Síndrome de Fatiga Crónica (EM/SFC)
- EmergenciasUNO

- 5 sept
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INFORMACIÓN PARA PADRES - SALUD PEDIÁTRICA
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La EM/SFC es una enfermedad compleja, crónica e incapacitante, reconocida por la OMS como un trastorno neurológico, aunque afecta a muchos sistemas del cuerpo: cerebro, músculos, corazón, aparato digestivo, sistema inmune y endocrino.
El síntoma principal es el malestar post-esfuerzo (MPE), que consiste en un empeoramiento de los síntomas tras realizar incluso una mínima actividad física o mental.
Las investigaciones sugieren que la EM/SFC está relacionada con alteraciones en:
La producción de energía a nivel celular
El sistema inmunológico, neurológico y hormonal
La regulación de la presión arterial y frecuencia cardíaca
El sueño y la digestión
Las funciones cognitivas
Afecta a personas de todas las edades y condiciones. Entre el 75 % y el 80 % son mujeres, y se estima que hasta el 90 % de los pacientes permanecen sin diagnóstico.
¿Qué causa el EM/SFC?
La causa exacta aún no se conoce. Puede desarrollarse de forma repentina o gradual. Entre los posibles desencadenantes se encuentran:
Infecciones virales o bacterianas
Exposición a tóxicos
Cirugías o anestesia
Vacunación
Traumatismos físicos (ej. accidentes de tráfico)
La evidencia confirma que es una enfermedad biológica, no causada por falta de condición física ni por trastornos psicológicos.
Síntomas de EM/SFC
El malestar post-esfuerzo es el síntoma más característico: tras realizar una actividad mínima, la persona puede experimentar un “colapso” que desencadena síntomas por horas, días o incluso semanas.
Otros síntomas comunes incluyen:
Fatiga intensa y persistente que no mejora con el descanso
Trastornos del sueño (insomnio, sueño no reparador)
Dificultades cognitivas: problemas de memoria, concentración y lentitud mental
Mareos, cambios en la presión arterial, intolerancia ortostática
Palpitaciones y falta de aire al estar de pie o al realizar esfuerzos mínimos
Dolor muscular, articular o de cabeza
Trastornos digestivos (náuseas, hinchazón, estreñimiento o diarrea)
Hipersensibilidad a luz, sonidos, olores, medicamentos o alimentos
Dolor de garganta recurrente, ganglios inflamados, sensación de gripe persistente
Alteraciones del peso y de la regulación de la temperatura corporal
Los síntomas pueden variar en intensidad e incluso cambiar a lo largo del día, lo que hace difícil planificar actividades.
Impacto en la vida diaria
La gravedad del EM/SFC puede clasificarse en:
Leve: reducción del 50 % de la actividad previa a la enfermedad
Moderada: la persona pasa la mayor parte del tiempo en casa
Grave: confinamiento en cama gran parte del tiempo
Muy grave: confinamiento total en cama, con necesidad de asistencia para tareas
básicas como alimentarse e hidratarse
La recuperación total es poco frecuente (menos del 10 %), aunque muchas personas logran cierta mejoría con el tiempo.
Diagnóstico y tratamiento
No existe una prueba específica para diagnosticar EM/SFC. Se realiza mediante criterios clínicos y descartando otras enfermedades.
Criterios diagnósticos esenciales:
Fatiga intensa y reducción significativa de la actividad durante al menos seis meses
Malestar post-esfuerzo
Sueño no reparador
Y al menos uno de los siguientes:
Deterioro cognitivo
Intolerancia ortostática
El tratamiento se centra en manejar los síntomas y mejorar la calidad de vida:
Atención médica integral y personalizada
Ritmo y descanso como estrategias principales para evitar crisis
Manejo de síntomas específicos (dolor, sueño, mareos, ansiedad, etc.)
Apoyo escolar y laboral con adaptaciones flexibles
Atención psicológica para afrontar el impacto emocional
Ritmo y autocuidado
La estrategia principal para el autocuidado es el marcapasos o pacing, que consiste en:
Conocer los límites personales de energía
Alternar entre actividad y descanso
Evitar el sobreesfuerzo para prevenir recaídas
Usar diarios de actividad o monitores de frecuencia cardíaca para medir el esfuerzo
El objetivo no es curar la enfermedad, sino mantener una estabilidad que permita mejorar la calidad de vida.
Ejercicio y EM/SFC
El ejercicio aeróbico tradicional puede empeorar los síntomas. A diferencia de otras enfermedades crónicas, en la EM/SFC el cuerpo no genera energía de forma adecuada, como una batería que nunca se carga del todo.
Si se tolera alguna actividad física, debe ser muy suave, planificada y con supervisión médica, siempre dentro de los límites energéticos del paciente.
Ejemplos: estiramientos breves, yoga suave, caminar unos minutos.Nunca se debe forzar al paciente a “superar sus límites”.
Niños, jóvenes y EM/SFC
El EM/SFC también afecta a niños y adolescentes. En los más pequeños puede pasar desapercibido porque no saben expresar bien lo que sienten.
La asistencia escolar puede verse comprometida, pero no debe confundirse con rechazo escolar. Los síntomas empeoran tras la actividad escolar y mejoran solo con ritmo y descanso.
Es fundamental elaborar un plan educativo flexible en conjunto entre la familia, la escuela y los profesionales de salud.
EM/SFC y COVID prolongado
Algunas personas con COVID persistente desarrollan un cuadro clínico similar al EM/SFC, con malestar post-esfuerzo e intolerancia a la actividad como síntomas clave. Las mismas estrategias de ritmo y descanso pueden ser útiles en estos casos.
Apoyo emocional y social
La EM/SFC no es un trastorno psicológico, pero vivir con una enfermedad crónica limita actividades sociales y genera frustración. Es común la aparición de ansiedad o depresión.
El acompañamiento psicológico especializado y el apoyo de familiares, amigos y comunidad escolar o laboral son esenciales para mejorar la calidad de vida.
Puntos clave para recordar
La EM/SFC es una enfermedad biológica y crónica, no psicológica.
El síntoma más característico es el malestar post-esfuerzo.
No existe cura, pero el manejo adecuado de síntomas y energía puede mejorar la calidad de vida.
El pacing (ritmo y descanso) es la herramienta principal para la autogestión.
El apoyo multidisciplinario y familiar es clave para el bienestar de la persona.

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