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La Crianza y la Ansiedad: Dejar el Ego Fuera del Tatami

INFORMACIÓN PARA PADRES - SALUD PEDIÁTRICA



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Este contenido tiene fines informativos y no sustituye la consulta con su médico o profesional de salud. No incentivamos por ninguna razón la automedicación. Se ha realizado un esfuerzo para asegurar que la información sea precisa, actualizada y clara. www.emergencias.org.es no se responsabiliza por errores, omisiones o los resultados de tratamientos descritos. Las publicaciones informativas se actualizan regularmente, por lo que se recomienda asegurarse de tener la versión más reciente.


Ansiedad, masculinidad y crianza: una historia personal sobre soltar el peso del "hombre imposible"


En jiu-jitsu hay una regla sencilla, pero poderosa:deja el ego fuera del tatami. Y esa misma frase puede aplicarse a uno de los desafíos más complejos que enfrentamos como adultos: la paternidad. En especial, cuando está atravesada por las expectativas culturales, el modelo tradicional de masculinidad, y el peso silencioso de la ansiedad.


Crecer con un modelo imposible


Crecí en una familia australiana donde el ideal masculino era claro y rígido: había que ser fuerte, deportista, competitivo, exitoso con las mujeres.Yo no encajaba.


No era bueno en esas cosas, y eso fue generando en mí una voz interna que con el tiempo se volvió dominante.A esa voz la llamo "el hombre imposible".


Ese hombre ideal debía salir a trabajar todos los días.Debía liderar la familia con firmeza.Debía cumplir con un estándar sin margen para el error, el cansancio o la vulnerabilidad.


Esa voz no era externa, era mía. Pero la había absorbido del entorno.


Cuando el cuerpo y la mente dijeron basta


Una mañana como cualquier otra, estacioné frente a la oficina… y no pude salir del coche.Mi corazón latía tan fuerte que me asustó. Y sin saber cómo, empecé a llorar desconsoladamente.


No entendía lo que pasaba.Solo sabía que algo dentro de mí se había roto, o tal vez simplemente ya no podía sostener tanto peso sin quebrarme.


La paternidad: un espejo y una tabla de salvación


Ser padre fue un punto de inflexión.Mi hijo, sin saberlo, se convirtió en un espejo: reflejaba todo lo que yo estaba manejando bien… y lo que no.


Es el hijo que cualquiera desearía tener.Y sin embargo, ahí estaba yo, sintiéndome indigno de acompañarlo como merecía.


¿Quién sostenía nuestra casa en esos momentos? Mi esposa.


Ella no solo crió a nuestro hijo con amor y fortaleza, también me sostuvo a mí.Estuvo ahí, recordándome que yo valía, incluso cuando yo mismo me había olvidado.


Rompiendo mitos: hablar también es de hombres


Durante mucho tiempo me dio vergüenza ir al médico.“Soy hombre, ¿para qué voy a hablar de mis emociones?”, pensaba.


Hasta que un día lo hice.Y el médico solo me dijo: “¿Qué pasa?”.No tenía una respuesta clara. Solo dejé que todo lo que llevaba adentro saliera, aunque no tuviera forma o sentido. Fue liberador.


Después vino la psicoterapia.Allí aprendí a pensar con la mente despejada, a mirar las cosas con otra perspectiva.


Y entendí que la vida, como el jiu-jitsu, no se trata de fuerza bruta. Se trata de fluidez, de inteligencia, de estrategia. A veces, también de rendirse ante lo que no se puede controlar… y tener la paciencia para esperar.


El ego, el "hombre imposible" y la rendición consciente


Esa voz interna —la del "hombre imposible"— aún me habla. Es como una raíz que tardó 25 años en crecer. No voy a arrancarla de un tirón, pero puedo dejar de regarla.


Sé que voy a fallar.Sé que tendré días de recaída.Pero también sé que soy humano.

Y eso es lo más importante que puedo recordar.Cada día es una nueva oportunidad para decir:


“Está bien, me rendí. ¿Qué aprendí?”


Y desde ahí, seguir adelante. No desde la culpa, sino desde el aprendizaje.


Reflexión para madres, padres y cuidadores


La crianza no es una competencia, ni un manual de perfección.Tampoco lo es la vida.

Si estás criando desde el agotamiento, la duda o el miedo, respira.Busca apoyo. Habla. Escucha.


Pedir ayuda no te hace débil. Te hace presente.Y eso es lo que más necesitan nuestros hijos: una presencia humana, real, imperfecta… pero sincera.


Como en el jiu-jitsu, se trata de soltar el ego. De rendirse para volver a empezar. De aprender de cada caída.


Y sobre todo, de recordar que no estás solo/a.

 
 
 

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