prevenir contracturas y mantener la movilidad de las articulaciones afectadas. Diagnóstico El diagnóstico de quemaduras se basa en la evaluación clínica de la lesión, que incluye la extensión, profundidad y localización de la quemadura, así como la causa subyacente. Extensión de la Quemadura: Se evalúa el porcentaje de superficie corporal quemada (% TBSA, por sus siglas en inglés), utilizando la Regla de los Nueves o la Regla de la Palma para estimar la extensión. La Regla de los Nueves asigna un porcentaje del cuerpo en múltiplos de 9 (por ejemplo, 9% para la cabeza y 18% para cada pierna en adultos). Profundidad de la Quemadura: Superficial: Afecta solo la epidermis (por ejemplo, quemaduras solares leves). La piel es roja y dolorosa, pero no hay ampollas. Espesor parcial superficial: Afecta la epidermis y la dermis superficial, causando ampollas y dolor significativo. La piel puede aparecer rosada o roja. Espesor parcial profundo: Afecta capas más profundas de la dermis, con mayor probabilidad de cicatrices. La piel puede verse seca y blanquecina. Espesor total: La quemadura afecta todas las capas de la piel y puede incluir tejido subcutáneo. La piel es indolora, blanca, marrón o negra, y tiene una textura seca y coriácea. Ubicación de la Quemadura: Las quemaduras en áreas críticas, como la cara, manos, pies, genitales o zonas de flexión (como las articulaciones), requieren atención especializada debido al riesgo de complicaciones funcionales. Causas: Las quemaduras pueden ser causadas por: Calor (térmicas): Contacto con llamas, líquidos calientes o vapor. Eléctricas: Que suelen afectar tejidos internos, lo que puede hacer que el daño sea más extenso de lo que parece externamente. Químicas: Exposición a sustancias corrosivas como ácidos o álcalis. Radiación: Exposición prolongada al sol o a otras fuentes de radiación, como las terapias médicas. Diagnóstico Diferencial El diagnóstico diferencial de quemaduras y escaldaduras incluye una variedad de condiciones cutáneas que pueden simular una quemadura: Dermatitis por contacto: Puede producir enrojecimiento, picazón y ampollas similares a una quemadura. Síndrome de piel escaldada estafilocócica: Infección bacteriana que causa descamación de la piel, más común en niños pequeños. Reacciones alérgicas severas: Como el síndrome de Stevens-Johnson, que puede causar ampollas y erosiones cutáneas. Celulitis: Infección bacteriana de la piel que puede simular una quemadura. Necrosis cutánea: Causada por presión prolongada o exposición a químicos, lo que produce lesiones parecidas a quemaduras. Definición Una quemadura es una lesión en la piel o tejidos más profundos causada por la exposición a fuentes de energía térmica (calor), eléctrica, química o de radiación. Una escaldadura es una forma específica de quemadura causada por contacto con líquidos o vapor calientes. Las quemaduras se clasifican como complejas cuando afectan áreas críticas, abarcan grandes porciones del cuerpo o están asociadas a factores de riesgo, y como no complejas cuando son menos extensas y afectan áreas menos sensibles.

  • Sarna: Reconocimiento y Manejo

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de la Sarna: Reconocimiento y Manejo La sarna es una infestación cutánea producida por el ácaro Sarcoptes scabiei, que provoca un prurito intenso y generalizado, especialmente durante la noche. Su manejo incluye: Tratamiento con insecticidas tópicos: La primera línea de tratamiento para la sarna clásica es la crema de permetrina al 5%. Se debe aplicar en todo el cuerpo, prestando especial atención a las zonas afectadas como los pliegues de la piel, manos, muñecas, genitales y entre los dedos. El tratamiento debe aplicarse a toda la familia y contactos cercanos, aunque no presenten síntomas, para evitar la reinfestación. Se debe repetir el tratamiento tras una semana si persisten síntomas o si aparecen nuevos surcos acarinos. Tratamiento adicional: En casos de prurito persistente, se puede recomendar el uso de antihistamínicos o el crotamitón al 10% para aliviar la picazón. En personas con sarna costrosa o casos resistentes al tratamiento tópico, se debe considerar el uso de ivermectina oral en combinación con permetrina. Medidas higiénicas: Las personas afectadas deben lavar la ropa, sábanas y toallas a temperaturas superiores a 60°C o aislarlas en bolsas de plástico durante al menos 72 horas para matar los ácaros. Revisión y seguimiento: En casos de prurito persistente más allá de las 4 semanas después del tratamiento, o si aparecen nuevas lesiones, se debe reevaluar la situación y considerar un tratamiento adicional o la posibilidad de sarna resistente. Casos especiales: La sarna costrosa (también llamada sarna noruega) requiere atención especializada, ya que implica una infestación masiva con miles o millones de ácaros. Estos pacientes pueden requerir hospitalización, aislamiento y tratamiento más agresivo con permetrina combinada con ivermectina. Diagnóstico El diagnóstico de la sarna se realiza principalmente a través de la historia clínica y el examen físico: El síntoma principal es el prurito nocturno, que es causado por la respuesta inmunológica a los ácaros y sus productos. Las lesiones más comunes incluyen: Pápulas eritematosas que se localizan en áreas específicas del cuerpo como el ombligo, las axilas, los genitales, las muñecas y las nalgas. Surcos acarinos (un signo patognomónico de la sarna), que son pequeñas líneas grisáceas producidas por el movimiento del ácaro bajo la piel. En casos sospechosos o difíciles, puede realizarse un raspado de piel para buscar los ácaros, huevos o excrementos bajo el microscopio, aunque no siempre es necesario. Diagnóstico Diferencial El diagnóstico diferencial de la sarna incluye: Dermatitis atópica: caracterizada por piel seca y eritema. Foliculitis: inflamación de los folículos pilosos. Eczema: inflamación crónica de la piel, asociada con prurito y erupciones cutáneas. Piojos púbicos: infestación localizada principalmente en áreas de pelo grueso. Picaduras de insectos: pápulas pruriginosas sin presencia de surcos acarinos. Definición La sarna es una infestación cutánea causada por el ácaro Sarcoptes scabiei, que se transmite principalmente por contacto directo prolongado con personas infestadas. El ácaro excava túneles en la epidermis, depositando sus huevos, lo que provoca una reacción inmunológica que se manifiesta con prurito intenso. La sarna puede presentarse en dos formas principales: Sarna clásica: afecta generalmente a individuos sanos y se caracteriza por un número limitado de ácaros (5-15) que producen lesiones pruriginosas y erupciones en zonas localizadas del cuerpo. Sarna costrosa: es una variante más severa, que afecta a personas inmunodeprimidas o con incapacidad para rascarse, donde puede haber millones de ácaros y se observan placas gruesas y costrosas en la piel. Es una afección que, si se trata adecuadamente, tiene un buen pronóstico, aunque la sarna costrosa puede requerir un manejo más agresivo y prolongado.

  • Sarcoma Óseo y de Tejidos Blandos - Reconocimiento y Derivación

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo del Sarcoma Óseo y de Tejidos Blandos - Reconocimiento y Derivación Sarcoma óseo: Aproximadamente 500 nuevos casos de sarcoma óseo se diagnostican cada año en el Reino Unido, lo que hace que un médico general (GP) a tiempo completo sea poco probable que diagnostique más de un sarcoma óseo durante su carrera. Este tipo de cáncer es más frecuente en niños, adolescentes y jóvenes adultos. Los síntomas principales del sarcoma óseo incluyen dolor persistente y pérdida de función en la extremidad afectada, que puede estar acompañado de hinchazón. La radiografía puede mostrar anomalías sugestivas de sarcoma óseo. En estos casos, los pasos recomendados son: En adultos: Considerar una derivación por sospecha de cáncer (para una cita dentro de 2 semanas) si la radiografía sugiere la posibilidad de sarcoma óseo. En niños y jóvenes: Considerar una derivación muy urgente (para una cita dentro de 48 horas) para evaluación especializada si la radiografía sugiere sarcoma óseo. También se debe realizar una radiografía urgente de acceso directo (dentro de 48 horas) si hay hinchazón o dolor óseo inexplicado. Sarcoma de tejidos blandos: Alrededor de 3000 nuevos casos de sarcoma de tejidos blandos se diagnostican cada año en el Reino Unido. Un médico general a tiempo completo es probable que diagnostique un caso de sarcoma de tejidos blandos durante su carrera. Los sarcomas de tejidos blandos afectan los tejidos conectivos del cuerpo, como músculos, tendones y grasa. El síntoma más común es la aparición de una masa que puede ser indolora y que aumenta de tamaño con el tiempo. El método principal de diagnóstico es la biopsia, que se realiza en cuidados secundarios. En adultos: Considerar una ecografía de acceso urgente (a realizarse dentro de 2 semanas) para una masa inexplicada que está aumentando de tamaño. Si los resultados de la ecografía sugieren sarcoma o si son inciertos y persiste la preocupación clínica, se debe realizar una derivación por sospecha de cáncer. En niños y jóvenes: Considerar una ecografía muy urgente de acceso directo (a realizarse en 48 horas) para una masa inexplicada que aumenta de tamaño. Si la ecografía sugiere sarcoma o los resultados son inciertos, se debe realizar una derivación muy urgente. Diagnóstico Síntomas sugerentes de sarcoma óseo: Dolor óseo inexplicado, especialmente en niños, adolescentes y adultos jóvenes. Hinchazón ósea inexplicada, que puede estar asociada con pérdida de función. En casos sospechosos, se debe realizar una radiografía urgente. Si la radiografía muestra hallazgos sugestivos de sarcoma óseo, debe hacerse una derivación urgente (en 2 semanas para adultos y 48 horas para niños y jóvenes). Síntomas sugerentes de sarcoma de tejidos blandos: Una masa que aumenta de tamaño de forma inexplicada. En adultos, una ecografía urgente debe realizarse dentro de 2 semanas. Si los resultados son sugestivos de sarcoma o si son inciertos, debe realizarse una derivación urgente. En niños y jóvenes, una ecografía muy urgente debe realizarse dentro de 48 horas. Si los resultados sugieren sarcoma, debe realizarse una derivación muy urgente para evaluación en 48 horas. Investigaciones en atención primaria: Radiografía: Si la radiografía sugiere sarcoma óseo, se debe realizar una derivación por sospecha de cáncer. Ecografía: Si sugiere sarcoma de tejidos blandos o los resultados son inciertos, se debe realizar una derivación urgente. Diagnóstico Diferencial Dolor óseo inexplicado: Puede estar relacionado con afecciones como osteomielitis, fracturas o artritis. El sarcoma óseo debe considerarse si el dolor es persistente o no tiene una causa evidente. Masa de tejidos blandos: Puede confundirse con un lipoma, hematoma, o quiste. La evaluación mediante ecografía ayuda a distinguir entre estas afecciones y el sarcoma de tejidos blandos. Definición Sarcoma óseo: El sarcoma óseo es un tumor maligno que se origina en el tejido óseo. Es una enfermedad que puede afectar a personas de cualquier edad, pero es más común en niños, adolescentes y jóvenes. Los síntomas incluyen dolor persistente en la extremidad afectada y pérdida de función en la zona, que puede estar acompañada de hinchazón o deformidad. La radiografía es clave para identificar anomalías, pero el diagnóstico definitivo se realiza mediante biopsia. Sarcoma de tejidos blandos: El sarcoma de tejidos blandos es un tipo de cáncer que se desarrolla en los tejidos conectivos, como los músculos, tendones, grasa o vasos sanguíneos. Aunque puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, los sarcomas suelen presentarse como una masa indolora que aumenta de tamaño. Su diagnóstico se confirma mediante biopsia, y su pronóstico varía dependiendo del tipo de tejido afectado y la etapa en que se detecte.

  • Rubéola (Sarampión alemán)

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de la Rubéola (Sarampión alemán) Manejo en personas no embarazadas: La rubéola es usualmente una enfermedad leve y autolimitada. El tratamiento se basa en medidas de apoyo, como reposo, hidratación adecuada y el uso de paracetamol o ibuprofeno para el alivio de los síntomas (fiebre, malestar, artralgias). Se debe evitar el contacto cercano con otras personas durante al menos 5 días después de la aparición del exantema, especialmente con mujeres embarazadas no inmunizadas. Aquellas personas que han estado en contacto con un caso confirmado de rubéola deben ser monitoreadas por síntomas, y si los desarrollan, se debe evitar el contacto con mujeres embarazadas y consultar a un médico de inmediato. Manejo en mujeres embarazadas: Si se sospecha o confirma un caso de rubéola en una mujer embarazada, se debe notificar de inmediato al Equipo de Protección de la Salud (HPT), ya que es una enfermedad de notificación obligatoria. Se deben realizar pruebas serológicas independientemente del estado de inmunización o la etapa del embarazo para confirmar el diagnóstico. Si la infección se confirma en el primer trimestre del embarazo (antes de las 20 semanas), la mujer debe ser derivada de manera urgente a un obstetra especializado para evaluación del riesgo y asesoramiento. Existe un riesgo elevado de defectos congénitos severos en el feto, conocido como síndrome de rubéola congénita (SRC), especialmente si la infección ocurre en las primeras 8-10 semanas de gestación. Después de las 20 semanas de gestación, el riesgo de SRC es bajo, y se puede tranquilizar a la paciente de que no hay casos documentados de malformaciones congénitas. Medidas preventivas: Se debe garantizar que las personas susceptibles (sin vacunación previa o sin infección anterior) reciban la vacuna triple vírica (MMR) después de la recuperación. En mujeres en edad fértil, se debe evitar el embarazo durante al menos 4 semanas después de recibir la vacuna. Medidas higiénicas: Para prevenir la diseminación de la infección, se recomienda seguir prácticas adecuadas de higiene personal, como lavarse las manos frecuentemente, cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar y usar pañuelos desechables. Diagnóstico La rubéola no puede diagnosticarse únicamente mediante la observación clínica, ya que los síntomas no son específicos. El diagnóstico requiere confirmación a través de pruebas de laboratorio. Síntomas clínicos: Rubéola asintomática: Hasta el 50% de los casos pueden no mostrar síntomas. En los casos sintomáticos, los síntomas aparecen de 2 a 3 semanas después de la exposición al virus: Exantema: Generalmente es un sarpullido maculopapular de color rosado o rojo claro que comienza en la cara y el cuello y se extiende hacia el cuerpo. Suele durar de 3 a 4 días. Linfadenopatía: Inflamación de los ganglios linfáticos, especialmente suboccipitales, postauriculares y cervicales, que puede preceder al exantema por 5-10 días y persistir hasta 2 semanas después de que desaparezca el exantema. Artritis y artralgia: Más común en adultos, especialmente en mujeres, afectando hasta el 70% de los casos. Síntomas inespecíficos: Incluyen fiebre baja, malestar, dolor de cabeza, síntomas leves de vías respiratorias superiores y conjuntivitis no purulenta. Evaluación clínica: Se debe hacer una evaluación detallada del historial de viajes recientes o contacto con personas con rubéola o con síntomas similares. Es esencial sospechar rubéola en mujeres embarazadas, especialmente en las primeras 20 semanas de gestación, independientemente del historial de vacunación, ya que la infección durante el embarazo puede tener graves consecuencias para el feto. Pruebas diagnósticas: Se deben realizar pruebas serológicas para confirmar la rubéola, especialmente en mujeres embarazadas, ya que el diagnóstico no puede basarse únicamente en la clínica. Las muestras pueden incluir muestras de sangre para la detección de anticuerpos IgM e IgG contra rubéola. En casos de diagnóstico reciente, se pueden solicitar muestras de líquidos orales. Diagnóstico diferencial La rubéola puede compartir síntomas con otras enfermedades virales y reacciones alérgicas, lo que hace necesario considerar otras condiciones en el diagnóstico diferencial: Parvovirus B19: Produce eritema infeccioso, caracterizado por un exantema rojizo en las mejillas (“síndrome de la bofetada”) y artritis en adultos, similar a la rubéola. Sarampión: Causa una erupción maculopapular con fiebre más alta y síntomas respiratorios más graves que la rubéola. Otras infecciones virales: Virus como el herpesvirus tipo 6 (roseola), enterovirus y citomegalovirus pueden producir síntomas similares. Fiebre escarlata, síndrome de Kawasaki, toxoplasmosis y sífilis también deben ser consideradas. Definición La rubéola, también conocida como sarampión alemán, es una infección viral causada por un togavirus de la familia Rubivirus, que se transmite por contacto directo con personas infectadas o por gotas de secreciones respiratorias. Aunque suele ser una enfermedad leve, especialmente en niños, puede tener consecuencias graves si se contrae durante el embarazo. La vacunación ha reducido drásticamente la prevalencia de la rubéola en muchos países, pero sigue siendo un problema de salud pública en algunas regiones del mundo donde las tasas de vacunación son más bajas. La rubéola puede causar graves malformaciones congénitas, conocidas como síndrome de rubéola congénita (SRC), si una mujer embarazada se infecta durante el primer trimestre del embarazo.

  • Ascariasis - infección por lombriz intestinal

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de las Ascariasis - infección por lombriz intestinal Tratamiento antiparasitario: Mebendazol es el tratamiento de primera línea para la ascariasis no complicada. Normalmente se administra en una dosis única o en dosis divididas durante tres días. Sin embargo, en pacientes con infecciones graves o en poblaciones especiales (como mujeres embarazadas, lactantes o niños menores de dos años), es necesario consultar a un especialista en enfermedades infecciosas. El mebendazol no está autorizado en estas poblaciones, por lo que el tratamiento debe ser ajustado. Manejo de complicaciones: Admisión urgente: Las personas que presentan complicaciones, como obstrucción intestinal o biliar, deben ser hospitalizadas de manera inmediata para recibir tratamiento de emergencia, ya que la obstrucción por lombrices puede ser mortal. Consulta con especialistas: Si el paciente tiene síntomas respiratorios como tos, disnea o fiebre, es importante buscar la opinión de un especialista, ya que puede haber implicación pulmonar (síndrome de Loeffler) o complicaciones sistémicas más graves. Medidas higiénicas: Prevención de la reinfección: Se debe educar al paciente y su entorno sobre las medidas de higiene para evitar la reinfección. Entre las recomendaciones están lavarse las manos con jabón y agua caliente después de usar el baño y antes de preparar alimentos, así como lavar bien frutas y verduras que hayan estado en contacto con el suelo o que hayan sido cultivadas en áreas donde se utiliza estiércol como fertilizante. Diagnóstico El diagnóstico de ascariasis se basa en la confirmación de la presencia de huevos de Ascaris en una muestra de heces, apoyado por una adecuada historia clínica y examen físico. Síntomas clínicos: La mayoría de las infecciones por Ascaris son asintomáticas o presentan síntomas leves y no específicos, como dolor abdominal, náuseas o pérdida de apetito. En casos de infecciones graves, la carga parasitaria alta puede generar síntomas severos como: Síndrome de Loeffler: Neumonitis eosinofílica causada por la migración larval a través del sistema pulmonar, presentando tos, fiebre, sibilancias y disnea. Obstrucción intestinal: Se presenta con dolor abdominal intenso, distensión, vómitos y signos de abdomen agudo debido a complicaciones como vólvulo, intususcepción, perforación intestinal o pancreatitis. Evaluación clínica: Historia clínica: Preguntar sobre viajes recientes a áreas endémicas (África, Asia, América Latina) o sobre condiciones sanitarias deficientes. Además, es importante indagar sobre síntomas respiratorios (tos, disnea) o gastrointestinales (dolor, distensión abdominal, vómitos). Examen físico: Debe incluir la evaluación del sistema digestivo y respiratorio, junto con la revisión de signos vitales, como fiebre, que puede estar presente si hay neumonitis o infección secundaria. Pruebas de laboratorio: Muestra de heces: Es el método principal para diagnosticar la ascariasis, confirmando la presencia de huevos de Ascaris lumbricoides. Hemograma: Puede mostrar eosinofilia en casos de migración larval o neumonitis asociada. Diagnóstico diferencial Existen varias condiciones que deben considerarse en el diagnóstico diferencial de la ascariasis: Otras infecciones parasitarias: Uncinariasis (infección por anquilostomas), tricocéfalos (infección por Trichuris trichiura) o amebiasis también pueden causar síntomas abdominales similares. Malaria debe considerarse en pacientes con antecedentes de viajes a áreas endémicas si hay fiebre. Otras causas abdominales: Apendicitis, pancreatitis o colecistitis deben descartarse en pacientes con dolor abdominal agudo. Otras causas respiratorias: Asma o infecciones respiratorias deben considerarse en pacientes con síntomas respiratorios, particularmente si no hay antecedentes de exposición en áreas endémicas. Definición La ascariasis es una infección intestinal causada por el nematodo Ascaris lumbricoides, uno de los helmintos más comunes en todo el mundo. Este parásito es de gran tamaño, con hembras adultas que alcanzan hasta 35 cm de longitud y machos hasta 30 cm. El ciclo de vida de Ascaris implica la ingesta de huevos presentes en alimentos o agua contaminados con heces humanas. Los huevos eclosionan en el intestino delgado, las larvas migran a los pulmones y luego regresan al intestino para madurar en adultos, donde pueden vivir hasta dos años. La transmisión ocurre principalmente en regiones tropicales y subtropicales donde las condiciones sanitarias son deficientes, y se adquiere al consumir agua o alimentos contaminados con huevos de Ascaris. Aunque rara en países desarrollados, como el Reino Unido, la ascariasis es común en zonas con infraestructuras sanitarias pobres, afectando a más de 800 millones de personas en todo el mundo.

  • Rosácea - acné

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de Rosácea - acné El manejo de la rosácea se centra en controlar los síntomas, prevenir exacerbaciones y mejorar la calidad de vida del paciente. Se basa en un enfoque de tratamiento dirigido a los fenotipos clínicos que presenta cada persona. Medidas de autocuidado: Evitar desencadenantes: Aconsejar evitar factores como la exposición al sol, alimentos y bebidas calientes, picantes, alcohol, temperaturas extremas y estrés emocional, que son comunes en la exacerbación de la rosácea. Protección solar: Se recomienda usar protector solar de amplio espectro con FPS alto y evitar las camas de bronceado. Cuidado de la piel: Usar limpiadores suaves sin jabón y evitar productos irritantes o abrasivos, como exfoliantes agresivos o productos que contengan alcohol. Se pueden recomendar emolientes regulares si la piel está seca. Tratamientos tópicos: Brimonidina tópica: Un alfa-agonista que reduce el eritema persistente. Su acción comienza en 30 minutos y alcanza su máximo efecto entre 3 a 6 horas, después de lo cual el enrojecimiento vuelve gradualmente. Ivermectina tópica: Eficaz en el tratamiento de pápulas y pústulas inflamatorias de leve a moderada. Se aplica una vez al día durante 8 a 12 semanas. Metronidazol o ácido azelaico: Alternativas a la ivermectina, recomendadas si la ivermectina no está disponible o en mujeres embarazadas o en periodo de lactancia. Tratamientos sistémicos: Doxiciclina oral: Se utiliza en casos moderados a graves de rosácea papulopustular. La dosis habitual es de 40 mg una vez al día en una presentación de liberación modificada. Otros antibióticos, como la oxitetraciclina o la eritromicina, pueden usarse si la doxiciclina no es apropiada. Alternativas: Para casos más graves o si no hay respuesta al tratamiento tópico, se puede optar por isotretinoína oral, en casos de inflamación severa o engrosamiento de la piel (fima). Rosácea ocular: Para los síntomas oculares leves como sequedad o irritación, se recomiendan lágrimas artificiales. Higiene palpebral: Para casos de blefaritis asociada, es importante realizar una limpieza regular de los márgenes palpebrales. Si hay compromiso ocular severo, puede ser necesario un tratamiento sistémico con antibióticos como la doxiciclina o una derivación urgente a oftalmología. Revisión y seguimiento: El seguimiento tras el tratamiento inicial es fundamental para evaluar la respuesta. Si hay mejoría, se puede mantener el tratamiento tópico. Si no hay mejoría, puede ser necesario ajustar el tratamiento o derivar al paciente a un especialista en dermatología. Referencias a especialistas: Se debe considerar la derivación a un dermatólogo si el eritema persistente o las pápulas/pústulas no responden al tratamiento en atención primaria. Si hay rosácea ocular que no mejora con tratamiento tópico o existe sospecha de complicaciones oculares graves, se debe referir a un oftalmólogo. Diagnóstico El diagnóstico de la rosácea se basa en la identificación de los fenotipos clínicos y en la presencia de al menos un criterio diagnóstico o dos criterios mayores. Criterios diagnósticos: Cambios fimatosos: Engrosamiento de la piel debido a la hiperplasia sebácea, común en la nariz (rinofima), lo que puede darle un aspecto bulboso. Eritema persistente: Enrojecimiento en la zona centrofacial que se intensifica con factores desencadenantes. Criterios mayores: Eritema transitorio: Episodios breves de enrojecimiento, que pueden ir acompañados de sensación de calor y ardor. Pápulas y pústulas: Lesiones inflamatorias rojas en la zona centrofacial, que pueden volverse nódulos en casos severos. Telangiectasias: Vasos sanguíneos visibles en el rostro. Rosácea ocular: Manifestaciones oculares como telangiectasias en el borde palpebral, blefaritis, conjuntivitis o queratitis. Criterios menores: Sensación de ardor o escozor en la piel afectada. Sequedad cutánea o sensación de aspereza. Edema facial, que puede ser transitorio o persistente y causar hinchazón local. Rosácea ocular: Se sospecha cuando hay síntomas como sequedad ocular, sensación de cuerpo extraño, irritación, enrojecimiento o visión borrosa, con o sin manifestaciones cutáneas. Diagnóstico diferencial Es importante descartar otras afecciones que pueden presentar síntomas similares a los de la rosácea, como: Acné vulgar: A menudo presenta comedones y afecta la espalda y el pecho, además de la cara. Dermatitis seborreica: Se manifiesta con escamas amarillentas sobre una base eritematosa, generalmente en el cuero cabelludo, las cejas y los pliegues nasolabiales. Lupus eritematoso sistémico (LES): Un rash malar o en forma de “mariposa” en las mejillas, fotosensibilidad y posibles síntomas sistémicos asociados. Definición La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta principalmente las áreas centrofaciales, como las mejillas, la nariz, el mentón y la frente. Se caracteriza por episodios recurrentes de eritema persistente, flushing (enrojecimiento transitorio), pápulas y pústulas inflamatorias, y telangiectasias. En algunos casos, puede presentar fima (engrosamiento de la piel) y afectación ocular, conocida como rosácea ocular. Aunque su causa exacta es desconocida, se cree que es multifactorial, involucrando factores genéticos, inmunológicos y ambientales.

  • Artritis reumatoide

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de Artritis reumatoide El manejo de la artritis reumatoide (AR) está orientado a controlar los síntomas, detener la progresión de la enfermedad, y mejorar la calidad de vida del paciente. Este proceso debe ser llevado a cabo por especialistas en reumatología, pero existen acciones que pueden tomarse en la atención primaria para garantizar un manejo inicial adecuado. Derivación a un especialista: Todas las personas con sospecha de AR deben ser derivadas a un reumatólogo en un plazo de 3 semanas desde la primera consulta. La derivación debe hacerse en un plazo máximo de 3 días hábiles si: Las pequeñas articulaciones de manos o pies están afectadas. Más de una articulación está afectada. Han pasado 3 meses o más entre el inicio de los síntomas y la consulta médica. Es esencial no retrasar la derivación por resultados de laboratorio pendientes o normales. Tratamiento inicial: Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): Se pueden utilizar como tratamiento inicial a la dosis más baja efectiva y durante el menor tiempo posible, junto con un inhibidor de la bomba de protones (IBP) para proteger el estómago. No se deben prescribir glucocorticoides antes de la evaluación especializada, ya que pueden enmascarar síntomas importantes y retrasar el diagnóstico. Tratamiento en atención especializada: Estrategia de tratar para alcanzar: El objetivo es lograr la remisión o al menos una baja actividad de la enfermedad si la remisión no es posible. El tratamiento estándar incluye el uso de fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad convencionales (cDMARDs), como metotrexato, leflunomida o sulfasalazina. Estos se inician como monoterapia y la dosis se ajusta en función de la tolerancia y la respuesta del paciente. Hidroxicloroquina puede ser utilizada en personas con enfermedad leve o presentación palindrómica (artritis que aparece y desaparece en ciclos cortos). Los glucocorticoides se pueden usar a corto plazo como terapia puente mientras los cDMARDs comienzan a hacer efecto (lo que puede tardar varias semanas). Si la monoterapia con cDMARD no alcanza los objetivos, se puede optar por combinaciones de varios cDMARDs o, en casos graves que no responden, se ofrecen fármacos biológicos. Control de brotes de AR: En caso de brotes, el manejo incluye: Exclusión de artritis séptica. Administración de glucocorticoides a corto plazo, ya sea por vía intraarticular, intramuscular u oral, para aliviar los síntomas de inflamación articular. Se puede utilizar un AINE en combinación con un IBP si está indicado. Derivación quirúrgica: Si no se logra controlar el dolor persistente, la pérdida de función articular o la progresión de la deformidad con tratamiento no quirúrgico, se debe considerar una derivación para cirugía. Casos que requieren intervención quirúrgica urgente incluyen ruptura de tendones, compresión nerviosa o fracturas por estrés. Atención multidisciplinaria: La atención debe incluir el acceso a otros profesionales, como fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y podólogos, quienes juegan un papel fundamental en el manejo de las secuelas físicas de la enfermedad. Diagnóstico El diagnóstico de la artritis reumatoide es clínico y se basa en la presencia de sinovitis persistente (inflamación del revestimiento sinovial de las articulaciones) y otros criterios clínicos. Es importante la identificación temprana para poder iniciar el tratamiento y prevenir el daño articular irreversible. Sospecha de artritis reumatoide: La AR se caracteriza por una sinovitis simétrica que afecta comúnmente las pequeñas articulaciones de las manos y los pies. Características de la sinovitis: Dolor articular que empeora en reposo o con la inactividad. Hinchazón en las articulaciones, con una sensación “esponjosa” o blanda al palpar. Rigidez que persiste por más de una hora en las mañanas, especialmente después de periodos prolongados de inactividad. Otros síntomas: Presencia de nódulos reumatoides, que son firmes y se localizan sobre las superficies extensoras. Fatiga, malestar general, pérdida de peso o fiebre son síntomas sistémicos que pueden acompañar la AR. En los niños, la AR puede presentarse de forma menos específica, lo que dificulta el diagnóstico. Pruebas diagnósticas: No existe una prueba específica para diagnosticar la AR, pero las siguientes pruebas pueden ayudar: Factor reumatoide (FR): presente en el 60-70% de los pacientes con AR. Anticuerpos anti-CCP: más específicos para AR y presentes en el 80% de los pacientes. Marcadores de inflamación como proteína C reactiva (PCR) y velocidad de sedimentación globular (VSG). Radiografías para evaluar el daño articular en las manos y los pies. Ecografía o resonancia magnética para identificar sinovitis subclínica o daño estructural. Diagnóstico diferencial Las siguientes condiciones deben considerarse como parte del diagnóstico diferencial de la artritis reumatoide, ya que también pueden causar sinovitis: Lupus eritematoso sistémico (LES): Puede causar poliartritis, pero generalmente no es deformante como la AR. Artritis psoriásica: Se presenta de forma asimétrica y afecta las articulaciones distales de las manos y los pies. Polimialgia reumática: Se presenta con dolor y rigidez predominantemente en los hombros. Fibromialgia: Se caracteriza por dolor generalizado y puntos dolorosos específicos. Definición La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria crónica de tipo autoinmune que afecta principalmente las articulaciones sinoviales. En esta patología, el sistema inmunológico ataca por error el revestimiento sinovial de las articulaciones, lo que provoca una inflamación progresiva, dolor, rigidez y eventualmente daño articular irreversible si no se trata adecuadamente. La AR es una enfermedad sistémica, lo que significa que puede afectar otros órganos y sistemas del cuerpo, como los pulmones, el corazón, los ojos y la piel. La AR es más frecuente en mujeres y tiene un pico de incidencia entre los 30 y 50 años. Además, está asociada con complicaciones como el aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, osteoporosis, y depresión, lo que resalta la importancia de su diagnóstico y tratamiento temprano.

  • Desprendimiento de retina

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo del Desprendimiento de retina El desprendimiento de retina es una emergencia oftalmológica que requiere atención inmediata para evitar la pérdida permanente de visión. El manejo se centra en una evaluación rápida y tratamiento quirúrgico cuando es necesario. Referencias urgentes: Se debe remitir de inmediato al paciente a un oftalmólogo especializado en cirugía de retina si presenta síntomas que sugieren una amenaza visual, como pérdida del campo visual, alteración en la agudeza visual, o signos de desprendimiento de retina o hemorragia vítrea. Si no hay signos de pérdida visual significativa, pero se sospecha un desprendimiento, se recomienda una evaluación dentro de las 24 horas por un especialista capacitado en el uso de lámpara de hendidura y oftalmoscopía indirecta. Asesoramiento al paciente: Advertir sobre los signos de alerta para posibles futuros desgarros o desprendimientos de retina, como el aumento de moscas volantes o destellos, y la importancia de buscar atención inmediata en caso de experimentar estos síntomas. Consejos sobre conducción: Si el paciente tiene un defecto en el campo visual o ha sido tratado por desprendimiento de retina en ambos ojos, debe informar a la autoridad de licencias de conducir (DVLA en Reino Unido). Protección ocular: Recomendar el uso de protección ocular en deportes o actividades que impliquen riesgo de trauma ocular para prevenir futuros daños. Tratamientos quirúrgicos: Terapia con láser o crioterapia: Se utiliza para tratar desgarros o roturas en la retina. Estos procedimientos crean una cicatriz que sella el desgarro y previene el paso de líquido al espacio subretiniano, lo que evita el desprendimiento. Cirugía de desprendimiento de retina: Existen varios tipos de procedimientos quirúrgicos para reparar el desprendimiento, dependiendo de la ubicación y el tamaño de la rotura retiniana, así como de la cantidad de líquido acumulado: Vitrectomía: Se elimina el vítreo que está traccionando la retina, y se inserta una burbuja de gas o aceite para mantener el cierre del desgarro hasta que se forme una cicatriz. Bucle escleral: Un implante de silicona se coloca alrededor de la esclera para empujar la pared ocular hacia adentro, ayudando a que la retina vuelva a su lugar y se cierre el desgarro. Retinopexia neumática: Se inyecta una burbuja de gas en el vítreo. El paciente debe adoptar una posición específica para que la burbuja cierre el desgarro, permitiendo que el epitelio pigmentario reabsorba el líquido y vuelva a adherir la retina. La efectividad de estos procedimientos depende de la condición previa de la retina, especialmente si la mácula ha sido afectada o no, lo cual influye en la probabilidad de recuperar la visión. Diagnóstico El diagnóstico del desprendimiento de retina se basa en los síntomas clínicos y la evaluación oftalmológica. Los signos y síntomas que sugieren un desprendimiento incluyen: Moscas volantes nuevas: Los pacientes describen ver puntos móviles, líneas o manchas que parecen flotar en su campo visual. Esto ocurre por la presencia de células de pigmento, sangre o restos inflamatorios en el humor vítreo, proyectando sombras sobre la retina. Destellos nuevos: Los destellos son la percepción de luces brillantes, a menudo recurrentes y breves, provocadas por la tracción del vítreo sobre la retina. Pérdida de campo visual: Se presenta como una sombra o cortina oscura que avanza desde la periferia hacia el centro del campo visual. Esta pérdida es indolora, progresiva y puede empeorar con el tiempo. Si la mácula se desprende, se produce una pérdida significativa de la visión central. Reducción de la agudeza visual: Visión borrosa o distorsionada, que empeora progresivamente si el desprendimiento afecta áreas centrales de la retina. Diagnóstico diferencial Es importante diferenciar el desprendimiento de retina de otras patologías oculares que pueden tener síntomas similares: Desprendimiento de vítreo posterior: Es un proceso relacionado con la edad en el que el vítreo se colapsa y se separa de la retina, aumentando el riesgo de desgarros retinianos. Migraña con aura visual: Se caracteriza por destellos o luces en zigzag que suelen ser bilaterales y persistir durante minutos u horas, a menudo asociados a dolor de cabeza. Hemorragia vítrea: Se debe a la fuga de sangre dentro del vítreo, lo cual ocurre comúnmente en personas con retinopatía diabética o tras un trauma ocular. Uveítis posterior: Inflamación de la capa posterior del ojo, que causa pérdida de visión, fotofobia y moscas volantes. Definición El desprendimiento de retina es una condición en la que la retina neurosensorial se separa del epitelio pigmentario subyacente, permitiendo la acumulación de líquido en el espacio subretiniano. Esta separación interrumpe el suministro de oxígeno y nutrientes a las células fotorreceptoras de la retina, lo que provoca una rápida degeneración celular y pérdida progresiva de la visión si no se trata. Hay tres tipos principales de desprendimiento de retina: Rhegmatógeno: Es el tipo más común. Ocurre cuando el vítreo se encoge y tira de la retina, causando una rotura o desgarro que permite el paso de líquido al espacio subretiniano, desprendiendo la retina. Exudativo: Este tipo no implica un desgarro retiniano. Se debe a la acumulación de líquido en el espacio subretiniano, generalmente debido a inflamación o tumores. Traccional: Se asocia principalmente con retinopatía diabética proliferativa, donde la formación de tejido cicatricial tracciona la retina, desprendiéndola del epitelio pigmentario. El desprendimiento de retina es una emergencia médica que requiere un diagnóstico temprano y tratamiento inmediato para evitar la pérdida permanente de la visión.

  • Síndrome de piernas inquietas (SPI)

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo del Síndrome de piernas inquietas (SPI) El manejo del síndrome de piernas inquietas (SPI) se basa en aliviar los síntomas, tratar causas subyacentes y aplicar medidas farmacológicas o no farmacológicas según la gravedad del caso: Medidas no farmacológicas: Mejora de la higiene del sueño: Mantener un horario de sueño regular y evitar situaciones que empeoren los síntomas antes de dormir. Reducir o evitar el consumo de cafeína, alcohol y tabaco, ya que pueden agravar los síntomas. Ejercicio moderado y regular: Mantener una rutina de actividad física moderada, evitando el ejercicio excesivo. Aplicación de calor o frío: El uso de almohadillas térmicas, baños calientes o masajes puede aliviar los síntomas durante los episodios. Técnicas de relajación y distracción mental: Ejercicios de relajación, estiramientos, caminar, y actividades que distraigan, como leer o ver televisión, pueden ser útiles. Tratamiento farmacológico: Agonistas dopaminérgicos (no ergotaminas): Son el tratamiento de primera línea para el SPI moderado a severo, e incluyen medicamentos como pramipexol, ropinirol y rotigotina. Estos ayudan a aliviar los síntomas, pero deben utilizarse con cautela por el riesgo de efectos secundarios, como la augmentación (empeoramiento de los síntomas con el tiempo). Ligandos alfa-2-delta: Fármacos como pregabalina o gabapentina son opciones en casos de insomnio severo, ansiedad o dolor neuropático asociado al SPI. Estos medicamentos no tienen tanto riesgo de augmentación. Opioides débiles: Codeína o tramadol pueden considerarse en casos de síntomas dolorosos intensos, pero su uso prolongado se debe limitar por el riesgo de dependencia. Hipnóticos: Para casos con alteraciones del sueño significativas, se puede prescribir un curso corto de benzodiazepinas o Z-drugs para mejorar la calidad del sueño. Tratamiento de causas subyacentes: Deficiencia de hierro: Si se detecta una baja de ferritina (menos de 50-75 µg/L), se debe investigar la causa y tratar con suplementos de hierro. Revisión de medicamentos: Suspender o ajustar aquellos fármacos que puedan exacerbar el SPI, como ciertos antidepresivos, antipsicóticos, antihistamínicos o bloqueadores de receptores dopaminérgicos. Derivación: Considerar la derivación a un especialista en neurología o trastornos del sueño si los tratamientos son ineficaces o si hay dudas sobre el diagnóstico. Se recomienda en casos de augmentación o cuando los síntomas persisten a pesar del tratamiento adecuado. Diagnóstico El diagnóstico del síndrome de piernas inquietas (SPI) es principalmente clínico, basado en los criterios del Grupo Internacional de Estudio del SPI (IRLSSG). Estos criterios incluyen: Criterios diagnósticos del IRLSSG: Urgencia de mover las piernas, usualmente acompañada de sensaciones incómodas como hormigueo, ardor, picazón o una sensación de “burbujas”. Los síntomas empeoran en reposo (sentado o acostado) y mejoran con el movimiento (caminar o estirarse). Los síntomas se presentan principalmente en la tarde o noche, y rara vez ocurren durante el día. No se explican por otra condición médica o de comportamiento, como calambres o neuropatía. Evaluación clínica: Historia clínica detallada: Evaluar la frecuencia, intensidad y patrones circadianos de los síntomas. Determinar si existen factores desencadenantes como embarazo, deficiencia de hierro, o medicamentos que puedan precipitar el SPI. Realizar pruebas de laboratorio si es necesario, como medir los niveles de ferritina para detectar deficiencia de hierro, así como estudios adicionales en función de la historia clínica, incluyendo función renal, hemograma, glucosa y vitamina B12. Diagnóstico diferencial El SPI puede confundirse con otras condiciones que causan molestias en las extremidades o movimientos involuntarios. Entre las principales condiciones que deben considerarse están: Calambres nocturnos en las piernas: Son contracciones dolorosas de un músculo específico, que generalmente requieren estiramiento del músculo afectado para aliviar el dolor. Neuropatía periférica: Causa sensaciones como entumecimiento o dolor, pero no se alivia con el movimiento y no empeora por la noche. Claudicación intermitente: Dolor en las piernas que empeora con el ejercicio y mejora con el descanso, causado por problemas circulatorios. Acatisia: Sensación de inquietud interna inducida principalmente por neurolépticos, que provoca movimientos constantes, pero no sigue un patrón circadiano. Definición El síndrome de piernas inquietas (SPI), también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno neurológico caracterizado por la necesidad incontrolable de mover las extremidades, usualmente las piernas, debido a sensaciones incómodas o dolorosas. Estas sensaciones empeoran en reposo, particularmente en la noche, y se alivian temporalmente con el movimiento. Aunque su fisiopatología exacta no se comprende completamente, se cree que está relacionada con un desequilibrio en el sistema dopaminérgico en el sistema nervioso central y posiblemente con la deficiencia de hierro. El SPI puede ser idiopático o estar asociado a otras condiciones como el embarazo, la insuficiencia renal crónica o la anemia por deficiencia de hierro.

  • Ojo rojo

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de Ojo rojo El manejo del ojo rojo implica determinar si la afección es leve y puede tratarse en atención primaria, o si existe una causa grave que requiere una evaluación urgente o derivación oftalmológica inmediata. Derivación y tratamiento urgente: Ojo rojo con riesgo de pérdida de visión: Las causas graves incluyen: Glaucoma agudo: Puede causar una pérdida rápida de la visión. Se asocia con dolor ocular intenso, cefalea, halos alrededor de las luces y disminución de la agudeza visual. Necesita tratamiento oftalmológico urgente. Uveítis anterior: Inflamación del segmento anterior del ojo que puede causar dolor ocular, fotofobia, visión borrosa y enrojecimiento. Requiere evaluación urgente para evitar complicaciones. Úlcera corneal: Común en usuarios de lentes de contacto, produce dolor ocular severo, lagrimeo, fotofobia y visión borrosa. Requiere atención inmediata para prevenir cicatrices corneales. Endoftalmitis: Infección intraocular grave, generalmente postoperatoria. Se presenta con pérdida rápida de la visión, dolor y enrojecimiento. Es una emergencia oftalmológica. Lesión química: Necesita irrigación inmediata y derivación urgente a un especialista. Cuerpos extraños corneales o lesiones traumáticas: Los cuerpos extraños de alta velocidad o lesiones penetrantes requieren evaluación urgente. Neonatal: La conjuntivitis neonatal requiere atención urgente debido al riesgo de infecciones graves, como gonorrea o clamidia, que pueden causar complicaciones sistémicas. Manejo en atención primaria: Si se excluyen causas graves, algunas condiciones de ojo rojo pueden tratarse en atención primaria: Hemorragia subconjuntival: Generalmente benigna y autolimitada, desaparece en 1-2 semanas. Se debe revisar la presión arterial y verificar el INR en pacientes con anticoagulantes. Episcleritis: Afección autolimitada y generalmente indolora. Puede tratarse con lágrimas artificiales y antiinflamatorios no esteroides (AINEs). Blefaritis: Se trata con limpieza de los párpados, y en casos más severos, antibióticos tópicos. Conjuntivitis: Las formas infecciosas y alérgicas se manejan con antibióticos tópicos o antihistamínicos según el caso. Diagnóstico El diagnóstico del ojo rojo comienza con una evaluación clínica detallada que incluye la historia clínica y el examen físico para identificar la causa subyacente y cualquier signo de alarma. Historia clínica: Inicio y duración de los síntomas. Unilateral o bilateral: Evaluar si ambos ojos están afectados y si el inicio fue simultáneo. Alteraciones visuales: Disminución de la agudeza visual. Dolor: Intensidad y carácter del dolor (leve, moderado o severo). Otros síntomas: Fotofobia, sensación de cuerpo extraño, secreción, prurito o cefalea. Uso de lentes de contacto o antecedentes de trauma o exposición a productos químicos. Episodios previos: Es importante conocer si el paciente ha presentado anteriormente episodios de ojo rojo. Antecedentes médicos: Enfermedades relacionadas, como hipertensión, trastornos autoinmunes, o atopia. Medicación actual: Determinar si el paciente usa anticoagulantes (en caso de hemorragia subconjuntival) o colirios. Examen físico: Agudeza visual: Evaluar con una tabla de Snellen. Inspección externa: Observar enrojecimiento, secreción, inflamación palpebral, edema, entropión o ectropión. Fluoresceína: Se utiliza para identificar abrasiones o úlceras corneales. Evaluación pupilar: Verificar asimetrías pupilares, reacciones a la luz y defectos pupilares aferentes. Presión arterial: Medir en casos de hemorragia subconjuntival. Diagnóstico diferencial Las causas de ojo rojo varían desde condiciones benignas hasta potencialmente graves. Algunas de las principales causas incluyen: Glaucoma agudo: Causa dolor intenso, disminución rápida de la agudeza visual y halos alrededor de las luces. Es una emergencia médica. Uveítis anterior: Caracterizada por dolor ocular profundo, fotofobia y visión borrosa. La inyección ciliar es prominente. Úlcera corneal: Común en usuarios de lentes de contacto, se presenta con dolor ocular, fotofobia, lagrimeo y disminución de la visión. Hemorragia subconjuntival: Una mancha roja brillante en la conjuntiva, generalmente indolora y sin alteración visual. Conjuntivitis: Infecciosa o alérgica, con secreción y picazón sin disminución significativa de la visión. Escleritis: Afección rara y dolorosa, asociada a enfermedades sistémicas como el lupus eritematoso sistémico. Definición El ojo rojo es un término general que se refiere a la apariencia enrojecida de uno o ambos ojos, generalmente debido a la dilatación de los vasos sanguíneos de la conjuntiva o la esclera. Las causas del ojo rojo pueden variar desde afecciones benignas como la conjuntivitis o la episcleritis, hasta enfermedades graves y potencialmente amenazantes para la visión, como el glaucoma agudo, la úlcera corneal o la uveítis. La evaluación rápida y adecuada es esencial para identificar y manejar las causas graves de esta condición.

bottom of page