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- Síndrome de Abstinencia alcohólica
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El síndrome de abstinencia alcohólica (SAA) es una condición clínica que se presenta en individuos con dependencia física al alcohol cuando reducen o suspenden abruptamente su consumo[1][6]. Este síndrome representa un desafío significativo en el ámbito de la atención médica de urgencias debido a su potencial gravedad y la necesidad de un manejo oportuno y eficaz. Síntomas Los síntomas del SAA suelen manifestarse entre 6 y 24 horas después del último consumo de alcohol[1]. La presentación clínica puede variar desde manifestaciones leves hasta complicaciones potencialmente mortales. Los síntomas más comunes incluyen: Ansiedad e irritabilidad Náuseas y vómitos Sudoración profusa Temblores, especialmente en las manos Insomnio Taquicardia Hipertensión arterial Alteraciones del estado de ánimo Cefalea En casos más severos, pueden presentarse alucinaciones visuales, auditivas o táctiles, así como crisis convulsivas[1][5]. Signos Clínicos Los signos clínicos del SAA reflejan una hiperactividad del sistema nervioso autónomo y alteraciones neurológicas. Los principales signos incluyen: Hipertermia Taquicardia Hipertensión arterial Temblor visible, especialmente en las extremidades superiores Sudoración excesiva Midriasis Hiperreflexia Agitación psicomotora En casos de delirium tremens, la forma más grave de SAA, se observa además desorientación, confusión severa y alteraciones de la conciencia[1][5]. Exploración La evaluación clínica del paciente con sospecha de SAA debe ser exhaustiva e incluir: Anamnesis detallada, incluyendo patrón de consumo de alcohol y otras sustancias, antecedentes de episodios previos de abstinencia y comorbilidades. Examen físico completo, con especial atención a signos vitales, estado neurológico y signos de complicaciones. Evaluación del estado mental y nivel de conciencia. Aplicación de escalas de valoración, como la escala CIWA-Ar (Clinical Institute Withdrawal Assessment for Alcohol, revised), que permite cuantificar la gravedad del SAA[1]. Pruebas Diagnósticas Aunque el diagnóstico del SAA es principalmente clínico, se recomiendan las siguientes pruebas complementarias: Hemograma completo Electrolitos séricos, incluyendo magnesio Pruebas de función hepática Tiempo de protrombina y tiempo parcial de tromboplastina Glucemia Niveles de alcohol en sangre Gasometría arterial En casos seleccionados, puede ser necesario realizar neuroimagen (TC o RM cerebral) y punción lumbar para descartar patologías del sistema nervioso central que puedan simular o complicar el cuadro de SAA[3][5]. Manejo en Emergencias El tratamiento del SAA en el servicio de urgencias debe ser rápido y dirigido a controlar los síntomas, prevenir complicaciones y proporcionar un soporte adecuado. Los principios fundamentales del manejo incluyen: Evaluación inicial y monitorización continua de signos vitales y estado neurológico. Hidratación adecuada, preferentemente por vía intravenosa. Corrección de alteraciones electrolíticas y metabólicas. Administración de tiamina para prevenir la encefalopatía de Wernicke. Tratamiento farmacológico: Las benzodiacepinas son el pilar del tratamiento, siendo el diazepam y el lorazepam las opciones más utilizadas[1][4]. En casos refractarios o complicados, puede ser necesario el uso de otros fármacos como propofol o dexmedetomidina[2]. Prevención y manejo de complicaciones como convulsiones o delirium tremens. Evaluación de la necesidad de ingreso hospitalario vs. manejo ambulatorio, basándose en la gravedad del cuadro y factores de riesgo del paciente. El SAA representa un reto clínico significativo que requiere un abordaje multidisciplinario y un manejo cuidadoso. La identificación temprana, la evaluación precisa y el tratamiento oportuno son cruciales para mejorar los resultados y reducir la morbimortalidad asociada a esta condición. Citas [1] http://www.facmed.unam.mx/sg/css/GPC/SIDSS-GPC/gpc/docs/SSA-097-08-RR.pdf [2] https://revista.sati.org.ar/index.php/MI/article/view/511 [3] https://www.msdmanuals.com/es/professional/temas-especiales/drogas-ilícitas-y-tóxicas/intoxicación-y-abstinencia-alcóholica [4] https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4115414.pdf [5] https://www.riojasalud.es/files/content/servicios/urgencias/profesionales/MIR/sesion-mir-sindrome-abstinencia-alcoholica.pdf [6] https://www.redalyc.org/pdf/2310/231018675002.pdf [7] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000764.htm [8] https://manualclinico.hospitaluvrocio.es/urgencias/psiquiatria/deprivacion-alcoholica/
- Parotitis unilateral aguda
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La parotiditis unilateral aguda es una inflamación de la glándula parótida que puede ser causada por diversos agentes, principalmente infecciosos. Aunque la parotiditis viral epidémica (paperas) suele ser bilateral, en algunos casos puede presentarse de forma unilateral, especialmente al inicio del cuadro. A continuación, se analizan los aspectos más relevantes de esta condición. Síntomas Los síntomas de la parotiditis unilateral aguda suelen aparecer de forma brusca y pueden incluir: Dolor en la región parotídea, que se exacerba con la masticación y la deglución[1][3] Malestar general y mialgias[1][3] Cefalea y anorexia[3][5] Febrícula o fiebre moderada, que puede alcanzar los 39.5-40°C[3] Es importante destacar que estos síntomas pueden variar en intensidad y duración, generalmente persistiendo durante 5-7 días[3]. Signos clínicos Los principales signos clínicos de la parotiditis unilateral aguda son: Tumefacción parotídea unilateral, que puede extenderse más allá de los límites de la glándula[1][3] Elevación del lóbulo de la oreja del lado afectado[5] Pérdida del ángulo mandibular[1] Enrojecimiento y calor local en la zona afectada[4] En algunos casos, la inflamación inicialmente unilateral puede volverse bilateral en el transcurso de unos días[5]. Exploración La exploración física debe incluir: Palpación de la región parotídea, evaluando tamaño, consistencia y dolor[4] Inspección de la cavidad oral, incluyendo el conducto de Stenon[4] Masaje de la glándula para valorar la salida de saliva o material purulento[4] Palpación cervical en busca de adenopatías[4] Valoración del conducto auditivo[4] Exploración neurológica, con énfasis en los pares craneales V (trigémino) y VII (facial)[4] Pruebas diagnósticas Aunque el diagnóstico de la parotiditis unilateral aguda es principalmente clínico, se pueden realizar las siguientes pruebas complementarias: Analítica sanguínea: Hemograma y frotis de sangre periférica[2] Bioquímica con función hepática, PCR, LDH, ácido úrico y amilasa[2][4] Pruebas microbiológicas: Hemocultivo[2] PCR en muestra de saliva (alta sensibilidad)[6] Serología para detección de anticuerpos específicos (menor sensibilidad)[6] Estudios de imagen: Ecografía: prueba de elección para diagnóstico y seguimiento[1] RMN o TC: indicadas si se detectan lesiones sólidas en la ecografía[1] Otras pruebas según sospecha clínica: Radiografía de tórax[2] Frotis faríngeo en caso de faringitis exudativa[2] Manejo en Emergencias El manejo de la parotiditis unilateral aguda en el servicio de Emergencias se centra principalmente en el tratamiento sintomático y la prevención de complicaciones: Analgesia y antiinflamatorios para aliviar el dolor y la inflamación[5] Antitérmicos en caso de fiebre[5] Hidratación adecuada, fundamental para el manejo del cuadro[4] Reposo relativo, según la necesidad del paciente[5] Dieta blanda y fría, ajustada a la capacidad de ingesta del paciente[5] Aplicación local de frío o calor para aliviar el dolor En caso de sospecha de infección bacteriana, valorar la necesidad de antibioterapia. Es importante realizar un diagnóstico diferencial con otras causas de tumefacción parotídea, como otitis, sialolitiasis, quistes o tumores[6]. En casos de evolución tórpida o sospecha de complicaciones, se debe considerar la derivación a especialistas en Otorrinolaringología para una evaluación más exhaustiva. Citas [1] https://www.pediatriaintegral.es/publicacion-2014-04/parotiditis-y-otras-afecciones-de-las-glandulas-salivales/ [2] https://manualclinico.hospitaluvrocio.es/urgencias-de-pediatria/infectologia/masas-cervicales-parotiditis-aguda-adenitis-aguda-y-subagudas/ [3] https://www.msdmanuals.com/es/professional/pediatría/infecciones-virales-comunes-en-lactantes-y-niños/parotiditis [4] https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/7_parotiditis.pdf [5] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/parotiditis-paperas [6] https://www.medigraphic.com/pdfs/anaotomex/aom-2021/aom213b.pdf
- Cuerpos extraños en la Nariz
MANUAL DE EMERGENCIAS Por lo general, afecta a los niños, que se presentan con secreción nasal unilateral de olor desagradable . También ocurre en adultos con enfermedades psicóticas o discapacidades de aprendizaje. Eliminación Elimine los CE nasales anteriores de fácil acceso en Emergenicas. Sin embargo, existe el riesgo de aspiración con cualquier CE nasal, particularmente en pacientes que no cooperan Remita a dichos pacientes al Otorrino para que los retire con protección de las vías respiratorias. Indique al paciente que se suene la nariz mientras ocluye la fosa nasal no afectada. Si no tiene éxito, considere intentar la extracción con un espéculo nasal, gancho y pinzas, según corresponda. Video . También puede funcionar un catéter de succión traqueal de diámetro fino unido al succionador. Ver Video . Se puede usar el Extractor de Katz si disponen de él en su departamento. Ver video demostrativo . Una técnica que se ha informado en niños cooperativos es pedirle a un padre que sople en la boca del niño ("beso de los padres"), habiendo asegurado primero un buen sello y también ocluido la fosa nasal normal. Los botones en la cavidad nasal, las baterías o los imanes pueden causar daños significativos , refiere el paciente a Otorrino sin demora.
- Síndrome de Shock Tóxico
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 El síndrome de shock tóxico (SST) es una enfermedad grave y potencialmente mortal causada por toxinas producidas por bacterias como Staphylococcus aureus y Streptococcus pyogenes . Este síndrome puede afectar a personas de cualquier edad y sexo, aunque se ha asociado clásicamente con el uso de tampones superabsorbentes. A continuación, se detallan los aspectos más relevantes del SST, incluyendo sus síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas El SST se caracteriza por un inicio repentino de síntomas que incluyen fiebre alta, presión arterial baja, erupción cutánea similar a quemaduras solares, vómitos, diarrea, dolores musculares, enrojecimiento de los ojos, boca y garganta, así como confusión o desorientación[1]. [3][4]. La enfermedad puede progresar rápidamente a insuficiencia multiorgánica si no se trata adecuadamente. Signos Clínicos Los signos clínicos del SST son variados y pueden incluir hipotensión severa que no responde a fluidos intravenosos, exantema eritematoso difuso y descamación de la piel en etapas posteriores. También se observa disfunción multiorgánica que puede afectar al hígado, riñones, pulmones y corazón. En casos severos, puede presentarse coagulopatía y síndrome de dificultad respiratoria aguda[1][4][5]. Exploración Durante la exploración física, se busca identificar signos de infección en heridas o áreas donde puedan haberse introducido cuerpos extraños. La evaluación debe incluir una revisión exhaustiva del estado hemodinámico del paciente y la identificación de cualquier signo de insuficiencia orgánica. La presencia de un exantema característico y descamación posterior puede ser indicativo del síndrome[5][6]. Pruebas Diagnósticas El diagnóstico del SST se basa principalmente en la clínica del paciente y en la identificación microbiológica del agente causal. Se realizan cultivos de sangre y tejidos infectados para aislar las bacterias responsables. Además, se pueden solicitar pruebas adicionales como tomografías computarizadas o resonancias magnéticas para evaluar el alcance de la infección. Los análisis de sangre son cruciales para monitorear el funcionamiento de los órganos vitales[1][6]. Manejo de emergencias El manejo del SST requiere hospitalización inmediata, generalmente en una unidad de cuidados intensivos. El tratamiento incluye la administración agresivos de fluidos intravenosos para corregir la hipotensión y el uso de antibióticos efectivos contra Staphylococcus aureus y Streptococcus pyogenes . Es fundamental retirar cualquier cuerpo extraño presente (como tampones o dispositivos anticonceptivos) y realizar un desbridamiento quirúrgico si es necesario para eliminar tejidos infectados[1][6]. En algunos casos graves, se puede considerar el uso de inmunoglobulinas intravenosas para neutralizar las toxinas bacterianas[5]. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/infecciones-bacterianas-bacterias-grampositivas/síndrome-de-choque-shock-tóxico [2] https://www.elsevier.es/es-revista-enfermedades-infecciosas-microbiologia-clinica-28-articulo-sindrome-shock-toxico-estafilococico-un-S0213005X11000644 [3] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/toxic-shock-syndrome/symptoms-causes/syc-20355384 [4] https://www.msdmanuals.com/es/professional/enfermedades-infecciosas/cocos-grampositivos/síndrome-de-shock-tóxico-tss [5] https://scielo.isciii.es/scielo.php?pid=S1139-76322020000100014&script=sci_arttext [6] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/toxic-shock-syndrome/diagnosis-treatment/drc-20355390 [7] http://www.scielo.org.bo/scielo.php?pid=S1726-89582012000100006&script=sci_arttext [8] https://www.analesdepediatria.org/es-sindrome-shock-toxico-experiencia-una-articulo-13107390
- Enfermedad trofoblástica gestacional
MANUAL DE EMERGENCIAS Ocasionalmente, un óvulo fertilizado puede formar tejido trofoblástico anormal, pero no el feto. El espectro patológico varía desde mola hidatiforme benigna hasta coriocarcinoma invasivo. El coriocarcinoma es relativamente raro y afecta a 1 de cada 40,000 embarazos. Presentación Por lo general, sangrado vaginal a las 12-16 semanas, con paso de tejido A menudo acompaña dolor abdominal. Puede presentar preeclampsia o eclampsia . El útero puede ser mucho más grande de lo esperado para las fechas. La CID puede ocurrir. Investigaciones La HCG en suero es mucho más alta de lo esperado. La Ecografía muestra "tormenta de nieve" y ningún feto. Manejo Obtenga acceso venoso Analítica con: 2.1 Hemograma 2.2 Pruebas Cruzadas 2.3 HCG sérico Reanimación y Fluidoterapia si fuera necesario. Refiera a la paciente a Ginecología.
- Lesión Genital
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 Las lesiones genitales representan un desafío significativo en la práctica médica, requiriendo un abordaje cuidadoso y multidisciplinario. Este artículo proporciona una visión general de los aspectos clave relacionados con las lesiones genitales, incluyendo síntomas, signos clínicos, exploración, pruebas diagnósticas y manejo en emergencias. Síntomas Los síntomas de las lesiones genitales pueden variar ampliamente dependiendo de la naturaleza y gravedad de la lesión. Comúnmente, los pacientes pueden experimentar: Dolor intenso en la zona genital[1][6] Sangrado, que puede ser profuso en algunos casos[6][8] Dificultad o dolor al orinar[6][8] Cambios en la forma o apariencia de los genitales[6] En casos severos, pueden presentarse desmayos o debilidad[6][8] Es importante notar que en algunos casos, especialmente en niños pequeños, las lesiones pueden ser asintomáticas inicialmente[5]. Signos Clínicos La evaluación clínica de las lesiones genitales puede revelar diversos signos, incluyendo: Hematomas o equimosis en la zona genital[4][8] Laceraciones o desgarros en la piel o mucosas[4] Edema o inflamación de los tejidos afectados[1][8] Deformidad visible de las estructuras genitales[6] En casos de lesiones penetrantes, puede observarse la presencia de cuerpos extraños[6][8] En hombres, pueden observarse signos específicos como torsión testicular o ruptura de los cuerpos cavernosos[1]. En mujeres, pueden presentarse lesiones en los labios, vagina o perineo[8]. Exploración La exploración de las lesiones genitales debe realizarse de manera sistemática y cuidadosa: Inspección visual detallada de la zona genital externa[5] Palpación suave para evaluar la presencia de masas, dolor o crepitación[1] En mujeres, puede ser necesario un examen con espéculo para evaluar lesiones vaginales o cervicales[5] En hombres, se debe evaluar cuidadosamente el escroto y los testículos[1] Es crucial realizar la exploración de manera sensible y respetuosa, considerando el estado emocional del paciente[4]. Pruebas Diagnósticas Las pruebas diagnósticas son fundamentales para evaluar la extensión de la lesión y descartar complicaciones: Ecografía: Especialmente útil para evaluar lesiones testiculares o masas pélvicas[1][5] Resonancia Magnética (RMN): Proporciona imágenes detalladas de los tejidos blandos[5] Uretrografía retrógrada: Indicada cuando se sospecha lesión uretral[1] Análisis de orina: Para detectar hematuria o signos de infección[6][8] En casos de sospecha de abuso sexual, pueden ser necesarias pruebas para enfermedades de transmisión sexual[4] Manejo en Emergencias El manejo inicial de las lesiones genitales en el servicio de emergencias debe seguir estos pasos: Evaluación primaria y estabilización del paciente[6][8] Control del sangrado mediante presión directa[6][8] Analgesia adecuada para controlar el dolor[6][8] Limpieza y desinfección de heridas abiertas[6][8] En caso de objetos extraños, no intentar retirarlos sin supervisión médica[6] Evaluación de la necesidad de intervención quirúrgica urgente[1] Profilaxis antibiótica en casos de heridas contaminadas o penetrantes[1] En casos de lesiones graves o complicadas, puede ser necesaria la consulta con especialistas en urología o ginecología[1][5]. Las lesiones genitales requieren un abordaje cuidadoso y multidisciplinario. La evaluación rápida y precisa, junto con un manejo adecuado, son cruciales para prevenir complicaciones a largo plazo y asegurar el mejor resultado posible para el paciente. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es-ec/professional/lesiones-y-envenenamientos/traumatismos-del-aparato-urogenital/traumatismos-genitales [2] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003222.htm [3] https://dcmq.com.mx/edición-octubre-diciembre-2013-volumen-11-número-4/201-patología-dermatológica-genital [4] https://www.medigraphic.com/pdfs/revcliescmed/ucr-2021/ucr211c.pdf [5] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/salud-femenina/diagnóstico-de-los-trastornos-ginecológicos/pruebas-y-procedimientos-ginecológicos [6] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000044.htm [7] https://www.childrenscolorado.org/es/conditions-and-advice/conditions-and-symptoms/symptoms/lesion-genital-ninos/?language=es [8] https://www.childrenscolorado.org/es/conditions-and-advice/conditions-and-symptoms/symptoms/lesion-genital-ninas/?language=es [9] https://www.cigna.com/es-us/knowledge-center/hw/temas-de-salud/problemas-y-lesiones-genitales-masculinos-maleg
- Enfermedad inflamatoria pélvica
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) es una infección del tracto genital superior femenino que afecta el cuello uterino, útero, trompas de falopio y ovarios. Generalmente es causada por microorganismos de transmisión sexual, principalmente Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis[1][2]. Esta condición representa un importante problema de salud pública debido a sus potenciales complicaciones a largo plazo, como infertilidad, dolor pélvico crónico y embarazo ectópico[5]. Síntomas Los síntomas de la EIP pueden ser sutiles o incluso ausentes en algunas mujeres, lo que dificulta su diagnóstico temprano. Los síntomas más frecuentes incluyen: Dolor en la parte inferior del abdomen y la pelvis, generalmente bilateral y de intensidad variable[1][5] Flujo vaginal anormal, a menudo abundante y maloliente[1][5] Sangrado vaginal irregular, especialmente durante o después de las relaciones sexuales[1][5] Dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales)[1][5] Fiebre, generalmente en forma de febrícula[1][3] Síntomas urinarios como disuria o polaquiuria[1][3] Es importante destacar que la intensidad de los síntomas puede variar según el agente causal. Por ejemplo, la infección por Chlamydia suele ser más indolente pero produce mayor lesión tubárica residual[3]. Signos Los signos clínicos de la EIP pueden incluir: Dolor a la palpación abdominal, especialmente en la región hipogástrica[1][3] Fiebre > 38°C[2][3] Leucorrea mucopurulenta[2][3] Sangrado uterino anormal[3] Exploración La exploración física es fundamental para el diagnóstico de la EIP. Los hallazgos más relevantes son: Dolor a la movilización cervical[1][2][3] Dolor a la palpación anexial[1][2][3] Dolor a la movilización uterina en el tacto bimanual[1][2][3] Estos hallazgos exploratorios presentan una alta sensibilidad diagnóstica para la EIP (>95%), aunque con una baja especificidad[3]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico de la EIP es principalmente clínico, pero las pruebas complementarias pueden aumentar la especificidad y ayudar en el diagnóstico diferencial: Test de embarazo para descartar gestación ectópica[3][5] Hemograma, PCR y VSG para evaluar la respuesta inflamatoria[2][3] Cultivo de exudado endocervical para N. gonorrhoeae y C. trachomatis[1][2][3] Ecografía transvaginal para detectar engrosamientos tubáricos, abscesos o líquido libre pélvico[3][5] En casos seleccionados, TAC o RMN pélvica[3] Laparoscopia diagnóstica en casos dudosos o que no responden al tratamiento[3] Manejo de emergencias El manejo de la EIP en el servicio de emergencias debe ser rápido y eficaz: Evaluación inicial y estabilización hemodinámica si es necesario[1][5]. Analgesia adecuada para el control del dolor[1][5]. Inicio precoz de antibioterapia empírica de amplio espectro[1][2][5]: Ceftriaxona 500 mg IM en monodosis + Doxiciclina 100 mg/12h VO durante 14 días[2]. En casos graves o con mala respuesta, considere tratamiento intravenoso y hospitalización[1][5]. Valorar la necesidad de ingreso hospitalario según la gravedad del cuadro[1][5]. Seguimiento estrecho para evaluar la respuesta al tratamiento[1][5]. Educación sanitaria y recomendaciones sobre abstinencia sexual hasta completar el tratamiento[5]. Estudio y tratamiento de las parejas sexuales[2][5] La EIP es una patología compleja que requiere un alto índice de sospecha para su diagnóstico precoz. El manejo adecuado en el servicio de emergencias es crucial para prevenir complicaciones a largo plazo y mejorar los pronósticos de los pacientes afectados. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/salud-femenina/vaginitis-cervicitis-y-enfermedad-inflamatoria-pélvica/enfermedad-inflamatoria-pélvica [2] https://www.guiaprioam .com/indice/enfermedad-pelvica-inflamatoria/ [3] https://sego.es/documentos/progresos/v63-2020/n6/01 Protocolo aragonés de enfermedad inflamatoria pelvica.pdf [4] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/pelvic-inflamatoria- enfermedad/síntomas-causas/syc-20352594 [5] https://www.msdmanuals.com/es/professional/ginecología-y-obstetricia/vaginitis-cervicitis-y-enfermedad-inflamatoria-pélvica/enfermedad-pelviana-inflamatoria [6] https://medlineplus.gov/spanish/ ency/article/000888.htm
- Aborto perdido.
MANUAL DE EMERGENCIAS Muy ocasionalmente se presenta varias semanas o meses después de la muerte fetal. No presenta las características esperadas del embarazo La prueba de embarazo es Negativa Puede presentar CID. Manejo Resucite según requerimientos Solicite ayuda de Obstetricia y Hematología, si se sospecha CID .
- Infección urinaria en portadores de sonda urinaria
GUÍA ANTIBIÓTICA Bacteriuria asintomática Esto no requiere tratamiento antibiótico Bacteriuria sintomática Organismos: Comúnmente especies de Escherichia coli y Proteus Las pruebas con tira reactiva NO deben usarse para diagnosticar la infección urinaria en pacientes cateterizados. Siempre serán positivos, por lo tanto, una prueba inútil. A los pacientes cateterizados con síntomas o signos de infecciones urinarias se les debe tomar una muestra de orina para el cultivo y las pruebas de sensibilidad. Consulte las pautas de ITU no grave para mujeres / hombres para obtener consejos sobre el tratamiento con antibióticos. Cambie los catéteres permanentes a largo plazo antes de comenzar el tratamiento con antibióticos para la infección urinaria sintomática
- Profilaxis posterior a la exposición a VIH ( sospecha )
GUÍA ANTIBIÓTICA Truvada Tomar UNA vez al día MÁS Raltegravir 400mg comprimidos dos veces al día Después de tres días, los pacientes serán revisados por GUM sobre si la profilaxis debe continuar. Los pacientes que necesiten continuar recibirán más antirretrovirales y: Loperamida 2mg cápsulas para los síntomas de diarrea Ciclizina 50 mg tres veces al día cuando es necesario para las náuseas
- Meningitis
MANUAL DE EMERGENCIAS 2025 La meningitis es una inflamación de las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal, conocidas como meninges. Esta condición puede ser causada por diversos agentes infecciosos, principalmente bacterias y virus, aunque también pueden ser responsables de hongos y parásitos[1][3]. A continuación, se detallan los aspectos más relevantes de esta enfermedad: Síntomas Los síntomas de la meningitis pueden variar según la edad del paciente y la causa subyacente, pero generalmente incluyen: Fiebre alta repentina Dolor de cabeza intenso Rigidez en el cuello Náuseas y vómitos Sensibilidad a la luz (fotofobia) Confusión o alteraciones del estado mental. Somnolencia o dificultad para despertarse Falta de apetito[3][6] En bebés y niños pequeños, los síntomas pueden ser menos específicos e incluyen irritabilidad, llanto inconsolable, rechazo a la alimentación y fontanela abultada[3][6]. Signos clínicos Los signos clínicos más característicos de la meningitis incluyen: Rigidez de nuca Signo de Kernig positivo (dolor al extender la pierna con la cadera flexionada) Signo de Brudzinski positivo (flexión involuntaria de las piernas al flexionar el cuello) Alteración del nivel de conciencia Convulsiones Erupción cutánea petequial o purpúrica (en casos de meningitis meningocócica)[1][6] Exploración La exploración física en casos de sospecha de meningitis debe incluir: Evaluación del estado mental y nivel de conciencia. Búsqueda de signos de irritación meníngea (rigidez de nuca, signos de Kernig y Brudzinski) Examen de fondo de ojo para detectar edema de papila. Evaluación de signos neurológicos focales. Inspección de la piel en busca de erupciones características. Medición de signos vitales, incluyendo temperatura, frecuencia cardíaca y presión arterial[2][4]. Pruebas diagnósticas El diagnóstico definitivo de la meningitis se basa en el análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) mediante punción lumbar obtenida. Las pruebas diagnósticas incluyen: Punción lumbar y análisis del LCR: Recuento celular y diferencial Medición de glucosa y proteínas. Tinción de gramo Cultivo y antibiograma Hemocultivos Prueba de imagen: Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) cerebral (si se sospecha aumento de la presión intracraneal) Pruebas moleculares: Reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para identificación rápida de patógenos Pruebas serológicas para detectar anticuerpos específicos[2][4][7] Manejo de emergencias El manejo de la meningitis en el servicio de emergencias es crucial y debe seguir estos pasos: Evaluación rápida del paciente y estabilización de signos vitales. Obtención de muestras para hemocultivos antes de iniciar antibióticos. Inicio de inmediato de antibioticoterapia empírica de amplio espectro, sin esperar los resultados de las pruebas diagnósticas en casos de sospecha de meningitis bacteriana. Administración de corticosteroides (dexametasona) antes o junto con la primera dosis de antibióticos para reducir la inflamación y el riesgo de complicaciones. Realización de punción lumbar, si no está contraindicada, para obtener LCR. Manejo de las complicaciones, como convulsiones o aumento de la presión intracraneal. Monitorización estrecha de los signos vitales y el estado neurológico. Aislamiento del paciente en casos de meningitis meningocócica hasta 24 horas después del inicio del tratamiento antibiótico efectivo[2][5][8] Es fundamental recordar que la meningitis bacteriana es una emergencia médica que requiere un diagnóstico y tratamientos rápidos para prevenir complicaciones graves y potencialmente mortales. La pronta administración de antibióticos puede salvar vidas y reducir el riesgo de secuelas neurológicas a largo plazo[5][8]. Citas [1] https://www.msdmanuals.com/es/hogar/enfermedades-cerebrales-medulares-y-nerviosas/meningitis/meningitis-bacteriana-aguda [2] https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-neurológicos/meningitis/meningitis-bacteriana-aguda [3] https://kidshealth.org/es/parents/meningitis.html [4] https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000680.htm [5] https://columna.com/meningitis-tipos-sintomas-tratamiento/ [6] https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/meningitis/symptoms-causes/syc-20350508 [7] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/meningitis [8] https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/meningitis
- Meningitis - Meningitis bacteriana y enfermedad meningocócica
MANUAL DE EMERGENCIAS 2024 Manejo de la Meningitis - Meningitis bacteriana y enfermedad meningocócica La meningitis bacteriana y la enfermedad meningocócica son emergencias médicas que requieren hospitalización inmediata llamando al servicio de emergencias. Se debe administrar antibióticos (ceftriaxona o benzilpenicilina) de forma intravenosa o intramuscular, si hay un retraso significativo en la transferencia al hospital. No se deben administrar antibióticos si la persona tiene una alergia severa a estos medicamentos. La profilaxis antibiótica para contactos cercanos es crucial y debe proporcionarse dentro de las primeras 24 horas desde el diagnóstico del caso índice, para reducir el riesgo de contagio, aunque el riesgo suele ser bajo. Los contactos incluyen personas con exposición prolongada y cercana al paciente, como convivientes o parejas. Después del alta hospitalaria, se debe programar un seguimiento con un especialista, particularmente en niños, para monitorear posibles secuelas. Es fundamental estar atentos a complicaciones tardías como pérdida auditiva, problemas neurológicos, dificultades cognitivas o emocionales. Se debe proporcionar apoyo e información a las familias mediante organizaciones de apoyo como la Fundación de Meningitis y servicios de salud locales. Diagnóstico La meningitis bacteriana y la enfermedad meningocócica se caracterizan por ser rápidamente progresivas y a menudo presentan síntomas inespecíficos, lo que dificulta el diagnóstico inicial, especialmente en bebés, niños pequeños, adultos mayores o personas con dificultades de comunicación. En la meningitis bacteriana, se debe sospechar si la persona presenta la combinación de síntomas bandera roja : Fiebre . Cefalea . Rigidez de cuello . Alteración del nivel de consciencia (confusión, delirio, letargo o somnolencia). Los casos de enfermedad meningocócica se deben sospechar cuando hay presencia de un exantema hemorrágico no blanqueable , petequial o purpúrico, de más de 2 mm de diámetro, especialmente si es de aparición rápida y progresiva. Sin embargo, la ausencia de un exantema no descarta la enfermedad meningocócica. Los síntomas en lactantes y niños pequeños pueden incluir fiebre, irritabilidad, rechazo a la alimentación, somnolencia o un llanto continuo agudo. Los signos neurológicos específicos incluyen fontanela abultada (en bebés), fotofobia, rigidez de cuello, y signos clínicos como el signo de Kernig y el signo de Brudzinski . Se debe realizar una evaluación completa de síntomas y signos clínicos, prestando atención a cambios súbitos en el comportamiento , dificultades respiratorias, alteraciones en la coloración de la piel (palidez o cianosis), y shock. Diagnóstico Diferencial El diagnóstico diferencial de la meningitis bacteriana incluye: Meningitis viral : La meningitis viral es mucho más común, generalmente benigna, y se resuelve sin complicaciones graves. Es más frecuente en niños y está causada por virus como enterovirus, herpes simple y virus de Epstein-Barr. Meningitis fúngica : Aunque rara, la meningitis fúngica es potencialmente mortal y afecta principalmente a personas inmunocomprometidas (por ejemplo, personas con VIH). El patógeno más común es Cryptococcus . Meningitis tuberculosa : Es una forma crónica de meningitis, más común en personas con exposición o residencia en áreas endémicas de tuberculosis. Su evolución es más lenta y puede ser difícil de distinguir de la meningitis bacteriana aguda. Meningitis inducida por fármacos : Puede ser causada por medicamentos como los antiinflamatorios no esteroideos o ciertos antibióticos (trimetoprim, amoxicilina). Sepsis : La sepsis y la meningitis pueden coexistir, especialmente cuando hay un exantema purpúrico o petequial presente. Neumonía : Algunas infecciones pulmonares pueden generar síntomas similares a los de la meningitis. Encefalitis : La encefalitis causa inflamación cerebral y puede ser difícil de diferenciar de la meningitis cuando hay alteración del estado mental. Otras causas : Abscesos cerebrales, hemorragia subaracnoidea, trastornos autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico y la enfermedad de Behçet. Otros posibles diagnósticos incluyen malignidades del sistema nervioso central, VIH, y trastornos hematológicos que pueden causar exantemas petequiales, como deficiencias de plaquetas o problemas de coagulación. Definición Meningitis es la inflamación de las meninges, las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Puede ser causada por infecciones bacterianas, virales, fúngicas o por procesos no infecciosos, como ciertos tipos de cáncer, enfermedades autoinmunes o medicamentos. La meningitis bacteriana es una condición potencialmente mortal que puede afectar a personas de todas las edades, aunque es más común en bebés, niños pequeños y adultos mayores. Entre las bacterias más comunes que causan meningitis están Neisseria meningitidis (meningococo), Streptococcus pneumoniae (neumococo) y Haemophilus influenzae tipo B. La enfermedad meningocócica es una infección por Neisseria meningitidis , una bacteria que puede causar meningitis meningocócica o septicemia meningocócica. Esta bacteria se transmite por contacto cercano o por gotas respiratorias. La enfermedad meningocócica es una causa importante de muerte en la infancia temprana, aunque es poco frecuente en la población general. La meningitis bacteriana, particularmente la enfermedad meningocócica, es una enfermedad notificable y de alta prioridad para la salud pública, lo que implica que los casos deben ser reportados a las autoridades sanitarias para controlar posibles brotes.
