MANUAL DE EMERGENCIAS 2025
El síndrome del shock séptico es una condición médica grave que representa la forma más severa de sepsis. Se caracteriza por una respuesta inflamatoria sistémica desregulada ante una infección, que conduce a una disfunción orgánica múltiple y colapso cardiovascular[1][2].
Síntomas
Los síntomas del shock séptico pueden ser variables e inespecíficos, pero compuestos incluyen:
Fiebre alta o hipotermia
Taquicardia
Taquipnea
Confusión o alteraciones del estado mental.
Debilidad generalizada
Dolor abdominal (en casos de infección intraabdominal)
Náuseas y vómitos
Diarrea[1][3]
Signos clínicos
Los signos clínicos más relevantes en el shock séptico son:
Hipotensión arterial (presión arterial sistólica <90 mmHg o descenso >40 mmHg de la basal)
Taquicardia (frecuencia cardíaca >90 latidos por minuto)
Taquipnea (frecuencia respiratoria >20 respiraciones por minuto)
Oliguria (<0,5 ml/kg/h)
Alteración del estado de conciencia
Piel fría, pálida y sudorosa
Llenado capilar prolongado (>2 segundos)[1][3][5]
Exploración
La exploración física debe ser minuciosa y sistemática, incluyendo:
Evaluación del estado de conciencia (escala de Glasgow)
Medición de signos vitales (presión arterial, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, temperatura)
Evaluación de la perfusión periférica (llenado capilar, temperatura de extremidades)
Auscultación cardiopulmonar
Palpación abdominal
Inspección de piel y mucosas en busca de signos de infección o púrpura[3][6]
Pruebas diagnósticas
Las pruebas diagnósticas esenciales en el shock séptico incluyen:
Hemograma completo
Bioquímica sanguínea (incluyendo función renal y hepática)
Gasometría arterial
Lactato sérico
Hemocultivos y cultivos de otros sitios sospechosos de infección
Coagulación (tiempo de protrombina, INR, tiempo parcial de tromboplastina)
Radiografía de tórax
Electrocardiograma
Ecocardiograma (en casos seleccionados)
Pruebas de imagen adicionales según sospecha clínica (TC, ecografía)[1][3][6]
Manejo de emergencias
El manejo inicial del shock séptico en Emergencias debe ser rápido y agresivo, siguiendo el principio de la “hora dorada”:
Reanimación con fluidos: administración de cristaloides (30 ml/kg en las primeras 3 horas)
Inicio precoz de antibioterapia empírica de amplio espectro (dentro de la primera hora)
Obtención de cultivos antes del inicio de antibióticos
Medición del lactato sérico y reevaluación si está elevado
Inicio de vasopresores si persiste la hipotensión a pesar de la reanimación con fluidos (norepinefrina como primera elección)
Monitorización hemodinámica continua
Soporte ventilatorio si es necesario
Control del foco infeccioso (drenaje de abscesos, desbridamiento de tejidos necróticos, etc.)
Considerar el uso de corticosteroides en casos de shock refractario
Prevención de complicaciones (profilaxis de trombosis venosa profunda, protección gástrica, control glicémico)[1][2][3][7]
El reconocimiento y tratamiento precoz del shock séptico es crucial para mejorar el pronóstico. La implementación de protocolos estandarizados y el trabajo en equipo multidisciplinario son fundamentales para optimizar el manejo de estos pacientes críticos.
Citas
[4] https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medica-clinica-las-condes-202-articulo-manejo-del-paciente-shock-septico-S0716864011704291
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