Cuidados Paliativos – Uso de Morfina
- EmergenciasUNO

- 15 oct
- 4 Min. de lectura
INFORMACIÓN PARA PADRES - SALUD PEDIÁTRICA
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¿Qué es la morfina y para qué se utiliza?
La morfina es un medicamento altamente eficaz para el manejo del dolor en adultos y niños. Se trata de un analgésico potente que también puede utilizarse para aliviar la sensación de dificultad para respirar.
En el contexto de cuidados paliativos pediátricos, la morfina se administra frecuentemente para ayudar a controlar el dolor, lo que permite al niño mantenerse activo y con una mejor calidad de vida.
Cuando el dolor desaparece, el uso de morfina puede disminuirse progresivamente. Es importante saber que, cuando se utiliza de forma adecuada y bajo supervisión médica, la morfina no genera adicción.
¿Cómo se administra la morfina?
Los niños pueden tomar morfina en forma de comprimidos o en presentación líquida, generalmente cada pocas horas. Si el dolor está bien controlado, es posible que el médico indique una versión de liberación prolongada que se toma solo una o dos veces al día.
Para niños que no pueden tomar medicamentos por vía oral, la morfina puede administrarse a través de un goteo intravenoso o mediante inyecciones subcutáneas (debajo de la piel). En estos casos, puede utilizarse una bomba portátil que suministra dosis regulares y controladas del medicamento.
¿Cuál es la dosis adecuada?
La cantidad de morfina que necesita cada niño es individual y depende de la intensidad del dolor. El objetivo es alcanzar una dosis que alivie el malestar sin causar efectos secundarios significativos. El médico determinará una dosis inicial, que luego puede ajustarse según la respuesta del paciente.
Es fundamental informar al equipo médico si el niño sigue presentando dolor o dificultad para respirar, ya que esto permitirá realizar los ajustes necesarios de forma segura. Todos los cambios en la dosis deben estar supervisados por un médico o una enfermera especializada.
Con el tiempo, el cuerpo puede desarrollar tolerancia, es decir, necesitar una dosis mayor para obtener el mismo efecto. Esto no indica que la enfermedad esté empeorando ni que el niño esté desarrollando una adicción. Es parte de un proceso fisiológico normal con el uso continuo del medicamento.
¿Cuáles son los efectos secundarios de la morfina?
Los efectos secundarios más comunes de la morfina están bien documentados y pueden incluir:
Estreñimiento: Es muy frecuente, por lo que generalmente se indica un laxante y una dieta rica en fibra para prevenirlo.
Náuseas y vómitos: Algunos niños pueden sentir náuseas o vomitar, especialmente al inicio del tratamiento, pero esto suele mejorar en pocos días. En ciertos casos, se puede recetar medicación adicional para controlar estos síntomas.
Somnolencia: Es común en los primeros días de uso o tras un aumento de dosis, pero con el tiempo suele disminuir.
Respiración lenta: Si la dosis inicial es demasiado alta o se aumenta muy rápidamente, la respiración puede volverse más lenta de lo deseado. Por esta razón, los ajustes en la dosis deben ser siempre supervisados por el equipo médico.
Picazón: Algunos niños experimentan comezón en la piel. El médico decidirá si es necesario administrar algún medicamento para aliviarla.
En casos poco frecuentes, los efectos secundarios pueden ser difíciles de manejar. Si esto ocurre, existen otros medicamentos similares a la morfina que pueden ser utilizados como alternativa.
¿Cómo se suspende el uso de morfina?
Si el dolor desaparece, la morfina puede dejarse de usar de manera progresiva. Como el cuerpo se adapta al medicamento, no debe suspenderse de forma repentina, ya que podría causar efectos adversos. La reducción debe hacerse poco a poco y siempre bajo la orientación de un profesional de salud.
Puntos clave para recordar
La morfina es muy eficaz para el control del dolor en adultos y niños.
Su uso en niños permite mejorar su calidad de vida y movilidad.
Los efectos secundarios más comunes son estreñimiento, náuseas, somnolencia, respiración lenta y picazón. Muchos de estos efectos disminuyen con el tiempo o pueden manejarse.
Cuando el dolor desaparece, la morfina puede retirarse gradualmente con supervisión médica.
Utilizada correctamente, la morfina no causa adicción.
Preguntas frecuentes de los padres
¿La morfina va a “colocar” o alterar a mi hijo?
No. La morfina no produce un estado de euforia en niños cuando se usa para tratar dolor. Es posible que al comenzar el tratamiento el niño se sienta más somnoliento, pero este efecto suele mejorar tras unos días. El equipo médico ajustará la dosis para minimizar los efectos indeseados y asegurar que el dolor esté controlado.
He leído que la morfina es altamente adictiva. ¿Por qué dicen que no lo es?
La morfina actúa específicamente sobre el dolor existente. Cuando se administra en la dosis y frecuencia adecuadas, no tiene efectos adictivos. Los problemas aparecen cuando se usa en ausencia de dolor o en dosis mayores a las necesarias. En el contexto médico adecuado, no hay riesgo de adicción.
¿Existen alternativas si la morfina no es adecuada para mi hijo?
Sí. Si la morfina no es bien tolerada, existen otros medicamentos similares que pueden utilizarse. El equipo médico evaluará cuál es la mejor opción para tu hijo.
Para más información
Consulta con el médico, enfermero/a especialista o farmacéutico que atiende a tu hijo.
Busca apoyo en los programas de cuidados paliativos infantiles de tu localidad.

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