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Otitis Media con Derrame (Oído Pegajoso)

MANUAL DE OTORRINOLARINGOLOGÍA



Signos de alarma


  • Otitis media aguda (OMA) con signos de complicación.


  • Otitis media con derrame unilateral en un adulto: se recomienda una evaluación ambulatoria urgente.


¿Por qué es importante?


La otitis media con derrame (OMD) es una condición frecuente. La pérdida auditiva y la sensación de presión u otalgia que produce pueden ser muy limitantes, especialmente en niños en edad escolar.


En adultos, la presencia de OMD puede deberse a una causa más grave.


Cuándo involucrar al médico residente de ORL


La OMD no constituye una urgencia médica y no requiere valoración inmediata por un especialista en otorrinolaringología.


Criterios de hospitalización


  • Ver los signos de alarma arriba mencionados.


La mayoría de los pacientes con OMD se remiten al consultorio ambulatorio general y no requieren hospitalización.


Evaluación y diagnóstico


También conocida como “oído pegajoso”, “derrame del oído medio” u “otitis media secretora”.


Síntomas y signos clínicos:


Presentación clínica:


  • Sensación de presión dentro del oído (a veces dolorosa)


  • Ruidos dentro del oído, como chasquidos o estallidos


  • Hipoacusia de conducción – se debe solicitar una audiometría si el paciente tiene edad suficiente para cooperar


  • Dificultad para oír en ambientes ruidosos


  • Retraso o alteración en el desarrollo del lenguaje


  • Inestabilidad o desequilibrio


Al examen físico:


  • Pabellón auricular y conducto auditivo externo normales.


  • Membrana timpánica opaca o apagada (lo normal es translúcida), a veces con presencia visible de nivel de líquido o burbujas detrás del tímpano.


  • Importante: una membrana timpánica roja y abombada sugiere otitis media aguda.


Factores de riesgo en niños:


  • Edad temprana (usualmente menores de 7 años)


  • Sexo masculino


  • Infecciones respiratorias frecuentes


  • Lactancia con biberón


  • Asistencia a guarderías


  • Padres fumadores


  • Anomalías craneofaciales (ej. síndrome de Down, fisura palatina)


  • Alteraciones mucociliares (ej. fibrosis quística)


Fisiopatología posible de la OMD:


  • Disfunción de la trompa de Eustaquio, que impide una adecuada ventilación o ecualización de la presión del oído medio


  • Cambios inflamatorios crónicos en la mucosa del oído medio


Manejo inmediato y durante la noche


La OMD no es una urgencia médica y no requiere valoración por un especialista en el mismo día. Es buena práctica discutir el caso al siguiente día hábil, y usualmente basta con programar una cita ambulatoria.


Tratamiento sintomático: ofrecer analgésicos cuando sea necesario.


Manejo a largo plazo


EN NIÑOS


La OMD suele ser transitoria. En aproximadamente el 50% de los casos, se resuelve espontáneamente en un plazo de tres meses.


Por ello, la estrategia inicial es la observación activa. Una vez realizado el diagnóstico (mediante otoscopía y audiometría), se debe orientar a los padres o tutores sobre la condición y cómo reducir el impacto de la pérdida auditiva.


Se puede programar una consulta de seguimiento en 3–4 meses, momento en el cual se evalúa la necesidad de intervención. Si persiste la condición, se pueden ofrecer:


  • Opciones no quirúrgicas: como audífonos.


  • Opciones quirúrgicas: miringotomía con colocación de tubos de ventilación (diábolos o “grommets”).


EN ADULTOS


En estos casos, el objetivo es identificar la causa subyacente de la OMD. Aunque puede estar relacionada con obstrucción nasal y de la trompa de Eustaquio, se debe considerar la posibilidad de una causa maligna.


Importante: los tumores del nasofaringe pueden manifestarse como OMD unilateral, al bloquear el drenaje de la trompa de Eustaquio en el espacio postnasal. Por lo tanto, se recomienda realizar una nasoendoscopía en adultos con OMD unilateral para descartar malignidad.


Nota epidemiológica: los tumores nasofaríngeos son relativamente más frecuentes en poblaciones del sur de China, lo cual se ha asociado a factores genéticos, infección por el virus de Epstein-Barr (EBV) y hábitos alimentarios.

 
 
 

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