Malformación Arteriovenosa Cerebral (MAV)
- EmergenciasUNO

- 5 sept
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Actualizado: 15 sept
INFORMACIÓN PARA PADRES - SALUD PEDIÁTRICA
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Una malformación arteriovenosa (MAV) es una red de vasos sanguíneos anormales y enredados que conecta directamente arterias y venas, sin pasar por los capilares normales. Estas conexiones alteradas modifican la circulación y pueden hacer que los vasos se dilaten y se debiliten.
En algunos casos, una MAV puede romperse y provocar una hemorragia cerebral, también llamada ictus hemorrágico, una emergencia médica que requiere tratamiento inmediato.
Las MAV pueden formarse en cualquier parte del cuerpo, pero las cerebrales son especialmente graves. Se cree que se originan antes del nacimiento, durante el desarrollo del cerebro del feto, aunque suelen ser poco frecuentes en niños.
Causas
La causa exacta no se conoce.
Se cree que la MAV se forma durante el embarazo o poco después del nacimiento.
No son hereditarias, no son contagiosas y no se propagan a otras partes del cuerpo.
Se estima que aparecen en 1 de cada 3.300 personas.
La hemorragia por MAV es más frecuente entre los 10 y 30 años de edad.
Signos y síntomas
En la mayoría de los casos, las MAV no producen síntomas hasta que se rompen.Cuando sí dan síntomas previos, pueden manifestarse con:
Crisis epilépticas.
Síntomas similares a un ictus transitorio:
Debilidad o pérdida de sensibilidad en cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo.
Dificultad para hablar o entender.
Dolor de cabeza repentino y muy intenso, sobre todo con esfuerzo físico o cambios bruscos de presión arterial.
Síntomas de una MAV rota (ictus hemorrágico):
Dolor de cabeza súbito y muy severo.
Pérdida de conciencia o somnolencia extrema.
Alteraciones visuales, dificultad para hablar o mover un lado del cuerpo.
Convulsiones.
Mareo o pérdida del equilibrio.
Diagnóstico
El diagnóstico puede realizarse con diferentes pruebas de imagen:
Resonancia magnética (RM) y angiorresonancia (ARM): permiten ver el cerebro con detalle y localizar los vasos anómalos sin usar radiación.
Tomografía computarizada (TC): muestra hemorragias recientes y, con contraste, puede realizarse una angio-TC para visualizar los vasos.
Angiografía cerebral: prueba invasiva bajo anestesia, donde se inyecta contraste en una arteria para obtener imágenes muy precisas de las arterias y venas del cerebro.
Tratamiento
El tratamiento dependerá de la localización, tamaño y estado de la MAV.
Manejo conservador:
Indicado cuando la MAV no da síntomas o se encuentra en un área de difícil acceso.
Consiste en vigilar con estudios periódicos sin intervenir de inmediato.
Cirugía cerebral:
Se extrae completamente la MAV y se limpia la hemorragia si la hubiera.
Se utiliza en MAV accesibles o con riesgo de sangrado elevado.
Radiocirugía estereotáctica (radioterapia focalizada):
Se utiliza en MAV pequeñas o profundas.
Mediante haces de radiación de alta energía, se produce una cicatrización de los vasos, que se cierra lentamente en 1–2 años.
Neurocirugía endovascular (embolización):
Se introduce un catéter por la ingle hasta los vasos que alimentan la MAV.
Se bloquean con pegamentos médicos, microespirales o partículas.
Puede usarse sola o como preparación para cirugía o radiocirugía.
Volviendo a casa y seguimiento
El alta se planifica con el equipo médico, que informará de cuidados y posibles rehabilitaciones.
Puede requerirse terapia ambulatoria o apoyo en la comunidad.
Se realizan controles periódicos con resonancia o angiografía para vigilar que la MAV no reaparezca o que el tratamiento haya sido eficaz.
Puntos clave a recordar
Una MAV es un conjunto anormal de vasos sanguíneos que conecta arterias y venas de forma directa.
Las MAV cerebrales son poco frecuentes (1 de cada 3.300 personas).
La mayoría no causa síntomas hasta que se rompen y provocan un ictus hemorrágico.
Los síntomas de una ruptura aparecen de forma súbita y grave.
El tratamiento puede incluir observación, cirugía, radiocirugía o embolización endovascular, según cada caso.
Una MAV rota es una emergencia médica que requiere atención inmediata.

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