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Incisión y Drenaje de un Absceso Periamigdalino

MANUAL DE OTORRINOLARINGOLOGÍA



Algunos cirujanos prefieren realizar aspiración con cánula en lugar de incisión y drenaje. Es importante conocer cuál es el protocolo local que se sigue en tu centro.


Antes de iniciar, debes explicar el procedimiento al paciente y obtener su consentimiento informado.


Informa al paciente que la infiltración del anestésico puede producir ardor o escozor, pero que una vez hecho esto, el resto del procedimiento suele ser indoloro. Muchos pacientes experimentan un alivio significativo después del drenaje del pus, y la incisión permite asegurar que se ha accedido a la cavidad del absceso.


Además, al dejar una herida más amplia, se facilita el drenaje residual de pus, lo cual puede mejorarse con gárgaras frecuentes.


Es imprescindible que el paciente sea capaz de mantenerse quieto y de mantener la boca bien abierta durante unos segundos. Debe saber que es esperable cierto sangrado y que el pus puede caer hacia la boca o la garganta.


Los principales riesgos incluyen sangrado más abundante y la posibilidad de que el absceso vuelva a acumularse (lo cual parece menos frecuente con incisión y drenaje en comparación con la aspiración).


Cuando el paciente presenta trismo moderado o severo, este procedimiento puede resultar más sencillo que la aspiración. Aun así, se recomienda administrar tratamiento inicial (líquidos intravenosos, analgesia, etc.) para mejorar la exposición. Estas medidas suelen disminuir el grado de trismo.


Se requiere la asistencia de otra persona durante el procedimiento.


Esta guía es solo de referencia: no intentes realizar el procedimiento sin haber sido entrenado previamente por un profesional capacitado.


Equipo


  • Linterna frontal


  • Delantal plástico, guantes no estériles y considerar protección ocular y bucal


  • Depresor lingual metálico tipo Lack (mejor control)


  • Anestesia local dental (por ejemplo, Lignospan: lidocaína con adrenalina) con aguja dental fina


  • Bisturí con hoja número 15


  • Pinzas tipo Tilley o pinzas hemostáticas


  • Sistema de aspiración con sondas tipo Yankauer y Zoellner


  • Hisopo para toma de muestra de herida o pus


  • Vaso con agua o enjuague bucal


  • Recipientes para vómito


  • Pañuelos desechables


Procedimiento


Coloque al paciente en posición sentada, a una altura cómoda para trabajar (no debe agacharse). El paciente debe recostar ligeramente la cabeza hacia atrás, con una leve extensión cervical y utilizando una almohada o el respaldo como soporte.


Punto de referencia anatómico: trace una línea desde la cara medial de los molares hacia arriba, hasta que se cruce con una línea horizontal desde la base de la úvula. Esa es la ubicación aproximada del absceso periamigdalino (quinsy). Imagine una línea ligeramente curva centrada en ese punto de referencia, paralela al paladar.


Con ayuda de la linterna frontal y el depresor lingual, obtenga una buena visualización del absceso. Tras advertir al paciente que la anestesia puede doler, infiltre suavemente de 1 a 2 ml de anestesia local en el sitio donde se realizará la incisión (asegúrese de inyectar de forma superficial hasta que la mucosa se vuelva pálida). Memorice la ubicación (quedará una marca de aguja) y deje actuar de 3 a 4 minutos.


Mientras hace efecto la anestesia, prepare todo el instrumental necesario. Explique al paciente que, una vez realizada la incisión, sentirá sangre y pus en la boca. Es fundamental que no se mueva mientras el bisturí esté en la cavidad oral. La incisión tomará solo unos segundos, luego se le indicará que se incline hacia adelante para escupir. Sentirá tracción o presión, pero no dolor.


Realice una incisión cuidadosa de 1 a 1,5 cm en el punto de referencia. Busque la salida de pus a presión como signo de haber alcanzado la cavidad del absceso. Tenga presente que la pared mucosa del quinsy puede tener más de 5 mm de espesor, así que evite hacer un corte superficial. Retire el bisturí con precaución y solicite al paciente que se incline hacia adelante y escupa.


Permita que el paciente descanse brevemente y luego pídale que haga gárgaras (con agua o enjuague bucal).


Una vez recuperado, vuelva a examinar la orofaringe. Este es un buen momento para tomar una muestra con hisopo del pus o de la herida.


Si es necesario, abra suavemente la herida con una pinza (Tilley o hemostática). Utilice la sonda Zoellner con aspiración baja para limpiar la cavidad. Si la mucosa está muy inflamada, puede ser necesario estirar suavemente la herida, advirtiendo al paciente ya que esto puede resultar doloroso.


Indique al paciente hacer gárgaras cada 30 minutos durante las siguientes horas y después de cada comida, para ayudar a mantener la cavidad del absceso limpia y favorecer el drenaje.


El absceso se encuentra en una posición súpero-lateral a la amígdala derecha y empuja la amígdala, el paladar y el arco hacia la línea media. El círculo punteado representa la ubicación aproximada del espacio periamigdalino donde se ha acumulado el pus.


Reevalúe la orofaringe entre 12 y 24 horas después para confirmar que el absceso no se ha vuelto a formar.


Si el absceso se vuelve a acumular, suele deberse a que la mucosa está tan edematizada que se ha cerrado la herida. En estos casos, muchas veces basta con reabrirla y estirarla suavemente con una pinza para permitir que siga drenando pus. Continúe con las gárgaras regulares.


Según la experiencia clínica, muchos pacientes prefieren esta técnica ya que, una vez aplicada la anestesia, no sienten dolor. La aspiración con aguja requiere múltiples punciones en diferentes planos sin visión directa, lo que puede resultar más molesto que una única infiltración que produce ardor (esto depende también de la experiencia del operador).


Muchos médicos residentes de Otorrinolaringología prefieren esta técnica porque permite confirmar visualmente que se ha accedido al absceso, ya que se puede ver directamente la cavidad periamigdalina.


No obstante, la incisión y drenaje requiere entrenamiento y cierto nivel de experiencia/confianza en ORL, por lo que puede no ser tan fácil de aprender como la aspiración con aguja.

 
 
 

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