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  • Insuficiencia renal crónica

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La insuficiencia renal crónica (IRC) es una condición caracterizada por el deterioro progresivo e irreversible de la función renal a lo largo del tiempo. Se define como una tasa de filtración glomerular (TFG) menor a 60 ml/min/1,73 m2 durante al menos 3 meses, o la presencia de daño renal estructural o funcional[1][4]. Esta patología representa un importante problema de salud pública, afectado aproximadamente al 10% de la población adulta española y más del 20% de los mayores de 60 años[6]. Síntomas Los síntomas de la IRC suelen desarrollarse lentamente y pueden variar según la gravedad de la enfermedad. En etapas iniciales, los pacientes pueden ser asintomáticos o presentar síntomas inespecíficos. A medida que la función renal se deteriora, los síntomas se vuelven más evidentes e incluyen: Fatiga y debilidad generalizada Anorexia y pérdida de peso Náuseas y vómitos Prurito Alteraciones del sueño, incluyendo insomnio y síndrome de piernas inquietas. Dificultad para concentrarse Edema, especialmente en piernas y tobillos. Disney Dolor óseo y muscular[1][3][7] Signos clínicos Los signos clínicos de la IRC pueden incluir: Hipertensión arterial (presente en hasta el 80% de los pacientes con IRC avanzado) Palidez cutánea y mucosa debido a la anemia. Edema periférico Escarcha urémica (depósitos blanquecinos en la piel) Signos de desnutrición Alteraciones neurológicas, como asterixis o mioclonías Pericarditis urémica en etapas avanzadas[1][3][6] Exploración La exploración física en pacientes con IRC debe incluir: Medición de la presión arterial Evaluación del estado de hidratación Auscultación cardiopulmonar Palpación abdominal para detectar masas renales o vesicales. Evaluación de edemas periféricos Examen neurológico para detectar neuropatía urémica Evaluación del estado nutricional[3][6] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la IRC se basa en la combinación de pruebas de laboratorio e imagen: Análisis de sangre: Creatinina sérica y urea Electrolitos (sodio, potasio, calcio, fósforo) Hemograma completo Perfil lipídico Hormona paratiroidea (PTH) Vitamina D Análisis de orina: Examen general de orina Proteinuria cuantitativa (índice proteína/creatinina en orina o proteinuria de 24 horas) Microalbuminuria en pacientes diabéticos Estudios de imagen: Ecografía renal Tomografía computarizada (en casos seleccionados) Resonancia magnética (en casos seleccionados) Biopsia renal (en casos seleccionados para determinar la causa subyacente)[1][3][6][7] Manejo de emergencias El manejo del IRC en el servicio de emergencias se centra en tratar las complicaciones agudas y estabilizar al paciente: Evaluación inicial: ABC (vía aérea, respiración, circulación), signos vitales y estado mental. Manejo de alteraciones electrolíticas: Hiperpotasemia: administración de gluconato de calcio, insulina con glucosa, bicarbonato de sodio o resinas de intercambio iónico. Acidosis metabólica: corrección con bicarbonato de sodio si es grave. Control de la volemia: Hipervolemia: restricción de líquidos, diuréticos de asa o diálisis urgente si hay edema pulmonar. Hipovolemia: reposición cuidadosa de líquidos. Tratamiento de la hipertensión arterial severa. Manejo de la anemia sintomática: transfusión de concentrados de hematíes si es necesario. Control de síntomas urémicos: antieméticos, analgésicos. Diálisis de urgencia en casos de: Hiperpotasemia refractaria Acidosis metabólica grave Sobrecarga de volumen que no responde a diuréticos Encefalopatía urémica Pericarditis urémica[1][3][8] El manejo adecuado del IRC requiere un enfoque multidisciplinario y un seguimiento estrecho para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-urogenitales/enfermedad-renal-crónica/enfermedad-renal-crónica [2] https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-prevencion-tratamiento-enfermedad-renal-cronica-S0716864010706003 [3] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/insuficiencia-renal-cronica [4] https://www.segg.es/download.asp?file=%2Ftratadogeriatria%2FPDF%2FS35-05+62_III.pdf [5] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/trastornos-renales-y-del-tracto-urinario/insuficiencia-renal/enfermedad-renal-crónica-o-nefropatía-crónica [6] https://www.nefrologiaaldia.org/es-articulo-enfermedad-renal-cronica-136 [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000471.htm [8] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0026-17422014000300047&script=sci_arttext [9] https://static.elsevier.es/nad/Kidney_Book_In_Spanish.pdf

  • Infección urinaria

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La infección urinaria (IU) es una patología frecuente que afecta tanto a niños como a adultos, siendo más común en mujeres debido a factores anatómicos[1][3]. Se define como la presencia y proliferación de microorganismos, generalmente bacterias, en el tracto urinario que en condiciones normales debería ser estéril[4]. Esta condición puede afectar diferentes partes del sistema urinario, incluyendo la uretra, la vejiga, los uréteres y los riñones[1]. Síntomas Los síntomas de la infección urinaria pueden variar dependiendo de la localización y la gravedad de la infección. Los más comunes incluyen: Dolor o ardor al orinar (disuria) Aumento en la frecuencia urinaria (polaquiuria) Urgencia miccional Dolor o presión en la parte inferior del abdomen. Orina turbia o con sangre Olor fuerte en la orina Fiebre (especialmente en infecciones del tracto urinario superior) Náuseas y vómitos (en casos más severos)[1][3][6] En algunos casos, particularmente en ancianos o pacientes con vejiga neurogénica, los síntomas pueden ser inespecíficos e incluir delirio o sepsis[6]. Signos clínicos Los signos clínicos de la infección urinaria pueden incluir: Fibra (temperatura > 38,3°C) Taquicardia Dolor a la palpación en el área suprapúbica. Dolor en el ángulo costovertebral (signo de Giordano positivo) en casos de pielonefritis Evidencia de deshidratación Alteración del estado mental en pacientes ancianos[4][6] Exploración La exploración física debe incluir: Evaluación del estado general del paciente. Medición de signos vitales (temperatura, frecuencia cardíaca, presión arterial) Palpación abdominal, con especial atención al área suprapúbica y los flancos. Percusión del ángulo costovertebral para detectar dolor renal. En hombres, examen de la próstata si se sospecha prostatitis[4][6] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la infección urinaria se basa en la combinación de síntomas clínicos y pruebas de laboratorio: Análisis de orina: Debe incluir examen microscópico y tira reactiva para detectar leucocitos, nitritos y sangre[1][2]. Urocultivo: Es el estándar de oro para el diagnóstico. Se considera positivo si hay >100.000 unidades formadoras de colonias (UFC) por mililitro en una muestra adecuadamente recolectada[2]. Hemograma completo: Puede mostrar leucocitosis en casos de infección severa[4]. Pruebas de función renal : Creatinina y urea para evaluar la función renal[4]. Hemocultivos: Indicados en pacientes con signos de sepsis o en casos de pielonefritis[4][6]. Estudios de imagen: La ecografía renal o la tomografía computarizada pueden ser necesarios en casos de sospecha de complicaciones o en infecciones recurrentes[1][4]. Manejo de emergencias El manejo de la infección urinaria en el servicio de emergencias debe seguir estos pasos: Evaluación inicial: Determinar la gravedad de la infección y la necesidad de hospitalización[7]. Recolección de muestras: Obtener muestras de orina para análisis y cultivo antes de iniciar el tratamiento antibiótico[2][7]. Inicio de antibioticoterapia empírica: Basada en los patrones locales de resistencia bacteriana. En adultos, las opciones comunes incluyen cefalosporinas de tercera generación o fluoroquinolonas[4][7]. Manejo de síntomas: Administrar analgésicos y antipiréticos según sea necesario[3]. Hidratación: Asegurar una ingesta adecuada de líquidos, por vía oral o intravenosa según el caso[3][7]. Decisión de ingreso: Los pacientes con pielonefritis, sepsis, o aquellos que no pueden tolerar la vía oral generalmente requieren hospitalización[4][7]. Seguimiento: Planificar el seguimiento ambulatorio y ajustar el tratamiento según los resultados del urocultivo[7]. El manejo adecuado y oportuno de las infecciones urinarias en el servicio de emergencias es crucial para prevenir complicaciones y asegurar una recuperación rápida del paciente. La combinación de una evaluación de cuidados clínicos, pruebas diagnósticas apropiadas y un tratamiento antibiótico dirigido son los pilares fundamentales para el éxito terapéutico. Citas [1] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000521.htm [2] https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S1665-11462013000100003&script=sci_arttext [3] https://www.cdc.gov/uti/es/about/informacion-basica-sobre-las-infecciones-urinarias.html [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/urinary-tract-infection/diagnosis-treatment/drc-20353453 [5] https://www.elsevier.es/index.php?p=revista&pRevista=pdf-simple&pii=S1696281811700026&r=51 [6] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-urogenitales/infecciones-urinarias/infecciones-urinarias-bacterianas [7] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7298877.pdf [8] https://www.niddk.nih.gov/health-information/informacion-de-la-salud/enfermedades-urologicas/infecciones-vejiga

  • Infección Urinaria Baja - Masculino

    GUÍA ANTIBIÓTICA Primera línea Nitrofurantoína MR 100mg po bd 7 días La nitrofurantoína está contraindicada en la insuficiencia renal (TFGe < 45 ml/min) / ITU superior / pielonefritis o deficiencia de G6PD Segunda línea / Alternativa Revise el resultado del cultivo de orina. Pacientes que no responden, investigan para la prostatitis Trimetoprima 200mg po bd 7 días

  • VIH presentación de pacientes VIH positivos

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) es un trastorno que afecta progresivamente al sistema inmunológico, destruyendo ciertos glóbulos blancos y aumentando la susceptibilidad a infecciones y cánceres[7]. La presentación clínica de los pacientes VIH positivos puede variar ampliamente, desde una infección aguda hasta manifestaciones avanzadas del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Síntomas Los síntomas de la infección por VIH dependen de la fase en que se encuentre la enfermedad[6]. En la fase de infección aguda, que ocurre de 2 a 4 semanas después de la exposición inicial, los pacientes pueden experimentar: Fiebre Dolor de cabeza Dolores musculares y articulares Fatiga extrema Sudoración nocturna Sarpullido Dolor de garganta Ganglios linfáticos inflamados Diarrea[1][3][6] Es importante destacar que algunos individuos pueden no presentar síntomas o tener manifestaciones muy leves durante esta fase inicial[6]. En la fase crónica de la infección, los pacientes pueden permanecer asintomáticos o presentar síntomas leves durante varios años[6]. Sin embargo, a medida que la enfermedad progresa hacia el SIDA, pueden aparecer síntomas más graves como: Pérdida de peso rápida Fiebre recurrente Sudoración nocturna profusa Fatiga extrema Diarrea persistente Llagas en la boca o en los genitales[3][6] Signos clínicos Los signos clínicos de la infección por VIH pueden incluir: Linfadenopatía generalizada Candidiasis oral Herpes zóster (culebrilla) Lesiones cutáneas Neumonía por Pneumocystis jirovecii (anteriormente P. carinii) Sarcoma de Kaposi[3][7] Exploración La exploración física de un paciente con sospecha de infección por VIH debe ser minuciosa e incluir: Evaluación del estado general y nutricional. Examen de la piel en busca de lesiones o erupciones. Palpación de ganglios linfáticos Examen de cavidad oral Auscultación pulmonar Palpación abdominal Evaluación neurológica básica[7] Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la infección por VIH se realiza principalmente mediante pruebas serológicas[4]. Las pruebas más comunes incluyen: Pruebas de anticuerpos: Detectan anticuerpos contra el VIH en la sangre o la saliva. El período ventana para estas pruebas es de 23 a 90 días[5]. Pruebas combinadas de antígeno/anticuerpo: Pueden detectar tanto antígenos del VIH como anticuerpos. El período ventana es de 18 a 45 días para pruebas de sangre venosa, y de 18 a 90 días para pruebas con sangre del dedo[5]. Pruebas de ácido nucleico (NAT): Detectan el ARN del VIH en la sangre. Pueden identificar la infección de 10 a 33 días después de la exposición[5]. Western Blot: Se utiliza como prueba confirmatoria en caso de resultados positivos en las pruebas de detección inicial[4]. Manejo de emergencias El manejo de pacientes VIH positivos en el servicio de emergencias debe centrarse en: Evaluación rápida de signos vitales y estado general. Identificación y tratamiento de infecciones oportunistas o complicaciones agudas. Realización de pruebas diagnósticas pertinentes, incluyendo hemograma completo, química sanguínea y, si es necesario, estudios de imagen. Inicio o continuación de la terapia antirretroviral (TAR) si está indicada[7]. En caso de exposición reciente (menos de 72 horas), considere la profilaxis post-exposición (PEP)[5]. Proporcionar asesoramiento y apoyo psicológico inicial. Coordinar el seguimiento y la derivación a especialistas en VIH para el manejo a largo plazo. Es fundamental que el personal de emergencias esté capacitado en el manejo de pacientes VIH positivos y que se implementen medidas de precaución universal para prevenir la transmisión del virus[7]. La presentación de pacientes VIH positivos puede ser variable y compleja, requiriendo un enfoque integral que abarque desde la sospecha clínica hasta el diagnóstico y manejo adecuado. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos, junto con las pruebas diagnósticas apropiadas, es crucial para proporcionar un tratamiento oportuno y mejorar los resultados a largo plazo. Citas [1] https://medlineplus.gov/spanish/hiv.html [2] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hiv-aids [3] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/hiv-aids/symptoms-causes/syc-20373524 [4] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-diagnostico-laboratorio-infeccion-por-el-S0213005X10004994 [5] https://www.hiv.gov/es/informacion-basica/prueba-del-vih/conozca-prueba-vih/descripcion-prueba-vih [6] https://kidshealth.org/es/teens/std-hiv.html [7] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/infecciones/infección-por-el-virus-de-la-inmunodeficiencia-humana-vih/infección-por-el-virus-de-la-inmunodeficiencia-humana-vih [8] https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-vih-infeccion-aguda-pesquisa-manejo-S0716864014700586

  • Presentación inicial del VIH en Emergencias

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) continúa siendo un importante problema de salud pública a nivel mundial. La presentación inicial de pacientes con infección por VIH en los servicios de urgencias representa una oportunidad crucial para el diagnóstico temprano y el inicio oportuno del tratamiento. Este artículo aborda los aspectos clave de la presentación inicial del VIH en el contexto de emergencias. Síntomas Los síntomas de la infección aguda por VIH pueden aparecer entre 2 y 4 semanas después de la exposición al virus. Aproximadamente dos tercios de las personas infectadas experimentan una enfermedad similar a la gripe, conocida como síndrome retroviral agudo[7]. Los síntomas más comunes incluyen: Fiebre Escalofríos Sarpullido Sudores nocturnos Dolores musculares Dolor de garganta Fatiga Ganglios linfáticos inflamados Úlceras en la boca Es importante destacar que estos síntomas pueden durar desde unos pocos días hasta varias semanas, y algunas personas pueden no presentar síntomas en esta etapa temprana[7]. Signos clínicos Durante la exploración física, los médicos de urgencias deben estar atentos a los siguientes signos clínicos que pueden sugerir una infección por VIH: Linfadenopatía generalizada persistente Candidiasis orofaríngea Erupciones cutáneas o lesiones mucocutáneas Signos de infecciones oportunistas, como neumonía por Pneumocystis jiroveci Pérdida de peso inexplicable Fiebre persistente Exploración La exploración física debe ser minuciosa y sistemática, incluyendo: Evaluación del estado general y signos vitales Examen de la piel en busca de erupciones o lesiones. Palpación de ganglios linfáticos Exploración de la cavidad oral. Auscultación pulmonar y cardíaca. Palpación abdominal Evaluación neurológica básica Pruebas diagnósticas El diagnóstico definitivo del VIH requiere pruebas de laboratorio específicas. En el contexto de urgencias, se pueden realizar las siguientes pruebas[4][8]: Pruebas rápidas de antígenos y anticuerpos: Pueden detectar la infección entre 18 y 90 días después de la exposición. Prueba de ácido nucleico: Detecta directamente el virus en la sangre y puede ser positivo entre 10 y 33 días después de la exposición. Western Blot : Es la prueba confirmatoria principal para el diagnóstico de VIH. Además, se deben considerar pruebas adicionales para evaluar el estado inmunológico y descartar infecciones oportunistas: Recuento de linfocitos CD4 Carga viral Hemograma completo Pruebas de función hepática y renal Radiografía de tórax Cultivos de sangre y orina Manejo de emergencias El manejo inicial de pacientes con sospecha o diagnóstico de VIH en urgencias debe enfocarse en[6]: Estabilización del paciente: Tratar cualquier condición aguda que ponga en peligro la vida. Evaluación de la situación inmunológica: Determinar el recuento de CD4 y la carga viral si es posible. Diagnóstico y tratamiento de infecciones oportunistas: Iniciar tratamiento empírico si se sospecha de infecciones graves como neumonía por Pneumocystis jiroveci. Inicio de profilaxis: Considere la profilaxis para infecciones oportunistas en pacientes con recuentos bajos de CD4. Vinculación con atención especializada: Asegurar el seguimiento con un especialista en VIH para el inicio del tratamiento antirretroviral. Educación del paciente: Proporcionar información sobre la enfermedad, medidas preventivas y la importancia del seguimiento médico. Notificación a parejas: Ofrecer apoyo para la notificación a parejas sexuales o compañeros de uso de drogas inyectables. El reconocimiento temprano de la infección por VIH en los servicios de urgencias es crucial para mejorar los resultados a largo plazo. Los profesionales de la salud deben estar familiarizados con los síntomas y signos de la infección aguda por VIH y tener un bajo umbral para realizar pruebas diagnósticas en pacientes con factores de riesgo o presentaciones clínicas sugestivas. Citas [1] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/hiv-aids/symptoms-causes/syc-20373524 [2] https://espanol.nichd.nih.gov/salud/temas/hiv/informacion/sintomas [3] https://revistaemergencias.org/numeros-anteriores/volumen-34/numero-3/eficiencia-del-cribado-de-vih-en-urgencias-revision-sistematica-y-metanalisis/ [4] https://centromedicoabc.com/revista-digital/cuales-son-las-pruebas-para-el-vih/ [5] https://www.hiv.gov/es/informacion-basica/vivir-sanamente-con-vih/cuidar-de-si-mismo/emergencias-y-desastres [6] https://www.urgenciasclinico.com/PDF/SESIONES/VIH_urgencias.pdf [7] https://www.hiv.gov/es/informacion-basica/descripcion-general/acerca-del-vih-y-sida/sintomas-del-vih [8] https://www.paho.org/es/temas/servicios-deteccion-vih [9] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hiv-aids

  • VIH diagnóstico y pruebas

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El diagnóstico temprano y preciso del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es crucial para el manejo efectivo de la infección y la prevención de su transmisión. Este artículo aborda los aspectos clave del diagnóstico y las pruebas de VIH, incluyendo síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas de la infección por VIH pueden variar según la etapa de la enfermedad. En la fase de infección aguda o primaria, que ocurre aproximadamente 2-4 semanas después de la exposición al virus, los pacientes pueden experimentar síntomas similares a los de la gripe, incluyendo: Fiebre Dolor de cabeza Dolor muscular y articular Sarpullido Dolor de garganta y llagas en la boca. Ganglios linfáticos inflamados Diarrea Sudoración nocturna[5] Es importante señalar que estos síntomas pueden ser leves o incluso pasar desapercibidos en algunos casos[5]. Después de esta fase inicial, la infección puede entrar en un período de latencia clínica, durante el cual los pacientes pueden permanecer asintomáticos durante años[5]. Signos clínicos Los signos clínicos de la infección por VIH pueden ser sutiles en las etapas tempranas. Sin embargo, a medida que la enfermedad progresa, pueden observarse los siguientes signos: Pérdida de peso inexplicada Fiebre persistente Linfadenopatía generalizada Lesiones cutáneas, incluido el sarcoma de Kaposi. Candidiasis oral Neumonía por Pneumocystis jirovecii[1][5] Exploración La exploración física de un paciente con sospecha de infección por VIH debe ser exhaustiva y sistemática. Se debe prestar especial atención a: Examen de la piel en busca de lesiones o erupciones. Palpación de ganglios linfáticos Examen de la cavidad oral en busca de candidiasis o lesiones. Evaluación del estado nutricional Examen neurológico básico[5] Además, se recomienda realizar un examen digital anorrectal (DARE) y una evaluación de los síntomas de cáncer anal al menos una vez al año en pacientes con VIH[1]. Pruebas diagnósticas El diagnostico definitivo de la infección por VIH se basa en pruebas de laboratorio. Las principales pruebas utilizadas incluyen: Pruebas de detección : Ensayos inmunoenzimáticos (ELISA) de cuarta generación, que detectan tanto anticuerpos contra el VIH como el antígeno p24[4]. Pruebas rápidas que pueden proporcionar resultados en 30 minutos o menos[1]. Pruebas confirmatorias: Western Blot o inmunoblot recombinante (LIA)[4]. Pruebas de ácido nucleico: Detección de ARN viral o ADN proviral, útiles para el diagnóstico temprano y la cuantificación de la carga viral[6]. Pruebas adicionales: Recuento de células CD4 para evaluar el estado inmunológico[1]. Pruebas de resistencia a medicamentos antirretrovirales[4]. Es importante destacar que se recomienda un proceso de dos pasos para el diagnóstico, con una prueba de detección seguida de una prueba confirmatoria[6]. Manejo de emergencias En situaciones de emergencia, como la exposición ocupacional o sexual al VIH, se deben seguir estos pasos: Evaluación inmediata del riesgo de transmisión. Inicio rápido de la profilaxis post-exposición (PEP) con medicamentos antirretrovirales, idealmente dentro de las 72 horas posteriores a la exposición[6]. Realización de pruebas basales de VIH y seguimiento serológico. Consejería y apoyo psicológico al paciente. Notificación y seguimiento de acuerdo con los protocolos institucionales y las regulaciones locales. El diagnóstico y manejo efectivo del VIH requiere un enfoque integral que combine la evaluación clínica, las pruebas de laboratorio y la intervención temprana. La detección precoz y el inicio oportuno del tratamiento antirretroviral son fundamentales para mejorar los resultados del paciente y prevenir la transmisión del virus. Citas [1] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000594.htm [2] https://medlineplus.gov/spanish/hiv.html [3] https://www.msdmanuals.com/es-ec/hogar/infecciones/infección-por-el-virus-de-la-inmunodeficiencia-humana-vih/infección-por-el-virus-de-la-inmunodeficiencia-humana-vih [4] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-diagnostico-laboratorio-infeccion-por-el-S0213005X10004994 [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/hiv-aids/symptoms-causes/syc-20373524 [6] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/hiv-aids/diagnosis-treatment/drc-20373531 [7] https://www.paho.org/es/temas/vihsida

  • VIH

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un retrovirus que ataca el sistema inmunológico, debilitando las defensas del organismo contra infecciones y enfermedades[1][4]. Este artículo aborda los aspectos clave del VIH, incluyendo síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas del VIH evolucionan a lo largo del tiempo y se pueden clasificar en diferentes etapas: Primoinfección: Ocurre de 2 a 12 semanas después de la infección. Aproximadamente un tercio de las personas infectadas similares presentan síntomas a los de la gripe, como fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, ganglios linfáticos inflamados, fatiga, erupciones cutáneas y dolores musculares[6][9]. Fase asintomática: Puede durar varios años, durante los cuales la persona no presenta síntomas evidentes[6]. Fase sintomática: A medida que el sistema inmunológico se debilita, aparecen síntomas como fiebre recurrente, pérdida de peso, diarrea persistente, sudores nocturnos y fatiga crónica[6][9]. Fase SIDA: Se caracteriza por la aparición de infecciones oportunistas y ciertos tipos de cáncer[6]. Signos clínicos Los signos clínicos del VIH pueden incluir: Linfadenopatía generalizada persistente Candidiasis oral o vaginal recurrente Herpes zóster (culebrilla) Leucoplasia vellosa oral Pérdida de peso inexplicable diarrea crónica Fiebre persistente o recurrente[3][6] Exploración La exploración física de un paciente con sospecha de VIH debe incluir: Evaluación del estado general y nutricional. Examen de la piel en busca de lesiones características Palpación de ganglios linfáticos Examen de cavidad oral Evaluación neurológica básica Exploración abdominal[3] Pruebas diagnósticas El diagnóstico del VIH se realiza mediante pruebas de laboratorio: Prueba de anticuerpos y antígenos (ELISA de 4ª generación): Detecta anticuerpos anti-VIH1 y anti-VIH2, así como el antígeno p24[2][6]. Prueba confirmatoria (Western Blot) : Se utiliza para confirmar un resultado positivo de la prueba ELISA[2]. Prueba de ácido nucleico: Detecta directamente el ARN viral en la sangre[2]. Recuento de CD4: Evalúa el estado del sistema inmunológico[3]. Carga viral: Mide la cantidad de virus en la sangre[3]. Manejo de emergencias En situaciones de emergencia, el manejo de pacientes con VIH requiere consideraciones especiales: Preparación anticipada: Los pacientes deben tener un suministro de emergencia de medicamentos antirretrovirales para al menos 30 días[7]. Documentación médica: Mantener una lista actualizada de medicamentos, dosis y frecuencia, junto con un resumen del historial de tratamiento[7]. Continuidad del tratamiento: Evitar interrupciones en la terapia antirretroviral es crucial para prevenir la resistencia viral y el deterioro inmunológico[7]. Precauciones adicionales: Los pacientes con VIH pueden ser más susceptibles a infecciones oportunistas durante emergencias, por lo que deben seguir estrictamente las pautas de seguridad alimentaria e higiene[7]. Vacunación: Se recomienda que los pacientes con VIH estén al día con sus vacunas, incluyendo la vacuna contra el COVID-19[7]. Acceso a atención médica: En caso de desastres, es importante conocer los recursos disponibles para obtener medicamentos de emergencia, como el Programa de Asistencia para Medicamentos en Caso de Emergencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU.[7] El manejo efectivo del VIH requiere un enfoque integral que abarque desde la detección temprana hasta la preparación para emergencias. La comprensión de los síntomas, signos clínicos y métodos de diagnóstico es fundamental para proporcionar una atención adecuada a las personas que viven con VIH. Citas [1] https://www.sidaction.org/information/quels-sont-les-symptomes-du-vih-sida/ [2] https://centromedicoabc.com/revista-digital/cuales-son-las-pruebas-para-el-vih/ [3] https://www.urgenciasclinico.com/PDF/SESIONES/VIH_urgencias.pdf [4] https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=53868 [5] https://pesquisa.bvsalud.org/portal/resource/es/cum-56844 [6] https://www.elsan.care/fr/pathologie-et-traitement/maladies-infectieuses-et-tropicales/vih [7] https://www.hiv.gov/es/informacion-basica/vivir-sanamente-con-vih/cuidar-de-si-mismo/emergencias-y-desastres [8] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/8383853.pdf [9] https://www.vidal.fr/maladies/sexualite-contraception/ist-vih-sida/symptomes.html [10] https://www.medigraphic.com/pdfs/multimed/mul-2013/mul134r.pdf

  • Varicela zoster

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Varicela zoster: Un análisis exhaustivo La varicela zoster es una enfermedad infecciosa altamente contagiosa causada por el virus varicela-zoster (VVZ), también conocido como herpesvirus humano tipo 3. Esta infección sistémica aguda afecta principalmente a niños, aunque puede presentarse en cualquier edad[1][2]. Síntomas Los síntomas de la varicela suelen aparecer entre 7 y 21 días después de la exposición al virus. Los pacientes pueden experimentar: Dolor de cabeza leve Fiebre moderada (38-39°C) General de Malestar Incompetencia Fatiga Dolor abdominal[1][3][4] Es importante destacar que los síntomas en adultos tienden a ser más graves que en niños[3]. Signos clínicos El signo clínico más característico de la varicela es la erupción cutánea, que se desarrolla en varias etapas: Máculas: Pequeñas manchas rojas planas que aparecen primero en el tronco y la cara, extendiéndose luego a brazos y piernas. Pápulas: Las máculas se elevan formando pápulas en 6-8 horas. Vesículas: Se forman ampollas claras y pruriginosas sobre una base eritematosa. Costras: Las vesículas se rompen y forman costras[1][2][3]. Una característica distintiva es que las lesiones se desarrollan en brotes sucesivos, presentando diferentes etapas simultáneamente, lo que se conoce como patrón de “cielo estrellado”[1][5]. Exploración Durante la exploración física, el médico observará: Erupción cutánea en diferentes etapas de desarrollo. Lesiones en mucosas (bucofaringe, vías respiratorias superiores, conjuntiva palpebral, recto y vagina) Posible presencia de fiebre. Estado general del paciente[1][2] Es crucial evaluar la extensión de la erupción y buscar signos de complicaciones, como sobreinfección bacteriana de las lesiones[5]. Pruebas diagnósticas Aunque el diagnóstico de la varicela es principalmente clínico, en casos dudosos o en pacientes inmunocomprometidos, se pueden realizar las siguientes pruebas: Reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para detectar ADN viral. Detección de antígeno viral por inmunofluorescencia en lesiones. Pruebas serológicas (IgM e IgG anti-VVZ) Cultivo viral Frotis de Tzanck[1][4][6] La PCR y la detección de antígenos son métodos rápidos y sensibles. Las pruebas serológicas pueden confirmar una infección aguda mediante la detección de anticuerpos IgM o seroconversión[1]. Manejo de emergencias El manejo de la varicela en emergencias se centra principalmente en el tratamiento sintomático y la prevención de complicaciones: Antihistamínicos sedantes para aliviar el prurito y evitar el rascado. Antitérmicos como paracetamol para controlar la fiebre (evitar aspirina e ibuprofeno) Mantener una hidratación adecuada. En casos graves o pacientes de alto riesgo, considere el uso de antivirales como aciclovir, valaciclovir o famciclovir[1][5] Es crucial iniciar el tratamiento antiviral dentro de las primeras 24 horas después del inicio de la erupción para maximizar su eficacia[5]. La varicela zóster es una enfermedad altamente contagiosa con manifestaciones clínicas características. Aunque generalmente benigna en niños sanos, puede presentar complicaciones graves en ciertos grupos de riesgo. El diagnóstico precoz y el manejo adecuado son fundamentales para prevenir complicaciones y reducir la transmisión del virus. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/virus-herpes/varicela [2] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/varicela [ 3] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-por-el-virus-del-herpes/varicela [4] https://www.analesdepediatria.org/es-sintomatologia-varicela-articulo-13060991 [5] https://cinfasalud.cinfa.com/p/varicela/ [6] https://docs.bvsalud.org/biblioref/2020/10/1122960/6364-article-text-14271-2-10-20201016.pdf

  • Tuberculosis

    MANUAL DE MEDICINA DE EMERGENCIAS 2025 La tuberculosis (TB) es una enfermedad infecciosa causada por el complejo Mycobacterium tuberculosis, que afecta principalmente a los pulmones, aunque puede comprometer otros órganos. A continuación, se presenta un análisis detallado de los aspectos clave de esta patología. Síntomas Los síntomas de la tuberculosis pueden variar según la localización y la gravedad de la infección. En la tuberculosis pulmonar, los síntomas más comunes incluyen: Tos persistente por más de 3 semanas, inicialmente seca y luego productiva[1][5] Expectoración, que puede contener sangre (hemoptisis)[1][5] Dolor torácico[1][5] Fiebre, generalmente vespertina[10] Sudoración nocturna[1][5] Pérdida de peso y apetito[1][5] Fatiga y debilidad general[1][5] Es importante destacar que en algunos casos, especialmente en ancianos o pacientes inmunocomprometidos, la presentación puede ser atípica o incluso asintomática[8]. Signos clínicos Los signos clínicos de la tuberculosis pueden ser sutiles en etapas tempranas de la enfermedad. Algunos de los signos más relevantes incluyen: Fiebre, que puede alcanzar los 39°C[10] Taquipnea y disnea en casos avanzados[10] Caquexia y pérdida de masa muscular en casos crónicos[1] Linfadenopatías, especialmente cervicales, en casos de tuberculosis extrapulmonar[5] Signos de derrame pleural, como matidez a la percusión y disminución del murmullo vesicular[10] Exploración La exploración física en pacientes con sospecha de tuberculosis debe ser minuciosa e incluir: Evaluación del estado general y signos vitales[3] Auscultación pulmonar: puede revelar estertores crepitantes, roncus o sibilancias localizadas[10] Palpación de ganglios linfáticos, especialmente cervicales y supraclaviculares[5] Exploración de otros órganos según la sospecha de afectación extrapulmonar[3] Es importante recordar que la exploración física puede ser normal en etapas iniciales de la enfermedad[10]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la tuberculosis se basa en una combinación de hallazgos clínicos, radiológicos y microbiológicos. Las principales pruebas diagnósticas incluyen: Prueba cutánea de tuberculina (PPD) o pruebas de liberación de interferón gamma (IGRA)[5] Radiografía de tórax: puede mostrar infiltrados, cavitaciones o adenopatías hiliares[5] Baciloscopia de esputo: tinción de Ziehl-Neelsen para detectar bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAR)[3] Cultivo de esputo en medio de Löwenstein-Jensen[3] Pruebas moleculares como GeneXpert MTB/RIF para detección rápida y resistencia a rifampicina[6] Tomografía computarizada (TC) de tórax en casos seleccionados[5] Pruebas adicionales según sospecha de afectación extrapulmonar (análisis de líquido pleural, LCR, etc.)[3] Manejo de emergencias El manejo inicial de un paciente con sospecha de tuberculosis en el servicio de urgencias debe incluir: Aislamiento respiratorio del paciente para prevenir la transmisión[3] Evaluación de la estabilidad hemodinámica y respiratoria[3] Realización de pruebas diagnósticas urgentes: radiografía de tórax, baciloscopia de esputo[3] Tratamiento sintomático según necesidad (oxigenoterapia, analgesia)[3] Inicio de tratamiento empírico en casos graves o con alta sospecha, previa toma de muestras[3] Evaluación de comorbilidades y factores de riesgo (VIH, diabetes, etc.)[3] Decisión sobre ingreso hospitalario o manejo ambulatorio según criterios clínicos y sociales[3] El diagnóstico y manejo oportuno de la tuberculosis requiere un alto índice de sospecha, especialmente en grupos de riesgo. La combinación de una anamnesis detallada, exploración física cuidadosa y pruebas diagnósticas apropiadas es fundamental para el control de esta enfermedad que sigue siendo un importante problema de salud pública a nivel mundial. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/tuberculosis-e-infecciones-relacionadas/tuberculosis-tb [2] https://www.rev-esp-patol-torac.com/files/publicaciones/Revistas/1994/NS1994.06.3.A09.pdf [3] https://manualclinico.hospitaluvrocio.es/urgencias/e-infecciosas/tuberculosis/ [4] https://www.rev-esp-patol-torac.com/files/publicaciones/Revistas/1995/NS1995.07.1.A04.pdf [5] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/tuberculosis/diagnosis-treatment/drc-20351256 [6] https://repositorio.unican.es/xmlui/bitstream/handle/10902/21998/AMORROSTA CASTILLO, IRAIDE.pdf [7] https://www.cdc.gov/tb/esp/topic/basics/signsandsymptoms.htm [8] https://www.segg.es/download.asp?file=%2Ftratadogeriatria%2FPDF%2FS35-05+43_III.pdf [9] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/tuberculosis [10] https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-integral-63-articulo-clinica-tuberculosis-13029944

  • Tosferina

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La tosferina, también conocida como tos ferina o pertussis, es una infección respiratoria altamente contagiosa causada principalmente por la bacteria Bordetella pertussis[1][2]. A pesar de la disponibilidad de vacunas, la tosferina sigue siendo un problema de salud pública mundial, con un aumento significativo de casos en las últimas décadas, incluso en poblaciones con altas tasas de vacunación[2]. Síntomas La tosferina se caracteriza por tres fases clínicas distintas: Fase catarral: Dura aproximadamente 1-2 semanas y se presenta con síntomas similares a un resfriado común, incluyendo rinorrea, estornudos, febrícula y tos leves[4][8]. Fase paroxística: Se extiende por 2-6 semanas y se caracteriza por ataques de tos violenta y rápida (paroxismos), seguidos de un estridor inspiratorio característico conocido como “gallo”[4][8]. Fase de convalecencia: Puede durar semanas o meses, con una disminución gradual de la frecuencia y severidad de los episodios de tos[4]. Signos clínicos Los signos clínicos más relevantes de la tosferina incluyen: Tos paroxística: Episodios de tos rápida y violenta, seguidos de una inspiración forzada que producen el característico “gallo”[4][8]. Vómitos post-tusígenos: Frecuentemente se observan después de los ataques de tos[4][11]. Cianosis : Especialmente en lactantes, puede observarse coloración azulada de la piel durante los episodios de tos[11]. Apnea: Particularmente peligrosa en lactantes menores de 6 meses[4][11]. Exploración La exploración física debe centrarse en: Evaluación del estado general y signos vitales. Auscultación pulmonar: Generalmente normal entre los paroxismos[1]. Observación de episodios de tos: Valorar la presencia del “gallo” inspiratorio[4]. Evaluación de signos de complicaciones: Cianosis, dificultad respiratoria, signos de deshidratación[11]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la tosferina se basa en la combinación de resultados clínicos y pruebas de laboratorio: Cultivo nasofaríngeo: Considerado el estándar de oro, aunque su sensibilidad disminuye con la duración de la enfermedad y el uso previo de antibióticos[3][8]. Reacción en cadena de la polimerasa (PCR): Más sensible que el cultivo, especialmente en etapas tardías de la enfermedad[3][8]. Serología: Útil en etapas tardías, pero no recomendado para el diagnóstico agudo[3]. Hemograma : Puede mostrar leucocitosis con linfocitosis relativa[4]. Radiografía de tórax: Puede ser normal o mostrar infiltrados perihiliares en casos complicados[4]. Manejo de emergencias El manejo de la tosferina en el servicio de emergencias debe centrarse en: Evaluación rápida del estado respiratorio y hemodinámico del paciente. Aislamiento respiratorio para prevenir la transmisión[1]. Oxigenoterapia si es necesaria, especialmente en lactantes con episodios de apnea o cianosis[11]. Inicio precoz de antibioticoterapia : La eritromicina es el antibiótico de elección, aunque también pueden utilizarse azitromicina o claritromicina[4][11]. Manejo de la tos : Evitar antitusígenos, ya que no son efectivos y pueden ser perjudiciales[4][11]. Hidratación: Asegurar una hidratación adecuada, considerando la vía intravenosa si los vómitos son frecuentes[11]. Decisión de ingreso hospitalario: Especialmente indicada en lactantes menores de 6 meses, pacientes con complicaciones o aquellos con alto riesgo de desarrollarlas[11]. La tosferina sigue siendo una enfermedad de relevancia clínica y epidemiológica. Su diagnóstico precoz y manejo adecuado son fundamentales para reducir la morbilidad y mortalidad asociadas, especialmente en poblaciones de alto riesgo como los lactantes. La implementación de estrategias de prevención, incluyendo la vacunación de embarazadas y la actualización de los esquemas de inmunización en adolescentes y adultos, son cruciales para el control de esta enfermedad reemergente. Citas [1] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/whooping-cough/symptoms-causes/syc-20378973 [2] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-gramnegativas/tosferina-pertusis [3] https://medlineplus.gov/spanish/pruebas-de-laboratorio/prueba-de-tos-ferina/ [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/whooping-cough/diagnosis-treatment/drc-20378978 [5] https://www.labtestsonline.es/tests/tos-ferina-pruebas [6] https://www.healthychildren.org/Spanish/health-issues/conditions/chest-lungs/Paginas/whooping-cough.aspx [7] https://www.scielo.sa.cr/pdf/mlcr/v33n1/2215-5287-mlcr-33-01-00262.pdf [8] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/8741560.pdf [9] https://www.health.ny.gov/es/diseases/communicable/pertussis/fact_sheet.htm [10] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1139-76322016000500007&script=sci_arttext [11] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/001561.htm [12] https://medlineplus.gov/spanish/whoopingcough.html [13] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/tosferina

  • Tétanos

    MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El tétanos es una enfermedad infecciosa grave causada por la bacteria Clostridium tetani, que afecta al sistema nervioso y puede ser potencialmente mortal. Este artículo académico abordará los aspectos clave del tétanos, incluyendo sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los tétanos se caracterizan por la aparición gradual de síntomas, generalmente entre 3 y 21 días después de la infección, con un promedio de 10 días[2]. Los síntomas más comunes incluyen: Rigidez muscular, especialmente en la mandíbula (trismo) Dificultad para tragar (disfagia) Inquietud e irritabilidad Rigidez en el cuello, brazos y piernas. Espasmos musculares dolorosos Dificultad para respirar Fiebre Sudoración excesiva Taquicardia En casos avanzados, los pacientes pueden experimentar espasmos generalizados dolorosos que duran varios minutos, a menudo desencadenados por estímulos menores como ruidos fuertes o contacto físico[2]. Signos clínicos Los signos clínicos del tétanos incluyen: Trismo o “mandíbula cerrada” Risa sardónica (risus sardonicus), una expresión facial característica con sonrisa fija y elevación de las cejas[1] Opistótonos, una rigidez generalizada del cuerpo con arco de la espalda y la nuca[1] Espasmos musculares tónicos generalizados Dificultad respiratoria Alteraciones en la presión arterial y frecuencia cardíaca Retención urinaria o estreñimiento debido al espasmo de los esfínteres[1] Exploración La exploración física de un paciente con sospecha de tétanos debe incluir: Evaluación de la rigidez muscular, especialmente en la mandíbula y el cuello. Búsqueda de heridas o lesiones recientes que puedan ser la puerta de entrada de la bacteria. Valoración de la función respiratoria. Examen neurológico para evaluar el estado mental y los reflejos. Monitorización de los signos vitales, incluyendo presión arterial, frecuencia cardíaca y temperatura[1][2] Pruebas diagnósticas El diagnóstico del tétanos es principalmente clínico, basado en los síntomas y signos característicos. Sin embargo, se pueden realizar algunas pruebas complementarias: Cultivo de la herida: aunque el aislamiento del microorganismo solo se obtiene en el 30% de los casos[3] Detección molecular (PCR) de cepas toxigénicas de C. tetani[3] Prueba de inoculación en ratones (MIT test) para detectar la toxina tetánica[3] Pruebas de laboratorio generales para evaluar el estado general del paciente. Es importante destacar que no existe una prueba de laboratorio específica ampliamente disponible para el diagnóstico definitivo de tétanos[8]. Manejo de emergencias El tétanos es una emergencia médica que requiere atención hospitalaria inmediata. El manejo en emergencias incluye: Estabilización del paciente: Asegurar la vía aérea y proporcionar soporte respiratorio si es necesario Monitorización de signos vitales Control de los espasmos musculares con sedantes como diazepam o midazolam[7] Administración de inmunoglobulina antitetánica: Se debe administrar inmediatamente para neutralizar la toxina circulante[6][7] Limpieza y desbridamiento de la herida: Eliminar tejido necrótico y cuerpos extraños para reducir la producción de toxinas[7] Antibióticoterapia: Administración de antibióticos, generalmente metronidazol o penicilina, para erradicar C. tetani[1][7] Manejo de complicaciones: Control de la disfunción autonómica con betabloqueantes o magnesio. Prevención de tromboembolismo venoso Soporte nutricional Inmunización activa: Iniciar o completar la serie de vacunación contra los tétanos[6] El tratamiento del tétanos requiere un enfoque multidisciplinario en una unidad de cuidados intensivos, con atención especial a la prevención y manejo de complicaciones como insuficiencia respiratoria, disautonomía y fracturas[1][7]. El tétanos sigue siendo una enfermedad grave con una alta tasa de mortalidad si no se trata adecuadamente. El reconocimiento temprano de los síntomas y signos clínicos, junto con un manejo rápido y agresivo en emergencias, es crucial para mejorar el pronóstico de los pacientes afectados por esta enfermedad prevenible mediante vacunación. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/bacterias-anaerobias/tétanos?ruleredirectid=755 [2] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/tetanus/symptoms-causes/syc-20351625 [3] https://www.ivami.com/es/microbiologia-clinica/61-clostridium-tetani-toxina-por-inoculacion-deteccion-de-anticuerpos-igg [4] https://kidshealth.org/es/parents/tetanus.html [5] https://www.bupasalud.com.ec/salud/tetanos [6] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tetanus [7] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-anaerobias/tétanos [8] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000615.htm

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